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Redalyc.Homenaje a Miguel Delibe Transcripciones

   
Revista de Humanidades
ISSN: 0717-0491
revistahumanidades@unab.cl
Universidad Nacional Andrés Bello
Chile
Pozuelo Yvancos, José María
Homenaje a Miguel Delibe
Revista de Humanidades, núm. 21, junio, 2010, pp. 209-231
Universidad Nacional Andrés Bello
Santiago, Chile
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=321227216009
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Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal
Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
El valor actual
dE MiguEl dElibEs
José María Pozuelo Yvancos
universidad de Murcia, España
pozuelo@um.es
Miguel delibes es hoy quizá el más conspicuo heredero de esa es-
tirpe de escritores que funcionan como icono de unos valores en los que 
la sociedad se  reconoce  y confía a quienes los detentan, hasta el punto 
de poder y querer calificarlos como maestros de ellos. Y delibes fue un 
maestro precisamente de valores humanos. No es suficiente para eso con 
escribir bien. a nadie se le escapa que escribir con buen estilo es condición 
necesaria para un escritor pero no es suficiente para obtener la categoría 
de maestro. Muchos otros escritores están dotados de buena prosa y no 
alcanzan el rango superior de maestros de la palabra. ¿Qué proporcionaba 
a delibes tal categoría?
En primer lugar ese rango no lo consigue un escritor a base de su 
propio esfuerzo, o de su auto-propaganda. al maestro le otorgan tal grado 
los demás. a medida que conoces el difícil medio de los escritores españoles 
del siglo XX crece la estima por este castellano humilde y recio que fue 
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H o m e n a j e  a  m i G u e L  d e L i B e s
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delibes. Porque resulta raro tratándose de escritores, pero la unanimidad en 
torno a delibes ha sido total. todos ellos le respetaban. Y ninguno le temía. 
¿Por qué ocurrirá esto? creo que en parte ocurre porque él no lo había bus-
cado. sería difícil encontrar un hombre más retraído a figurar, más reacio a 
autoproclamarse candidato a nada, o ser emblema de nada. 
Hay otra razón añadida. El mundo que delibes ha novelado es un 
mundo frágil, tan necesitado como lo somos cada uno de los lectores que 
nos miramos en él. Por sofisticada que una literatura pretenda ser, no serán 
casi nunca los vericuetos formales, las atrevidas imágenes, los juegos ma-
labaristas los que acaben justificándola más allá de su presente. la manera 
como la literatura es siempre juzgada en el futuro radica en la manera en 
que lo contado por ella, los personajes trazados, logran erguirse en el de-
pauperado contexto de la comunicación humana, para levantar efigies de 
dignidad, de lealtad, de reciedumbre, de amistad o de sus contrarios, como 
ejemplos a denostar.
decía Walter benjamin que en un mundo tan lleno de noticias, tan 
plagado de informaciones, cada día éramos más pobres en historias memo-
rables. ¿Qué es una historia memorable? la de un amigo, Pedro, sufriendo 
en sus carnes la desgracia de otro, de nombre alfredo, en La sombra del 
ciprés es alargada, su primera novela, o la de un hombre como cipriano 
salcedo, el protagonista de la última, El hereje, levantando testimonio de 
dignidad y sirviendo a la verdad por encima de toda conveniencia. delibes 
ha acertado a contar historias que adquieren la categoría de memorables 
porque han inscrito su designio con una fuerza simbólica que sobrepasa los 
vaivenes del tiempo. 
El mundo al que asistimos en las sociedades de la comunicación está 
necesitado, y cada vez más, de palabras verdaderas. también de hombres 
que como delibes sean capaces de sostenerlas con la reciedumbre a me-
nudo solitaria de su dignidad. lo que tantas veces concede verdad a una 
palabra es la convicción y rectitud de quien la profiere. como los viejos 
campesinos castellanos que tantas veces han protagonizado las historias 
creadas por delibes, o como esa Naturaleza que es confidente íntima de su 
literatura, actúan como emblemas, signos de valor que los nuevos tiempos 
están sacrificando con excesiva prisa. delibes representa el valor de la co-
municación humana primigenia: una mujer sosteniendo su verdad frente 
al cadáver de su marido muerto, un pobre inocente defendiendo su cariño 
Homenaje a miGueL deLiBes 211
hacia el animal ante el depredador desaprensivo, un indigente luchando 
por la supervivencia.
En las sociedades contemporáneas casi todo está contaminado. No 
solamente los ríos o los árboles, las playas o los montes. delibes, como se 
sabe, alzó su voz tantas veces avisando sobre esa traición que el hombre hace 
a su madre Naturaleza. Pero no se nos oculta que en la sociedad actual hay 
otra forma sutil de contaminación, la que afecta a la palabra. de repente 
cuando uno va a hablar se encuentra con que el “discurso” de otro, casi 
siempre político, se le ha anticipado, ocupando su espacio. Por eso entre 
nosotros se ha instalado el fantasma de la sospecha. cada uno que habla es 
preguntado por quien es, y sobre todo desde dónde habla (de la izquierda 
o de la derecha, del centro derecha o su opuesto). a menudo se denomina 
“discurso” ese texto lábil que homogeniza los saberes y exculpa las con-
ciencias de toda responsabilidad sobre la palabra dicha y mantenida con la 
fuerza de su origen, y el vigor de ser leal tan sólo a la verdad.
debido quizá a esa predominancia de los discursos las personas esta-
mos necesitando con urgencia detenernos un momento ante el escritor que 
sabemos cabal, sincero, para preguntarle las viejas preguntas que se hacían a 
los maestros, cuando escuchar la palabra de los mayores era una condición 
de la sabiduría.
sin duda alguna el tiempo viene haciendo de Miguel delibes, nacido 
en 1920, el gran novelista de su generación. Ya lo había percibido así la 
Historia de la literatura de Ángel del río en 1962, quien lo había distingui-
do junto con camilo José cela de todos los demás. Podría decirse incluso 
que mientras cela o carmen laforet no fueron ganando en las novelas 
posteriores respecto a lo conseguido en la posguerra, sí ocurrió tal ganancia 
en la obra de delibes, quien fue mirado con suspicacia en los momentos del 
fulgor experimental, pero injustamente, porque delibes fue modificando 
mucho su estilo en cada entrega y su obra es un proceso constante de in-
dagación de posibilidades, eso sí, dentro de un universo temático y espacio 
temporal acotado: el de las ciudades y pueblos castellanos en la posguerra 
y años sesenta. sus dos virtudes mejores puede que sean el dominio de una 
lengua muy cuidada, con un castellano terso en el que no parece sobrar 
palabra alguna. Eso y que nunca se le veía  atado a las modas pasajeras es lo 
que le ha propinado una resistencia histórica mayor que a ningún otro de 
su generación.
Revista de Humanidades nº21 (junio 2010):  209-231 212
aunque La sombra del ciprés es alargada le llevó a ganar el Premio 
Nadal en 1947, son las dos obras siguientes, El camino (1950) y Diario de 
un cazador (1955) donde alcanzó las dos líneas maestras sostenidas luego 
en otras novelas: un realismo poético que indaga en la psicología de un 
joven que se abre al mundo de los mayores, y el encuentro con la Natu-
raleza y el paisaje castellano. la novela Las ratas (1962) supone respecto 
a la obra anterior un más radical compromiso crítico de delibes respecto 
a las situaciones sociales de la posguerra y se inscribe en el marco del rea-
lismo existencial. Cinco horas con Mario (1966), una de las más conocidas 
y celebradas novelas suyas, supuso ya un cambio notable respecto a su 
anterior narrativa. En primer lugar, de indagación formal, pues afronta el 
desafío de un largo monólogo de carmen, la viuda del difunto Mario a 
quien mientras le vela, espeta reproches y va recordando cuanto desamor e 
hipocresía hubo en su matrimonio. No ocultó delibes tampoco una dura 
crítica a la burguesía provinciana y a las ideas conservadoras de la mujer 
frente al liberalismo del difunto marido, con lo que asomaba ya otra de las 
constantes de su obra: las crisis de sus criaturas son hijas de un enfrenta-
miento supra-individual.
En una órbita completamente distinta se sitúa Parábola del náufrago 
(1969) la obra en que delibes exhibió unos recursos narrativos más ex-
perimentales. su corte irracional, visiblemente onírico se ha calificado de 
kafkiano, no en vano supone un homenaje a La metamorfosis, y trata el 
tema de la alienación que el poder ejerce sobre un pobre individuo como 
es genaro Martín, convertido en un perro. aunque delibes calificó su obra 
de sarcástica para con el experimentalismo, que muchas veces parodió, no 
se alejó de sus obsesiones centrales como novelista. Junto con Cinco horas 
con Mario hay que atribuir a Los santos inocentes (1981) la aceptación popu-
lar de este autor, pues ha sido novela con multitud de ediciones y notable 
versión cinematográfica. Es una novela plenamente característica entre las 
suyas: en un universo muy cerrado, una finca castellana en la posguerra, 
se desenvuelve una acción de caciques y de oprimidos, simbolizados en el 
personaje principal, azarías, el subnormal que mata al señorito iván, en 
venganza por su milana, única ventana al afecto. El enfrentamiento de se-
ñorito/campesino, de las dos Españas, asimismo, y de esclavitud y libertad 
permite una lectura simbólica de una anécdota por lo demás muy sencilla 
y de un arcaico mundo desaparecido hoy pero muy elocuente de la España 
Homenaje a miGueL deLiBes 213
caciquil de posguerra. también tiene un fondo político, esta vez centrado 
en la crítica, el enfrentamiento entre corte/aldea, en la sátira El disputado 
voto del señor Cayo (1978). Pocos saben que su última novela, la titulada El 
hereje (1998) fue un verdadero best seller. se trata de la novela histórica que 
recoge un proceso inquisitorial y su final en el auto de fe contra cipriano 
salcedo. a través de la persecución al círculo protestante vallisoletano deli-
bes recorrió toda la atmósfera ideológica de la España del siglo Xvii.
Miguel delibes ha sido quizá el más conspicuo heredero de esa estir-
pe de escritores que funcionan como iconos de unos valores en los que una 
sociedad se reconoce y que confía a quienes los detentan, hasta el punto de 
poder calificarlos como maestros en ellos. al verdadero maestro le otorgan 
tal grado los demás. a medida que se iba conociendo el difícil medio de los 
escritores españoles, iba creciendo en todos la estima por delibes. resulta 
raro tratándose de escritores, pero la unanimidad en torno a delibes ha sido 
total. todo aquel que era escritor de verdad le respetaba. Ha quedado como 
el gran señor de la novela española de la segunda mitad del siglo XX.

MiguEl dElibEs:
dEl EsPacio castEllaNo
al ÁMbito uNivErsal
María Pilar Celma Valero
cátedra Miguel delibes 
(universidad de valladolid
y graduate center de cuNY)
pilar@fyl.uva.es
siempre es dolorosa la pérdida de un ser querido y admirado, pero en 
el caso de un escritor tenemos el consuelo de que con nosotros permanece 
su obra para ser leída y releída. En el caso de Miguel delibes, nos queda 
un pedazo de su alma, porque en él, como en muy pocos autores, su obra 
es inseparable de su vida, está conectada con ella de manera inextricable. 
Hasta tal punto es así que él mismo asumió la frase que para definirlo acuñó 
un amigo: “un cazador que escribe”. creo sinceramente que delibes fue 
mucho más que eso, pero la frase, asumida y repetida por él mismo en mu-
chas ocasiones, nos habla no sólo de su humildad, sino fundamentalmente 
de esa fusión vida-literatura, de la imbricación de sus dos grandes aficiones 
y, quizás, también de ese arraigo en la esencialidad del hombre pues, al fin 
y al cabo, cazador fue el hombre en sus orígenes y la caza le supone hoy un 
encuentro con sus raíces. El tema de la caza, tan presente en su escritura, 
tanto en su narrativa como en obras de diversa orientación (diarios, artículos 
periodísticos, literatura cinegética…) es tan rico que mereció una rigurosa 
tesis doctoral en Francia, que hoy felizmente ha visto ya la luz editorial 
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(aparicio). la caza es para delibes, por encima de todo, encuentro con la 
naturaleza. Y ese contacto íntimo se refleja en toda su obra.
cuando han trascurrido tan sólo dos meses desde la muerte de Miguel 
delibes, una frase suya alusiva a su epitafio cobra especial sentido. Hacia 
la mitad de su carrera literaria, en 1972, publicó una antología titulada 
Castilla en mi obra y en la “introducción” afirmaba conformarse con que 
en su epitafio pudiera escribirse: “acertó a pintar castilla” (6). Humilde 
aspiración, para un escritor que consiguió ser traducido al albanés, alemán, 
búlgaro, checo, esloveno, euskera, francés, griego, holandés, inglés, italiano, 
japonés, polaco, portugués, rumano, ruso, sueco, serbio, turco… Y no sólo 
una obra. las traducciones han alcanzado desde las que pueden conside-
rarse sus obras más representativas (El camino, Cinco horas con Mario, Las 
ratas, Los santos inocentes, El hereje…), hasta otras aparentemente de menor 
alcance (como Siestas con viento sur o Madera de héroe), e, incluso, una obra 
cinegética (El libro de la caza menor).
Podemos afirmar efectivamente que Miguel delibes acertó a pintar 
Castilla en su obra. Y ese acierto ha sido reconocido por la crítica, que 
ha dedicado especial atención a su estudio (Puente samaniego y salcedo 
arteaga). Pero la humildad de su aspiración contrasta fuertemente con los 
logros alcanzados por su obra, que ha trascendido fronteras. ¿cómo consi-
gue delibes dar el salto de lo local a lo universal? según palabras propias, 
a través de “un localismo sutilmente visto y estéticamente interpretado” 
(alonso de los ríos 180).
antes de ahondar en esta declaración del propio autor, conviene re-
cordar otra clave de lectura, también guiados por las palabras del propio 
autor: en delibes, tan importante y tan consustancial como el paisaje físico 
es el “paisanaje” (Castilla en mi obra 6); es decir, el hombre que lo habita y 
que le da sentido. Paisano y paisaje aparecen en una simbiosis perfecta. 
la sutileza en la visión es una característica esencial en la narrativa 
delibeana. sería esperable, si delibes es el pintor de castilla, que en sus 
novelas abundaran los pasajes descriptivos del paisaje. Y, sin embargo, no es 
así. salvo en El hereje (1998), en que el narrador se ve obligado a reconstruir 
ante los ojos del lector una realidad tan alejada cronológicamente de él, al 
tratarse de una novela histórica ambientada en el siglo Xvi, en la mayoría 
de sus novelas conocemos el paisaje por mirada interpuesta y ahí radica la 
sutileza de visión. El paisaje no es nunca una realidad objetiva y externa, 
Homenaje a miGueL deLiBes 217
sino que está filtrada por la emoción del espectador, que lo considera parte 
de su propia vida y de su propio ser. los ejemplos se multiplicarían, pero 
basta con uno que resalta la capacidad de delibes para interpretar estética-
mente la realidad a través de la mirada de un niño en El camino (1950):
a daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara. Él 
no tenía la culpa de ser un sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a 
él de aquella manera absorbente y dolorosa. No le interesaba el progreso. El 
progreso, en verdad, no le importaba un ardite. Y, en cambio, le importaban 
los trenes diminutos en la distancia y los caseríos blancos y los prados y los 
maizales parcelados; y la Poza del inglés, y la gruesa y enloquecida corriente 
del chorro; y el corro de bolos; y los tañidos de las campanas parroquiales; y el 
gato de la guindilla; y el agrio olor de las encellas sucias; y la formación pausa-
da y solemne y plástica de una boñiga; y el rincón melancólico y salvaje donde 
su amigo germán, el tiñoso, dormía el sueño eterno; y el chillido reiterado y 
monótono de los sapos bajo las piedras en las noches húmedas; y las pecas de la 
uca-uca y los movimientos lentos de su madre en los quehaceres domésticos; y 
la entrega confiada y dócil de los pececillos del río; y tantas y tantas otras cosas 
del valle (El camino 214).
El narrador renuncia a dar una visión objetiva del paisaje, como 
era habitual en la novela realista, para ceder paso a la mirada de un niño, 
marcada explícitamente por la afectividad. Prescinde igualmente de las des-
cripciones detalladas de los objetos, para ofrecer un cuadro impresionista, 
a base de breves pinceladas. No explica la realidad, la ofrece en su estado 
puro, esencial, y la ofrece ante la vista, el olfato, el tacto y el oído del lector. 
todos los sentidos participan en esa captación de la realidad a través de las 
impresiones de daniel el Mochuelo.
Esta técnica, que tan buenos resultados le había dado en El camino, 
la explota al máximo hasta convertirla en parte consustancial a la narración 
misma en el Diario de un cazador (1955), donde la forma diarística poten-
cia esa focalización absoluta. como dice alfonso rey “la novelización del 
punto de vista permite a sus personajes que se conviertan en narradores de 
sus vidas y que expongan al lector su sistema de creencias, sin que el autor 
interponga su interpretación (276). En esta novela, irrumpe con enorme 
fuerza un tema recurrente en delibes: el contraste campo-ciudad. sus dos 
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primeras novelas (La sombra del ciprés es alargada y Aún es de día) se habían 
desarrollado en el marco urbano; El camino se desarrolla en el ámbito rural, 
pero marca ya, desde la visión del niño que va a abandonar su pueblo para 
ir a estudiar a la ciudad, esa común asociación de la ciudad con el progreso, 
que conlleva una alabanza de corte y menosprecio de aldea; en Diario de 
un cazador, dicha asociación se ha consumado de manera trágica: lorenzo 
es un hombre que ha abandonado su pueblo para trabajar de bedel en la 
ciudad, pero que ansía que llegue el fin de semana para reencontrarse con 
el campo en el ejercicio de la caza. la búsqueda de un medio de vida más 
fácil y menos dependiente de los caprichos del clima que la agricultura con-
duce al desarraigo y a la frustración. El paisaje castellano es exaltado desde 
la mirada nostálgica del protagonista. Y las descripciones son nuevamente 
filtradas por la emotividad del protagonista.
Pero el grado mayor de sutileza en la visión de la realidad externa lo 
alcanza, sin duda, delibes en Cinco horas con Mario (1966). allí conocemos 
la realidad personal y social de unos personajes cuyas vidas se desarrollan 
en el marco urbano (una ciudad castellana de provincias, que bien pudiera 
identificarse con la valladolid natal del autor), a través de la mirada parcial 
de una mujer que acaba de perder a su esposo, en cuyo velatorio deja fluir 
libremente su conciencia. El tono no es el esperable de lamento sino el de 
reproche. En ese espacio urbano, la naturaleza se diluye, y, en sus escasas 
apariciones, sirve de marco para la indagación en los intríngulis de la natu-
raleza humana. En la ciudad, tan sucedáneo es el parque respecto al campo, 
como falsa es la libertad que se respira y como convencional y “dirigida” es 
la opinión del español medio:
… sin que salga de entre nosotros, te diré que yo nunca me tragué que el 
guardia aquel te pegase que, según respirabas, ni me atreví a decírtelo entonces, 
pero yo estaba totalmente de acuerdo con ramón Filgueira, ¿a santo de qué te 
va a pegar un guardia por atravesar el parque en bicicleta? No te excites, por 
favor, reflexiona, ¿no comprendes que es absurdo? dime la verdad, tú te caíste, 
el guardia lo dijo y un guardia no miente por mentir, que bien mirado, un 
guardia a las tres de la mañana es como el Ministro de la gobernación, te daría 
el alto y tú te asustaste y te caíste, lógico, por eso te salió aquel moratón en la 
cara (Cinco horas con Mario 165).
Homenaje a miGueL deLiBes 219
aunque lo esperable en un velatorio sería la laudatio del fallecido, 
carmen le dirige mil reproches. al final del monólogo interior, parece 
desvelarse una razón para tal actitud (un posible adulterio, que no queda 
claro si fue de obra o sólo de deseo), de forma que las “culpas” de Mario se 
convierten en una justificación para la infidelidad de carmen. Pero, mucho 
antes de llegar a ello, el lector ya ha inclinado su afecto hacia Mario. lo 
magistral de esta visión interpuesta en esta novela es que delibes consigue 
que, a través de la mirada subjetiva, parcial y tendenciosa de carmen, se 
eleve la figura de Mario por encima de la mediocridad del ambiente y sus 
razones lleguen al corazón del lector.
Por otra parte, la técnica empleada está dotada de un cierto simbo-
lismo, que nos hace recordar la segunda parte del aserto: “localismo sutil-
mente visto y estéticamente interpretado”. se ha aludido frecuentemente a 
que delibes compuso primero esta historia como una novela tradicional, 
con un narrador omnisciente que relata la vida de sus personajes en tercera 
persona. Pero, una vez concluida, se dio cuenta de que la historia así no 
se sostenía y tiró el manuscrito a la papelera. No sé si ocurrió así en la 
realidad, pero el hecho es que delibes era muy consciente del acierto del re-
curso utilizado finalmente, porque cuando se refería a la necesaria relación 
de historia y técnica empleada, aludía siempre a esta novela: “cada novela 
requiere una técnica y un estilo. No puede narrarse de la misma manera 
el problema de un pueblo en la agonía (Las ratas) que el problema de un 
hombre acosado por la mediocridad y la estulticia (Cinco horas con Mario)” 
(Un año de mi vida 213). El monólogo interior de carmen da cuenta de 
una serie de hechos de la vida de su esposo. Esos hechos están filtrados 
por su visión parcial, manipulados incluso. Pero dicho monólogo también 
pone al descubierto la limitación de miras de carmen, su sometimiento 
a las convenciones sociales, su falta de independencia ideológica. de esta 
forma, las críticas que lanza contra su esposo se vuelven contra ella misma. 
El lector escucha la voz de carmen, los silencios de Mario y luego él mismo 
interpreta libremente la realidad. En una sociedad en que la libertad de 
expresión está tan limitada, hay que saber oír a quienes tienen la voz y sacar 
conclusiones propias. Por eso, la utilización de la técnica del monólogo 
interior se carga de simbolismo: Mario es el privado de voz, el privado 
de libertad, el privado de vida; pero no de razón, aunque la conozcamos 
a través de quienes creen poseer la verdad absoluta y ven el mundo sólo 
Revista de Humanidades nº21 (junio 2010):  209-231 220
desde su miope perspectiva. En este caso, resulta mucho más elocuente oír 
las sinrazones de carmen, que oír directamente las razones de Mario. así 
consigue delibes, partiendo de una historia situada en unas coordenadas 
espaciotemporales muy concretas (la España de los años 50 y 60), gracias 
a esa visión sutil y a su interpretación estética, dar el salto a lo universal. 
Porque Cinco horas con Mario se convierte en una fábula moderna: ¿en 
cuántos países no podrá leerse aún hoy esta novela como una historia de 
plena actualidad? ¿Y a cuántos lectores no les conmoverá la lucha de un 
hombre por sus ideales en un medio hostil?
delibes consigue siempre trascender el localismo y la temporalidad. 
volvamos al tema del paisaje. Muchas de sus novelas están ambientadas en 
el marco rural. la visión que se ofrece de la vida en el campo no es idílica; 
muy al contrario, se resalta la dificultad de la supervivencia, hasta el punto 
de que en una de ellas, Las ratas (1962), los protagonistas hacen de la caza 
de este repulsivo roedor un medio de supervivencia. Esa dificultad hace que 
a menudo los paisanos tengan que emigrar a la ciudad, muy a su pesar. de-
libes contempla esta triste realidad desde perspectivas diferentes y también 
en distintas etapas de la vida del hombre: en El camino, un niño rememora 
su vida pasada la noche antes de emprender el camino para enfrentarse a un 
futuro incierto en la ciudad; en Diario de un cazador, un adulto joven vive 
su presente urbano ansiando las escapadas al campo los fines de semana; en 
Viejas historias de Castilla la Vieja (1964), el protagonista recrea mediante la 
memoria su vida pasada, pero sabiendo que, al jubilarse, va a regresar a su 
pueblo y va reencontrarse con el campo, con sus raíces, después de una vida 
entera en la ciudad, lo que se produce efectivamente en el último episodio. 
una frase de este resume muy bien lo que encuentra a su regreso: a pesar de 
los cambios producidos a lo largo de más de cuarenta años, el protagonista 
contempla la naturaleza y se da cuenta de que “lo esencial permanecía”. lo 
esencial, lo humano, lo natural. No en vano, salvaguardar esos valores fue 
su principal empeño: “He buscado en el campo y en los hombres que lo 
pueblan la esencia de lo humano” (Pegar la hebra 199).
Pero delibes es muy consciente de que en el mundo de progreso 
salvaje que vivimos hasta lo esencial, la naturaleza en su estado puro y la 
cultura asociada a ella, peligra. Esta preocupación la recoge muy bien en su 
novela El disputado voto del Señor Cayo (1978): en plena transición españo-
la, un partido valora como parte de su campaña electoral la conveniencia 
Homenaje a miGueL deLiBes 221
de atraer los votos de un pequeño pueblo castellano. tres militantes del 
partido se trasladan al lugar y lo encuentran casi abandonado. Entran en 
contacto con el señor cayo y entonces se pone de relieve el fuerte contraste 
entre el tipo de vida urbano y el rural, entre dos concepciones mismas de la 
vida. El candidato idealista que ha ido a “liberar” al pobre hombre descubre 
finalmente la verdad que encierra la vida natural: en el señor cayo se halla 
la sabiduría, la honradez y la paz de las que el hombre urbano adolece. Y 
así puede afirmar: “Hay que asomarse al pueblo; ahí es donde está la verdad 
de la vida” y poco después se lamenta: “No hay derecho a esto . . . a que 
hayamos dejado morir una cultura sin mover un dedo” (203).
de esta forma, el compromiso de delibes con castilla trasciende el 
mero localismo porque implica una defensa general de la tierra y del paisaje, 
del individuo concreto y de la cultura popular. delibes se adelantó en varias 
décadas a los planteamientos ecologistas que hoy tienen tanta actualidad: 
en su discurso de ingreso en la real academia, leído en mayo de 1975 y 
titulado El sentido del progreso desde mi obra, defiende lo que hoy conocemos 
como desarrollo sostenible, desarrollo que evite la degradación del medio 
ambiente, con un equilibrio de fuerzas entre el progreso material y el respeto 
a la naturaleza. retirado ya de la vida pública, sus últimas preocupaciones 
y sus últimas palabras editadas estuvieron dedicadas también al medio am-
biente, lo que se plasmó en la obra La tierra herida (2005). 
así pues, delibes logra trascender el paisaje concreto con una con-
cepción del mismo actualísima y de alcance universal; y logra también llegar 
a lo más profundo del hombre y defender su individualidad más allá de va-
lores sociales que le impiden su realización, como el materialismo o el abuso 
del poder. su mensaje, tan sutil y estéticamente filtrado en su obra, goza hoy 
de plena actualidad y permanecerá más allá del tiempo y del espacio.
Bibliografía
alonso de los ríos, césar. Conversaciones con Miguel Delibes. Madrid: Magisterio 
Español, 1971.
aparicio Nevado, Felipe. Miguel Delibes: le chasseur d’histoires. Paris: Éditions 
Publibook université, 2010.

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