Claudio Magris, paradigMa de frontera: El Danubio - Roderic

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Claudio Magris, paradigMa de frontera: El Danubio - Roderic Transcripciones

Claudio Magris, paradigMa de frontera: 
El Danubio
M.ª Rosario Ferrer Gimeno
universitat de València
Quaderns de Filologia. Estudis literaris. Vol. Xii (2007) 275-286
si existe un autor icono de frontera, sin lugar a dudas, éste es Claudio 
Magris (trieste, 1939). el hecho de nacer y vivir en una ciudad de frontera le 
empuja a la búsqueda de una identidad. trieste ha sido austro-húngara, serbia, 
yugoslava, ahora italiana, ¿mañana?... Esa indefinición espacial lleva al propio 
autor a reflexionar sobre el concepto de identidad y de nacionalismo y, en con-
secuencia, a reivindicar la frontera como espacio vital. pero vivir en un espacio 
indefinido implica una cosmovisión en donde la patria sólo es una zona de 
vínculos humanos cambiantes, la literatura es el único medio por el que buscar, 
encontrar o destruir la propia identidad.
Desde esta convicción Magris iniciará su particular búsqueda y la sinteti-
zará en su obra El Danubio (1986). el éxito le ha acompañado en cualquiera 
de los idiomas a los que ha sido traducida, prueba de ello son las numerosas 
reediciones. en ella describe el sentir de millones de personas cuyas vidas han 
estado marcadas por un río, el danubio, que les ha obligado a vivir siempre 
en la frontera, a replantearse continuamente su identidad según los avatares 
de la historia. Para referirse a los países que rodean el río y viven influidos 
por él, Magris prefiere usar el término Mitteleuropa en lugar de Centroeuropa 
porque el primero tiene un matiz cultural del que carece el segundo, como será 
explicado posteriormente. Además, en Mitteleuropa se concretiza la misma 
división del mundo del siglo XX, traumatizado por dos guerras mundiales que 
han decidido su destino y han fijado sus fronteras. A pesar de los nuevos acon-
tecimientos políticos europeos ocurridos después de la caída del Muro de Ber-
lín y de la desaparición de la URSS, él continúa considerándose autor de fron-
tera porque en ella está la creatividad, y hoy más que nunca es necesaria la 
creación de frontera.
Siguiendo el curso del río inicia un viaje como metáfora de la vida. Una re-
flexión que busca en la memoria heredada una identidad que ha condicionado 
y mediatizado los contenidos de sucesivas y futuras memorias (Lledó, 2000: 
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno276
135). Además, con ella inicia su obsesión por la frontera que perdura como 
tema recurrente hasta la actualidad, como también constata Pellegrini (2002: 
63-73).
1. FRonteRa
Magris vive instalado en la frontera física e intelectual, pero eso no signifi-
ca un “extrañamiento” de todo lo que pueda encontrar al otro lado de la misma 
ni una nostalgia indefinida en la búsqueda de algo desconocido, sino más bien 
demuestra tener los ojos del viajero ávidos de saber: todo es siempre novedoso 
y objeto de estudio. En su propia terminología ansía la persuasión. Por persua-
sión entiende un saber identificarse con el fluir de la existencia, un movimiento 
permanente, una forma de vivir el presente en su plenitud para escapar de una 
concepción de la vida moderna donde el pasado no cuenta, lo que priva al in-
dividuo de una parte importante de su propia identidad:
El hombre contemporáneo es consciente de que la unidad se ha roto para siem-
pre, de que andar es una recta infinita, pero, aunque sabe que nunca más encon-
trará el punto de unión del individuo con todo el universo, continúa deseándolo 
por lo menos para tener una pálida sombra de la armonía que existió, o sea para 
poder volver a casa, como el mítico ulises, cargado de años y de cicatrices, 
pero también enriquecido por inolvidables experiencias (Aversa, 1999: 78). 
Desde esa concepción trata de vivir todo su viaje Claudio Magris. Una per-
suasión que todos hemos de experimentar porque, de lo contrario, consumire-
mos nuestras vidas en una espera que nunca se materializará en nada positivo; 
como la misma cultura mitteleuropea vivida hasta ahora en la insensatez de la 
nada, como demuestra en El Danubio. 
en Magris frontera e identidad son inseparables, pues el hombre siempre 
está en la frontera, en el límite de la indefinición, y primero hay que saber 
quién se es. Él siempre ha vivido en tierra de nadie, trieste, a orillas del mar 
Adriático. Ha soportado un peso histórico que no ha logrado superar y que 
busca en los espacios “cerrados” de Mitteleuropa su frontera como lugar de 
identidad. la frontera es el límite entre lo exterior y lo interior. si él se encuen-
tra en el límite, trieste, lo exterior es el mar y lo interior es la Mitteleuropa. 
Una respuesta a una indefinición personal en un claro contraste con Roma, la 
capital italiana, heredera de un grandioso pasado y abierta al mar, al espacio 
épico, a la evasión de los límites. 
Desde la publicación de El Danubio todas las obras son una reescritura de 
la misma obra; Magris sólo cambia el “transcurrir” del espacio pero no el pun-
to de partida o de llegada. En ese afán fronterizo de Magris llama la atención la 
Claudio Magris, paradigma de frontera: el danubio 277
identificación de sus obras con líneas o figuras geométricas; todas relacionadas 
con la frontera: la línea. así, El Danubio se asocia con una recta, no tiene prin-
cipio ni fin como el río al que alude. Microcosmos (1997), representado por un 
círculo, parte del Café san Marcos en trieste, da la vuelta circular y vuelve 
a él. utopía y desencanto (1996), conjunto de artículos, describe una línea 
quebrada: los altibajos anímicos del autor al reflexionar sobre la frontera y 
todo lo que para él conlleva. otro mar (1991) es identificable con un triángulo 
cuyos vértices están descritos en el trayecto de Trieste a Argentina, a la zona 
balcánica y de vuelta a Trieste. Y, como último ejemplo, la exposición (2002), 
reconocible en una línea discontinua, como las ideas entrecortadas expuestas 
por el protagonista, timmel, nacido en Viena y fallecido en trieste. 
En todas ellas, Trieste -como el ensayo que le dedicó: Trieste. una ciudad 
de frontera (1982)- siempre es ese punto de partida incierto, aunque sea un 
espacio físico concreto al que se regresa después de haber aprendido lo que 
hay más allá de ese punto.
para Magris toda frontera es el resultado de una inseguridad individual y 
colectiva que obliga a definirse siempre frente al otro. Así, el individuo ante la 
incerteza de su origen, primero, se pregunta qué supone pertenecer a una u otra 
nacionalidad, sobre todo cuando es tan cambiante como la suya: “a menudo es 
la obsesión de poner a alguien o algo al otro lado, para comprender que cada 
uno se encuentra ora de este lado ora del otro –que cada uno, como en un mis-
terio medieval, es el Otro” (Magris, 2001a: 58). Y, segundo, se ha de buscar la 
respuesta como colectivo, como grupo de individuos dentro de una sociedad, 
de un territorio con límites por los continuos cambios. estos, la mayoría de las 
veces, no dependen del sentir de un grupo de individuos que se reconoce entre 
sí como colectivo, sino de otro colectivo ajeno que por circunstancias también 
fluctuantes decide trazar una nueva frontera. Y su primera consecuencia es 
una demostración palpable de la endeblez entre la verdad y la mentira de la 
Historia; una línea difusa que se modifica al socaire de la ideología dominan-
te. Por consiguiente, el individuo debe liberarse de la identificación espacial 
concreta e identificarse con un espacio más amplio y perenne más allá de las 
fluctuaciones políticas, ya que en esa línea está la creatividad y la fraternidad 
humana. sin embargo, en el caso de Magris, no es un espacio diluido, su fron-
tera es Mitteleuropa; un espacio con muchas fronteras políticas, con diferentes 
estados, pero en el que el autor se reconoce, puesto que los vínculos humanos 
trazados por la cultura son más fuertes y permanentes.
Ahora bien, la frontera siempre es una línea móvil, como ya se ha señalado, 
y toda movilidad implica un desplazamiento físico o psicológico, un viaje. En 
la obra de Claudio Magris, el viaje es una seña de identidad, un lugar en sí 
donde identificarse y permanecer:
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno278
La imprevisibilidad del viaje, la confusión y la dispersión de los caminos, el 
azar de las paradas, la incertidumbre de las noches, la asimetría de todos los 
recorridos. partida y retorno, le voyage pour connaître ma géographie (Magris, 
2004: 13-15).
el viaje debe servir para aprehender, para enriquecer el espacio vital pro-
pio. Se trata de alcanzar aquello de lo que el viajero, el hombre de frontera, 
conoce su carencia y que suplirá con el viaje-búsqueda.
sin embargo, todo viaje para que sea enriquecedor debe ser biunívoco. no 
sólo el viajero, el hombre de frontera, recibe sino también deja a su paso aque-
llo de lo que es portador, aunque tan sólo sean preguntas a las que todavía no 
ha encontrado una respuesta.. un viaje en el que el propio viajero desconoce si, 
cuando llegue al final, será capaz de reconocerlo por la dificultad de la propia 
naturaleza humana. En definitiva, un viaje que según Yvonne Aversa (1999: 
79-80):
parece desarrollarse a través del tiempo y del espacio y, sin embargo, toca pun-
tos álgidos donde el tiempo y el espacio ya no son dimensiones distintas, sino 
bloques compactos, donde la historia, la geografía, la poesía, el bien y el mal se 
encuentran entrelazados de forma tan compleja que sería imposible separarlos.
Ahora bien, Magris necesita un referente geográfico en el que sustentar su 
frontera y, con ella su identidad: el espacio en el que busca conocerse y reco-
nocerse. por ese motivo elige el danubio, un río impreciso en su nacimiento y 
en su desembocadura, pero reconocible en su transcurso. Muestra así el límite 
entre lo externo y lo interno, entre lo impreciso y lo seguro. se trata de una 
metáfora política de la no exclusión, ya que todas forman su razón de ser más 
allá de su propio origen. 
Como ya se había mencionado al principio, Claudio Magris prefiere el tér-
mino Mitteleuropa al de Centroeuropa, porque contiene el matiz de la convi-
vencia entre distintos pueblos en un mismo espacio (alemán, magiar, eslavo, 
romache y hebraico). Es una palabra que, para él, es más que un espacio geo-
gráfico:
Hoy la palabra Mitteleuropa se ha convertido en el modo de pensar en una 
Europa realmente diversa y liberada de las ideologías de dominio. Y desde lue-
go, en la forma de pensarla de una manera radicalmente distinta de la de Yalta 
(Gándara, 1989).
Claudio Magris, paradigma de frontera: el danubio 279
aunque para Magris Mitteleuropa es un concepto claro y preciso, con su 
viaje a través del río, busca constatar si significa lo mismo para todos los ha-
bitantes de sus orillas. En el fondo, su viaje refleja el temor por comprobar si 
es una mera idealización de un tiempo y un espacio sustentado en la nada; una 
repetición de un estudioso del mito habsbúrguico (il mito asburguico nella let-
teratura austriaca moderna, 1963) como vertebrador de la idea mitteleuropea. 
por ello tomemos como punto de partida el mismo que Magris: las fuentes im-
precisas del Danubio que ya en tiempos del emperador Francisco José (1830-
1916) se intentaron fijar sin éxito; y que si bien fue un fracaso en el aspecto 
geográfico, no lo fue así en el espiritual. Esa imprecisión sirvió para definir al 
propio imperio austro-húngaro o habsbúrguico sustentado sobre una artificiosa 
vacuidad, una ficcionalización del pasado que persiste hasta nuestros días en 
austria, país símbolo de ese imperio desaparecido. en este caso son los pro-
pios medios de comunicación los que la alimentan, hasta la saciedad, con el 
propósito de atraer un turismo que ansía encontrarlo1.
Pero la manera de entender Mitteleuropa ha creado conflictos y disputas 
desde siempre. Así, a principios del siglo XIX, el jurista Constantin Frantz se 
enfrentó con el canciller alemán Otto von Bismarck. El primero abogaba por 
una Mitteleuropa federal y plurinacional y la lengua alemana como elemento 
unificador2. En cambio, para el canciller era la justificación de sus ideales im-
perialistas, una Mitteleuropa desde Copenhague hasta trieste.
Después de la Primera Guerra Mundial y del fin de los imperios centra-
les europeos, el concepto centroeuropeo es revisado de nuevo por el primer 
presidente de Checoslovaquia, Tomas Masaryk (1918-1935). Desde su punto 
de vista, es más apropiado el término Centroeuropa pues incluye a los países 
escandinavos, pero excluye a alemania y austria como grandes perdedores de 
la guerra.
Luego, con el ascenso del nazismo, la idea de Mitteleuropa será retomada 
como la reunificación de todos los países europeos de habla alemana pero bajo 
hegemonía germánica. Los resultados, de sobra conocidos, crearon un nue-
vo concepto: europa oriental. en él se marcaba una nueva frontera político-
económica: dos maneras diferentes de concebir Europa, además de constatar 
la pérdida de su hegemonía; una división que Alemania sufriría en particular, 
pues esa nueva “frontera” quedaba establecida en su propio territorio. esta 
herida llevaría a distintos intelectuales a reconsiderar la reunificación de Ale-
1 Cf. Ferrer, M. R. (2000).
2 recoge este sentir: le beau Danube jaune. Modificado posteriormente por su hijo Michel Verne 
y popularizado bajo el título: le Pilote du Danube. Verne, J. (1870). El piloto del Danubio. Madrid: 
Sáenz de Jubera Hermanos. 
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno280
mania, lo que implicaría un nuevo dominio de Europa más allá de las concep-
ciones imperiales anteriores:
the reconstruction of the destroyed Center of europe, either as a precondition 
for or a consequence of a reconstruction of europe as a whole. the german 
question is identical with the Central european confederation consisting of 
Germans, Austrians, Czechs, and Slovaks (Benz, 1990: 179). 
A principios de los años 80, en pleno siglo XX, el concepto de Mitteleuropa 
volverá a renacer de la mano de intelectuales como Milan Kundera. Mitteleuro-
pa es una cultura, una búsqueda de lugares comunes para contrarrestar el fuerte 
renacimiento de los nacionalismos, sobre todo en los Balcanes. es una solu-
ción europea para una realidad internacional que pretende impulsar de nuevo 
el papel mundial de europa. en esta corriente se inserta Claudio Magris, pues 
no hay que olvidar que El Danubio vio la luz bajo una Mitteleuropa dividida, 
otro motivo más de temor para nuestro autor de iniciar el viaje. Ese espacio 
geográfico entraña un fracaso político, quizás una idea sin futuro: “cualquier 
heredero habsbúrguico es un auténtico hombre del futuro, porque ha aprendi-
do, antes que otros muchos a vivir sin futuro (…) no a vivir sino a sobrevivir” 
(Magris, 2004: 245); pero la misma desesperanza le lleva a afirmar:
Existe, no desaparece, no promete lo que no mantiene, no abandona, corre fiel 
y verificable; no conoce el azar de la teología, las perversiones ideológicas, las 
desilusiones del amor. Está ahí, tangible y verídico, y el devoto que le dedica 
su existencia la siente fluir en armoniosa e indisoluble unión con el fluir del río 
(Magris, 2004: 59).
En definitiva, Magris reivindica todos aquellos trazos culturales que unen, 
pero desplaza el centro de poder de Berlín a Viena. Tal vez, de una manera 
idealista, él quiere creer en el mito habsbúrguico de la convivencia entre di-
ferentes pueblos. Cuando escribió la obra, las tensiones geopolíticas en los 
Balcanes eran patentes desde muchos años atrás (Ganivet, 1932: 325-329), 
situación comparable a la tensa espera descrita en una de sus novelas favoritas: 
El desierto de los tártaros de Dino Buzzati. Desgraciadamente, el conflicto 
balcánico no tardaría muchos años en estallar después de la publicación de 
El Danubio. los nacionalismos implican espacios acotados e inamovibles en 
donde la frontera es muralla y no puente (Martínez-Conde, 1999: 154-165), 
todo lo contrario a la frontera reivindicada por Magris.
Claudio Magris, paradigma de frontera: el danubio 281
2. LiteRatuRa
Claudio Magris vive la frontera como una religión, por lo que siente la 
necesidad de “predicar” esa creencia aunque resulte reiterativo. para él es una 
creencia que salvará al hombre en un mundo cada vez más globalizado donde 
las fronteras casi siempre obedecen a intereses económicos y no culturales, y 
en donde el hombre pasa a ser un mero peón dentro de un tablero. Sólo interesa 
si puede ganar la partida, en caso contrario, será sacrificado. Por todo ello, el 
autor hará de la literatura su púlpito (Magris, 2007: 9):
(...) la literatura, que a menudo consiste en un viaje de lo sabido a lo ignoto, 
pero también de lo ignoto a lo sabido, un territorio desconocido del que nos 
apropiamos. siempre puede ocurrir que algo hasta ese momento familiar se 
manifieste extraño e inquietante, o bien que algo o alguien, una cultura que 
creíamos lejana y diferente, resulte ser por el contrario afín y próxima. 
de este modo, la escritura se convierte en la única arma con la que cuen-
ta para aprender y enseñar a convivir, a sobrepasar barreras no solo políticas 
y económicas sino también psicológicas y culturales, de ahí su importancia. 
pero, al mismo tiempo, la literatura la entiende como un viaje sempiterno que, 
a partir de El Danubio, reescribirá continuamente, hasta la saciedad, en toda su 
producción literaria posterior. Esto implica que cada nueva publicación varíe 
en la forma pero no en el fondo; por eso, el lector ya conoce de antemano el 
tema y la conclusión, sólo le falta conocer la manera en que le va a ser narrado 
de nuevo. De ahí que esta obra resulte capital en su producción literaria, el 
resto son meras comparsas. no obstante, este comentario no debe tomarse en 
tono peyorativo.
aunque, por una parte, El Danubio respira pesimismo porque el autor sabe 
que no va a poder recuperar un pasado cultural de convivencia que sea extensi-
ble en su espíritu a toda europa, una convivencia que respete la divergencia de 
sus distintos países, puesto que Europa nada a la deriva en un río, la situación 
internacional, cuyas orillas no resultan fáciles de alcanzar. Es decir, una quime-
ra de un futuro como continente reivindicador de su espacio fronterizo que evi-
te los conflictos nacionalistas y recupere la concordia, primero en un espacio 
mitteleuropeo y luego europeo. por otra, su empeño mitteleuropeo, con todo lo 
que ello implica de pasado ficcionalizado, es una forma de psicoanálisis indivi-
dual que trata de reinterpretar la realidad vivida. al mismo tiempo, Magris pre-
tende, mediante la escritura, recobrar la memoria de lo heredado por los hom-
bres de una determinada sociedad bajo unas mismas instituciones y con una 
misma lengua, en este caso el alemán, pero aplicable a cualquier otra lengua. 
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno282
En palabras de Emilio Lledó (2000: 135): “en ese hablar han condicionado y 
mediatizado los contenidos de sucesivas y futuras memorias”. No sólo son rei-
vindicadas las lenguas nacionales sino también las diferentes lenguas locales, 
pues son un elemento enriquecedor del propio espacio europeo. En opinión de 
George Steiner (2005: 72), otro mitteleuropeo de convicción, cada vez que una 
lengua desaparece, sucumbe una propia parte de todos los europeos. No sólo 
muere la lengua sino también toda la tradición que había arraigado a través de 
la misma, por lo que se pierde una parte de la cosmovisión europea plural. Esto 
también implica una defensa de la tradición oral como fuente de la escrita.
por consiguiente, en esa búsqueda de ejemplos de convivencia, Magris 
bucea en las aguas literarias del Danubio entre los siglos XV, el momento de 
creación del imperio habsbúrguico, y el XX, anterior a la caída del Muro de 
Berlín. En definitiva es un período focalizador de todas las barbaries humanas 
dentro de la propia Europa y, a su vez, silenciador de otras violencias más allá 
de sus fronteras. De ello puede deducirse que, a pesar de que Magris (2004: 
228) agradezca a esa literatura mitteleuropea el apoyo para “cicatrizar” –“las 
ficciones de la civilización danubiana, sus irónicos disimulos, ayudan a eludir 
el intolerable escándalo de dolor, a seguir adelante. Hay que agradecérselo, 
aunque éste sea su límite”–, no por ello debemos olvidar el papel de denuncia 
de la literatura, pues ésta debe acosar al lector para estar en guardia y cuestio-
narse la realidad cotidiana. Esta es una función de compromiso al que la litera-
tura actual parece haber renunciado a favor de un éxito mediático efímero pero 
rentable. por eso, en ese viaje literario danubiano, el río también se convierte 
en espacio representativo y de unidad de autores que expresan sus conviccio-
nes según el sufrimiento infligido por los gobiernos de turno. 
pero volviendo a la literatura danubiana, en el primer tramo del río, nuestro 
autor insiste en esa especial admiración por un pasado más ficticio que real, por 
la persecución del mito habsbúrguico:
la simbiosis de ineptitud y sabiduría, la incapacidad de actuar que se convierte 
en sagaz prudencia y en previsora estrategia, la vacilación y la contradicción 
elevadas a línea de conducta permanente, el deseo de paz mezclado con la fuer-
za de aceptar conflictos interminables e irresolubles (…). La grandiosa estática 
de los Habsburgo… la repugnancia por la acción, el pathos defensivo de quien 
tiende no a vencer sino a sobrevivir y no ama las guerras porque sabe, como 
sabía Francisco José, que las guerras se pierden (Magris, 2004: 125).
Así mismo, en el siglo XVII, el matemático y astrónomo Johannes Kepler 
lo ejemplificó con su admiración por la Nada como símbolo de ese imperio.
Claudio Magris, paradigma de frontera: el danubio 283
Conforme avanza por el río, el autor resalta aquellos escritores y estudio-
sos que tienen al danubio como símbolo de su propia identidad. entre los 
citados destaca, por una parte, los geógrafos y, por otra, literatos y ensayistas 
contemporáneos a Magris. Los primeros trataron de fijar sus fuentes: Sebas-
tián Münster (1488-1552), o en 1718 Friedrich Wilhelm Breuninger; o seguir 
el curso del río con carácter enciclopédico: Luigi Ferdinando Marsili (1658-
1730). A todos ellos la frontera-río los superó, sirva de ejemplo ilustrativo 
la obra sobre el léxico de los barqueros, Ein Handbuch fur Reisende auf der 
Donau (1819) de J. A. Schultes. Influido éste por la majestuosidad del Danu-
bio no la concluyó porque no consideró que nunca desaparecería esa manera 
fluvial de actuar. 
Sobre los estudiosos contemporáneos, la realidad política ligada a regíme-
nes totalitarios les obliga a reivindicar espacios nacionales propios para po-
der desarrollarse como individuos, es decir, buscar su propia frontera creativa. 
Considero que este motivo no es del todo entendido por Claudio Magris pues 
mantiene ciertos matices “censurables” cuando habla de sus obras. se trata de 
autores que tratan de sobrevivir dentro de un estado-tutor que los ahoga. la 
mayoría de ellos son completamente desconocidos en España, quizás por de-
sarrollar su obra literaria bajo regímenes de intereses diametralmente opuestos 
al gobierno franquista gobernante en esos momentos. no obstante, no por ese 
anonimato impuesto nos dejan indiferentes sus reivindicaciones. la necesidad 
de la frontera como espacio del diálogo y la escritura como su vehículo de 
compromiso nos son comprensibles y ansiados. 
A su paso por los Balcanes, el autor triestino intensifica la búsqueda de las 
raíces habsbúrguicas por el enfrentamiento civil que se avecina. son países 
alimentados por una rebeldía histórica frente al opresor político de turno. Ni 
desde dentro de la propia Yugoslavia ni desde fuera han buscado en el “otro” 
aquello que podía aportar de positivo. para ellos la frontera siempre ha sido un 
espacio contrario a lo unificador o creativo.
Cuando Magris llega al final del Danubio le sorprende no encontrar una 
desembocadura perfilada. La ramificación en delta remarca la incerteza del 
hombre mitteleuropeo como le había ocurrido en el nacimiento del río. se nota 
un halo de tristeza en la obra puesto que el temor inicial se ha confirmado. No 
ha sido capaz de rescatar el espacio mitteleuropeo unificado aunque sólo sea 
como espacio literario. es un intento fallido de despertar un pasado aletargado 
y arrastrarlo hacia la consciencia que lo conoce y en el que se reconoce (Lledó, 
2000: 154). En ese viaje al interior de Europa desde la costa adriática, Magris 
ha descubierto que Mitteleuropa no es sostenible ni siquiera con carácter cul-
tural. su frontera, su espacio vital, debe ampliarse: europa como continente. 
Tal como expresó en 2004 en su discurso de recogida del galardón del Premio 
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno284
“Príncipe de Asturias” de las Letras: “sólo una Europa realmente unida puede 
hacer que las fronteras entre sus naciones y culturas sean puentes que las unan 
y no barreras que las separen”.
Sin embargo, esa vocación europeísta de apertura y aceptación, en la que 
muchos países mitteleuropeos han visto su futuro, ha traído nuevos temores 
y con ello nuevas fronteras3. si en su obra El Danubio el peligro exterior lo 
representan los turcos -el imperio habsbúrguico fue la frontera de contención 
de estos a lo largo de los siglos- en la actualidad se considera como tal a los 
habitantes de parte de los mismos países mitteleuropeos. por eso en un mundo 
cambiante, globalizado, la inmigración, llevada por el dolor y el hambre, se 
ha convertido en la nueva frontera (Magris, 2001a: 69). Aunque, por un lado, 
Magris habla de tender puentes, por otro expone la necesidad, ahora más que 
nunca, de replantear las nuevas fronteras y sus condiciones puesto que: “es un 
problema mayor que el terrorismo (...) Existe una obligación de solidaridad, 
pero también debe haber límites” (Aguilar, 2005).
sorprende esa actitud de cautela para un autor situado en la frontera como 
espacio abierto y defensor de la misma. así deja planteado un debate del que 
él mismo ha sido presa ya que, llevado por un optimismo humanista de fra-
ternidad inicial, concluye en la necesidad de reconsiderarlo cuanto antes. la 
presión demográfica que sufre la Europa del bienestar conlleva una profunda 
reflexión ante el futuro que ya está aquí.
3. ConCLusiones
Claudio Magris se siente seducido por la frontera porque desde siempre ha 
sido su sino y lo que podría parecer un contratiempo en la vida de cualquiera, 
él lo ha transformado en una fuente personal enriquecedora: 
La frontera es puente o barrera, estimula el diálogo o lo ahoga. Mi educación 
sentimental ha estado marcada por la odisea de las fronteras, por su arbitra-
riedad e inevitabilidad. esto en trieste se traducía en sentimiento de incerti-
dumbre y extrañeza porque hasta 1954 fue territorio libre administrado por los 
norteamericanos y los ingleses. la consecuencia inmediata era no saber quién 
se era y trataba de construirse una identidad merced a esa alteridad exasperada 
(Magris, 2001a: 57-58).
Con todo este bagaje en sus maletas está preparado para comenzar el viaje 
iniciático en busca de la antigua Mitteleuropa como reducto cultural, llevado 
3 Para ilustrar este ejemplo sirvan las reflexiones del polaco Geremek, B. (1994).
Claudio Magris, paradigma de frontera: el danubio 285
por su creencia en la frontera como espacio creativo; una nueva religión de 
la que pretende hacer proselitismo a través de la literatura; una Mitteleuropa 
perfectamente ensamblada en el curso del danubio como conector de un pa-
sado mitificado, del que no ha conseguido desprenderse completamente, y que 
da título a uno de sus más conocidos trabajos ensayísticos: El mito asburgui-
co nella letteratura austriaca moderna (1963), un viaje al interior de europa 
simultáneo a una interiorización personal. Él busca en ese espacio interior, 
analítico y reflexivo lo que fue, lo que pudo ser y lo que desearía que fuese. 
Busca discernir la verdad del mito de los orígenes de la Mitteleuropa. Magris 
experimenta el temor de que los mismos avatares políticos vividos en la zona 
hayan reescrito el pasado acorde con los intereses de los gobiernos de turno:
probablemente todos los mitos arcaicos, que ahora se nos presentan en su inco-
rrupta verdad, hayan sido en su origen truco y poder tecnocrático, arcano acu-
mulado por el poder, el enigma del que nos rodea una policía secreta. los siglos 
eliminan a las policías secretas y su poder, de modo que sólo queda el relato 
mythos de su misterio, puro y auténtico como cualquier fábula que no persigue 
fines secundarios, y que sólo quiere contar (Magris, 2004: 350).
el viaje, iniciado con temor, ha concluido con los peores presagios: todo lo 
que representaba Mitteleuropa de convivencia en el pasado ha desaparecido. 
En una larga entrevista a Magris realizada por Yvonne Aversa con motivo de 
su tesis doctoral, nuestro autor dice:
Toda Europa central es una civilización de la defensa, de las barreras, del querer 
protegerse del mundo que amenaza, el miedo a no ser, el miedo a no existir (...) 
que se busquen defensas de cualquier clase: los uniformes, los libros, la casa.
Mientras, detrás del miedo, a su vez se esconde cierto desprecio para los demás 
la massa, sin darse cuenta que todos somos massa (Aversa, 1999: 117).
por eso, él ha ampliado su frontera, su espacio creativo, a toda europa 
como representación de la humanidad entera: “No existe ninguna oposición 
entre lo particular y lo universal, entre el amor a la propia frontera y a la hu-
manidad que no respeta ninguna frontera” (Magris, 2007: 23). Sin embargo, lo 
que parecía una afirmación sincera, él mismo empieza a llenarla de sombras. 
la europa del bienestar sufre la avalancha migratoria tanto de una parte de los 
antiguos países mitteleuropeos como de aquellos más allá de la propia frontera 
física continental europea. en unas recientes declaraciones ha manifestado: 
“tenemos un montón de desheredados y los países europeos necesitan mucho 
de esta gente, además existe una obligación de solidaridad, pero también debe 
haber límites” (Aguilar, 2005). 
M.ª RosaRio FeRReR GiMeno286
En consecuencia, después de analizar a Claudio Magris como paradigma 
de frontera, habría que replantearse su sinceridad al respecto, en especial, si él 
mismo toma de Nietzsche una reflexión planteada en forma de pregunta y que 
requeriría una respuesta desde la frontera: “¿Dónde puedo sentirme en casa?” 
(Magris, 2002: 55).
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