La descolonización del Norte de África en perspectiva histórica

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La descolonización del Norte de África en perspectiva histórica Transcripciones

Espacio, Tiempo y Forma, S. V, H." Contemporánea, t. IV, 1991, págs. 171-180 
La descolonización del Norte de 
África en perspectiva histórica 
V. MORALES LEZCANO * 
/. PUNTUALIZACIONES BIBLIOGRÁFICAS 
Si se repasa con detenimiento —e, incluso a vuelapluma— cualquier 
manual de historia de España durante la Edad Contemporánea será difícil 
encontrar algún capitulo consagrado a la política internacional del Estado 
desde el final del reinado de Fernando Vil hasta la muerte del general 
Franco, descolonización de África incluida \ 
Aparecerá, a lo sumo, un apartado (las más de las veces un «pasa-
je») dedicado al polémico matrimonio de Isabel II, a la connotación «sa-
boyarda» de la Guerra Franco-Prusiana de 1870 y, como no, al episodio 
nacional del 98 y sus secuelas. La neutralidad de los gobiernos de Ma-
drid en 1914 y 1939 —cuando Europa entró por dos veces en guerra— 
también suele merecer algún que otro pasaje y, en ocasiones, mera alu-
sión de rigor ^ 
* Profesor de «Relaciones entre España y el Magreb» en la Escuela Diplomática-
Madrid y coordinador del presente Informe, presentado al 17.° Congreso Internacional de 
Ciencias Históricas (Madrid, Agosto, 1990). 
' Véase, SEVILLANO CASTILLO, Rosa, Los Orígenes de la Descolonización Africana a 
través de la Prensa Española (1956-62). Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1986. 
' Véase, como excepción, los trabajos de JOVER, J . M., «Tradiciones y Utopías para 
una Política Exterior», prólogo del volumen XXIV de La Historia de España dirigida por R. 
MENÉNDEZ PIDAL. Madrid, Espasa Calpe, 1981, págs CXXXIII-CLVII, y «La percepción es-
pañola de los conflictos europeos; retos históricos para su entendimiento», Revista de Oc-
cidente, febrero (1986), págs. 5-42. 
171 
V. MORALES LEZCANO 
Y es que la historiografía ha hecho suya la creencia consistente en 
pensar que una pequeña potencia, replegada —aislada— no se ha visto 
afectada por las relaciones internacionales de la época, cuando, sin que-
rer desorbitar el alcance de la reflexión, parece que ha sido lo contrario. 
Es decir, España —e incluso alguna que otra pequeña potencia de la 
Europa contennporánea (1870-1960)— se ha visto afectada con intensi-
dad y periódicamente por las relaciones internacionales del continente. 
Incluso cuando los gobiernos en Madrid han considerado que el bastión 
peninsular ibérico y el deseo político de permanecer neutral eran suficien-
tes para protegerse bajo ese doble paraguas de la lluvia de conflictos 
—armados, coloniales, aduaneros, de opinión pública y percepción colec-
tiva— en los que han vivido sumergidos los Estados europeos de hoz y 
coz hasta la segunda postguerra del siglo xx .̂ 
Las carencias bibliográficas se acentúan cuando topamos con el 
tema de España en África. La presencia de la administración española 
en el Noroeste de África, desde la frontera argelomarroquí —delimitada 
por el río Muluya— hasta el antiguo bajalato de Larache; en los enclaves 
territoriales de Tarfaya e Ifni; y en el protectorado de Río de Oro, ha sido 
objeto de páginas eruditas pero, en ocasiones, triunfalistas (García Figue-
ras ha sido la figura-príncipe de esta escuela). Algunos historiadores ge-
neralistas no han podido evitar reflexiones más o menos documentadas 
sobre la incidencia de lo africano en el ejército peninsular, la hacienda 
de la nación, la fractura política, y hasta social de España, entre 1909 
(Semana Trágica en Barcelona) y 1939 (final de la Guerra Civil)". Ma-
rruecos, además, ha sido para España el Oriente de sus anhelos expan-
sionistas a partir de finales del siglo xix; más lejos, en pleno Golfo de 
Guinea, Bata y Fernando Poo fueron el referente sub-sahariano obligado 
por imperativo colonial .̂ 
' El autor de estas páginas ha abordado todo esto en más de una ocasión. Y última-
mente en la ponencia titulada «España, de pequeña potencia a potencia media», presenta-
da al Coloquio Internacional sobre Metodología e Historia de las Relaciones Internacionales 
(Perugia, septiembre de 1989), organizado por la Universidad de Perugia y por el «Centro 
per gli Studi di Política Estera e Opinione Pubblica», Universidad de Milán. 
" Así ha ocurrido con el profesor Pabón en su biografía de Cambó, con Tuñón de Lara 
en más de una de las historias generales que ha dirigido, y en fecha más reciente, con el 
Dr. Espadas Burgos. 
^ Véase MORALES LEZCANO, V., Africanismo y Orientalismo Español en el siglo xix. Ma-
drid, UNED, «Aula Abierta», 1989, prólogo de Alfonso de la Serna. Para el conocimiento 
revisado del tema de España en el sur del Sahara, hay que retener un título inédito: PEREIRA 
RODRÍGUEZ, Teresa, El Colonialismo Español en el Golfo de Guinea: Aspectos Socio-Eco-
nómicos (1900-1930), Trabajo de investigación, Tercer ciclo, (inédito). Madrid, UNED, 1989. 
172 
La descolonización del Norte de África en perspectiva Histórica 
Ha tardado lo suyo en abrirse paso historiográfico el episodio de 
España en África. Algunas evaluaciones periódicas de la producción bi-
bliográfica sobre la materia lo han venido poniendo de relieve a lo largo 
de los años ochenta .̂ Ahora bien, si de la presencia pública y particular 
de España en el Noroeste de África y en aguas del Golfo de Guinea 
entre 1885-1945, pasamos al período de postguerra —y, muy en parti-
cular, al tramo comprendido entre la evacuación del Protectorado hispa-
no-francés en Marruecos (1956) y la cesión del Sahara occidental a los 
gobiernos de Mauritania y Marruecos (1976), contando, además, con los 
conflictivos procesos descolonizadores del pequeño enclave de Ifni 
(1969) y las colonias sub-saharianas (1968)—, nos encontramos con un 
acervo bibliográfico no muy abundante, nada metódico en sus postulados 
y realización (salvo casos contados) y pendiente de revisión ampliada. 
Y no será porque la descolonización del África española —como 
gustaron decir los publicistas ibéricos desde Gonzalo de Reparaz en ade-
lante— no haya hecho derramar ríos de tinta y levantado escozores a 
diestra y siniestra. Piénsese en que si Melilla había sido para la genera-
ción del 14 un topónimo cargado de resonancias bélicas, tal y como 
Ortega y Gasset nos lo ha transmitido en uno de sus escritos menores, 
el Sahara occidental no ha sido menos obsesivo en la publicística y la 
prensa españolas de los últimos veinte años. Y es que, lo que mal em-
pieza, mal acaba. 
Sin embargo, este aspecto descolonizador de la historia actual de 
España (1956-76) se encuentra a nuestro juicio en un estado de necesi-
dad relativo. Es decir, está necesitado de aportaciones monográficas y 
de artículos pormenorizados que recojan más datos y que filtren mejor la 
dosis de diatriba que fluye, oculta o abiertamente, en los escritos publi-
cados sobre el tema. Hasta que este desiderátum no se cumpla, y los 
manuales y los medios de comunicación no recojan e impregnen su dis-
curso de las aportaciones más rigurosas que se llevan a efecto, la visión 
colectiva de España en África (ayer) y la percepción ibérica (actual) del 
futuro de sus relaciones con África —especialmente con el MagretD—, no 
sufrirán el revulsivo conveniente ni se adecuarán tanto al presente dece-
nio de fin del siglo como al arranque del siglo xxi, a cuyas puertas nos 
encontramos ya. 
^ Véase, MORALES LEZCANO, V., «España y el Magreb», Cuadernos de la Escuela Diplo-
máticas, segunda época, núm. 3 (diciembre, 1989), págs. 141-54; y «Morocco... relations 
with Spain», Historical Dictionary of Modern Spain, ed. por R. W. Kern, Greenwood Press, 
1990. 
173 
V. MORALES LEZCANO 
//. LA DESCOLONIZACIÓN EN LA POSTGUERRA 
La Segunda Guerra Mundial fue definitivamente el tiro de gracia para 
los Imperios Coloniales construidos por ciertos Estados europeos entre 
1850-1930 \ El consenso histórico a este respecto es irrebatible. 
El espíritu de la Carta de las Naciones Unidad, aprobada en San 
Francisco el 26 de junio de 1945, reflejaba en potencia el devenir de los 
cambios internacionales de postguerra. La letra de la Carta, en particular 
los artículos 2,55, 73-85 —relativos a la igualdad y derechos de los pue-
blos a la autodeterminación política y al bienestar económico—, recogía 
con precisión y virtud un ideario incubado años atrás, que ahora salía a 
la superficie canalizado a través de la máxima institución mundial (ONU). 
El proceso descolonizador durante la postguerra ha sido bien estu-
diado y es harto conocido en sus características generales como para 
detenerse aquí y ahora en el fenómeno. Proceso tan inesperado —sobre 
todo para el Foreign and Colonial Offices en Londres y para el Quai 
d'Orsay y la Rué Oudinot en París— como acelerado en su desarrollo 
—la península Indostánica hizo sonar la campana de su separación del 
Imperio Británico en 1947 y Argelia obtuvo su independencia de Francia 
en 1962 ®, por poner dos ejemplos significativos—. 
Los eslabones de la cadena son no menos conocidos: la Conferencia 
Afroasiática celebrada en Bandoung recogió en su comunicado final del 
24 de abril de 1955 la voluntad de independencia —y cooperación— que 
animaba al Tercer Mundo. El Consejo de Solidaridad de los Pueblos 
Afroasiáticos abundó en esa orientación, profundizando en algunos de 
sus aspectos, e innovando en otros (peligro nuclear para la paz, por 
ejemplo), a lo largo de la Conferencia que tuvo lugar en El Cairo a finales 
de 1957 y que quedó plasmada en la «Declaración General» (1 enero de 
1958). 
Luego vino la crucial resolución de la ONU sobre «la necesidad de 
poner fin rápido e incondicionalmente al colonialismo de cualquier tipo y 
en todas sus manifestaciones» (14 diciembre de 1960). En menos de 
tres años la resolución de la Conferencia de la Unidad Africana celebrada 
en Addis Abeba y orientada a «eliminar bajo todas sus formas el colonia-
' Véase, KILLINGRAY, D., y RATHBONE, R. (col.), África and the Second World War, Mac-
millan, 1986, págs. 1-19. 
* Aludimos a clásicos como las obras de MIÉGE, J . L., ALBERTINI, Rudolf V., GRIMAL, H., 
y otros más recientemente, C. COQUERYVIDROVITCH y A. FOREST, Décolonisations et Nouvelles 
Dépendances, PWF (hllle), 1986. 
174 
La descolonización dei Norte de África en perspectiva Histórica 
lismo en África» (artículo 2. de la Carta reguladora de la ODA, mayo de 
1963), ni hizo sino reforzar la tendencia de postguerra en un marco con-
tinental preciso y que, a la altura de aquella fecha, presentaba todavía 
bolsas residuales de colonialismo en el África Ibérica, amén de situacio-
nes conflictivas en Rodesia (Zimbawe), Sudoeste africano (Namibia) y 
República Sudafricana. 
Puede recogerse en este instante el sentido de una de aquellas má-
ximas a las que Napoleón Bonaparte fue tan propenso: «Allez dans le 
sens des ideées de votre temps, eiles vous porteront. Allez centre elles, 
elles vous renverseront». De los Estados europeos volcados por geogra-
fía y por tradición intervencionista al Mediterráneo y, por ende, al norte 
de África, Italia fue —en principio— la perdedora por excelencia, secuela 
colonial de la derrota del régimen fascista entre 1943-44. Somalia, Eritrea 
y Libia, muy especialmente, escaparon a la administración italiana en la 
postguerra, con inquietud por parte de la IV República francesa e, inclu-
so, del general Franco ̂ . 
De hecho, Francia y España ensayaron en algunos de sus protecto-
rados y colonias en África, desde el arranque del decenio de 1950, una 
política «retencionista». Otro tanto hizo la República presidencialista de 
Oliveira Salazar en el África subsahariana. Pero a diferencia de los go-
biernos ibéricos, la IV República Francesa tuvo que hacer frente, desde 
1945, a una serie de manifestaciones de independencia nacionales en 
Vietnam, el Magreb y Levante, retando abiertamente —y con las armas 
en la mano en algunos casos— tanto las recomendaciones de la Confe-
rencia de Brazzaville (6 de febrero de 1944) como los títulos Vlll-X de la 
Constitución de 1946 consagrados a la configuración político-jurídica de 
la Unión Francesa ^°. 
Los Estados Ibéricos, en cambio, presentan a nuestra contemplación 
una situación colonialista diferente a la de Italia y Francia en la inmediata 
postguerra. 
Veamos a continuación en qué consistió esa diferencia, en qué es-
pecificidad política de las metrópolis se fundamentó. Y en qué medida 
contribuyó a esa especificidad el entramado internacional que se consti-
' Véase, GUILLEN, Fierre, «Une menace pour l'Afrique Frangaise; le débat International 
sur le statut des anciennes colonies itallennes, 1943-49, en Les Chemins de la décolonisa-
tion frangaise de l'empire colonial: 1936-56, ed. por ChR, AGERON, Paris, Institut de Histoire 
du Temps Présent, CNRS, 1986, págs. 69-81. 
'" Véase, en general, las contribuciones de las actas citadas en n. núm. 9, y en parti-
cular las de los profesores Ageron, Hargreaves y Bessis, en págs. 33-43, 83-93, 341-56. 
175 
V. MORALES LEZCANO 
tuyo a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Veamos algunas 
relaciones de sentido históricas. 
///. ESPECIFICIDAD DE LA DESCOLONIZACIÓN IBÉRICA 
No obstante tratarse de pequeñas potencias, España y Portugal ob-
tuvieron una parte congrua en la expansión europea hacia África y Asia 
iniciada en torno a 1850. Portugal más decididamente y con una platafor-
ma colonial africana vasta (sobre todo en Mozambique y Angola) que la 
que correspondió a España. Locus tenens, o no, de otros intereses eu-
ropeos en África, los Estados ibéricos no sólo sortearon las dos guerras 
mundiales del siglo xx sin perder un kilómetro cuadrado de sus colonias, 
sino que, incluso, consolidaron sus títulos y explotación de aquéllas en 
1919 y 1945". 
Sin embargo, la neutralidad ibérica en la Segunda Guerra Mundial 
—matizada con la declaración de no-beligerancia española entre 1940-
1943— hundió a Portugal y España en un aislamiento internacional con-
siderable, más acusado en el caso de la segunda que de la primera 
potencia, pero actuante en varios planos de la realidad socio-económica 
y mental hasta iniciarse la transición a la democracia a lo largo de los 
años setenta en ambos países. 
Los regímenes políticos de Oliveira Salazar y Franco —con todas las 
diferencias que se quiera establecer entre las formas de gobiernos auto-
ritarias— sobrevivieron con carácter residual en el mapa político de la 
Europa occidental de postguerra. Y otro tanto sucedió con las colonias 
hispano-portuguesas en África. No se olvide que la evacuación de tropas 
y colonos peninsulares de Mozambique, Angola, Guinea Ecuatorial y Sa-
hara occidental data de la primera mitad de los años setenta, fecha bas-
tante inaudita para el proceso descolonizador anglo-francés, belga y ho-
landés ya cumplido ^̂ . 
El carácter autoritario de los sistemas políticos ibéricos a partir del 
final de la Segunda Guerra Mundial explica el férreo control sobre la 
" Véase este proceso en MORALES LEZCANO, V., España y el norte de África. El Protec-
torado en Marruecos (1912-56), Madrid, «Aula Abierta» UNED, 2. ed., 1986, prólogo de J. 
Caro Baroja. 
'̂  Véase la versión que da SUÁREZ FERNÁNDEZ, L., en Francisco Franco y su Tiempo, 
Madrid, Fundación F.F., 1984, VI, págs. 25-46 y 231-42. 
176 
La descolonización del Norte de África en perspectiva Histórica 
información difundida a través de prensa, radio y TV tanto en Portugal 
como en España. Los problemas administrativos, económicos, de nacio-
nalismo indígena, por ejemplo —ínsitos al despertar de la conciencia po-
lítica de líderes, proto-partidos y sindicatos africanos—, fueron escamo-
teados repetidas veces por los servicios informativos de Lisboa y Madrid. 
O, en su defecto, «maquillados» con vistas a seguir ofreciendo a la so-
ciedad civil el panorama de una normalidad nacional, simétrica en la 
metrópoli y en las posesiones ibéricas en África. 
El control sobre la información ejercido en Portugal y España puede 
explicar, en parte, la pervivencia residual de sus colonias en la postgue-
rra. Cuando, por ejemplo, arreció el reto nacionalista de los indígenas o 
se complicaron los factores en juego, Madrid no titubeó en considerar 
«materia reservada» todo lo atinente a la posesión africana de turno. Así 
sucedió con Guinea Ecuatorial y con el Sahara occidental en 1972, al 
amparo de la «Ley de Secretos Oficiales» " . 
No sólo mantuvieron los aparatos gubernamentales en Lisboa y Ma-
drid oculta la información, sino que presionados por el proceso descolo-
nizador de postguerra, las resoluciones de la ONU y de otros foros e 
instancias internacionales, recurrieron a una vieja ficción jurídica como 
fue la de la «provincialización» de las colonias de ultramar. 
La Constitución portuguesa de 1933 fue alterada en 1951, y más 
tarde en 1959, con vistas a demostrar al mundo exterior que «las provin-
cias ultramarinas, como parte integrante del Estado portugués, son soli-
darias entre sí y con la metrópoli» '^ Los doctores Salazar y Caetano 
fueron precursores de esta formulación, que encontraría resonancia en El 
Pardo y en la Presidencia del Gobierno en Madrid, aunque no siempre 
—al menos de modo unánime— en los medios diplomáticos adscritos al 
Ministerio de Asuntos Exteriores (Palacio de Santa Cruz) durante el man-
dato de Castilla. Una visión transparente de esta discrepancia inter-fran-
quista entre esferas de actuación es la de Francisco Villar en su obra El 
Proceso de Autodeterminación del Sahara Español (1982). 
En efecto, desde enero de 1958 en el enclave de Ifni, julio de 1959 
en Guinea ecuatorial, y abril de 1961 en el Sahara occidental, la plana 
" Remitimos a los informes detallados de Guadalupe Montero (Tarfaya-lfni), y J. Mar-
tínez Milán (Sahara Occidental) que siguen a esta introducción. En prensa (Studia Africana) 
está la aportación de Teresa PEREIRA a este Informe. 
'" Véase título Vil, capítulo I, artículo 135 de la Constitución de la República de Portu-
gal (modificada), 11 de junio de 1951. Para una aproximación a las relaciones hispanopor-
tuguesas en el siglo xx, véase la Opera Omnia de TORRE GÓMEZ, H, de la. 
177 
V. MORALES LEZCANO 
mayor del africanismo español aconsejó al general Franco (¿ocurrió al 
revés?) la implantación de la figura jurídico-administrativa de la «provin-
cia» al África Española. La antigua «Dirección General de Marruecos y 
Colonias» pasó, en consecuencia, a denominarse de «Plazas y Provin-
cias Africanas». La ficción estaba servida. 
La operación del gobierno poseía una doble finalidad. Primero: subs-
traer toda la información cautivable del circuito nacional para que la opi-
nión pública no recelara de la imagen «diferente» de España que tenía 
que dispensar el Ministerio de Información. Segundo: «maquillar» —con 
la «provincialización»— el estado real de las posesiones coloniales en 
África, en respuesta a las reiteradas resoluciones del Comité ad tioc de 
la ONU, particularmente reiterativas desde la promulgación de la número 
1514 en diciembre de 1960 '^ 
Cordero Torres, abogado teórico de esta operación, escribía lo que 
sigue, legitimando el paso «provincializador» dado en Madrid tras el pre-
cedente sentado en África por la administración portuguesa: «hay algo 
claro para las relaciones entre el Estado español y sus prolongaciones 
en África hespérica (o sea, el África occidental española) —también apli-
cable al ulterior caso de Guinea Ecuatorial—, y es que siendo flexibles y 
abiertas al perfeccionamiento concordado de las estructuras constitutivas, 
no hace falta la intromisión de terceros —y menos de extraños— en 
cualquier diálogo que acentúe el proceso descolonizador, dándole un 
sentido de responsabilidad, realismo y colaboración» ®̂. 
Cordero, reaccionó, cierto es, con celo defensivo ante la presión onu-
sina —e internacional, a la larga—, aunque no dejó de entreabrir una 
puerta por la que se abrió paso la independencia de Guinea Ecuatorial y 
la retrocesión de Ifni al reino de Marruecos años más tarde. En el Sahara 
occidental el proceso descolonizador del África Española sufrió un enra-
recimiento que dependió tanto de la metrópoli (retardataria al máximo en 
la celebración del referéndum entre los indígenas saharauis censados en 
1971) como de algunas cancillerías e intereses regionales (Marruecos, 
' ' Recuérdese que el Comité Especial de la ONU aireó, no sólo el tema del status 
colonial de las provincias de ultramar portuguesas, sino que recabó la atención sobre los 
territorios del África Española entonces en entredicho. Véase resolución del 16 de octubre 
de 1964, y siguientes. 
'̂  En la obra de este autor, titulada La descolonización. Un criterio liispánico, Madrid, 
2. ed., Instituto de Estudios Políticos, 1967, pág. 181. Sobre la dinámica económica del 
tema, véase W.G. CLARENCE-SMITH, «The Economic Dynamics of Spanish Colonialism in the 
Nineteenth and Twentieth Centuries», Itinerario (Leiden), XV, I, (1991), págs. 71-90. 
178 
La descolonización del Norte de África en perspectiva Histórica 
Mauritania y Argelia), cuando no de potencias mayores, intervencionistas 
inveteradas en la zona (Francia y Estados Unidos). 
Este extremo ha de ser reconsiderado: a saber, si no fueron también 
intereses internacionales orientados a la explotación y comercialización 
de materias primas y minerales estratégicos, extraídos de Guinea Ecua-
torial y Sahara occidental, los que facilitaron indirectamente la pervivencia 
administrativa española en aquellas posesiones, en detrimento final de la 
metrópoli, del futuro político-económico de las colonias de marras, y de 
las relaciones futuras entre la una y las otras, cuando estas últimas lle-
garan a disponer políticamente de ellas mismas. Se trata de una hipóte-
sis, demostrada en parte. 
Las páginas que siguen recogen, por tanto, la especificidad del pro-
ceso descolonizador del África Española entre 1956-76. El Protectorado 
español en el norte de Marruecos (Rif, Yebala), al haber sido una des-
colonización simultánea a la francesa, y al haber sido poco conflictiva, no 
se incluye en el ámbito del Informe. Su estudio por separado cabría in-
sertarlo, quizá, en una investigación sobre la opinión pública española en 
torno a la descolonización del Magreb entre 1954-62, con la Guerra de 
Argelia como referente prioritario ^'. 
" Anticipo de este Informe fueron muchas de las ponencias presentadas en la III edi-
ción del Aula Canarias Noroeste de África (1945-75), que se celebró en la «Casa de Co-
lón», Las Palmas de G. C. (julio, 1988) y que, lamentablemente, están todavía inéditas. 
Esperemos que la nueva administración del Cabildo de Gran Canaria (a partir de junio de 
1991) logre cumplir el compromiso de edición contraído anteriormente. 
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