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Armas de seducción masiva
Deseamos fascinar con un gesto, con una palabra, caer bien irremediablemente.
Anhelamos provocar deseo, amor, admiración. En definitiva, seducir. ¿Pero cómo? La
clave está en nosotros: en nuestras emociones y en nuestro cuerpo
Carmen Grasa (La Vanguardia, 10 de marzo de 2012).- No importan las
circunstancias, ni el momento, ni el lugar. Cuando entran en una sala las
miradas se levantan del suelo para posarse, sin remedio, en ellos. A su
alrededor se crea un campo magnético que nos atrae, se convierten en el
centro de atención. Caen bien irreparablemente, en solo unos segundos. Sus
sonrisas, sus saludos, sus palabras, esa elegancia al moverse, despacio,
como si hubieran inventado el tiempo y amoldaran el espacio a sus
necesidades, nos fascinan. Sin esfuerzo aparente conquistan voluntades.
Quizá no sean bellos ni las medidas de sus cuerpos perfectas.
Quizá su belleza no responda a los modelos sociales más apreciados. Pero
nos hipnotizan, despiertan en nosotros emociones que van del deseo a la
admiración, del enamoramiento romántico a la pasión. Son seductores,
seductoras, que deslumbran sutilmente, a hombres y mujeres, sin distinción
de edad, ni de raza. Derrotan tus defensas para adueñarse de tu corazón, de
tu mente. Y te dejas vencer, porque a su lado te sientes especial, casi tan
maravilloso como ellos.
Afirman los expertos que esa capacidad de persuasión llevó en gran medida
a Barack Obama a la Casa Blanca; hizo de Gandhi un líder indiscutible:
convirtió a Picasso en un amante infatigable; levantó hasta los altares de la
inmortalidad a Marilyn Monroe o a Greta Garbo; ha hecho de George
Clooney un hombre adorado en todo el mundo; de Iñaki Gabilondo, un
líder de opinión; de Antonio Banderas, un galán cautivador, y de JFK y su
esposa, Jacqueline Kennedy, ideales.
En la actualidad, estos y otros muchos nombres son los abanderados de
aquellos que reivindican la seducción como una de las herramientas
imprescindibles para prosperar, siempre y cuando seamos capaces de
eliminar de nuestro diccionario la implicación negativa que la ha
acompañado en las últimas décadas. “La seducción en nuestra cultura tiene
una connotación bastante negativa. La primera acepción de esta palabra nos
habla de seducción como ‘engañar con arte y maña’. Además, hay mucha
vinculación con la parte más sexual del término. Pero todo depende de
dónde pongamos el foco.
Lo que está claro es que la seducción entendida como capacidad de influir
en los otros se relaciona ahora con otro concepto, el del liderazgo, que
culturalmente está muy bien valorado, y del liderazgo resonante, que es la
capacidad para generar emociones positivas en los demás y canalizar la
energía hacia un futuro inspirador”, expone la psicóloga Mar Molina,
directora del Centro Europeo de Coaching Ejecutivo. ¿Acaso no nos han
seducido así personalidades tan diversas como el entrenador del FC
Barcelona Josep Guardiola, el empresario Steve Jobs, la escritora Susan
Sontag o, recién estrenada la democracia, el ex presidente del gobierno
Felipe González?
Eruditos de las emociones
A los grandes seductores de la historia, del presente y del futuro, “la
seducción les nace desde dentro, no la piensan, fluye. Son espontáneos,
encantadores, fascinantes, motivadores, atrayentes. Se sienten tan a gusto
dentro de su piel que no están pendientes de lo que hacen ni de lo que
dicen. Cuando estás ante un seductor natural sólo notas que no está
haciendo ningún esfuerzo, que se divierte y disfruta. ¿La clave de su éxito?
Te entusiasma con su propio entusiasmo, te hace sentir bien con su propio
bienestar y disfrutas con esa persona porque aprecias que está disfrutando
contigo”, describe Alberto Hidalgo, psicólogo y autor del libro Psicología y
seducción.
Diversas teorías inciden en que se trata de personas con un alto nivel de
inteligencia emocional (IE), lo que las conduce a conocer perfectamente
sus propias emociones y a saber gestionarlas del modo más eficaz. Son
virtuosos de la empatía, magos del control emocional, dominan los juegos
del misterio, de la gentileza y la coquetería. Y esa sabiduría los hace
desarrollar vastas habilidades sociales que desembocan en una capacidad
asombrosa para reconocer los deseos y necesidades de los otros, sus
inquietudes y turbaciones. “La seducción está íntimamente ligada al
concepto de persuasión o capacidad para generar impacto e influencia en
los otros. Un alto nivel de inteligencia emocional implica tener la
competencia de influir en los otros y esto nos lleva a la propia definición de
seducción”, incide Mar Molina.
Por donde pisan los seductores crecen la calidez, la pasión, la vehemencia
en algunos casos, seguridad, confianza, esperanza, ánimo, buen humor,
alegría. Contagian a cuantos están cerca y estos se dejan contaminar sin
oponer resistencia. “El éxito del seductor natural permanece y se
incrementa en el tiempo, pues tiene como clave su propio bienestar
interno”, en palabras de Hidalgo, quien también describe al perfecto
seductor estratega: “Sus acciones no parten del propio disfrute. Su
objetivo NO es compartir su bienestar contigo, sino conseguir resultados,
un beso, una cita, sexo…, tratando de sentirse bien. Está pendiente de su
forma de hablar, de su lenguaje, desarrolla técnicas de persuasión. En
realidad, trata de imitar a un seductor natural, pero sólo imita la parte
externa de este, no se queda con su esencia. Puede tener éxito con todos
estos elementos, pero será con mucho esfuerzo y su efecto seductor irá
cayendo en picado con el tiempo”. Y he aquí otra de las grandes cualidades
de un seductor inteligente, natural y con mayúsculas: la generosidad. Es
espléndido en los afectos, desprendido con la sensibilidad y despilfarra
delicadeza. Un manirroto a la hora de invitarte al banquete de las
emociones más positivas.
Un gesto, una palabra
Entre las armas que despliega un seductor, de modo inconsciente y natural,
están su palabra y su cuerpo. Los seductores son grandes oradores.
Dominan la voz, los silencios, la entonación. Saben dónde poner el acento
y cuándo hacer una pausa. Valoran los susurros al oído, respiran
pausadamente al hablar. Nunca mantienen un tono monocorde, porque se
divierten hablando y varían la velocidad, usan metáforas, comparaciones,
citas y anécdotas. La palabra es su aliada. Como lo es, también, su cuerpo
cuando se vuelca en el juego de la seducción. Fascinar requiere lentitud,
suavidad, una proximidad precisa, una fuerza mesurada, una mirada
cautivadora, una sonrisa arrebatadora, un apretón de manos firme pero no
amedrentador, un abrazo exquisito; en definitiva, un lenguaje no verbal
poderoso. Diversas teorías apuntan que nos hacemos una imagen de otra
persona en unos siete segundos, un tiempo mínimo en que los seductores
son capaces de atrapar la atención, de despertar la admiración. Te caen bien
de entrada, sin saber por qué. Con un solo gesto, logran que te sientas a
gusto a su lado. Porque cuando hablamos de emociones, los especialistas
coinciden en afirmar que el lenguaje no verbal es fundamental en la
comunicación.
El antropólogo Albert Mehrabian, profesor emérito en UCLA (Universidad
de California, Los Ángeles), ha dado nombre a la regla Mehrabian, según la
cual cuando una persona nos habla desde la emoción, el mensaje que
recibimos a través de sus palabras supone un 7% del total, por el tono de
voz y otros detalles vocales percibimos un 38%, y el máximo contenido nos
lo transmite su lenguaje corporal (55%). Una importancia que ya vislumbró
Charles Darwin y que se empezó a estudiar en 1950. A pesar de que desde
pequeños se nos enseña a controlar nuestros gestos, estos forman parte de
la esencia de la seducción. Hasta tal punto que hay quienes afirman que
cambiar unos por otros puede convertirte en un triunfador. Modificarlos
para transformarte en una persona atractiva no es fácil, porque la mayoría
de nuestras reacciones son espontáneas. Y aunque sí es posible modificar
los gestos más llamativos, se necesita algo más. “Al trabajar tanto en sus
técnicas externas, y si se ha dedicado mucho tiempo a interpretar a un
seductor natural, es cierto que un seductor estratega te puede deslumbrar en
un primer momento, pero conforme pasa el tiempo notas que es artificial.
Te das cuenta de que todo es postizo, que es una estrategia con la que trata
de encubrir su falta de bienestar interno, algo que al seductor natural no
le falta; al contrario, va sobrado de alegría y riqueza emocional”,
apunta el psicólogo Alberto Hidalgo.
Seductores por naturaleza
Nacemos seductores. Así logramos que nos amamanten, por ejemplo. Sin
embargo, nuestras capacidades para seducir pueden quedarse en fase
embrionaria o aflorar a medida que pasan los años. Sólo depende de
nosotros mismos. “Como ocurre en el desarrollo de cualquier característica
del ser humano, se parte de unas capacidades innatas que, más adelante,
crecen o evolucionan, en mayor o en menor medida. Crecerán tanto más
cuanta más dedicación se invierta en la tarea en cuestión. Pueden más el
entusiasmo y el disfrute en hacer algo que la capacidad desde la que
partas para hacer ese algo”, observa Hidalgo.
Igualmente, los éxitos y los modelos a nuestro alcance influirán en el
desarrollo de nuestras habilidades. Si las primeras piruetas persuasivas
acaban en victoria, iremos mejorando nuestro arte de seducción. Si nos
rodeamos de personas seductoras no sólo aprenderemos: ellas nos ayudarán
a descubrir que en nuestro interior también se esconde un seductor.
“Nacemos con una de las habilidades que componen la inteligencia
emocional, la empatía emocional, y eso es posible gracias a nuestras
neuronas espejo, que tienen la facultad de reflejar las emociones que
sienten otros cerebros. La inteligencia emocional se desarrolla con la
educación, con la experiencia. Sobre todo, aprendemos con modelos: un
directivo manifestará mayor nivel de inteligencia emocional si su jefe es
emocionalmente inteligente, por ejemplo. Además, un ser humano aprende
a ser seductor en la medida en que a lo largo de su vida va obteniendo
beneficios gracias a sus comportamientos seductores”, afirma Mar Molina,
psicóloga.
Sin embargo, aprender a seducir no es un trabajo intelectual, no basta
hincar los codos tarde tras tarde para aprender gestos, palabras, andares o
frases, más o menos ingeniosas, con los que atraer la atención de la
persona a la que amamos o del jefe que puede abrirnos el camino a un
ascenso. Para aprender a seducir primero hay que aprender a deleitarse con
la vida. “No hay nada más seductor que una persona feliz. No seduce
más el que más sabe de seducción, sino el que más se divierte y más
disfruta. La mayor parte de las escuelas y libros de seducción tratan de
enseñar a seducir de manera racional, ‘qué hacer, qué decir, qué técnicas
usar’. Esta perspectiva es tremendamente perjudicial para la salud
psicológica y emocional, pues lo que sucede es que los aprendices se
convierten en trabajadores del amor, en obreros o estrategas del amor, en
vez de en amantes del amor, personas emotivas, entusiastas, divertidas,
como son los seductores naturales”, advierte Hidalgo.
El psicólogo Alberto Hidalgo, autor de Psicología y seducción, destaca que
hay varias personalidades seductoras. “Unos escogen aplicar principios
universales de seducción como el dominio, el misterio, lo escaso. Otros
prefieren la afectividad, la generosidad, la alegría. Si comparamos la
personalidad de James Bond, Don Juan de Marco y George Clooney,
veremos que el primero es arrogante, irónico, presumido, insolente; el
segundo, emotivo, tierno, apasionado, romántico, y el tercero, cercano,
cordial, educado, afable. Y lo mismo ocurre con las seductoras. Greta
Garbo era distante, misteriosa, seria. Marilyn Monroe era dulce, expresiva,
inocente, alegre. Ambas muy seductoras, pero como la noche y el día”. Por
ese motivo, Hidalgo ha establecido tres niveles de seducción en los que el
seductor provoca diferentes emociones en los demás:
Nivel físico: “Te despertará la pasión, el deseo sexual”. En este horizonte
encontraríamos personas como las actrices Marilyn Monroe, Ava Gardner,
Scarlett Johansson o Adriana Ugarte; actores como Antonio Banderas,
Daniel Craig, Sean Connery, José Coronado o Valentino; el torero
Cayetano Rivera, y personajes de la historia, como Cleopatra.
Nivel afectivo: “Llega a ti cercano, alegre, cariñoso, encantador, solidario.
Despertará el enamoramiento”. La cantante Ana Belén, el futbolista Xabi
Alonso, George Clooney, Barack Obama, John F. Kennedy, Susan
Sarandon o Josep Guardiola despliegan estas armas de seducción masiva.
Nivel intelectual: “Un artista, por ejemplo, despertará en ti emociones de
admiración e interés”. El actor Johnny Depp, la actriz Greta Garbo,
Picasso, María Callas, Iñaki Gabilondo, el presidente francés François
Mitterrand, el español Felipe González, Gala Dalí, Coco Chanel, la actriz
Marisa Paredes, Lord Byron, la escritora Susan Sontag o Steve Jobs son, o
han sido, doctos y virtuosos seductores.
Las armas para cautivar sin la palabra
V.C. 05.11.2008
• La boca, la mirada... se consideran las principales bazas para gustar
• Los españoles valoramos la sonrisa como lo mejor del atractivo
• Intercalar sonrisas cálidas en la conversación transmite confianza
Casi el 70% de lo que comunicamos lo hacemos de forma no verbal, por lo
que mantener una buena imagen es una ventaja. En un tiempo mínimo
transmitimos infinidad de detalles de nosotros mismos con nuestro cuerpo sin
emitir una palabra.
La boca, la mirada, las manos o el pelo son nuestras armas para cautivar sin
hablar. Por ejemplo, intercalar sonrisas cálidas y francas en la conversación
transmite confianza, alegría y buena disposición.
Además, los españoles valoramos la sonrisa como la parte del cuerpo con
mayor repercusión en el atractivo físico.
Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de
Sexología, da claves para mantener una sonrisa seductora:
1. Mantén los labios siempre hidratados, tus dientes blancos y tu aliento
fresco.
2. Mientras hables, conserva tu boca despejada sin taparla con las manos o
el brazo ya que muestra que quieres ocultar algo.
3. ¡Nunca enseñes las encías! Sonreír con la boca muy abierta y forzada es
muy agresivo. Deja los labios entreabiertos y muestra tus dientes
superiores con naturalidad.
4. Muérdete suavemente los labios inferiores si quieres coquetear, ya que
resulta muy atractivo para la persona que tienes en frente.
5. Ladear la cabeza mientras sonríes aporta sensualidad a tus
movimientos.
6. Sonríe también con los ojos sin miedo a arrugar el contorno.
7. Huye de sonrisas artificiales. La espontaneidad es una de las armas
principales de las personas seductoras.
8. Transmite con tu sonrisa la energía positiva que llevas dentro y lo
mucho que te aprecias.
9. Recuerda que una sonrisa es una invitación; el permiso para que se
produzca mayor acercamiento.
SEXO EN VERANO: LEYES DE LA SEDUCCIÓN PARA ELLAS
El decálogo de una buena seductora
PILAR CRISTÓBAL 22.07.2008
• Pilar Cristóbal da las pautas para que una mujer seduzca a un hombre.
• La sexóloga aconseja sonreír pero no mantener demasiado la mirada.
• También sugiere abrir los ojos, mover las caderas y “sacar trasero”.
Los gestos son muy importantes. Estos consejos te ayudarán a desarrollar
tu potencial seductor.
- Utiliza conscientemente el eco postural. ¿Qué es eso? Pues, se trata de un
descubrimiento que nos dice que cuando encontramos a alguien que nos
gusta inconscientemente sincronizamos nuestros gestos con los suyos para
hacernos más atractivos porque nos gusta la gente que se nos parece. Así
que imita los gestos de la persona que quieres seducir, eso sí, con toda la
sensualidad que puedas.
- Abre bien los ojos. Con este gesto transmites interés y entusiasmo; pero no
mantengas demasiado la mirada, puedes parecer descarada o agresiva.
- Sonríe. Una amplia sonrisa desarma a cualquiera es lo más atractivo que
tenemos.
- Marca tu cintura. Sujétala con una mano, es un gesto que a la mayoría nos
resulta atractivo, pero nunca con las dos manos porque se vuelve agresivo.
- Mueve las caderas. No te limites a nadar con paso firme como las
modelos, contonéate. Tu trasero tendrá un movimiento hipnótico para quien
lo mire.
- Saca trasero, con la columna muy recta. Un culo respingón hace estragos.
- Mucho cuidado con las faltas de atención. Nada de mirar el reloj o
cambiar de postura constantemente, mirar a otro lado cuando te están
hablando, balancearte o mover un pie de forma nerviosa.
La seducción y el sentido del humor
El sentido del humor es uno de los ingredientes más importantes no solo en el éxito con
las mujeres, sino también en la vida en general. El ser humano está irremediablemente
atraído hacia todo lo que es cómico, gracioso y divertido, nada es más mágico que una
buena carcajada, sobre todo cuando comprendemos la inteligencia que se esconde detrás
del humorismo. No es por casualidad que en francés la palabra esprit (espíritu) se utiliza
para expresar a la vez la inteligencia y el sentido del humor. El humorismo es una
especie de arte y es una de las formas más altas de inteligencia humana. De hecho, los
humanos son los únicos seres de esta tierra que son capaces de reír. Se trata de una
experiencia exclusivamente humana. Y es una de las más excitantes.
El reír es sinónimo de alegría, de buen humor, pero sobre todo de felicidad. Cuando
reímos nunca somos infelices aunque con una vida llena de problemas. Hacer reír es,
pues, una forma de distribuir felicidad. ¿Y qué buscan más las mujeres en un hombre,
sino la felicidad? Se dice que cuando hacemos reír a una mujer ya la tenemos la mitad
conquistada. Se podría discutir sobre la validez de esta tesis, sin embargo no es tan
infundada.
Este capítulo se dedica, pues, al sentido del humor y a todas sus implicaciones en la
seducción. Antes de continuar, vamos a hacer una corta digresión sobre la naturaleza del
reír, poniendo bien en claro todos sus matices.
La naturaleza del reír y los mecanismos de la comicidad.- Ante todo, hay
que marcar la diferencia entre risa y reír. La risa es un reflejo, un movimiento de
músculos causado sin intención por el sistema nervioso. La manifestación más básica de
la risa es provocada por las cosquillas. El objetivo de la risa es -hablando
fisiológicamente- de hacer mover el cuerpo, sacudiéndolo para causar la caída de lo que
en el cuerpo causaba esta sensación. A este estadio, la risa es una experiencia que está
en el límite de lo desagradable y en un nivel de reacción animal.
La risotada es una reacción instintiva y es gobernada por la parte más primitiva de
nuestra mente. Como ya hemos dicho, el hombre es el único ser de esta tierra capaz de
reír. Es verdad que la risa es propia también de los monos, pero ellos solo ríen por las

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