El caos de las sectas - Iglesia Reformada

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EL CAOS DE LAS SECTAS


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Author: Diego Transcripciones

J. K.  Van Baalen 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL CAOS 
DE  LAS 
SECTAS 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
PRIMERA  PARTE 
SEGUNDA  PARTE 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
T.E.L.L. 
941 Wealthy St. SE 
Grand Rápids, Mich. 49506, U.S.A. 
 
 
 
 
 
 
 
 
PREFACIO DE LA CUARTA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA 
En esta nueva edición, la presente obra continúa ocupándose de las sectas principales; pues 
en cuanto a las pequeñas o de menor importancia, no es práctico dar una relación completa de las 
mismas, dado la efímera vida que les vaticinamos a todas, y que la mayor parte de ellas giran más 
bien alrededor de una individualidad que en torno a ideas y creencias. Desde que este libro viera la 
luz, han entrado en su ocaso, entre otras, las sectas "Psychiana" y "Yo Soy El Movimiento" (I Am 
Movement). La del "Padre Divino" ha tenido siempre un carácter demasiado personalizante para 
que merezca un lugar en este volumen, en el que sólo tienen cabida —desde que se publicara 
hace treinta años su primera edición en lengua inglesa— los cultos sectarios que presentan ciertas 
posibilidades de permanecer en escena durante algún tiempo. 
En repetidas ocasiones se le ha preguntado al autor de esta obra por qué no ha incluido el 
catolicismo romano entre las sectas principales. La respuesta es que la Iglesia católica romana es 
una piedra que presenta múltiples facetas. Es una maquinaria política corrompida y peligrosa, y un 
cuerpo religioso plagado de errores doctrinales y superstición. Pero no podemos ignorar que es 
también una Iglesia basada en el sólido fundamento del Credo de los Apóstoles, y que retiene y 
defiende doctrinas cardinales tales como la de la Trinidad, la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, 
Su resurrección, Su segunda venida como Juez del mundo, y Su muerte vicaria en la cruz. Algunas 
de las obras de apologética más importantes de Hoy día se deben a la pluma de eruditos católico-
romanos. A un cuerpo así, por tanto, no sería apropiado incluirlo bajo el título de secta no cristiana, 
como ocurre con las que se describen en el presente volumen. 
Por el contrario, a la cuestión de si no ha llegado la hora ya de eliminar la teosofía como un 
culto moribundo, nuestra respuesta es que no, porque literatura recientemente aparecida y noticias 
que los mismos teósofos publican sobre cultos dominicales celebrados por ellos, amén de la 
creación de bibliotecas populares teosóficas, nos están indicando que este culto sectario sigue aún 
vivo. 
Los cambios introducidos en esta cuarta edición son principalmente los que siguen: 
 
1. El capítulo dedicado a los "Testigos de Jehová" ha sido sustituido por uno nuevo más 
simple y actualizado. 
2. El capítulo sobre la "Sanidad por la fe", que apareció en la tercera edición, ha sido 
eliminado, dado que por su brevedad resultó poco satisfactorio, y que una discusión más extensa 
del tema queda descartada por la naturaleza del presente volumen. 
 
Nos estamos enfrentando hoy día con una situación sorprendente y algo contradictoria: por un 
lado, se nota un considerable crecimiento en el estudio y desaprobación de los cultos 
anticristianos; y por otro, existe simultáneamente un aumento de tolerancia hacia los mismos. Por 
ejemplo, al mormismo, a la "Ciencia Cristiana", al unitarianismo, y a otras sectas similares no 
cristianas, se les permite figurar con sus servicios y horas de culto en el mismo tablón de anuncios 
(a la entrada de ciudades y pueblos y en los vestíbulos de hoteles) en que figuran los de las 
Iglesias evangélicas, cuyos principios doctrinales estas sectas no sólo niegan, sino aun combaten. 
El autor de este libro cree que sería bueno acabar con semejante costumbre. 
Agradecido a los editores y también al público, el autor invoca la bendición divina sobre este 
nuevo intento de informaral pueblo de Dios sobre las tortuosas y multiformes artimañas de Satanás 
en su empeño por demoler la Iglesia de Cristo, utilizando el propio nombre del Salvador. 
Lynden Washington 
 
 
 
 
 J.  K.  VAN  BAALEN 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
VISIÓN DE CONJUNTO Y PROPOSITO DEL LIBRO 
 
En un reciente estudio sobre "Bavinck como Teólogo", el conocido erudito holandés Dr. G. C. 
Berkouwer dice que la obra más importante de Bavinck sobre dogmática (1918) en modo alguno 
está anticuada, no sólo porque la verdad bíblica permanece inalterada, sino también, y eso es lo 
que la hace más actual, porque el opus magnum de Bavinck posee un gran contenido de carácter 
apologético polémico. Y —añade Berkouwer— al leer a Bavinck llega uno a la conclusión de que 
los problemas que atrajeron la atención del gran teólogo holandés, y de los cuales se ocupó, han 
vuelto de nuevo a resurgir en nuestros días con muy ligeras variantes. Así, la desmitologización de 
la que ahora nos habla Bultmann en Alemania, difiere muy poco del antagonismo de la antigua 
"alta crítica" hacia los milagros de la Biblia. 
Y lo mismo podemos decir de las sectas. Nada hay nuevo bajo el sol. ¿Podría ser de otro modo, 
cuando los espiritistas pretenden audazmente que su religión es el más antiguo y fundamental de 
los cultos humanos; cuando los teósofos llaman ahora a su sistema budismo esotérico, en otro 
tiempo cristianismo esotérico? 
Existe, no obstante, al mismo tiempo, un grado de progreso y de desarrollo histórico que impone la 
obligación de nuevas y revisadas ediciones de esta obra. Los fundadores de la mayoría de las 
sectas más populares o corrientes no son, que digamos, gentes de una erudición consumada; an-
tes al contrario, más que frecuentemente son chapuceros que descubren una idea y después la 
refuerzan y apuntalan con recursos de otros muchos campos. 
En el caso de algunos sistemas religiosos, los cambios posteriores son, a menudo, sólo un 
énfasis ligeramente distinto. Tal ocurre con el modernismo, que ahora hace más hincapié en el 
pecado, aunque, lo mismo que siempre, aborrece ía doctrina bíblica de la justificación por la fe. 
Bastarán algunas citas de las obras más modernas, para demostrar que la "teología liberal" ha 
cambiado muy poco en su oposición a la doctrina bíblica de una justicia ajena y forense imputada 
al hombre. Lo que de nuevo hay en un capítulo como ese, puede encontrarse en la segunda parte 
del libro, donde se dan algunas citas de diferentes autores. 
Cada vez estoy más convencido de que podemos aprender de los cultos sectarios, no sólo lo 
que no debemos creer, sino la lección de que los mismos cultos "son las facturas impagadas de la 
Iglesia". 
Puede decirse que, en general, las sectas están perdiendo gradualmente algo de su antigua 
beligerancia: hasta los testigos de Jehová se muestran más parcos en sus vehementes invectivas. 
Una vez que han logrado discípulos y seguidores, ya no se muestran tan virulentamente 
pendencieros. George Channing, CSB, escribe: "Los cientistas cristianos no se sienten superiores 
a los adeptos de otras denominaciones. Todo hombre es libre de mostrar la eficacia de su propia 
fe; cada uno tiene derecho a ser estimulado en la búsqueda de sus objetivos espirituales. La 
señora Eddy dijo: «Un verdadero cientista cristiano ama por igual a protestantes y católicos (...), 
ama a Dios y ama a sus enemigos»."  
     El nuevo espíritu ecuménico de unidad mundial, halla elocuente expresión en libros tales como 
"Radhakrishnan. Estudios Filosóficos Comparativos. Presentado en Honor del Sexagésimo 
Aniversario de Su Nacimiento" (Harper and Brothers, 1950). En él, un grupo de veinte eruditos de 
Asia, Inglaterra y América del Norte sugieren abiertamente una síntesis filosófica del pensamiento 
oriental y occidental, que contribuiría, a su manera, a la creación y desarrollo de una comunidad 
universal. Para estos hombres, la religión no es un credo ni un conjunto de reglas, sino "la clara 
percepción de una realidad". Sólo con que Occidente abandonase su viejo prejuicio contra la 
reencarnación —dicen—, se evidenciaría que el Este y el Oeste no están tan separados entre sí. 
Y el profesor Toynbee declara que el mundo occidental debe producir una nueva religión, un 
culto universal compuesto de cristianismo, budismo, hinduismo, e islamismo. Un colaborador de la 
Sección de Correo de la revista Edmonton Journal (25 de enero de 1955), escribió: "El cristianismo 
declara creer en un Dios, en la vida eterna de cada alma individual, y en el estado o condición de la 
mujer como «persona». En contraposición, el hinduismo expresa su creencia en muchos dioses; el 
budismo, en la eventual absorción de! alma propia en el Nirvana; y el islamismo mantiene, entre 
otras cosas, el predominio privilegiado del sexo masculino. A pesar de todo ello, el profesor 
Toynbee propugna, con aterradora tranquilidad, la síntesis de unas religiones cuyas creencias 
fundamentales son totalmente divergentes. En verdad que una religión universal de la índole que é! 
propone, sería como un complejo de diversos estilos arquitectónicos, una construcción de 
pesadilla, semejante a una mezcla realizada con la mezquita de Santa Sofía, el templo de Bombay, 
y la catedral de Reims; y, en el interior de tan extraño edificio, ocupando un lugar prominente, 
habría una gigantesca imagen de Buda." 
He aquí los términos literales de un fragmento del deán Inge, refiriéndose al budismo y al 
cristianismo: "Existe una afinidad cardinal entre las dos religiones en su actitud hacia sus 
divinizados fundadores. Hay entre ellas diferencias, que se deben a las circunstancias históricas en 
que se han desarrollado, y a las distintas exigencias o necesidades de los pueblos que 
pretendieron guiar; pero el fundamento religioso de ambas es el mismo." 
Pero el Dr. John A. Mackay, Presidente del Seminario Teológico de Princeton, dice: "En interés 
de un mayor entendimiento, debieran promoverse relaciones recíprocas entre Oriente y Occidente, 
compartiendo cada cual sus ideales con el otro. Pero resulta por completo ilusoria semejante 
proposición, en un momento de la Historia en que los ideales tradicionales, tanto de Oriente como 
de Occidente, están en franca decadencia, y cuando una fuerza tremenda, la del comunismo 
márxista, proclama por todo el mundo que lo que importa no es un intercambio recíproco de idea-
les, sino el reconocimiento común de realidades." 
El cristiano cuya regla de fe es la Biblia, puede fácilmente adivinar a dónde conducirá todo esto. 
Los verdaderos creyentes, por su retraimiento, por su negativa a reconocer a otros la ortodoxia de 
sus creencias, serán odiados por sus semejantes; serán acusados de retrógrados en el camino de 
la unidad y el progreso, la paz mundial, y otros deseables beneficios de ese tipo. Probablemente 
todo acabará en una nueva persecución. Ya el genio desequilibrado de Hitler acusó a los cristianos 
de atravesarse en el camino de la Pax Germana, que había de ser una bendición para el mundo, 
por medio del racismo, con el Weltgeist. 
 
 
¿PAGANISMO O CRISTIANISMO? 
 
Hoy día hay suficiente número de libros en el mercado, para promover y alimentar este espíritu 
conciliatorio. Entre ellos, el de Braden (Tbese Also Believe), y los de Bach (They Have Found a 
Faitb y Faith and My Friends), ocupan un lugar preeminente. De acuerdo con estos libros, si la fe 
tiene algún valor es por su efecto psicológico más que por su objeto. Chester E. Tulga escribe: 
"Una religión mundial está en gestación; pero su carácter será religioso más bien que cristiano; 
humano antes que divino; natural mejor que sobrenatural. Su dios será su servidor, no su 
soberano; su Cristo será su guía, pero no su rey; su economía política será una democracia, y no 
una teocracia; sus santos serán sus socialistas, y no sus adivinos; su meta será una utopía 
humana, y no el Reino del Rey que ha de venir. La futura religión universal es vislumbrada por los 
liberales como el anuncio de la inminencia del «Reino»; pero para los escritores que se apoyan en 
la Biblia, es el precursor del anticristo (II Tes. 2:3-12)" (The Case Against Modernism, 1950, p. 58). 
Desde el campo opuesto, concuerdan con esto expresiones tales como las que pueden leerse, por 
ejemplo, en un artículo de prensa, del 5 de enero de 1951, en el que el escritor A. P., citando a 
Abdel Rahman Azzam Pasha, Secretario General de la Liga Árabe, afirma que "una alianza 
espiritual del mundo musulmán y el cristiano, reuniría en un solo grupo a más de la mitad de la 
población mundial, para presentar frente a un enemigo común". "Las dos religiones —manifestó el 
dirigente árabe en Roma— están fundadas sobre una elevada y exquisita espiritualidad, y ambas 
se hallan amenazadas por el mismo enemigo: el materialismo ateo." 
Aparte de los citados libros, tenemos otros, como el Handbook of Denominations in the United 
States (1951), de Frank S. Mead, en el que el autor, "sin malevolencia hacia nadie, antes bien, 
queriendo ser justo con todos" —éstas son sus palabras literales—, no sólo describe a las sectas 
como "iglesias", sino que dedica sus obras "a los que en la Iglesia ven que las grandes verdades 
que tenemos como base común son más importantes para Dios y el hombre que las pequeñas 
diferencias y barreras que nos dividen". 
También debemos citar el libro favorito del presidente Eisenhower, Declaration of Freedom 
(1955), escrito por El-ton Trueblood, cuyo capítulo final, "El fundamento de la esperanza", termina 
con estas palabras: "Esta fe es tan vigorizante que debiera provocar a la unión. La sima existente 
entre una mera concepción secular del mundo y cualquier otro concepto que reconozca una Base 
Personal para el orden moral, es tan grande y tan crucial, que aquellos que creen en ésta, están 
locos si se dejan separar por sus diferencias particulares. Musulmanes, cristianos, judíos y muchos 
otros necesitan saber que tienen grandes cosas en común. La cuestión de particulares banderías 
es secundaria." 
En oposición a este relajamiento de las normas esenciales del cristiano, el presente volumen 
mantiene, con H. Bavinck y B. B. Warfield, que sólo hay dos grandes religiones en el mundo: el 
autosoterismo, o salvación por el esfuerzo humano; y aquella que atribuye toda la obra de 
salvación de este mundo perverso a Dios, esto es, el cristianismo, la única religión verdadera. 
El más ligero examen de las religiones étnicas es suficiente para convencer a cualquiera de 
esta verdad. Los antiguos egipcios enseñaban: "Prepárate para los juicios de Osiris, observando 
las reglas de una conducta recta". Los primitivos escandinavos proclamaban: "Contiende con 
lealtad y honradez". Confucio prescribía: "Anda por el camino hollado; sé un buen ciudadano del 
imperio celestial". Por su parte, Buda aconsejaba en la India: "Recorre el noble camino de los Ocho 
Senderos". El Islam ordenaba: "Permanece en los Cinco Pilares de la Conducta". Todas estas reli-
giones enseñan a los hombres a obrar su propia salvación. Pero no es esto todo. Las religiones 
étnicas no sólo enseñan el autosoterismo, o salvación por medios y esfuerzos propios, sino que la 
que prometen es de un tipo casi terreno en su concepción. Es la vida natural de este mundo vivida 
de nuevo, exenta de sus sinsabores y amarguras. Para los mahometanos significa "lugares de 
deleites sensuales sin cuento —arboledas de frescas umbrías, fuentes cantarínas, frutos deleitosos 
colgando de los árboles al alcance de la mano, y esposas ad libidum". Para el antiguo rey nórdico, 
el cielo puede resumirse en las siguientes palabras: "Pronto, pronto, sin tardanza, sentado en la 
espléndida morada de los dioses, beberé cerveza en un cuerno curvo". Buda no sólo decía con 
labios moribundos: "De aquí en adelante sed vosotros vuestra propia luz, vuestro propio refugio, y 
no busquéis otro; no veáis en nadie vuestro refugio, sino en vosotros solos"; sino que acabó 
afirmando que la salvación que así había de lograrse, por el esfuerzo humano, es "aquella noche 
de desesperanza", "aquel abrirse paso a través de los muros de la prisión, no sólo de la vida, sino 
del mismo ser". 
Incluso el zoroastrismo, la más elevada de las religiones no cristianas, si se exceptúa el 
judaísmo, en su forma no adulterada —algo verdaderamente raro— enseñaba que no existe tal 
cosa como un salvador. El hombre debe sufrir el castigo de lo malo que haya hecho. El único 
salvador —se añade— con que puede contar, es su vida virtuosa. 
 
 
PROPÓSITO DE ESTE LIBRO 
 
1.  El estudio de los cultos sectarios convencerá a los cristianos evangélicos de la necesidad 
de estudiar más detenidamente la fe dada una vez a los santos. Los mormones, los testigos de 
Jehová, los adventistas del séptimo día, tienen siempre listos y dispuestos sus "versículos 
demostrativos", que frecuentemente llevan marcados en sus Biblias con lápiz rojo o azul. Por el 
contrario, los que siguen la sana doctrina, con harta frecuencia son incapaces de enfrentarse a 
esos textos con argumentos de la Escritura, convincentes y decisivos. 
 
2. En la medida en que estudiemos los falsos credos, sabremos apreciar la doctrina que 
santifica y que es conforme a la piedad. 
 
3. Al notar la diferencia fundamental que existe entre el autosoterismo y el "tal como soy, sin 
una sola excusa", señal de todo verdadero cristiano, debiéramos aprender a ser menos severos en 
nuestro juicio sobre las verdades secundarias, raciales o nacionales, que con excesiva frecuencia 
mantienen separados a los discípulos de Cristo. Todavía queda mucho de ese espíritu que dice: 
"Se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros" (Le. 9:49). 
 
 
4. Al mismo tiempo, el estudio de las sectas nos humillará, porque en su mayoría éstas son el 
resultado del escaso énfasis que los cristianos han hecho sobre determinados puntos preciosos de la 
enseñanza bíblica. La vanagloria de que predicamos "todo el consejo de Dios", es demasiado a me-
nudo vana, falsa, y fruto de un criterio estrecho producido por nuestra aversión a ver más allá de 
los límites de nuestro propio y reducido grupo. En la doctrina bíblica debiéramos ver no sólo 
teología, sino también ética, economía y sociología, tanto como un código de conducta personal, 
arte en la música, sobriedad en la oración pública, y belleza en la arquitectura religiosa. Pocos, si 
es que hay algunos, tienen una perspectiva que dé cabida a todo esto. 
 
 
PREGUNTAS 
 
1. ¿Por qué es útil el estudio de las sectas? 
2. ¿Cuál es la diferencia principal entre el cristianismo y las religiones no cristianas? 
3. ¿Es posible hallar certeza en la religión? ¿Dónde y cómo puede encontrarse? 
 
 
 
 
 
EL ESPIRITISMO 
 
A pesar de que el término "espiritualismo" es más popular que el de "espiritismo", preferimos 
emplear este último, en primer lugar, porque destaca mucho mejor el hecho admitido de que este 
sistema religioso pretende tratar con los espíritus; y en segundo lugar, porque harto difícil es 
descubrir dónde está su pretendida espiritualidad. 
 
 
BOSQUEJO HISTÓRICO 
 
Los orígenes del espiritismo se pierden en la noche de los tiempos. Probablemente se trata de 
la superchería religiosa más antigua que existe, cuyo nacimiento podemos atribuir a dos causas 
principales. Primera: el deseo del hombre de saber algo del más allá; conocer si la vida de 
ultratumba está tan llena de fatigas y sinsabores como la presente o, si por el contrario, es una vida 
llena de felicidad; también el hombre se pregunta si poseerá un cuerpo como ahora, o no, etc. 
Segunda: el incontenible deseo humano de seguir en contacto con los seres queridos que 
partieron. 
Todo lo dicho explica por qué concederemos al estudio de esta secta el primer lugar. 
Difícilmente puede hablarse de la "Ciencia Cristiana" o de la teosofía moderna como religiones de 
la antigüedad, aunque estas sectas hayan adoptado y asimilado ideas que ya prevalecían en 
tiempos remotos. Pero sí que encontramos claras huellas de espiritismo entre los antiguos chinos, 
hindúes, babilonios y egipcios; como también podemos seguir su traza a lo largo del Imperio Ro-
mano y del medioevo europeo. De las supercherías religiosas actuales, ésta es, pues, la única que 
ya existía en los tiempos bíblicos, y de ella se ocupa claramente la Biblia. 
Ha habido, desde luego, resurgimientos periódicos del espiritismo. Los tres más recientes 
tuvieron su origen, el primero, en las hermanas Fox, y los otros dos, en las dolorosas pérdidas de 
seres queridos experimentadas en las dos Guerras Mundiales. 
En su forma moderna, el espiritismo se remonta a dos jóvenes americanas. El señor D. Fox, su 
mujer y sus seis hijos, fueron a vivir a una casa del pueblo de Hydeville, (N. Y.), en diciembre de 
1847. Las dos hijas menores, Margaret y Kate, de doce y nueve años respectivamente, al poco de 
vivir en la casa oyeron golpes en diferentes partes de la misma, cosa que al principio atribuyeron a 
las ratas y ratones. Sin embargo, un día en que la ropa de la cama fue arrastrada por manos 
invisibles, trastocadas mesas y sillas, y una mano yerta acarició la cara de la hija menor, Kate, sin 
que se pudiese encontrar una explicación natural a estos fenómenos, a ésta se le ocurrió la idea de 
invocar el nombre de un duendecillo popular; y, chasqueando los dedos, dijo: "Acude, viejo 
duende, y haz lo que yo hago". Inmediatamente oyó que el chasquear de sus dedos era 
respondido; y como el hecho se repitiera varias veces, las dos hermanas llegaron a la conclusión 
de que algo sobrenatural estaba sucediendo. Idearon entonces un medio de comunicación 
inteligente, que se trataba de que el autor de los ruidos respondiese con un número determinado 
de golpes secos a las preguntas que ellas le formulasen... De esta manera se les reveló como 
Charles Rosma, casado y buhonero de oficio, quien, a la edad de treinta y un años, fue asesinado 
por un tal John Bell, herrero y antiguo inquilino del hogar de los Fox. Según se decía, el cuerpo de 
la víctima había sido enterrado bajo el sótano de la casa, y el asesinato había quedado impune. 
Hechas las oportunas excavaciones, aparecieron restos de un esqueleto humano en el lugar 
indicado. 
Este caso, ampliamente divulgado, fue el origen de multitud de sesiones espiritistas a lo largo y 
ancho de los Estados Unidos. En Inglaterra, por aquel entonces eran muy populares, entre la élite 
social, las "mesas giratorias". De aquí que los médiums americanos encontraran el terreno 
abonado en aquel país cuando, en 1852, los "espíritus" anunciaron a los devotos del Nuevo 
Continente que iban a invadir Inglaterra, donde debían comportarse "muy religiosa y 
científicamente". Otros países europeos recibieron también la visita triunfal de los espiritistas 
americanos. 
De 1850 a 1872, según un informe oficial, podían ha-llar-se organizaciones locales por todos los 
Estados Unidos; pero no fue hasta 1863 que se iniciaron los primeros movimientos para establecer 
una asociación nacional. En dicho año fue creada la Asociación Nacional de Espiritualistas de los 
Estados Unidos, constituida tal como hoy está. Ya para 1923, según datos oficiales, sus miembros 
alcanzaban la cifra de 126.000; sus iglesias, 682; y sus ministros, alrededor de 600. Para 1945, el 
Anuario de Iglesias Americanas da un total de 228.000 ("espiritualistas en los Estados Unidos, di-
vididos en cuatro organizaciones. Según la revista Newsweek (12-4-1948), la Unión Espiritualista 
Británica contaba por aquellos días con 18.000 miembros y 500 "iglesias" para reunirse; iglesias 
que, por lo general, eran habitaciones alquiladas, garages, o salones privados; pero que también, 
algunas veces, eran locales dotados de bancos, armonio y facistol. 
 
 
PRETENSIONES ESPIRITISTAS 
 
Los espiritistas enseñan las siguientes doctrinas: Hacen énfasis en un modo de vivir recto aquí en 
la tierra, pues creen que el estado de su alma en el mundo de los espíritus depende por completo 
de cómo hayan vivido en su condición de mortal. "Creen en la Inteligencia Infinita. Creen que la 
existencia e identidad personales del individuo permanecen después del cambio llamado 
«muerte», y que la comunicación con los llamados «muertos» es un hecho científicamente 
comprobado por el fenómeno del espiritualismo". Creen en "La Regla de Oro", y en que el hombre 
labra su propia felicidad o desgracia, según obedezca o no "las leyes físicas de la Naturaleza". El 
camino que lleva la reforma moral jamás se cerrará para alma alguna, ni en ésta ni en la otra vida. 
Se dice que el mundo espiritual es el complemento del mundo visible, sólo que más hermoso y 
perfecto. Quienes en él entren deben hacerlo libres de las huellas o señales que sobre ellos ha 
dejado el mal que obraron mientras estaban en el cuerpo. Hay una restauración final en 
bienaventuranza para todas las almas. Pero aquellos que hayan vivido en la tierra contrariamente a 
las leyes de la Suprema Inteligencia, sufrirán en el más allá el castigo de anhelar sus malos 
caminos, sin posibilidad de encontrar satisfacción a su deseo. Esto les llevará al remordimiento, y 
el remordimiento a la purificación. Algunos espiritistas dicen que la vida de ultratumba se desarrolla 
en siete círculos o esferas diferentes, que rodean la tierra, envolviéndose unos a otros, de menor a 
mayor, del mismo modo que la piel envuelve el fruto, o la corteza cubre el tronco del árbol. Los 
espíritus inferiores —afirman algunos— ocupan el círculo más próximo a la tierra, donde son 
instruidos por los espíritus que ocupan lugares superiores. Los espíritus de: los que han muerto 
recientemente se encuentran en este círculo próximo, de modo que pueden oírnos y saber de 
nuestra vida. Conforme un espíritu se va perfeccionando, pasa a ocupar un círculo superior, y 
gradualmente va perdiendo interés por lo que ocurre aquí abajo. Se cree que los espíritus poseen 
un cuerpo, si bien diferente del que tenemos ahora en la tierra. 
Los espiritistas se oponen a la guerra, a la pena capital, y a cualquier clase de tiranía. No creen 
en el perdón de los pecados; sino que cada uno debe labrarse su propio destino por medio de una 
evolución espiritual o moral. 
Los fenómenos espiritistas (o hechos a través de los cuales llega la información o enseñanza a los 
espiritistas) son numerosos. Toda persona —dicen ellos— posee un poder psíquico (del griego 
psyque, que significa alma; de aquí poder anímico). Mientras que la fuerza física reside en los 
músculos, la fuerza o poder psíquico reside en la mente. Quienes poseen esta fuerza en mayor 
medida que los demás, son aptos para convertirse en médiums. Un médium es un intermediario o 
mediador, el instrumento a través del cual los espíritus transmiten el conocimiento sobrenatural a 
los que asisten a una "sesión", término éste con que se designa normalmente una reunión 
espiritista. 
Puesto que se supone que la fuerza psíquica se ve acrecentada cuando varias personas se 
concentran en ella, y cuando se infunden energía unos a otros por el contacto físico, el 
experimento espiritista más sencillo es quizás el de hacer girar una mesa, o el de hacerle golpear 
el suelo. Para ello, los asistentes a la sesión extienden sus manos sobre la mesa a cuyo alrededor 
se sientan. Entre todos forman una rueda continua —requisito indispensable—, en la que cada uno 
de los presentes hace que se toquen sus propios dedos pulgares, a la vez que los meñiques de 
cada mano tocan los de sus vecinos de mesa. Ésta comienza entonces a levantarse de dos o más 
de sus patas, para volver a estarse quieta. Se llega a un acuerdo con el "espíritu", de modo que un 
golpe de la mesa sea la letra "A", dos la "B", y así sucesivamente; con !o que el mensaje es 
transmitido según el número de golpes. O también puede emplearse el sistema de ir diciendo nom-
bres, hasta que el "espíritu" dé sonoramente su asentimiento. 
Se produce un fenómeno más elevado cuando el médium cae en trance. Es ésta una condición 
inconsciente e insensible; un estado en que la consciencia y sensación corporales quedan por un 
tiempo en suspenso. El médium relata lo que él, o más a menudo ella, oye y ve en esa condición; y 
a veces responde las preguntas que los presentes hacen al espíritu. 
Otras veces el espíritu, llamado control del médium, hace que éste escriba las respuestas. 
Cuando el médium sale del trance, rara vez recuerda lo que dijo o lo que hizo, y da muestras de 
gran cansancio. 
Existen otras muchas clases de fenómenos, algunos de los cuales no suministran información 
alguna referente a la suerte corrida por nuestros seres queridos que se fueron, o referente al más 
allá; sino que su objetivo parece más bien ser el de impresionar a los que asisten a la sesión 
acerca del poder sobrenatural del espíritu. Como ejemplos pueden citarse el hacer que ciertos 
objetos floten en el aire y se desplacen a través de una habitación, la aparición visible de espíritus, 
manos, brazos, etc. Estos fenómenos reciben el nombre de materializaciones. En una sesión típica 
de materialización, se dice que de la boca y del cuerpo del médium emana ectoplasma, sustancia 
neblinosa como el humo, que es modelada por las leyes químicas del mundo del espíritu. (Se ha 
definido el ectoplasma como protoplasma exteriorizado o, según lo describe Webster 
modernamente, "como la base física de la vida", "por lo común una especie de cuerpo viscoso 
semifluido, semejante a la gelatina, incoloro y translúcido, que contiene un gran porcentaje de 
agua, y que mantiene sutiles gránulos en suspensión".) 
Tanto Gran Bretaña como los Estados Unidos fueron testigos, durante la Segunda Guerra 
Mundial, de un interés renovado por el espiritismo; bien que, con anterioridad, en la solapa del libro 
de Steswart Edward White, The Betty Book, se anunciaban más de cincuenta obras de la "Biblio-
teca de Ciencias Ocultas, Psiquismo y Misticismo". La principal diferencia entre las antiguas y las 
modernas obras espiritualistas, radican en el hecho de que las últimas están escritas en un tono 
más amable. En lugar de burlarse o acusar violentamente a las doctrinas de la Iglesia universal, se 
limitan a ignorarlas con toda comodidad. Su tesis capital, no obstante, permanece inalterada: la 
muerte en sí misma no debe ser objeto de temor, pues sólo es un dulce tránsito a otra vida muy 
similar a la que dejamos atrás. 
Afirma dicha literatura, que muchos soldados que murieron en el campo de batalla, 
despertaban como de un sueño y se preguntaban extrañados qué les había sucedido, y dónde 
estaban. Y aquellos que les habían precedido en su viaje "hallábanse muy ocupados" en atender a 
los recién llegados, a quienes les aseguraban que todo estaba bien y que se encontraban todavía 
en el mismo mundo del cual habían llegado. 
De los libros de Stewart Edward White, The Betty Book (1937), Across The Unknown (1939) y 
The Unobstructed Universe (1940), el segundo es presentado como una "Norma de Vida", y del 
tercero dice el editor: "En respuesta a la necesidad desesperada de un mundo herido y roto, este li-
bro ofrece una nueva norma de conducta social e individual, basada en la recuperación de una fe 
en la inmortalidad; pero no en una inmortalidad lejana, sino próxima." 
En sus novecientas y pico de páginas, no se menciona a Dios; y únicamente al final aparecen 
algunas referencias a la Biblia como "camino lleno de hitos" que conducen a la verdad espiritista. 
A pesar de todo lo dicho, John Haynes Holmes, pastor de la Iglesia de la Comunidad, en Nueva 
York, opinando sobre el libro ya citado, The Betty Book, no se le ocurrió decir del mismo sino que 
halló en él "el informe directo y honesto de una experiencia incuestionablemente genuina, sufrida 
por personas sinceras e inteligentes, movidas por un sobrio interés científico; informe que da 
cuerpo a un sistema de verdad espiritual tan sano como sublime. Lo importante es reconocer la 
realidad de lo que aquí se refiere". 
Ésta es la forma en que el modernismo, que ha descartado la autoridad de las Escrituras en 
materia de fe, da buena acogida a libros que contienen, ciertamente, consejos saludables 
referentes al dominio del carácter, de la angustia, y de otros defectos; pero que apartan a uno de 
todo lo que el cristianismo —tanto oriental como occidental— ha tenido siempre por muy querido. 
Cuando el diablo se acerca con zapatillas de terciopelo, ¿es acaso menos peligroso que cuando 
sin recato declara, por boca de los espiritistas: "Abrogamos la idea de un Dios personal"? ¿Están 
en el camino recto los millares que han leído las dieciséis ediciones de The Unobstructed Universe 
que salieron de las prensas entre septiembre de 1940 y octubre de 1941? Y el mismo señor White, 
fallecido el 1 de septiembre de 1946, ¿habrá encontrado en el más allá lo que él esperaba 
encontrar? ¿O encontró, junto con los miles que siguieron sus orientaciones, sólo un tremendo 
desengaño y desilusión, por haber sobrepasado los justos límites de la Revelación de Dios? 
Estas preguntas jamás dejarán de ser oportunas; es mucho lo que está en juego pendiente de 
sus respuestas. 
El señor White (1873-1946) es conocido como autor habilidoso de muchos libros de viajes y 
aventuras. Durante los últimos veinte años de su vida, añadió a sus viajes por África y Alaska un 
nuevo y distante itinerario, por tierras de un desconocido y lejano país, aunque muy cercano a 
nuestro alrededor. 
Su experiencia comenzó en 1919, cuando la señora White —la "Betty" de sus tres libros— fue 
conminada por "los invisibles" (espíritus del más allá) a ocuparse seriamente de los problemas 
psíquicos, y a cultivar su don natural para comunicar con los muertos. 
Durante muchos años el señor White y otras personas fueron tomando gran número de notas 
de lo que le iba siendo revelado a "Betty"; y cuando en 1939 la esposa murió, él continuó sus 
investigaciones, mantuvo el contacto con ella, y a los sesenta y siete años de edad completó el 
mensaje que sirve de guía —dice él— a los que buscan la verdad y el consuelo   . 
  Es fundamental al en la trilogía de White la idea de que "sólo existe un universo", y de que en 
este universo se hallan tanto el "cielo" como el "infierno"; pues el infierno no es sino el sufrimiento 
que supone ver nuestros anhelos y deseos frustrados; anhelos y deseos que persisten después de 
la muerte, en el más allá, "donde todos los seres desean el progreso de la evolución". 
Betty dice: "Estoy aquí, con vosotros. Sólo hay un universo. No existe otro «cielo». Lo que ocurre 
es que no podéis verme. Vuestros ojos no están capacitados para ver el espectro luminoso del 
color, ni vuestros oídos para oír toda la gama de frecuencias. Estoy en la fase inobstruida del único 
y exclusivo universo que existe: esto es todo. Mi Yo ha quedado libre del impedimento que era mi 
cuerpo. Mi mundo es el vuestro mas el plus inaccesible a lo mortal." 
El hombre es "un fragmento de conciencia individualizada", y "la única base s61ida" es "el 
reconocimiento de un creador más grande que lo creado", "la aceptacion de una sola Conciencia 
Universal que todo lo llena". 
Como se echa de ver, tan absolutamente panteísta es el moderno espiritismo como el antiguo. 
Cuando se le pregunto a Betty como en otro tiempo había podido recitar la oración del Padre 
Nuestro, a la par que decía "haber estado siempre por encima de toda idea antropomórfica", desde 
su mas allá" respondió que ella acostumbraba a dirigir sus oraciones "a la Conciencia Universal". 
"Pensaba usted en una Conciencia con personalidad, capaz de sentir afecto, como es inherente a 
la calidad de persona?" Su respuesta fue: "Era como si me encontrara ahogándome en un gran 
mar, y alii hubiese un barco cargado de gente, de los cuales, uno, o todos, hubieran podido 
ayudarme." 
Mientras está en la tierra, el hombre tiene dos cuerpos, el Alfa y el Beta. El Beta es "la verdadera 
sustancia invisible, tradicionalmente llamada alma o espíritu". Este cuerpo etéreo es ponderable; y 
si tuviésemos una balanza apropiada, podríamos pesar al médium antes y después de la salida del 
cuerpo etéreo. La diferencia hallada seria el peso de dicho cuerpo etéreo o Beta, que sale en 
respuesta a la solicitud magnética que le hace otra conciencia. Cuando esta salida se hace en las 
condiciones adecuadas y del modo debido, un gran bien se deriva de ello; porque sola-mente 
puede uno ponerse en contacto con el "alma superior" a través del subconsciente, que reside en el 
Beta, pues la mente consciente permanece en el cuerpo Alfa. 
El espiritismo, pues, es el reverso del rusellismo, que tan racionalmente ensalza al "intelecto". 
White lo menos-precia, y dice del cerebro que "es un mecanismo maravilloso", pero solamente 
eficaz "en combinación con su fuerza interna". "Es una maquina" —dice— "que debe ser movida 
por otra: el poder superior y mas sabio de la ciencia." 
Por esto el hombre —la "persona", que se dice radica en el Beta— esta. sujeto a toda clase de 
sugestiones o señales del "mundo espiritual". 
El señor White no recibió "comunicaciones" vulgares, obscenas, irreverentes, o sandias, como 
ocurriera infinitas ve-ces a otros espiritistas. Y hay rasgos literarios hermosos y sutiles ilustraciones 
en sus libros. Los misterios de los fenómenos espiritistas adquieren visos de verosimilitud cuando 
el autor había del "Ortos y de las Esencias" (el tiempo, el espacio, el movimiento,  la frecuencia, la 
conductividad). 
Valgan unos ejemplos. 
El tiempo presenta tres facetas. La primera es el tiempo sideral (del latín sidera, estrellas). Esta 
palabra define el tiempo ordinario, determinado por las estrellas y mar-cado por el reloj. Ya en este 
mundo, sin embargo, sabemos de otra faceta distinta, que podríamos denominar tiempo 
psicológico. Una hora no tiene siempre la misma duracion: cinco minutos pueden parecer sesenta, 
cuando esperamos que el contenido de un cazo al fuego hierva. Quince minutos pueden parecer 
una eternidad, cuando esperamos nerviosamente la llegada de un tren; pero pasemos esos quince 
minutos en la contemplación de un hermoso paisaje, y antes de que nos hayamos percatado de 
que el tiempo pasa, el tren habrá llegado. Así que el tiempo es elástico, y no rígido. 
Existe también una tercera faceta del tiempo: el tiempo ortico (del griego orthos, que significa recto, 
correcto; de ahí "ortodoxia", rectitud de opinión). Este tiempo ortico, en el que viven aquellos que 
han entrado en la vida superior, es también "maleable", se dilata y se contrae; es un presente sin 
fin, del cual tenemos una ligera experiencia cuando nos hallamos abstraídos pensando en tiempos 
pasados o futuros. Por esto, los "muertos" están muy lejos de estar muertos: son, en este aspecto, 
como el Jehová del Antiguo Testamento, que dijo: "Yo soy el que soy"; no yo fui o yo seré, sino 
precisamente soy. Ser es, sencillamente, la condición temporal de la vida de ultratumba. 
También el espacio presenta tres facetas diferentes. 
La primera viene determinada por la distancia geométrica entre dos puntos. Sin embargo, esta 
distancia varía psicológicamente: se nos hace larga si la cubrimos a pie y cansados; y se nos hace 
corta si la recorremos sobre una carretera bien asfaltada y montados en un moderno y veloz 
automóvil. Cuando viajamos en coche-cama, despertamos a muchos kilómetros de distancia de 
donde iniciamos el viaje; pero todo ese espacio no ha existido para nosotros: ha desaparecido. Lo 
que constituye el obstáculo, no son los kilómetros, sino "nuestra impericia en acortarlos, o, si lo 
preferimos en otros términos, en acercar el final a través de ellos". 
En cuanto al tercer espacio, o espacio ártico, aquellos que han marchado de esta vida viven en 
el mismo universo en que nosotros vivimos, aunque son menos los obstáculos u obstrucciones con 
que tropieza su envoltura corporal densa, o cuerpo Alfa. Ellos saben que el espacio no es en sí 
mismo sólido; y lo pueblan, corren y recorren a voluntad. 
Existe también un movimiento ártico. En el universo en que vivimos —el universo obstruido—, 
el movimiento es auténtico, real: el tren puede acelerar su marcha y desplazarse cada vez más 
rápido; pero esto sólo hasta un cierto límite. Asimismo puede estar parado, y, sin embargo, hallarse 
en movimiento, pues se mueve en el espacio junto con la tierra que lo sustenta. Pero en el 
universo de Betty, el movimiento no se halla obstruido por el tiempo ni por el espacio: "En el ortos, 
el movimiento es instantáneo." 
No es de extrañar, pues, que los espiritistas instruidos no teman a la muerte; antes al contrario, la 
disfrutan anticipadamente. Cuando llegue esa hora, será para ellos el deshacerse de una vez de 
todos los obstáculos u obstrucciones que les representa su cuerpo físico, cosa que habrán 
experimentado muchas veces, si es que han desarrollado su capacidad psíquica de abandonar el 
cuerpo Alfa y valerse del Beta. Este desprenderse del cuerpo, "es una liberación deleitosa; algo 
muy diferente a una agonía mortal". 
No es raro tampoco que aquellos "caminos llenos de hitos", a los que se refería el señor White, 
extravíen a algunas almas pobremente instruidas. Porque muchos son los espiritistas que, sin 
reparo y con suma complacencia, dicen que Abraham, Moisés, Saúl, Samuel, Isaías, Daniel y Pa-
blo fueron personas con poder psíquico y que, sin discusión alguna, tuvieron experiencias 
espiritistas; y que Jesús fue el médium más grande de todos. Según ellos, era clarividente (Mt. 
21:2); clarividente y clariaudiente (Mt. 3:17); telepático (Jn. 4:17-19); y, sobre todo, médium para 
materializaciones (Le.  9:28-30). 
Todas las comunicaciones que llegan del más allá, indican la existencia feliz de los "invisibles". 
Si los antiguos espiritistas hablaban de siete esferas o círculos alrededor del mundo —como las 
capas de una cebolla alrededor de su centro—, el señor White habla de diferentes "niveles" en la 
vida de ultratumba. Los que moran en el primer plano o "nivel", son guiados al siguiente, donde la 
felicidad es mayor, por aquellos que ya están en él. 
Para el cristiano, sin embargo, este tira y afloja con la Biblia es ya de por sí condenable. Porque si 
todas las informaciones que nos traen los seudovisitantes del más allá, dicen que "no hay por qué 
temer a la muerte", que "la vida se desarrolla exactamente igual que si se estuviera en la tierra", 
Jesús, entonces, debe de haber sido un pobre médium. Porque si Moisés y Elias conversaron con 
Él sobre Su salida a Jerusalem, esto es, Su muerte, resurrección y ascensión, el mismo evangelio 
por el que se esfuerzan los espiritistas en probar que Jesús fue un médium para materializaciones, 
nos describe Su angustia en Getsemaní al acercarse Su muerte. ¿Debemos, pues, considerar al 
"más grande médium" en tan abierta desarmonía con el testimonio unánime de los espíritus? ¿O 
debemos suprimir aquellas partes de la Escritura, comparativamente más extensas, que nos 
describen Su agonía mortal? 
Sí; todas estas cosas son muy atractivas y cuasi científicas. Es, como dice Darby al final de 
The Unobstructed Universe: "... una estructura filosófica de muy extenso contenido, perfectamente 
elaborada, herméticamente lógica, amplia en el campo de materias que toca, de urdimbre tan 
tupida y perfecta que no deja entrever ni una sola junta, ni un solo claro; y todo expresado con 
palabras sencillas y diáfanas". Se advierte un desarrollo gradual a lo largo de los tres libros. 
Comienza con la demostración de que los fenómenos psíquicos son posibles; continúa con la 
enseñanza de cómo se han de acometer los experimentos y qué peligros conviene evitar, y 
culmina en un punto tal de consideraciones que deja poco lugar a preguntas. 
 
 
EXPLICACIÓN DE LOS FENÓMENOS 
 
Existe tanto espiritismo falsificado, que la apreciación de los fenómenos es tarea muy difícil. 
Tenemos: 
 
1.    Espiritismo fraudulento 
Bajo el manto de la oscuridad (se dice que los espíritus son sensibles a la luz), y con la ayuda de la 
electricidad, el fonógrafo, y otros inventos modernos, no hay fenómeno espiritista genuino que no 
pueda ser producido cientos de veces por razones comerciales. Existe una legión de estafadores 
bien organizados, que de forma sistemática se dedican a recopilar información concerniente a sus 
presuntas e incautas víctimas, información que archivan para futuras referencias, o bien venden a 
otros médiums. Esta información obtenida de antemano, permite al médium mostrar una sabiduría 
que inevitablemente impresiona a quien asiste a una sesión espiritista; lo que junto con la voz del 
"espíritu", cuyo sonido parece provenir del "éter", le hace confiar cada vez más en la autoridad de 
aquél, hasta el punto de dejarse aconsejar acerca de cómo y en qué ha de invertir su dinero. 
Cuando la víctima, al fin, descubre que ha sido engañada, el médium se limita a decirle que ha 
practicado su "religión", y se queda tan campante. Así fue como una cuadrilla de bribones, 
sabiendo que uno de los asistentes a una de sus reuniones espiritistas era músico, y que su 
maestro preferido era Brahms, se valieron de una supuesta médium, hábil pianista, que sabía de 
memoria las principales obras del compositor. Se rogó al músico invitado que pidiera su música 
favorita a través de la médium, quien, sentada al piano, y en un estado de trance simulado, fue 
guiada por el "espíritu de Brahms" en la interpretación de las obras que le habían sido solicitadas. 
Lleno de reverencial temor, nuestro melómano se rindió. La magnitud de este espiritismo 
fraudulento es tal, que es difícil saber dónde empieza y dónde acaba. 
Nuestras dificultades aumentan cuando consideramos el hecho de que incluso personas con poder 
psíquico verdadero han sido sorprendidas alguna vez en fraude. Esto se debe, suponemos, a que 
la fuerza psíquica no entra en acción siempre que el médium lo desea. Por consiguiente, cuando 
todo ha sido preparado para una sesión, y los asistentes a la misma esperan que algo suceda, el 
médium frecuentemente recurre a malas artes. Así, las mismas hermanas Fox reconocieron que 
sus primeros golpes o ruidos los lograron chasqueando un zapato con otro. Eusapia Paladino, la 
médium más famosa de su tiempo, fue sorprendida en fraude por lo menos dos veces. 
Resumiendo: la "Sociedad de Investigaciones Psíquicas", que cuenta entre sus miembros 
eminentes eruditos, y que investiga los fenómenos espiritistas desde 1882, en un período de 
cuarenta años sólo ha encontrado dos o tres médiums libres de sospecha. A esto podemos añadir 
que prominentes defensores del espiritismo, tales como Sir Wm. Crookes, en 1874, Ligbt, en 1909, 
y Sir Arthur Conan Doyle, en 1919, han admitido que no existe prueba alguna conocida por la que 
sea posible determinar si las comunicaciones que provienen de los espíritus, nos llegan bona fide o 
de un "espíritu travieso" (Poltergeist), con propensión a engañar. 
Dejando a un lado lo que antecede, se nos dice que los espíritus buenos pueden intentar transmitir 
un mensaje a través del control del médium, o espíritu que comunica con ella cuando está en 
trance. Pero el control a veces parece que siente un maligno placer en deformar la comunicación 
del espíritu bueno. Así, tenemos gran cantidad de comunicaciones desconcertantes y confusas de 
los llamados Shakespeares y Carlyles, los cuales ni siquiera saben deletrear su propio nombre. ¡De 
tales inciertas fuentes hemos de depender para saber algo del más allá! 
No obstante, concedamos a nuestros amigos espiritistas el beneficio de la duda. Descartemos 
el hecho de que, ciertamente, la mayoría de los fenómenos espiritistas son engañosos; 
descartemos también el hecho de que al hombre común le es muy difícil saber si está tratando con 
una impostora o con una médium genuina, y de que a ésta, a su vez, también le es difícil averiguar 
si su fuente de información es verdadera o fraudulenta. En otras palabras: parémonos a considerar 
el. 
 
 
2.    Espiritismo Bona Fide   
 
Al considerar el espiritismo bona fide, nos encontramos con las siguientes opiniones: 
1. Los mismos espiritistas afirman que la información que ellos creen haber recibido por 
conductos honestos, procede de los espíritus de seres que partieron, y que viven ahora en las 
esferas próximas a nuestro mundo. Como se sabe que esto se opone totalmente a las enseñanzas 
del cristianismo, espiritistas notables no han vacilado en denunciar a los líderes cristianos como 
jueces incompetentes. Sir Oliver Lodge, por ejemplo, expresa el pensamiento espiritista moderno 
cuando dice que "el clero difícilmente puede erigirse en tribunal imparcial", pues "juzga el asunto 
desde el punto de vista cristiano". Quiere que dejemos de lado todo "prejuicio" y que "procedamos 
hipotéticamente". Pero, al mismo tiempo, reconoce Sir Oliver que su propia convicción es una 
hipótesis, aunque añade acto seguido que "no es una hipótesis irrazonable, sino una hipótesis a la 
que se ha visto compelido después de treinta años de estudio". Esto, en sí mismo, no estaría tan 
mal, puesto que las doctrinas cristianas son tan "hipotéticas" como las doctrinas del espiritismo —
considerado el caso desde el punto de vista de las ciencias exactas—, o como las de cualquier otra 
opinión o convicción metafísica. Al fin y al cabo, todos andamos por fe. Sin embargo, nosotros 
sostenemos que la fe cristiana está fundada sobre hechos históricos bien establecidos, que no 
vamos a desechar ni sustituir por algo tan poco probado y tan diametralmente opuesto a las doc-
trinas del cristianismo. No discutimos los hechos del espiritismo genuino; lo que discutimos es la 
interpretación y el supuesto origen de estos hechos. Que las comunicaciones llegan a los 
médiums, no lo ponemos en duda. Pero, ¿por qué ha de decirnos, con tanta pasión, Sir Oliver 
Lodge que la hipótesis de que tal comunicación procedente de nuestros seres queridos que 
partieron, es superior a cualquier otra hipótesis? Esta postura lleva a Sir Oliver Lodge a desechar 
lo que él llama "terribles y descorazonadoras doctrinas del reposo en la tumba y la resurrección de 
la carne en un futuro lejano", y otros "absurdos medievales" semejantes. Si todo se reduce a 
enfrentar una hipótesis contra otra, nosotros, los cristianos, tenemos pleno derecho —o así nos lo 
parece— a no querer deshacernos de la herencia que tan laboriosa y universalmente la Iglesia ha 
derivado de la Biblia. Y si a esto añadimos que, en general, los descubrimientos del espiritismo 
están en abierta oposición a todo cuanto la Biblia y la Iglesia enseñan, ¿puede, en justicia, 
reprochársenos que no admitamos la "hipótesis" del espiritismo? 
 
2. Una segunda explicación es que todas las comunicaciones provienen del médium y de la 
concurrencia. En el espiritismo encontramos dos clases de fenómenos: fenómenos físicos 
(movimiento de objetos pesados, sin que nadie los toque; alteraciones en el peso; apariciones de 
manos y otros miembros del cuerpo), y fenómenos psíquicos (cognición en el médium, cuyo origen 
no puede ser atribuido a ninguna fuente conocida). Se dice que todos los seres humanos poseen 
tres clases de fuerza: física, eléctrica, y psíquica; que los fenómenos físicos del espiritismo son 
debidos a un poder físico excepcional, o a un dominio poco común de la mente sobre la materia; 
que la característica psíquica es el producto de la fuerza psíquica fenoménica. En este grupo se 
hallan encuadrados diversos tipos de fenómenos tales como la telepatía (transmisión de pensa-
miento de uno de los asistentes a la sesión, o de otra persona, al médium), la adivinación del 
pensamiento (se dice que en algunos casos el subconsciente del médium lee en el del sujeto, y 
que incluso llega a averiguar datos y detalles que éste ni siquiera recordaba); la clarividencia y la 
clariaudiencia (capacidad de ver y oír por encima o por debajo de las vibraciones ondulatorias 
etéreas normales, en cuyo margen se desenvuelven el ojo y el oído comunes); y atributos similares 
del alma, cuyas propiedades sólo son conocidas en parte. Un libro, del que es autor el físico y 
psicólogo inglés Dr. A. T. Schofield, contiene, a este respecto, muchos datos interesantísimos. 
Conviene, empero, hacer notar que es tan poco lo que en realidad se comprende de lo que se 
sabe de estas fuerzas, que notables espiritistas han tenido que reconocer que muchas de las 
llamadas manifestaciones o fenómenos espiritistas pueden ser debidos a las misteriosas 
cualidades del alma humana. 
El conocido escritor Dr. C. Eaton manifiesta haber demostrado la verdad de esta teoría, una y 
otra vez, por medio del siguiente experimento impugnador: Él abriría un libro en presencia de un 
médium en trance, leería el número de la página, pondría el libro boca abajo, y pediría al médium 
que adivinase de qué número se trataba. Esto podría hacerlo el médium tantas veces como 
quisiera, pues leería el número en la mente de su interlocutor. Pero a continuación se repetiría el 
experimento sin que nadie viera el número de la página; y dice el Dr. C. Eaton que en esta ocasión 
"no habría ser humano que pudiera adivinarlo; ni el mismo médium, que daría sus respuestas al 
albur y que invariablemente se equivocaría". 
En verdad que es ésta una prueba muy sencilla, pero no por eso menos extraordinaria. Hemos de 
añadir, además, que a la luz del hecho de que la telepatía y la adivinación de pensamiento ocurren 
alguna vez en la vida a casi todas las personas, no hemos de extrañarnos de que se diga que los 
médiums o psíquicos tengan este misterioso poder en gran medida, especialmente cuando, en 
trance, su mente consciente cede el lugar a su mente inconsciente. La famosa novela Jane Eyre 
nos relata un caso de telepatía mental que bien puede encontrar su doble en nuestros días. Uno de 
los actuales profesores del escritor le dijo que dos días después de haber pasado una noche de 
diversión con varios compañeros de estudios, recibió una carta de su madre, que vivía en una 
ciudad bastante lejana, preguntándole por qué no se había acostado aquella noche, pues la había 
tenido preocupada hasta primeras horas de la mañana. En apoyo de esta tesis de que por lo 
menos algunos de los fenómenos del espiritualismo se deben a la telepatía y la clarividencia, J. 
Stafford Wright, en su libro Man in the Process of Time, apunta el hecho de que en ocasiones un 
"médium ha recibido mensajes y descripciones de algún amigo de uno de los asistentes, 
creyéndose por ello que estaba muerto, cuando posteriormente se supo que vivía. El ejemplo más 
famoso es el caso de Gordon Davis, referido por el Dr. S. G. Soal en The Proceeding of the S.P.R., 
Vol. XXXV". No hemos de sorprendernos, pues, de que haya personas que, como los saduceos, 
digan que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, y que atribuyan todo fenómeno espiritista a 
estas fuerzas naturales. Nos referimos, naturalmente, a los fenómenos genuinos; pues no hemos 
de olvidar el fraude y la superchería. Por ejemplo, la danza de las mesas —como se le ha 
llamado— es producida por medio de un gancho y una cadena que, por debajo de su vestimenta, 
el médium manipula a voluntad. Otro sistema empleado es el de utilizar una mesa con una de sus 
patas lo suficientemente larga como para que atraviese el suelo y pase a una habitación inferior, 
desde donde un cómplice bambolea la trucada mesa a placer. Pero no vamos a enumerar todos 
los sistemas empleados. Para quienes niegan la existencia del mundo espiritual, el engaño y el 
fraude que acabamos de relatar es la interpretación lógica que dan al espiritismo genuino. 
 
3. Restan, sin embargo, dos dificultades para aceptar la teoría de que todo fenómeno espiritista 
es atribuible a la fuerza psíquica. 
a) Los espiritistas que han profundizado hondamente en la materia, en alguna ocasión han 
confesado haberse visto obsesionados por espíritus ruines y malévolos. Un excelente libro de E. F. 
Hanson contiene varias páginas llenas de citas de autoridades espiritistas tales como la revista 
Mind and Matter, en la que se admite que los médiums están sujetos a veces al control de espíritus 
malos y perversos. Cita el caso de un médium que se encontraba en tan lastimoso estado físico, 
que un "espíritu doctor" mandó al espíritu malo que saliese del cuerpo de su víctima; después de lo 
cual invitó, con igual éxito, a un espíritu más apacible a que tomara el control de su medianímico 
paciente. 
En apoyo de todo esto viene el testimonio de personas dotadas de poder medianímico o 
psíquico, quienes, después de unos cuantos experimentos, renunciaron por completo al 
espiritismo, debido a que las comunicaciones que recibieron eran tan indeciblemente bajas, 
obscenas y blasfemas, que quedaron horrorizadas. De estas anomalías es responsable el 
subconsciente del médium o de alguno de los asistentes a la reunión, como honradamente admiten 
los verdaderos espiritistas; porque, según dice el espiritista señor Wallace, "resulta que entonces el 
segundo ego (el ego 11 el sujeto de la conciencia individual) es casi siempre un ego engañador y 
mentiroso, no importa cuán moral y verídico sea el primero". A esto lo llama él "una tremenda 
dificultad". 
A todo lo cual podemos añadir —citando a un espiritista— que los efectos físicos aparentes en 
los médiums, son con frecuencia de carácter tan angustioso y violento "como el que siempre se ha 
atribuido a la posesión por malos espíritus". De hecho, los síntomas de los poseídos por los 
demonios son los mismos hoy que en los días de Jesús: postración, expulsión de espumarajos por 
la boca, y otros fenómenos semejantes. 
b) Esto nos lleva, inevitablemente, al segundo obstáculo en la teoría que atribuye a la fuerza 
psíquica todo fenómeno espiritista. La Biblia, tanto en el antiguo como en el Nuevo Testamento, 
claramente amonesta, con gran severidad, contra el espiritismo, al que considera demonología. A 
este respecto, salimos al paso de la afirmación de Canon Barnes y Jane T. Stoddart de que "la 
peor manera de atacar al espiritismo es reconocerle su pretensión fundamenta] de que la 
comunicación con lo «espíritus» es una cosa demostrada; para añadir, acto seguido, que los 
«espíritus» con los que se establece contacto son malos". 
En contra de esto, sostenemos que existe una apreciable diferencia entre la "pretensión 
fundamental" de que puede establecerse contacto con los que se fueron, y la creencia cristiana de 
que es imposible nacerlo. También sostenemos que cuantos buscan ese contacto, incautamente 
caen en manos de espíritus malos, es decir, de demonios, cuya existencia el espiritismo niega. En 
esto, no vemos dónde está el supuesto apoyo que brindamos a sus doctrinas. 
Al defender esta última postura como explicación de, siquiera, parte de los fenómenos 
espiritistas, presentamos el  siguiente  argumento  acumulativo. 
 
       1. El espiritismo siempre ha existido, y sus huellas pueden seguirse a través de todos los 
tiempos. En todo momento, según el espiritista Colville y el ex espiritista Han-son, ha presentado 
idénticas características. En la International Psychic Gazette (septiembre de 1916) aparece una 
noticia en la que se dice que un médium inglés, Mr. M. W. Love, organizó una sesión espiritista en 
un templo chino,  en  presencia  de  sus  sacerdotes,  que  le consideraron como "un hermano 
espiritista", y expresaron su sorpresa de que él, siendo europeo, supiera tanto de las manifesta-
ciones de los espíritus. 
 
2. Para estos sacerdotes, en su templo chino, el espiritismo que ellos practicaban era, 
indudablemente, una religión. ¿Está, pues, fuera de lugar, el recordar el hecho de que las 
Escrituras amonestan por igual contra la idolatría pagana y contra la adoración de los demonios? 
 
3. Las Escrituras nos enseñan, ciertamente, que los demonios pueden ejercer su influencia 
sobre los seres humanos (Gn. 3:1; Ap. 12:9; I Re. 22:9-23; Ez. 28:11-19; —obsérvese aquí que el 
lenguaje que se emplea con el rey de Tiro le es adecuado en parte, y sólo en parte también 
adecuado a su dueño satánico; de lo que se desprende que debían de haber actuado mucho 
tiempo juntos—; Jn. 8:44; Ef. 6:11-12). 
 
4. En perfecta armonía con lo antedicho, las Escrituras enseñan que los hombres pueden 
estar adorando demonios bajo la apariencia de culto a un "dios" (Dt. 32:17; I Cor. 10:20). 
 
5. A esto puede añadirse que la posesión diabólica era muy frecuente en los tiempos bíblicos, 
en especial cuando el diablo ("el mono de Dios", según Lutero) imitaba la encarnación del Hijo de 
Dios, tomando posesión del cuerpo de alguna persona. Es absurdo afirmar que los malos espíritus 
no pueden hacer, "en estos últimos días", lo que hacían en el primer siglo de nuestra era. 
 En nuestra propia opinión, podemos manifestar a este respecto que la combinación de los 
puntos 2 y 3 es la más satisfactoria. Mantenemos que muchos de los fenómenos espiritistas son el 
resultado natural del apenas estudiado poder del alma; pero que en algunos casos son los demo-
nios quienes operan. Tampoco consideramos extraño el que un médium que ha sometido su mente 
al dictado de influencias externas, se convierta, unas veces, en instrumento voluntario de una 
poderosa mente y voluntad humanas, y otras sea juguete insospechado de espíritus 
sobrehumanos, que tienen, de igual modo, acceso a él cuando está en trance.8 Y esta idea explica 
plenamente —pues los hechos lo confirman— los conocidos frutos del espiritismo, a saber, "las 
tres infaustas íes: incredulidad, insania, inmoralidad. Sin embargo, al hablar de esta manera, no 
debemos olvidar que, al igual que otras sectas y corrientes de pensamiento "liberales", el 
espiritismo moderno también ha absorbido algo de la tónica fraternal de nuestro tiempo. Y así, sus 
escritores y practicantes de hoy, en lugar de desacreditar al cristianismo como absurdo, falso, y 
otros calificativos semejantes, dicen que está esencialmente de acuerdo con sus propias 
enseñanzas. 
Nos queda, pues, por considerar brevemente la actitud de la Escritura en cuanto al espiritismo; 
y, a su vez, la actitud del espiritismo respecto a la Escritura y la verdad bíblica. 
 
 
LA BIBLIA Y EL ESPIRITISMO 
 
Las Escrituras contienen múltiples referencias sobre el espiritismo. Para una mejor 
comprensión de las mismas, creemos que pueden servirnos las definiciones que sobre diferentes 
vocablos del tema nos da la International Standard Bible Encyclopaedia, y que son las siguientes: 
 
Consultante con un espíritu familiar: Poseso de un espíritu pitónico o demonio adivinador (I 
Sam. 28; Hechos 16:16-18). 
 
Adivinación: Arte de predecir el futuro o de conocer cosas ocultas por medios casi siempre sólo 
al alcance de ciertas personas. 
 
Espíritus familiares: Espíritus que se suponía acudían a! llamamiento de quien tuviera poder 
sobre ellos. Se les daba el calificativo de "familiares", probablemente porque se consideraba a uno 
determinado como un siervo (famulus) de la familia (familiaris), a quien se le podía hacer acudir 
para ejecutar las órdenes de sus amos. La palabra hebrea equivalente era la de "cavernoso" 
porque se suponía que la voz del espíritu venía del poseso como a través de una botella, o porque 
su forma de hablar era característicamente cavernosa, como si la voz proviniera de lo profundo de 
la tierra (Is. 29:4). 
 
Nigromancia: Arte de adivinar lo futuro evocando a los muertos. El solo intento de esta 
evocación es condenado, aunque no se consiga el fin perseguido. 
 
Encantador: Uno que musita fórmula mágicas o habla ventrílocuamente en susurros, como si lo 
hiciese bajo la influencia de los espíritus de los muertos. 
 
Hechicero: "Uno que sabe". La palabra hebrea sigifica "mujer que posee un espíritu familiar". 
Mágico "El inteligente, el entendido". En el Antiguo Testamento la palabra denota siempre uno 
que puede interpretar los delirios del médium. 
 
Entre los pasajes de la Escritura que se refieren al tema, Mtán los siguientes: Lv. 19:26,31; Dt. 
18:9-14; I Sam. 28; II Re. 21:2,6; I Cr. 10:13-14; Is. 8:19-22; 19:3; Hch. 16:16-18. Existen 
igualmente otros muchos, aunque las adivina-l iones que se mencionan en ellos son de un carácter 
dife-nnte. Los que referimos a continuación, son positivamente inconfundibles, y enseñan: 
 
1. Que estaba prohibida cualquier forma de consulta a los muertos (Éx. 22:18; Lv. 20:6). 
2. Que el espiritismo causó la destrucción de siete naciones; y, conjuntamente con otros 
pecados, la muerte de Saúl (I Cr. 10:13). 
3. Que Israel estaba tan en peligro de recurrir a este reprobable método, como lo están los 
"cristianos" de hoy. 
4. Que Egipto, en castigo por sus pecados, fue entregado por Dios al espiritismo (Is. 19:3). 
5. Que su carácter pecaminoso consiste en averiguar cosas ocultas, aparte de la Revelación 
divina (Dt. 18:11,14, 15,20; Is. 8:19-20). 
6. Que el espiritismo es la negación de Cristo (Deuteronomio 18: 14-15). 
A la luz de los textos precedentes, el moderno resurgir del espiritismo parece estar claramente 
predicho en I Timoteo 4:1, y quizá también en Apocalipsis 16:13-14 (de igual manera que las ranas 
viven tanto en el agua como en la tierra, así los demonios viven tanto en el aire como en los seres 
humanos). 
 
 
LA SESIÓN DE ENDOR 
 
Por 1 Crónicas 10:13-14, es evidente que los espiritistas no pueden apelar a I Samuel 28 para 
apoyar su argumento de que el Antiguo Testamento sanciona la comunicación con los muertos, y 
que sólo prohíbe las prácticas inicuas de un espiritismo decadente. Aunque Samuel hubiese 
aparecido, este texto significaría simplemente que Dios trastornó la sesión y se hizo cargo de la 
misma. 
Que fue éste el caso, es la opinión de Keil, Haldeman, Pink, Gray, Panton, Schofield y muchos 
otros. Sus argumentos son los siguientes: 
 
1. La médium quedó horrorizada cuando ocurrió lo inesperado. 
2. Las Escrituras hablan cinco veces de Samuel. 
3. La profecía se cumplió: Saúl murió al día siguiente y su ejército fue derrotado. 
No obstante, la única indicación aparente del regreso de Samuel está en el versículo 15: "Y 
Samuel dijo a Saúl". Si a pesar de este testimonio, otras consideraciones prueban que Samuel no 
apareció, hemos de interpretarlo: 
a) Como expresión de lo que la mujer dijo a Saúl. 
b) O como que se le da el nombre de Samuel a lo que parecía Samuel; de la misma manera que 
los ángeles aparecidos en forma humana eran llamados hombres (Génesis 18:2; Dan. 9:21); y los 
hombres, a su vez, dioses, porque se asemejan o representan la imagen de Dios en ciertos aspec-
tos o situaciones (Sal. 82:6). 
Que Samuel no se apareció es lo que sostienen Hanson, Bavinck. Orr (International Standard 
Bible Encyclopae-dia) y Honig. Sus argumentos, aunque discrepan en los detalles, se 
complementan y concuerdan en lo esencial. Veamos sucintamente cuáles son estos argumentos: 
 
1. Ni la mujer ni su espíritu familiar ("espíritu control") tenían poder sobre Samuel. Sólo Dios lo 
tenía. Y si Dios había estado rehusando contestar a Saúl (v. 6), ciertamente no iba a hacerlo 
cuando éste recurrió a métodos prohibidos, y entre éstos al menos indicado, al hacer algo que Dios 
en modo alguno ha dado a conocer para que se repita. 
 
2. Desde que Samuel informó a Saúl de que Dios lo había desechado, no volvió a haber 
contacto alguno entre el profeta y el rey. 
 
3. El verdadero Samuel no habría mentido, al decir que Saúl había inquietado su sueño y que 
éste estaría con él al día siguiente (comp. Le. 16:26), si la orden de aparecer y hablar le hubiera 
sido dada por Dios, y no por apelación del mismo Saúl. 
 
4. Después de haber rechazado a Saúl por su pecado, y haberlo ignorado consecuentemente 
durante años, Dios no iba, en el último instante, a: 
 
a) Satisfacer el deseo de Saúl de recibir otra revelación; 
  b) actuar contrariamente a la convicción que había inculcado siempre a Su pueblo, a saber: 
que no existe el contacto entre los vivientes y los muertos (Job 7:10; Ecl. 9:6: Is. 63:16; Le. 16:31); 
c) dar la impresión de que apelar a los muertos no es tan malo después de todo, cuando en 
otros lugares había ordenado que este pecado fuese castigado con la muerte (todos los espiritistas 
apelan a este pasaje); 
d) decir que Saúl debía morir en castigo por algo a lo que Dios mismo había accedido (I Cr. 
10:13). 
 
5. Saúl dijo a la médium a quién debía invocar. De acuerdo con nuestra explicación de los 
fenómenos psíquicos, lo que debió ocurrir fue que la médium (elemento sensitivo) leería en la 
mente de Saúl los rasgos característicos de Samuel, y lo describiría como Saúl se había imaginado 
verle (no como en realidad era después de su muerte). 
 
6. La mujer se asustó: 
 
      a)   Porque en su trance ella reconoció a Saúl (v. 12), declarado y poderoso enemigo de los 
médiums  o  adivinos (v. 3); o 
b) Porque vio elohim, espíritus, cernerse sobre la aparición, que, con "milagros mentirosos" (I 
Tes.  2:9), personificaba a Samuel. 
7. Saúl en ningún momento vio a Samuel, sino que percibió por la descripción de la mujer lo 
que ella  veía en su trance. 
8. En lo que se refiere a la profecía, existen varias posibilidades: 
 
a)  La mujer leyó en el espanto de Saúl que su fin estaba próximo, y así se lo profetizó. 
b) La mujer leyó, en la mente aterrorizada de Saúl, la profecía de Samuel, que tanto 
obsesionaba a aquél  (I Samuel 15:16-18; 16:2; 20:31; etc.), y le dijo lo que él esperaba oír. 
c) Si fue un demonio el que habló por la boca de la médium, personificando a Samuel, sería 
igualmente  recordando la profecía de éste y haciendo uso de ella. 
 
 
LO QUE DICE EL ESPIRITISMO SOBRE LA BIBLIA 
 
Para no repetir cosas que ya hemos dicho, nos limitaremos simplemente a citar las 
declaraciones que algunos de los más famosos espiritistas han hecho sobre varios e importantes 
puntos de la doctrina cristiana, generalmente creídos y aceptados. En el capítulo 17, y de una 
forma breve, recordaremos que estas doctrinas están contenidas en la Escritura, y las cree la 
"santa Iglesia universal o católica" de todos los siglos. Confiamos en que el lector observará que 
los distintos "ismos" anticristianos demuestran su verdadero carácter cuando denuncian la Verdad 
revelada de !a Palabra de Dios. 
Aunque no haya un credo oficial de las diferentes doctrinas espiritistas, el espiritismo, de un modo 
general, enseña lo siguiente: 
 
Dios 
"Abrogamos la idea de un Dios personal." 
"Debería entenderse que existen tantos Dioses cuantas mentes hay que necesitan adorarlos; 
no solamente uno, dos, o tres, sino muchos (...) Los nobles árboles del bosque, el sol, la luna, y las 
estrellas, todas las cosas son Dioses para ti, pues todas ministran las necesidades de tu alma. Es 
vano pensar que todos podáis reverenciar y servir verdaderamente a un solo Dios." 
En una sesión de espiritismo, pregunta la médium, señora Connant, y responde, por boca de 
ella, el espíritu que la "controla": 
Pregunta: "¿Sabes de algún espíritu que se parezca al ser que nosotros llamamos diablo?" 
Respuesta: "Ciertamente que sé; y además, este mismo diablo es nuestro Dios, nuestro 
Padre."  
 
Jesucristo 
"¿Qué significa la palabra Cristo? ¿No es, como generalmente se supone, el Hijo del Creador 
de todas las cosas? Cualquier ser justo y perfecto es Cristo." 
"Parece, no obstante, que todo el testimonio recibido de espíritus adelantados muestra solamente 
que Cristo era un médium y reformador de Judea, y que ahora es un espíritu adelantado en su 
desarrollo espiritual, cuya morada es la sexta esfera." 
"Por encima de todos éstos está el más grande espíritu de que ellos (los espíritus) tengan 
noticia; no es Dios, ciertamente, pues Dios es tan infinito que está fuera de su alcance o 
comprensión; sino uno que está más próximo a Dios, y hasta ese punto o grado le representa. Este 
Espíritu es Cristo. Su preocupación especial es la tierra. A ella vino en una época de gran 
depravación, en un tiempo en que el mundo era casi tan impío como lo es ahora, al objeto de 
enseñar a las gentes la lección de una vida ideal. Luego regresó a su propia alta esfera, habiendo 
dejado un ejemplo que, a veces, es imitado. Tal es la historia de Cristo, según los espíritus la 
describen." 
"Cristo fue un hombre bueno; pero no pudo haber sido divino sino en el sentido, 
probablemente, en que todos somos divinos." 
"No veo que Cristo pretendiese para Sí más de lo que Él propusiese como posible para otros. 
Cuando se identifica a Sí mismo con el Padre, lo hace en el sentido de identidad medianímica. Él 
fue el eran Médium o Mediador." 
"Como Dios es Espíritu, esto es, la presencia del Espíritu Infinito que obra por la ley de mediación, 
el Apóstol, con una claridad de percepción extraordinaria, declara que el Nazareno es un Mediador 
—es decir, un Médium— entre Dios y los hombres." 
"En el himnario espiritista, el nombre de Jesús está suprimido. Y, por ejemplo, en vez de decir 
«ángeles de Jesús», dice «ángeles de sabiduría». En las oraciones que hacen en sus cultos, Su 
nombre es cuidadosamente omitido » 
"La milagrosa concepción de Cristo es simplemente una fábula." 
"Cristo resucitó en espíritu. Fue un espíritu lo que tan frecuentemente se apareció a sus 
discípulos después de la crucifixión. Y fue un espíritu lo que ascendió al cielo, y es un espíritu 
glorioso lo que se aparece y se ha aparecido a través de los siglos a miles de fatigados cristianos 
de este mundo." 
"Yo, Jesús, me aparecí en espíritu en 1861, y digo y declaro al mundo que la nueva era o 
dispensación, llamada la parusía de Cristo, ha comenzado. Comenzó sobre el año 1847, y de 
acuerdo con lo que anunciaran Daniel y otros profetas, se inició con mi venida como una nube en 
los cielos, rodeado de miles de ángeles, para cubrir la tierra con mi gloria." 
"Esta es la segunda venida, una venida en poder y gloria, una venida de ministración de ángeles y 
espíritus, una venida para iluminar moral y espiritualmente a todas las inteligencias conscientes. 
Este es el retorno del Cristo viviente, retorno de dominio y protección. No habrá la venida personal 
que los teólogos han enseñado. La voz de Sus mensajeros, que hablan a aquellos cuyos oídos 
están abiertos —como El dijo—, ésa será, y es, Su venida espiritual a los suyos." 
 
La Expiación 
"Vuestra expiación es la culminación misma de una mente trastornada; y no sólo trastornada, 
sino de la más injusta e inmoral inclinación." 
"La ortodoxa doctrina de la expiación es una reliquia que nos han legado las mayores 
corruptelas de los primeros siglos, y es inmoral hasta su médula (...) Su razón de ser está en que 
hemos venido a este mundo como pecadores perdidos, arruinados, dignos del infierno. ¡Qué 
mentira tan ultrajante! (...) ¿No os hierve de indignación la sangre en las venas ante semejante 
doctrina?" 
"No se ve justicia alguna en un sacrificio vicario, como tampoco en un Dios que puede ser 
aplacado por tales medios." 
 
El Hombre 
"Jamás se ha encontrado evidencia alguna de la caída." 
"Debemos rechazar el concepto de criaturas caídas. Por caída entendemos el descenso del 
espíritu a la materia." 
 
La Biblia 
"No debemos pensar en ocultar el hecho evidente de que, en algunas partes de la Biblia, hay 
muchas cosas que no se compenetran con nuestras enseñanzas." 
"Afirmar que es un libro sagrado y divino, y que Dios inspiró a sus autores para dar a conocer 
Su divina voluntad, es una grosera y engañosa injuria que se le hace a la gente." 
 

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