La iglesia ante las sectas y otros movimientos religiosos

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23 SECTAS Transcripciones

DOCUMENTO CONCILIAR Nº 16 
 
 
 
LA IGLESIA ANTE LAS SECTAS 
Y OTROS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS 
 
 
 
CONTENIDO 
INTRODUCCIÓN 
1.  VER: ANÁLISIS DE LA REALIDAD 
1.1. El avance de las sectas y otros movimientos religiosos  
1.2. Las sectas y otros movimientos religiosos, una realidad compleja y diferenciada  
1.2.1. Las sectas fundamentalistas cristianas o pseudocristianas 
1.2.2. Los nuevos movimientos religiosos influenciados por la Nueva Era, el 
gnosticismo y las religiones orientales 
1.2.3. Los grupos animistas con un fuerte sincretismo 
1.3. Causas del avance de las sectas y otros movimientos religiosos 
2. JUZGAR: ILUMINACIÓN TEOLÓGICO PASTORAL 
2.1. El hombre en búsqueda de la verdad: el sentido de lo religioso y lo sagrado. 
2.2. Dios viene al encuentro del hombre 
2.3. Jesucristo: “mediador y plenitud de toda la revelación” (DV 2) 
2.4. “El Espíritu de la verdad les guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13) 
2.5. La Iglesia 
2.5.1. Evangelizadora y misionera 
2.5.2. Comunidad de los creyentes 
2.5.3. La celebración de la fe 
2.5.4. Hacia una pastoral de comunión y participación 
2.5.5. María: madre de la Iglesia y modelo de misionera 
3. ACTUAR: DESAFÍOS Y ORIENTACIONES PASTORALES 
3.1. Desafíos  
3.2. Orientaciones Pastorales: 
3.2.1. Desafío 1: Favorecer un conocimiento del fenómeno de las sectas y otros 
movimientos religiosos, especialmente mediante la convivencia y el 
diálogo.  
 2
3.2.2. Desafío 2: Promover una sólida formación en todos los miembros de la 
Iglesia y llamarlos a la necesaria vigilancia. 
3.2.3. Desafío 3: Sistematizar un plan de evangelización y acompañamiento 
pastoral que apunte al fortalecimiento de la vivencia personal y 
comunitaria de la fe. 
 3
INTRODUCCIÓN 
1. El avance y proliferación de las sectas y otros movimientos religiosos, con sus 
graves consecuencias para la fe y la auténtica vida cristiana, impulsan a este 
Concilio Plenario de Venezuela a un profundo discernimiento sobre estos 
fenómenos.  
2. Se trata del deber de “confirmar a nuestros hermanos” en la fe (Cf. Lc 22,32). 
Animados por “el mandato de la caridad que procede de un corazón limpio, de una 
conciencia recta y de una fe sincera” (1 Tm 1, 6), sentimos el deber de conservar 
el depósito de la fe (Cf. 1 Tm 6, 20; 2 Tm 1, 12.14) que hemos recibido para 
transmitirlo a las nuevas generaciones. Como Iglesia escuchamos nuevamente la 
exhortación del apóstol: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo” (2 
Tm 4, 2); él mismo nos invita a ser capaces de “exhortar con la sana doctrina y 
refutar a los que contradicen” (Tt 1, 9). 
3. La exhortación Ecclesia in America afirma que “la acción proselitista, que las sectas 
y nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas partes de América, es un grave 
obstáculo para el esfuerzo evangelizador” (EA 73). 
4. En el presente documento nos proponemos considerar el avance de las sectas y los 
nuevos movimientos religiosos y analizar las causas de esta situación; iluminar 
esta realidad desde la luz de la fe, lo que nos permitirá proponer algunos desafíos 
y orientaciones pastorales con el fin de promover una evangelización más extensa 
y profunda de nuestro pueblo y consolidar su identidad católica y su alegría de 
pertenecer a la Iglesia. 
1. VER: ANÁLISIS DE LA REALIDAD 
1.1. El avance de las sectas y otros movimientos religiosos 
5. La inmensa mayoría de los hombres y mujeres de Venezuela profesan la fe 
cristiana de acuerdo a la tradición católica occidental, gracias a la evangelización 
cinco veces centenaria. 
6. Tradicionalmente nuestras Cartas Magnas han establecido, entre las bases de la 
relación ciudadana, el respeto y la libertad de cultos, recogiendo la actitud 
hospitalaria y respetuosa propia del venezolano1. Por ello, siempre ha habido en 
Venezuela una gran tolerancia para las diversas confesiones de fe, cristianas o no. 
En este sentido, esta situación es acorde al derecho de cada persona a la libertad 
religiosa, fundado en la misma dignidad de la persona humana y proclamado por el 
Concilio Vaticano II2. 
7. Desde los inicios de la evangelización y hasta la primera mitad del siglo XX ha 
habido una convivencia relativamente pacífica con otras confesiones cristianas de 
la época, que eran principalmente de las de antigua tradición occidental presentes 
en el Viejo Mundo. 
8. Sin embargo, desde la década de 1960, se ha hecho muy notable la presencia de 
agrupaciones y dinamismos religiosos de nuevo cuño, a las que se les conoce 
generalmente como sectas y nuevos movimientos religiosos. Su notable 
crecimiento, fenómeno que se da también en otros países de la geografía 
latinoamericana, ha llevado a los obispos a hablar de “invasión de las sectas” (DP 
419) y a considerarlo un problema de “proporciones dramáticas” que “ha llegado a 
ser preocupante sobre todo por su creciente proselitismo” (SD 139).  
                                                        
1  Cf. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) Artículo 59. 
2  Cf. DH 2 y 8. 
 4
9. El avance de las sectas se ha caracterizado por un proselitismo agresivo y por un 
antagonismo áspero contra la Iglesia católica, por lo cual se ha hecho muy difícil el 
diálogo con ellas. 
10. No son pocos los católicos que han sido conquistados por estos grupos. La falta de 
una sólida formación cristiana, el débil sentido de pertenencia a la Iglesia, la 
precaria atención de ésta para con los alejados y el escaso compromiso de no 
pocos laicos en el cumplimiento de sus deberes religiosos, han creado las 
condiciones propicias para el éxito del proselitismo de las sectas y del atractivo de 
los nuevos movimientos religiosos. 
11. No obstante el preocupante número de deserciones, la mayoría de nuestro pueblo 
ha permanecido en su fe católica, gracias al deseo de confesar la fe que 
tradicionalmente ha recibido de su familia y de la religiosidad popular, a la 
formación doctrinal y al compromiso apostólico. 
12. En diversas circunstancias, los pastores de la Iglesia han puesto de manifiesto su 
preocupación frente al avance de las sectas y otros movimientos religiosos. A este 
respecto, merece especial mención la Instrucción Pastoral del Episcopado 
Venezolano sobre el Fenómeno de las sectas de 1988. 
1.2. Las sectas y otros movimientos religiosos, una realidad compleja y 
diferenciada  
13. Las sectas y otros movimientos religiosos no constituyen una realidad homogénea, 
ya que existen notables diferencias entre ellos en razón del modo como se 
organizan, las doctrinas que profesan y difunden, los intereses que mueven su 
actuar y su relación con el conjunto de la sociedad. Podemos distinguir tres 
grandes grupos o corrientes dentro de los mismos: las sectas fundamentalistas, los 
nuevos movimientos religiosos y los grupos animistas.  
1.2.1. Las sectas fundamentalistas cristianas o pseudocristianas 
14. La palabra secta tiene cierto sabor peyorativo, pero como lo han puesto de 
manifiesto diversos estudios, otras expresiones resultan igualmente inadecuadas3, 
por lo cual en este documento se escoge el término que resulta más conocido al 
pueblo fiel que las designa como tales. 
15. Por consiguiente, al hablar aquí de sectas hacemos referencia a grupos que se 
separan de las grandes religiones o que se constituyen en torno a un líder que 
propone pensamientos filosóficos o pseudoreligiosos. Se caracterizan generalmente 
por el exclusivismo, sincretismo, secretismo, proselitismo, salvacionismo, 
separacionismo, entre otros4. 
16. Existe en Venezuela gran diversidad dentro de este conglomerado de sectas 
fundamentalistas como los Testigos de Jehová, los Mormones, la Iglesia Universal, 
las Nuevas Tribus. Están presentes algunas sectas con fuerte inclinación 
mercantilista o empresas socio-religiosas (Cf. SD 147) como la Secta Moon, la 
Oración Fuerte al Espíritu Santo, la Nueva Acrópolis, entre otras.  
17.  Hay que reconocer en ellas que dan a las personas un sentido de comunidad, y en 
esto reside gran parte de su atractivo. Son capaces de dar orientación a la vida y, 
a veces, también una ayuda muy concreta. En algunos casos, resulta notable su 
capacidad para liberar a las personas de algunas pesadas cargas, como el 
alcoholismo o la drogadicción, y para solidificar las estructuras familiares.  
                                                        
3  Cf. SANPEDRO F. - ESCOBAR J., Las sectas: análisis desde América Latina, CELAM, Bogotá 2003, p. 163. 
4  Cf. SANPEDRO F. - ESCOBAR J., Las sectas: análisis desde América Latina, CELAM, Bogotá 2003, p. 185. 
 5
18. En otros casos, por el contrario, pueden ejercer una influencia alienante de la 
familia y de la propia cultura, sobre todo cuando influyen por medio del dinero, el 
temor, ejercen presiones indebidas que lindan en el acoso, o coartan la libertad de 
conciencia con una doctrina religiosa rígidamente autoritaria y un riguroso 
moralismo; siendo así que a las auténticas añoranzas de saciar el hambre de Dios 
que tienen las personas, las sectas responden generalmente con ofertas estrechas 
e insuficientes. 
19.  Entre estas agrupaciones encuentran un lugar importante las sectas separadas de 
las comunidades eclesiales procedentes de la Reforma o constituidas al margen de 
ellas, las cuales “insisten en que sólo la fe en Jesucristo salva y que la única base 
de la fe es la Sagrada Escritura, interpretada de manera personal y 
fundamentalista, por lo tanto con exclusión de la Iglesia, y la insistencia en la 
inminencia del fin del mundo y del juicio próximo. Se caracterizan por su afán 
proselitista mediante insistentes visitas domiciliarias, gran difusión de biblias, 
revistas y libros; la presencia y ayuda oportunista en momentos críticos de la 
persona o de la familia, y una gran capacidad técnica en el uso de los medios de 
comunicación social. Cuentan con una poderosa ayuda financiera proveniente del 
extranjero y del diezmo que obligatoriamente tributan todos los adheridos... 
Aunque su compromiso con lo temporal es débil, se orientan hacia la participación 
política encaminada a la toma del poder” (SD 140). En Venezuela varias de las 
sectas cuentan con importante apoyo financiero, y son fomentadas con fines 
políticos. 
20. Estas sectas difunden contenidos muy característicos, no pocas veces diversos o 
incluso opuestos a la doctrina que enseña la Iglesia católica (negación de la 
virginidad de María, culto de las imágenes, descrédito del ministerio ordenado). En 
muchas oportunidades hacen interpretaciones erradas de la Sagrada Escritura que, 
incluso, enarbolan como bandera de batalla contra la Iglesia Católica.  
21. Entre sus actitudes se pueden destacar: la acogida muy intensa y afectuosa, por la 
cual las personas se sienten valoradas; un culto participativo y emotivo; el 
sentimentalismo, por el cual lo afectivo juega un papel muy importante y se utiliza 
de manera incluso desproporcionada; el temor y la presión ejercidos sobre los 
miembros, de cara al cumplimiento de sus deberes y a su responsabilidad en la 
predicación; la instrumentalización de la salvación según la dinámica de la oferta-
demanda, la cual dependerá del mayor o menor compromiso con la causa del 
grupo; compensación material, ofreciendo la consecución de la felicidad temporal, 
a cambio de una retribución monetaria entregada a la organización; el ataque 
frontal a la Iglesia Católica, criticando absolutamente toda su doctrina, sus 
instituciones, sus prácticas y todo lo que tiene que ver con ella. 
22. Otra característica de algunos grupos como las Nuevas Tribus, presentes entre 
comunidades indígenas, es la implantación de una cultura foránea que atenta 
contra la identidad nacional5; y que culpabiliza a las culturas indígenas, 
favoreciendo procesos de transculturación y pérdida de identidad. 
1.2.2. Los nuevos movimientos religiosos influenciados por la Nueva Era, el 
gnosticismo y las religiones orientales 
23. Con la expresión nuevos movimientos religiosos se entiende aquí algunos “hechos 
socio-culturales protagonizados por sectores marginados y también capas medias y 
                                                        
5  Cf. Nota de Prensa, El Episcopado Venezolano ante el fenómeno de las sectas, Caracas 19-11-1987, en 
CEV, Compañeros de Camino, Cartas, instrucciones y mensajes de la Conferencia Episcopal, tomo II, 200. 
 6
pudientes en América Latina, que a través de formas religiosas generalmente 
sincréticas logran expresar su identidad y anhelos humanos” (SD 147). 
24. Estos movimientos, por lo general, enfatizan la espiritualidad y generan una 
separación entre la vida privada y la social, a pesar de que algunos se adhieren al 
pacifismo y al ecologismo en forma poco concreta. Son flexibles en doctrina, 
incluso en la moral. En general no forman comunidades ni agrupaciones formales, 
por lo que toleran fácilmente la pertenencia simultánea a varios grupos religiosos. 
25. Se trata de agrupaciones o corrientes de pensamiento que inspirados en formas 
esotéricas buscan un conocimiento especial, una iluminación sobre problemas 
álgidos, con la pretensión de compartir conocimientos mistéricos secretos. En esta 
clasificación se inscriben las corrientes espiritistas, rosacruces, cienciología, 
dianética, gnósticos, teosofía, entre otras (Cf. SD 147). Muchos venezolanos que 
se confiesan católicos asumen, sin embargo, creencias de estos movimientos como 
la reencarnación, la consulta de horóscopos, el uso de amuletos, el recurso a 
terapias pseudorreligiosas. 
26. Existen también grupos inspirados en las religiones orientales, en particular el 
hinduismo y el budismo, que echan raíces en ciertos sectores de nuestra sociedad, 
y que expresan un deseo de paz interior, de dominio de sí, de meditación. Se 
inspiran en metafísicas orientales. Algunos de estos grupos fomentan estilos de 
vida comunitarios inspirados en el monacato de estas religiones. 
27. La sed espiritual de muchas personas de nuestro tiempo cree encontrar una 
respuesta en los nuevos movimientos religiosos, que ejercen un gran atractivo 
sobre algunos cristianos debido, en parte, a una falta de atención seria de la 
Iglesia a la importancia de la dimensión espiritual y mística del hombre, a la 
búsqueda del sentido de la vida, a la vinculación entre los seres humanos y el resto 
de la creación, y al rechazo de una visión racionalista y materialista de la 
humanidad.  
28. La Nueva Era atrae a personas imbuidas de algunos valores de la cultura moderna 
y posmoderna como la libertad, la autenticidad, la autosuficiencia, entre otros, que 
considera sagrados. El individualismo y el rechazo a pertenecer a comunidades 
institucionales crean un distanciamiento de la Iglesia, y una espiritualidad 
alternativa. “Aun cuando se pueda admitir que la religiosidad de la Nueva Era en 
cierto modo responde al legítimo anhelo espiritual de la naturaleza humana, es 
preciso reconocer que tales intentos se oponen a la revelación cristiana”.6 
29. Aunque este movimiento no se presenta como directamente contrario al 
cristianismo, y para algunas personas sus postulados pueden compaginarse con la 
fe cristiana, “no debemos engañarnos pensando que ese movimiento pueda llevar 
a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la 
gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo 
conocimiento de Dios, acaba por tergiversar su Palabra sustituyéndola por palabras 
que son solamente humanas”7. En este sentido, la Nueva Era tiende a usar un 
lenguaje equívoco y ambiguo para atraer a las personas, por lo que crea confusión 
en muchos católicos. 
30. Aunque los nuevos movimientos religiosos pretenden ayudar a las personas a 
reducir sus tensiones interiores y a dar un sentido a la vida, generalmente causan 
                                                        
6  CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA - CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO, 
Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, punto 1.4. 
7  JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994, pp. 103-104.  
 7
confusión religiosa, desorientación moral e indiferencia con respecto a cuestiones 
sociales. 
1.2.3. Los grupos animistas con un fuerte sincretismo 
31. Como fruto del mestizaje cultural y religioso, hay bastantes católicos que han 
incorporado en su religiosidad creencias ancestrales de grupos animistas tanto de 
raíces indígenas como afroamericanas (Cf. PPEV 34-36). Se ha llegado a un fuerte 
sincretismo, que convive acríticamente con la fe cristiana, en cuanto que muchos 
de estos grupos no profesan una doctrina definida ni forman comunidades visibles 
y contaminan la fe de quienes no poseen una buena formación cristiana. 
32. Entre los grupos animistas presentes en Venezuela se pueden nombrar el culto a 
María Lionza, la Santería o Religión Yoruba, la comunidad de Umbanda, los 
paleros, el vudú, entre otros, y a los que algunos fieles cristianos acuden sin 
encontrar contradicción con su fe católica. 
33. Especial mención merece la Santería, importada recientemente a nuestro país, 
fruto de un déficit en la evangelización de los esclavos negros en las Antillas, que 
dio como resultado una religión ancestral con apariencia cristiana con sus 
respectivas devociones y ritos, que fueron asumidos para enmascarar las 
divinidades y cultos de religiones africanas. 
34. Fomentan la creencia en la relación del ser humano con fuerzas espirituales 
superiores a él, de las cuales tratan de obtener ayuda y guía en la vida por medio 
de ciertos rituales y por la mediación de personas que pretenden tener dones 
espirituales especiales. Los rituales y consultas pueden tener costos monetarios 
importantes.  
35. Al igual que los nuevos movimientos religiosos, estos grupos no ofrecen mayor 
sentido de comunidad y son tolerantes en cuanto a la participación en cultos 
diferentes. Por lo general, mantienen frente a la Iglesia Católica una actitud 
distante, pero a veces respetuosa, e integran prácticas y devociones propias de la 
Iglesia, dándoles un sentido diferente. A veces incluyen la veneración de espíritus 
del mal explícitamente reconocidos como tales. 
36. Estos grupos creen que se puede entrar en contacto con espíritus, ánimas y 
fuerzas sobrenaturales ocultas (DP 1105); profesan un maniqueísmo que divide la 
realidad en espíritus buenos y malos. Mediante ritos de diversos géneros, en los 
cuales se integran indiscriminadamente devociones católicas, sacrificios de 
animales, y por la mediación de personas supuestamente dotadas de poderes, se 
intenta obtener beneficios de las fuerzas espirituales. 
37. Sus cultos son esencialmente pragmáticos y utilitarios, buscan proporcionar a sus 
devotos un alivio y ayuda, que no encuentran ni en esferas profanas ni en las 
religiones oficiales, y les dotan de símbolos y creencias que les permiten dar 
sentido a sus conflictos, desde una visión sacralizante del mundo. Se valora la 
magia, y se promueve un ritualismo rígido que ofrece a sus practicantes una gran 
confianza en la solución sobrenatural de sus problemas, la curación de sus 
enfermedades, la suerte en los negocios y el bienestar en los conflictos. 
38. Últimamente han surgido sectas satánicas con rituales y sacrificios propios, que 
atraen principalmente a la población joven y causan un gran daño. 
1.3. Causas del avance de las sectas y otros movimientos religiosos  
39. “Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos religiosos en 
América no pueden contemplarse con indiferencia. Exigen de la Iglesia en este 
 8
Continente un profundo estudio, que se ha de realizar en cada nación y también a 
nivel internacional, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos 
abandonan la Iglesia” (EA 73). Atendiendo a este llamado, nos proponemos 
identificar algunas de las causas del avance de las sectas y de los otros 
movimientos religiosos. 
40. En el ámbito antropológico: Entre las necesidades que la gente busca satisfacer en 
las sectas y otros movimientos religiosos se encuentran, en el nivel afectivo, la 
vivencia comunitaria, el calor humano, encontrarse a sí mismo, elevar la 
autoestima, conocerse a profundidad, búsqueda de integración de sí mismo y de 
realización personal, salir del anonimato, participación, compromiso y sentirse 
útiles. Por otro lado, en el nivel intelectual, la búsqueda de respuestas ante 
situaciones confusas, la claridad religiosa y la visión de futuro y de esperanza. Y en 
el nivel espiritual, la necesidad de guías y acompañantes espirituales, la búsqueda 
de la trascendencia y de experiencias espirituales y la necesidad de contacto con lo 
sagrado y lo divino. 
41. En el ámbito social: Las promesas hechas por estos grupos religiosos de alcanzar 
la felicidad casi mágicamente, la solución súbita de los problemas, el logro de 
riquezas materiales o espirituales por la práctica de algunos ritos religiosos o 
pseudoreligiosos, la búsqueda de respuestas a algunas situaciones como la 
disgregación familiar, el aislamiento y el desamparo, atraen a muchos católicos e 
influyen muchas veces en la decisión de abandonar la confesión de su fe. Además, 
el fenómeno de las migraciones del campo a las zonas urbanas ha causado un 
desarraigo de las tradiciones religiosas y culturales, creando un vacío entre las 
ofertas institucionales de la Iglesia y las necesidades específicamente religiosas 
insatisfechas. 
42. En el ámbito cultural: Aunque gran parte de estos grupos religiosos se presentan 
como una reacción frente a la cultura contemporánea, en muchos aspectos se 
revelan como hijos de esa misma cultura en la que predomina un acentuado 
relativismo que diviniza o absolutiza la riqueza, el poder, el Estado, el sexo, el 
placer e incluso su propio ser o razón humana (Cf. P 491). La religión se reduce a 
intimismo y se propicia un culto a la humanidad, de manera que se prepara el 
terreno para una celebración de la sacralidad del yo. Por eso, algunos de estos 
movimientos comparten muchos de los valores que propugnan la cultura de la 
empresa y el mercantilismo religioso. 
43. En el ámbito geopolítico: el interés de grandes grupos de poder que apoyan 
financieramente la difusión de las sectas y otros movimientos religiosos, buscando 
minar la unidad e identidad de nuestro pueblo alrededor de la fe católica, con el 
propósito de conquistar nuevos territorios, mercados, bienes y lugares de opinión 
por medio de proyectos económicos o políticos bien estructurados.  
44. En el ámbito eclesial: Entre las causas del avance de las sectas y de los nuevos 
fenómenos religiosos entre los fieles cristianos hay que reconocer algunas 
debilidades y carencias en la acción pastoral de la Iglesia: el olvido de la 
centralidad de la Palabra de Dios en la vida de los bautizados; la no radicalidad en 
el seguimiento de Jesucristo; la grave escasez de agentes de pastoral; el débil 
sentido de comunidad en numerosas parroquias; la poca acogida y 
acompañamiento de los fieles por parte de sus pastores; algunos anti-testimonios 
en la conducta de pastores, agentes de pastoral y católicos en general; insuficiente 
interiorización de lo que se profesa formalmente, de manera que en momentos de 
crisis no se encuentra apoyo en lo profesado, y se buscan alternativas; falta de 
formación doctrinal; liturgias poco sentidas, a veces, inexpresivas, que no logran 
 9
integrar la fe, los afectos y la vida; vivencia escasa y ritualizada de los 
sacramentos que los hace poco significativos; poca integración de la mayoría de 
los laicos en las actividades eclesiales tanto a niveles de planificación como de 
realización.  
45. No ha habido un plan de acción orgánico ante el proselitismo de estas sectas. 
Quizás la conciencia de que la religión católica es la de mayor número de creyentes 
en el país y un cierto triunfalismo basado en eso, ha hecho que la reacción ante el 
avance de las sectas y nuevos movimientos religiosos, no haya sido ni oportuna ni 
programada. 
46. Junto a estas causas del avance de las sectas, reconocemos con alegría las muchas 
fortalezas que posee la Iglesia Católica, que ya han sido señaladas en los 
diferentes documentos de este Concilio Plenario (Cf. PPEV 6-24; CIV 7-13; CIGNS 
52-61), y que permite que la mayoría del pueblo siga profesando la fe católica. 
47. En este sentido se pueden resaltar: las nuevas propuestas catequísticas, apertura 
a liturgias más festivas, difusión masiva de la Biblia, mayor presencia en los 
sectores más alejados a través de las pequeñas comunidades cristianas, promoción 
de movimientos eclesiales y de apostolado seglar que refuerzan la acción 
evangelizadora, estructuración de nuevas instancias eclesiales, resurgimiento de la 
vida contemplativa, mayor presencia de comunidades religiosas, aprecio cada vez 
más claro de la misión del laico en la Iglesia. 
48. Además, es necesario reconocer el lugar primordial que ocupa la celebración 
eucarística en los momentos importantes de la vida de las personas y de las 
comunidades. La devoción a la Virgen María, en sus distintas advocaciones, ha sido 
y es una fortaleza del pueblo en la defensa de su fe. Igualmente las muchas 
tradiciones religiosas populares, como “la devoción al Nazareno, a la Virgen y a los 
santos; el uso de sacramentales; las procesiones, vía crucis, peregrinaciones; el 
respeto a los ministros sagrados; la petición de la bendición” (PPEV 6) hacen que 
el pueblo venezolano las considere como algo propio que lo identifica y que 
fortalece su fe. Otra señal de identificación de nuestro pueblo con la fe católica es 
el amor que se profesa al Papa, evidenciado en las dos visitas de Juan Pablo II a 
nuestro país. 
2. JUZGAR: ILUMINACIÓN TEOLÓGICO PASTORAL 
49. En este apartado se quiere ilustrar sobre los puntos donde las propuestas de las 
sectas y otros movimientos religiosos contrastan con la fe cristiana, no por mera 
oposición a las mismas, sino en la conciencia de que es necesario cumplir lo que 
nos pide el apóstol: “Estén siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les 
pida razón de su esperanza. Pero háganlo con dulzura y respeto” (1 P 3,15-16). 
50. La religiosidad natural del hombre que lo impulsa a la búsqueda de lo trascendente 
plantea a la Iglesia el desafío de iluminar, guiada por el Espíritu, la verdad con 
respecto al ser humano, a Dios y a la relación entre ambos, con una comprensión 
cada vez más profunda de la persona de Cristo y de su Cuerpo, la Iglesia. En este 
discernimiento, la Iglesia reconoce las semillas del Verbo que han sido diseminadas 
ampliamente entre las diversas religiones: “Cuanto hay de bueno y verdadero 
entre ellos, la Iglesia lo juzga como una preparación del Evangelio” (LG 16).  
51. Guiados por un profundo respeto hacia la conciencia de cada persona buscamos 
una convivencia fructífera con todos los que piensan diferente de nosotros; pero a 
la vez, fieles a nuestra propia fe, la presentamos libremente y fomentamos así el 
diálogo, el mutuo conocimiento y el respeto. No por esto nos inhibimos de la 
 10
denuncia de todo aquello que en las sectas y otros movimientos religiosos pueda 
ser contrario a la verdad. 
2.1. El hombre en búsqueda de la verdad: el sentido de lo religioso y lo sagrado. 
52. Sumergido en diferentes preocupaciones y problemas, el hombre lleva en su 
corazón el deseo de buscar siempre la verdad. Puede trascender los fenómenos, 
comprendiendo la realidad y transformándola a través de la ciencia y de la técnica: 
“En virtud de su inteligencia, el hombre es superior al universo material” (GS 15).  
53. El hombre experimenta múltiples limitaciones; y se siente, sin embargo, ilimitado 
en sus deseos y llamado a una vida superior. Siente en sí mismo la división, que 
tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Ante las difíciles situaciones 
que le toca vivir se plantea las cuestiones más fundamentales de la existencia: 
“¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a 
pesar de tantos progresos, subsisten todavía?... ¿Qué puede dar el hombre a la 
sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?” 
(GS 10). A través de estas preguntas se pone de manifiesto la fundamental 
trascendencia del hombre en la búsqueda de la verdad y el bien.  
54. En nuestra cultura contemporánea asistimos a un nuevo despertar de lo religioso y 
lo sagrado, que manifiesta la perenne búsqueda humana de la felicidad, del 
sentido de la vida y de la salvación. Agobiado por el creciente materialismo, el 
hombre busca incansablemente la espiritualidad que lo constituye como tal y lo 
vincula a todos los seres humanos y al resto de la creación.  
55. Lo que conduce a una persona a las sectas u otros movimientos religiosos 
proviene, con frecuencia, de la aspiración auténtica de una espiritualidad más 
profunda, de algo que toque el corazón, de un modo de hallar sentido a un mundo 
confuso y a menudo alienante8. En esta búsqueda se puede descubrir una 
auténtica sed de Dios. Por eso dijo el Papa Juan Pablo II: “Los pastores deben 
preguntarse sinceramente si han prestado suficiente atención a la sed del corazón 
humano en busca del ‘agua viva’ que sólo puede dar Cristo nuestro Redentor (Cf. 
Jn 3, 7-13)”9. 
2.2. Dios viene al encuentro del hombre 
56. El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque él ha sido creado 
por Dios y para Dios. En este sentido podemos afirmar que Dios no cesa de atraer 
al hombre hacia sí, ya que sólo en Él encontrará la verdad y la dicha que no cesa 
de buscar. 
57. Las formas de búsqueda de Dios son tan extensas y están tan presentes en la 
humanidad que se puede llamar al hombre un ser religioso. Esa búsqueda, sin 
embargo, exige de él un esfuerzo de la inteligencia, rectitud de la voluntad y del 
corazón y de otros hombres que lo acompañen y guíen. 
58. Dios puede ser conocido mediante la luz de la razón humana, porque el hombre ha 
sido creado a “imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,26), y porque la misma 
creación es un camino para llegar a su Creador, puesto que lo que de Dios se 
puede conocer está manifiesto en sus obras (Cf. Sb 13,9; Rm 1,19).  
59. Sin embargo, la limitación propia de la inteligencia humana, el pecado cometido y 
las condiciones históricas en las que realiza el hombre su existencia, hacen que esa 
                                                        
8  Cf. CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA - CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO, 
Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, punto 1.5. 
9  Mensaje de Juan Pablo II a un grupo de obispos de Estados Unidos (AAS 864, 330). 
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tarea sea muy difícil, por lo cual necesita ser iluminado por la revelación de Dios, 
para que las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas más fácilmente. 
60. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, 
conocerle y amarle, más allá de lo que serían capaces con sus propias fuerzas. 
Esta revelación, realizada mediante acciones y palabras íntimamente ligadas entre 
sí y que se esclarecen mutuamente (Cf. DV 2), lleva consigo una pedagogía divina 
particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para 
acoger la revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culmina en la 
persona y la misión de Jesucristo: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios 
en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos 
tiempos nos ha hablado por su Hijo” (Hb 1,1-2). 
61. Por eso nuestra fe en Dios no se basa en ideas o concepciones que nosotros nos 
hemos hecho de Él, sino en el modo como Él mismo se ha dado a conocer. En 
Cristo, hemos conocido que Dios es Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este 
es el misterio central de la fe y la vida cristiana.  
62. Dios es un Ser personal, Trascendente, Creador y Providente, que nos ha sido 
revelado por Jesucristo. Creer que Dios es una “energía impersonal”, inmanente al 
mundo con el cual formaría una “unidad cósmica”, resulta incompatible con la 
concepción cristiana de Dios.  
2.3. Jesucristo: “mediador y plenitud de toda la revelación” (DV 2) 
63. Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, verdaderamente Dios y 
verdaderamente hombre, en el misterio de su encarnación nos da a conocer el 
misterio de Dios. Jesús revela el rostro auténtico de Dios, porque “a Dios nadie lo 
ha visto jamás, sino el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él lo ha 
revelado” (Jn 1, 18). En efecto, “Jesucristo, Palabra hecha carne, ‘hombre enviado 
a los hombres’, habla las palabras de Dios y realiza la obra de salvación que el 
Padre le encargó. Por eso, quien ve a Jesucristo, ve al Padre. Él, con su presencia y 
manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, y sobre todo con su 
muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a 
plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino” (DV 4). 
64. “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... 
Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, 
manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, y le descubre la sublimidad de 
su vocación” (GS 22). Por eso reconocemos en Jesucristo “el camino, la verdad y la 
vida” (Jn 14, 6). 
65. El conocimiento de Jesucristo debe tener como consecuencia una entrega a Él. Sin 
embargo, nuestro pueblo venezolano, aun siendo profundamente religioso y 
conservando su identidad católica como algo que lo caracteriza (Cf. PPEV 16-17), 
en muchos casos no asume un compromiso sólido con Jesús.  
66. San Pablo presenta la figura de Cristo como “imagen del Dios invisible” en quien 
reside toda la plenitud de Dios y por quien y para quien fueron creadas todas las 
cosas, y esta imagen plena de Dios es al mismo tiempo la cabeza del cuerpo que 
es la Iglesia (Cf. Col 1, 15-18). No obstante, la persona de Cristo es comprendida 
de diversas maneras por las sectas y otros movimientos religiosos: unos se 
acercan a la realidad de Jesús, otros la ignoran o la reducen sólo a la de un ser 
excepcional, a un iluminado con un conocimiento especial de Dios.  
67. Gracias a Jesús, nacido de María, hemos sido constituidos hijos y herederos, y por 
eso con propiedad llamamos a Dios “Padre” (Cf. Ga 4, 1-10). Hijos en el Hijo, 
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podemos conocer a Dios a través de Jesucristo, único salvador de los hombres y 
plenitud de la revelación. 
2.4. “El Espíritu de la verdad les guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13) 
68. El Espíritu de Dios, enviado por Jesús Resucitado a sus discípulos, los anima, guía 
y enriquece con sus gracias y dones (Cf. 1 Co 2,12). La palabra y predicación de la 
Iglesia no se basa “en persuasivos discursos de sabiduría, sino en la demostración 
del Espíritu y de su poder” (1 Co 2,4), porque “a nosotros nos lo reveló Dios por 
medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios... 
y nadie conoce lo más íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co 2,10).  
69. El Espíritu Santo infunde también su amor y sus dones a todos los hombres de 
cualquier pueblo y cultura: “Dios no hace acepción de personas, sino que en 
cualquier nación, el que le teme y practica la justicia le es grato” (Hch 10,34-35).  
70. En muchas personas que adhieren a las sectas y otros movimientos religiosos hay 
una genuina búsqueda de lo espiritual, pero es necesario que la Iglesia los guíe 
hacia un serio discernimiento sobre lo que es de Dios: “Examinen si los espíritus 
son de Dios...” (1 Jn 4,1). Un criterio para descubrir la autenticidad del espíritu es 
el seguimiento a Jesucristo en novedad de vida. 
2.5. La Iglesia 
2.5.1. Evangelizadora y misionera 
71. Jesús Resucitado confía a sus discípulos la misión de anunciar el Evangelio: “Vayan 
por todo el mundo y hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19). Por eso la 
vocación primordial de todos y cada uno de los miembros del Pueblo de Dios es 
evangelizar. La Iglesia existe para evangelizar (Cf. EN 14). 
72. La evangelización parte de la certeza de que en Cristo hay “una inescrutable 
riqueza” (Ef 3,8) y, por lo tanto, su contenido es siempre “una clara proclamación 
que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la 
salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios” 
(EN 27). Él es el centro del designio amoroso de Dios para los hombres y en Él 
recibimos todas las gracias (Cf. Ef 1,3-5). 
73. En los umbrales del tercer milenio, el dinamismo evangelizador ha sido 
caracterizado como Nueva Evangelización, la cual nos exige un renovado ardor 
apostólico, que genere una mística, un entusiasmo incontenible en la tarea de 
anunciar el Evangelio, capaz de despertar la acogida de la Buena Nueva de 
salvación; métodos nuevos, llenos de imaginación y creatividad que, siempre bajo 
la acción del Espíritu, ayuden a crear nuevos caminos para la evangelización; 
nuevas expresiones que hagan más cercano el Evangelio de siempre a las 
realidades culturales de hoy, un modo de hablar según la cultura y mentalidad de 
los oyentes y en concordancia con sus formas y modos de comunicación, que 
permita trasmitir la verdad perenne de Jesús (Cf. SD 28-30). 
74. Mediante este dinamismo evangelizador, la Iglesia está llamada a generar un 
anuncio valiente y decidido de Dios, revelado en Cristo, que comunique la 
experiencia de su fe en Él; a provocar la conversión del corazón, de la vida, de 
modo que, descubriendo el llamado a la santidad, las personas se entreguen 
totalmente a Jesucristo; a alimentar y educar progresivamente la fe mediante la 
predicación y la catequesis; a formar comunidades vivas que perseveren en la 
oración, en la convivencia fraterna y celebren la fe y los sacramentos, cuya cumbre 
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es la Eucaristía; a enviar como misioneros a los que recibieron el Evangelio, de 
manera que todos lo conozcan (Cf. DP 356-361).  
75. En atención a esto, cada miembro de la Iglesia debe sentir como propio el 
compromiso misionero y anunciar a los demás la verdad sobre Cristo, sobre la 
Iglesia y sobre el hombre, de manera que se presente la auténtica doctrina 
cristiana de la salvación.  
76. El don de la fe que hemos recibido, conocido y asumido debe ser anunciado y 
compartido con los demás: “No se enciende una vela para ponerla debajo de la 
mesa” (Mt 5, 15). La vocación misionera de cada cristiano derivada de su Bautismo 
lo lleva a manifestar las razones de su creer: el testimonio de sus palabras y 
acciones, así como su modo de ver la realidad, deben reflejar los principios y 
valores que sostienen su existencia. 
77.  El fruto de la evangelización será llevar al encuentro con Jesús y a su 
seguimiento, de modo que su mensaje cale hondo en el corazón de los pueblos, 
hombres y mujeres, a través de la conversión personal, el Bautismo y la 
incorporación a una comunidad que celebra y comparte su fe. 
2.5.2. Comunidad de los creyentes 
78. “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin 
conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara 
en verdad y le sirviera santamente... (Cristo) estableció un nuevo pacto, 
convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificaran, no según la carne, 
sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo pueblo de Dios” (LG 9). La Iglesia, 
Pueblo de Dios en fraternidad, es sacramento de salvación y de comunión para la 
misión evangelizadora (Cf. CIV 33-57). 
79. Para la Iglesia Católica el sentido de la comunidad se fundamenta en el amor a 
Dios y al prójimo centrado en la persona de Cristo, que ha derrumbado todos los 
obstáculos que separaban a los seres humanos (Cf. Ga 3,27-28). La Iglesia, en 
efecto, es la reunión de todos los discípulos de Jesús Resucitado, unidos por la fe y 
el vínculo del amor (Cf. 1 Co 13,4-7; Ga 5,19-21). 
80. La Iglesia es signo y expresión en sí misma de la comunión. Reflejo del amor 
trinitario de Dios, la Iglesia como familia de los creyentes recoge el anhelo de 
todos los hombres de ser reconocidos y amados como personas, y de vivir en 
fraternidad. Los sacramentos son medios que, comunicando la gracia de Dios, 
permiten la inserción de cada cristiano en la comunidad. Delante del individualismo 
que difunden la mayoría de los nuevos movimientos religiosos, los sacramentos 
expresan, realizan y alimentan la fundamental estructura comunional del ser 
humano: la fe no se vive aisladamente, sino en comunidad. 
81. Particularmente la Eucaristía es el sacramento de la comunión, en el que los 
creyentes comparten la palabra de Dios y el pan único y partido. La comunión en el 
Cuerpo y la Sangre de Cristo hace de la comunidad una familia unida a Jesús, “pan 
de Dios, que baja del cielo y da la vida al mundo” (Jn 6,33). La Eucaristía “significa 
y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por la que la 
Iglesia es ella misma” (CatIC 1325) 
82. El Pueblo de Dios vive la comunión construyendo la fraternidad con la ayuda del 
Espíritu que infunde el amor en los corazones de los fieles. Al don de Dios debe 
acompañar el esfuerzo de crear comunidades más acogedoras, superando el 
anonimato y las relaciones funcionales, y la apertura de espacios de fraternidad y 
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participación donde se valore a cada persona evitando así el vacío que es 
aprovechado por las sectas y otros movimientos religiosos. 
83. La Iglesia en todas sus instancias ha de ser “casa y escuela de comunión” (NMI 
43), por lo que se requiere una auténtica espiritualidad de comunión, que ayude a 
construir comunidades eclesiales vivas, misioneras, unidas por el amor y el servicio 
a los más necesitados. 
2.5.3. La celebración de la fe 
84. La celebración adecuada e inculturada de la fe es una parte fundamental de la 
identidad religiosa y de su desarrollo, especialmente en lo que toca a lo simbólico y 
afectivo de las culturas y de las personas. Una celebración tiene más fruto en la 
medida en que es más viva y participativa.  
85. Los católicos consideramos la liturgia “como el ejercicio del sacerdocio de 
Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera realiza la 
santificación del hombre” (SC 7). En este sentido, “contribuye en sumo grado a 
que los fieles expresen en su vida y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y 
la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC 2). 
86. Entre nuestra gente, la religiosidad popular llega a ser, para muchas personas y 
comunidades, la forma ordinaria de mantener, cultivar y celebrar su relación con 
Dios (CMF 48). “La religiosidad popular…en cuanto contiene encarnada la palabra 
de Dios”, tiene la capacidad de congregar multitudes y constituye “una forma 
activa con la cual el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo” (DP 450).  
87. “Se requiere conocer los símbolos, el lenguaje silencioso, no verbal, del pueblo, 
con el fin de lograr un diálogo vital, comunicar la Buena Nueva” (DP 457), para 
lograr la evangelización de la misma religiosidad, que lleve a un encuentro vivo 
con Jesucristo en las celebraciones que el pueblo hace de su fe.  
88. “Los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se 
observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que 
los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente” (SC 11), en la 
línea de lo que afirma San Pablo: “Estén siempre alegres, oren constantemente. En 
todo den gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de ustedes. No 
extingan el Espíritu... Examínenlo todo, quédense con lo bueno” (1 Ts 5,19). 
89. El abandono de no pocos fieles católicos de nuestra comunidad eclesial y la escasa 
asistencia a las celebraciones litúrgicas plantean la necesidad de una mayor 
participación y preparación de las mismas, asumiendo el reto de una mayor 
inculturación de la liturgia con creatividad pastoral. 
2.5.4. Hacia una pastoral de comunión y participación 
90. Al identificar los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia, es 
oportuno hacer una revisión de los métodos pastorales empleados, de modo que 
“cada Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más 
personalizada, consolide las estructuras de comunión y misión, y use las 
posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purificada, a fin 
de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y la 
meditación de la palabra de Dios” (EA 73). 
91. En este sentido, el Concilio Plenario ha planteado la necesidad de renovar las 
actuales instancias y organismos para que puedan ser expresiones más eficaces de 
la comunión en la misión y, al mismo tiempo, propiciar el surgimiento de nuevas 
instancias que respondan a los nuevos retos (Cf. ICM 151-152). 

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