LA GUERRA CIVIL, Enrique Moradiellos, ed. - Asociación de Historia

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Número 50 (2003) LA GUERRA CIVIL -Ni gesta heroica, ni locura trágica: nuevas perspectivas sobre la guerra civil española -Entre la revolución y la disciplina. Ensayo sobre la dimensión militar de la guerra


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Número 50 (2003) 
 
LA GUERRA CIVIL, Enrique Moradiellos, ed. 
 
-Ni gesta heroica, ni locura trágica: nuevas perspectivas sobre la guerra civil 
española, Enrique Moradiellos 
 
-Entre la revolución y la disciplina. Ensayo sobre la dimensión militar de la guerra 
civil, Gabriel Cardona 
 
-Política en zona nacionalista: la configuración de un régimen, Ismael Saz 
 
-Guerra, poder y revolución. La República española y el impacto de la sublevación, 
Julio Aróstegui 
 
-La guerra civil en el País Vasco: ¿un conflicto diferente?, Santiago de Pablo 
 
-El pueblo contra la clase: populismo legitimador, revoluciones y sustituciones 
políticas en Cataluña (1936 1939), Enric Ucelay-Da Cal 
 
-La intervención extranjera en la guerra civil: un ejercicio de crítica 
historiográfica, Enrique Moradiellos 
 
Miscelánea 
 
-Algunas causas de la conflictividad laboral bajo la dictadura franquista en la 
provincia de Granada (1939-1975), Teresa María Ortega López 
 
-«De estrella rutilante a secundario ilustre», o de la historiografia reciente sobre el 
socialismo español, Francisco de Luis Martín 
 
-África en la política exterior de Carlos IV. Nuevos datos sobre el asunto de 
Marruecos (1803-1808), Rafael Fernández Sirvent 
 
Ensayos bibliográficos 
 
-La política social del régimen franquista. Una asignatura pendiente de la 
historiografía, Carme Molinero 
 
-La historia empresarial y la historia política en la España contemporánea, 
Fernando del Rey Reguillo 
Ni gesta heroica) ni locura trágica:
nuevas perspectivas históricas
sobre la guerra civil
Enrique Moradiellos
Universidad de Extremadura
Todo comenzó hace poco menos de setenta años (sesenta y siete,
para ser exactos) y tan sólo duró dos años y nueve meses. La deto-
nación inicial se produjo el 17 de julio de 1936 con una extensa
sublevación militar contra el gobierno de la República en el Pro-
tectorado de Marruecos. Su terminación oficial cobró la forma de
un parte de guerra triunfal emitido ell de abril de 1939 por Francisco
Franco desde su Cuartel General del Generalísimo. Todavía viven
algunos protagonistas y testigos, relevantes o anónimos, de lo que
fue un enorme cataclismo en el seno de la sociedad española con
una cosecha mínima de 300.000 muertos, otros 300.000 exiliados
y más de 270.000 prisioneros políticos en las cárceles en el primer
aniversario del final de la contienda. Existen aún no pocas huellas
y vestigios, tanto físicas como psicológicas, de su corta pero intensa
existencia. Claros exponentes de las huellas materiales son, a título
de ejemplo, la villa destruida de Belchite en Aragón, las invocaciones
a generales victoriosos o mártires de la Cruzada que siguen poblando
los callejeros de muchas ciudades, o el Arco de Triunfo en la entrada
de la Ciudad Universitaria de Madrid con su expresiva dedicatoria
latina: «Fundada por la generosidad del Rey, restaurada por el Cau-
dillo de los españoles, la sede de los estudios matritenses florece
en la presencia de Dios» 1. La persistencia de vestigios psicológicos
se comprueba igualmente en los resultados de las encuestas realizadas
1 Sobre el Arco de la Victoria, véase AGUlLAR FERNÁNDEZ, P.: Memoria y olvido
de la guerra civil española, Madrid, Alianza, 1996, pp. 130-135 (dedicatoria en p. 133).
AYER 50 (2003)
12 Enrique Moradiellos
por el Centro de Investigaciones Sociológicas entre la ciudadanía
sobre la memoria de la guerra civil y el olvido o recuerdo de sus
«divisiones y rencores»: en diciembre de 2000 el 51 por 100 de
los encuestados (2.486 españoles mayores de dieciocho años y de
46 provincias) consideraban que «no se han olvidado», frente a un
43 por 100 que opinaba lo contrario (una ligera variación respecto
de otra encuesta de 1995 entre 2.478 encuestados que había dado
el siguiente resultado: 48 por 100, «sí se han olvidado»; 41,6 por
100 «no se han olvidado») 2.
Parece comprensible, en consecuencia, que un fenómeno de tanta
actualidad y latencia como es la guerra civil siga suscitando el interés
de los historiadores (tanto españoles como, ya en menor medida
que antes, extranjeros). Y, del mismo modo, resulta lógico y razonable
que continúe ejerciendo una especie de fascinación entre los lectores
legos o duchos en la materia (mayormente españoles, pero también
todavía extranjeros). Sobre todo por los múltiples interrogantes que
plantea la polifacética entidad de la contienda y las inagotables deman-
das de respuestas sobre la misma.
No es para menos dicho interés historiográfico ni dicha fascinación
pública. Como mínimo por dos razones estrechamente ligadas. En
primer lugar, porque el conflicto fratricida de la década de los años
treinta del siglo xx constituye, sin género de dudas, uno de los acon-
tecimientos centrales de la historia contemporánea española: «el pun-
to crítico del siglo xx» (Aróstegui); «una cesura traumática para la
sociedad española» (Bernecker); «la condensación de todos los deba-
tes políticos de la primera mitad de nuestro siglo» (Juliá); «la cul-
minación de una serie de accidentadas luchas entre las fuerzas de
la reforma y las de la reacción» (Prestan); «una ruptura cronológica»
(Seco Serrano); «un tajo asestado a la convivencia de la sociedad
española» (Tuñón de Lara) 3.
2 La encuesta de 2000 se comenta en AVILÉS, ].: «Veinticinco años después:
la memoria de la transición», Historia del presente, núm. 1, Madrid, 2002, pp. 88-97
(cifras en pp. 88-89). La de 1995 en RErG TAPIA, A.: Memoria de la guerra civil.
Los mitos de la tribu, Madrid, Alianza, 1999, p. 349.
3 ARÓSTEGUI, ].: La guerra civil, Madrid, Historia 16, 1996, p. 6; BERNECKER,
W. L.: Guerra en España, Madrid, Síntesis, 1996, p. 159; JULIÁ, S.: «Discursos de
la guerra civil española», en REQUENA, M. (coord.): La guerra civil española y las
Brigadas Internacionales, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 1998, p. 29;
PRESTON, P.: La guerra civil española, Barcelona, Plaza y Janés, 2000, p. 20; SECO
SERRANO, c.: «Prólogo» a CUENCA TORIErO, ]. M.: La guerra civil de 1936, Madrid,
Ni gesta heroica, ni locura trágica 13
Además de esa importancia indisputada para la propia historia
española, la guerra civil también arrastra una cualidad notable y reve-
ladora: constituye el fenómeno histórico español de mayor trans-
cendencia internacional en los dos últimos siglos por su intensa reper-
cusión exterior, sobrepasando incluso a los otros tres hitos que podrían
hacerle mínima sombra y competencia: la Guerra de Independencia
de 1808-1814, el Desastre colonial de 1898 y la transición política
de la dictadura a la democracia entre 1975 y 1978. Ese impacto
externo de la contienda española fue agudamente percibido desde
el mismo inicio de las hostilidades por los analistas diplomáticos
occidentales: «es una de las amenazas más graves, sino la más grave,
que el mundo ha tenido que enfrentar desde la Gran Guerra» 4,
Y su condición de símbolo y emblema del vigoroso paradigma anti-
fascista, que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial estaba suplan-
tando al previo paradigma anticomunista dominante en Occidente,
ha sido recientemente recordado por el escritor norteamericano Art-
hur Miller: «No hubo ningún otro acontecimiento tan trascendental
para mi generación en nuestra formación de la conciencia del mundo.
Para muchos fue nuestro rito de iniciación al siglo xx» 5,
Visiones míticas de guerra y posguerra
Habida cuenta de esa doble transcendencia histórica, cabe com-
prender la génesis durante el conflicto y la persistencia posterior
de un modelo de interpretación de la guerra civil española que se
articulaba sobre un esquema de dualismo tan épico como maniqueo:
un verdadero mito por su condición de relato de acción extraordinaria
bajo formato idealizado y sin perfiles contradictorios 6,
Espasa-Calpe, 1986, p. 14, Y TUÑóN DE LARA, M.: «Orígenes lejanos y próximos»,
en TUÑÓN DE LARA, M. (dir.): La guerra civil española. 50 años después, Barcelona,
Labor, 1985, p. 9.
4 Juicio confidencial de un alto funcionario del Foreign Office británico el 15
de agosto de 1936. Citado en MORADIELLOS, E.: La perfidia de Albión. El gobierno
británico y la guerra civil española, Madrid, Siglo XXI, 1996, p. 71.
5 MILLER, A.: «España, en los ojos de Inge Morath», ABC, 26 de octubre de
2002. Se trata de su discurso de aceptación del XXII Premio Príncipe de Asturias
de las Letras.
6 Decía ya en 1954 Hans-Georg GADAMER que, desde la Grecia clásica, «la
relación entre mito y lagos (razón)>> es «la que existe entre el pensamiento que
14 Enrique Moradiellos
Esta duradera representación conceptual de la guerra como un
combate heroico a vida o muerte entre dos bandos contendientes
(uno «bueno», el otro «malo») se apoyaba en la existencia de aquellas
«dos Españas» definidas por una línea de frente pero cuyo origen
era anterior a las propias hostilidades, según una variada fórmula
retórica acuñada en las décadas de entresiglos: la «España legal»
frente a la «España real»; la «España joven» frente a la «España
vieja», etc. 7 La simplificación dicotómica inherente a este esquema
de interpretación como gesta heroica y maniquea tenía mucho que
ver con las necesidades de movilización de cada bando combatiente
y resultaba de utilidad justificativa de cara a la retaguardia interior
tanto como al ámbito exterior. Así, al menos, lo había afirmado el
poeta José María Pemán, ferviente propagandista de la causa insur-
gente liderada por Franco: «Las masas son cortas de vista y sólo
perciben los colores crudos y decisivos: negro y rojo» 8.
Precisamente Pemán, ya en plena guerra civil, habría de ser uno
de los formuladores de la imagen dicotómica más extendida en el
bando franquista. Era una visión centrada exclusivamente en las
dimensiones nacionales y religiosas del conflicto y tomó cuerpo lírico
en su Poema de la Bestia y el Ángel (publicado en 1938). Aunque
el título ya fuera revelador, el cariz de esa interpretación dualista,
épica y maniquea se aprecia sobradamente en algunas estrofas del
mIsmo:
«San Jorge frente al dragón,
San Miguel frente a Satán.
e..)
No hay más: Carne o Espíritu.
No hay más: Luzbel o Dios» 9.
tiene que rendir cuentas y la leyenda transmitida sin discusión», de modo que «el
mito está concebido en este contexto como el concepto opuesto a la explicación
racional del mundo» (Mito y razón, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 14-27).
7 Sobre la génesis y formato de este esquema dicotómico véase CACHO Vw,
V.: «La imagen de las dos Españas», Revista de Occidente, núm. 60, Madrid, 1986,
pp. 49-77.
8 Citado en REIe TAPIA, A.: Memoria de la guerra civil, op. cit., p. 255. La
frase forma parte del libro El hecho y la idea de la Unión Patriótica, publicado en
1929.
9 PEMÁN, J. M.: Poema de la Bestia y el Ángel, Zaragoza, Jerarquía, 1938. Citado
en !\Ere TAPIA, A.: Memoria de la guerra civil, op. cit., pp. 201- 213 (citas textuales
Ni gesta heroica, ni locura trágica 15
Esa interpretación dicotómica no quedaba reducida a las pro-
clamas literarias de los propagandistas bélicos, ni mucho menos. For-
maba parte integral del universo mental de los círculos militares y
políticos que dirigían la insurrección y que conformarían la elite gober-
nante del incipiente régimen franquista. Baste un mero ejemplo para
demostrar la amplia extensión de esa cosmovisión de la guerra civil
como una contienda «por Dios y por España» frente a un enemigo
demonizado y apátrida (por estar al servicio del comunismo inter-
nacional y ser dirigido desde Moscú). El 13 de agosto de 1936,
el cardenal primado de la Iglesia española remitió a la Santa Sede
el que sería su primer informe reservado sobre la guerra en curso.
La sacralización del esfuerzo bélico franquista como Cruzada religiosa
y nacional estaba ya implícita en su descripción de ambos bandos:
«En conjunto puede decirse que el movimiento (insurrecciona!) es una
fuerte protesta de la conciencia nacional y del sentimiento patrio contra
la legislación y procedimientos del Gobierno de este último quinquenio,
que paso a paso llevaron a España al borde del abismo marxista y comunista.
(... ) Puede afirmarse que en la actualidad luchan España y la anti-España,
la religión y el ateísmo, la civilización cristiana y la barbarie» 10.
Frente a la interpretación insurgente, no tardó el bando repu-
blicano en elaborar su propia imagen alternativa sobre la naturaleza
del conflicto fratricida. Tendría el mismo formato dualista y análogos
tintes heroicos. Pero, a diferencia de los contornos nacionales y reli-
giosos predominantes en el enemigo, la lectura mayoritaria en la
zona republicana tendería a centrarse en aspectos clasistas y polí-
tico-ideológicos: la resistencia del «pueblo» frente a los «privilegia-
dos» y sus valedores extranjeros e «invasores»; la resistencia de los
«demócratas» y «antifascistas» frente a los «reaccionarios» y «fas-
cistas». Así, por ejemplo, cabría considerar que el poeta León Felipe
adelantó su réplica a Pemán en un artículo publicado en el diario
madrileño El Sol el 14 de noviembre de 1936:
en pp. 207 Y210-211), YRODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, J.: Literatura fascista e~pañola. Anto-
logía, Madrid, Akal, 1987, pp. 170-187.
10 RODRÍGUEZ AiSA, M.a L.: El cardenal Gomá y la guerra de España. Alpectos
de la gestión pública del Primado, 1936-1939, Madrid, csrc, 1981, pp. 19 Y 23.
16 Enrique Moradiellos
«Hay dos Españas: la de los generales bastardos y traidores y la de
los poetas hijos de la tierra y de la historia verdadera; la España de Franco
y la España de Machado. La de la hombría y la del señorito degenerado» 11.
y aunque las organizaciones políticas y sindicales hostiles a la
sublevación carecieran de la férrea unanimidad interpretativa de sus
enemigos, podría aceptarse que la siguiente declaración de José Díaz,
secretario general del Partido Comunista de España, hace justicia
a la interpretación predominante en sus filas a la altura de 1938:
«El punto de partida de la guerra que hoy se libra en España es la
sublevación de las castas reaccionarias, dirigidas por los generales traidores,
contra la enorme mayoría del pueblo que, basándose en la Constitución
y en la ley republicana, querían resolver de una vez y para siempre los
problemas de la revolución democrática» 12.
Estas visiones contrapuestas (ambas dualistas, épicas y maniqueas)
sobre el carácter de la guerra civil fueron intensamente divulgadas
durante las hostilidades y tuvieron una prolongada vida con pos-
terioridad, tanto en el plano del discurso público como en el ámbito
historiográfico. No en vano, el supuesto enfrentamiento entre dos
mitológicas Españas que habían combatido a muerte entre 1936 y
1939 servía para legitimar las opciones políticas y evitaba mayores
afanes críticos (sobre todo en relación con los defectos del propio
bando). Esa persistencia de la interpretación de la guerra civil como
una gesta heroica y maniquea fue particularmente intensa en el bando
franquista en razón de su victoria y de la duración del régimen político
triunfante. Basta comprobar, al respecto, la notable identidad de
dos publicaciones oficiales en dos momentos bien distintos: la Historia
de la Cruzada Española (dirigida por el periodista Joaquín Arrarás
y publicada en Madrid en ocho volúmenes por Ediciones Españolas
11 Reproducido por TUÑÓN DE LARA, M.: «Cultura y culturas. Ideologías y acti-
tudes mentales», en TUÑÓN DE LARA, M. (dir.): La guerra civil española, op. cit.,
pp. 303-304. Sobre dicho autor y la guerra véase el juicio de MArNER, J.-e.: «La
cultura», en TUÑÓN DE LARA, M. (dir.): La crisis del Estado: dictadura, república, guerra
(1923-1939), Barcelona, Labor, 1982, pp. 621-622. Cfr. SALAÜl\' , S.: «La expresión
poética durante la guerra de España», en HANREZ, M. (ed.): Los escritores y la guerra
de España, Barcelona, Monte Ávila, 1977, pp. 143-154.
12 Artículo publicado en Nuestra bandera en febrero de 1938, reproducido en
TUÑÓN DE LARA, M.: op. cit., p. 302.
Ni gesta heroica, ni locura trágica 17
entre 1939 Y 1943) Y la Síntesis histórica de la Guerra de Liberación
(publicada en Madrid por el Servicio Histórico Militar en 1968).
Por el contrario, la intensidad de las divisiones internas en el
bando derrotado y la fragmentación geográfica del exilio crearon
dificultades insalvables para conformar una visión unitaria del fenó-
meno bélico más allá de su mínima condición de «guerra antifascista».
Así se comprueba, por ejemplo, en el contenido de tres versiones
casi antitéticas: la del presidente Manuel Azaña (recogida en sus
artículos de 1939 publicados más tarde como Causas de la guerra
de España); la del dirigente anarquista Abad de Santillán (Por qué
perdimos la guerra. Una contribución a la historia de la tragedia española)
de 1940), y la historia «oficial» del PCE dirigida por Dolores Ibárruri
(Guerra y revolución en España) aparecida entre 1966 y 1977) 13.
En el caso franquista, la persistencia inalterada de la visión dualista
fue producto de la imposición de una férrea censura militar en el
tratamiento de lo que se denominó oficialmente la «Guerra de Libe-
ración» (contra el Comunismo) o «Cruzada Española» (contra el
ateísmo). El decreto de 23 de septiembre de 1941 sobre las «Obras
referentes a la Guerra de Liberación o su Preparación» afirmaba
que «estando tan reciente la terminación de la campaña, pudiera
suceder que, al enjuiciar, se desvirtuase la significación del Movi-
miento Nacional o padeciese la verdad histórica». Por eso se disponía:
«Artículo 1. Las entidades y personas civiles y militares, autores, edi-
tores o traductores de obras en las que se trate de la campaña de nuestra
Cruzada, o que en cualquier forma o extensión se refieran al aspecto militar
o preparación de la misma, la someterán a la previa autorización del Ministerio
del Ejército, sin perjuicio del cumplimiento de las disposiciones que regulan
toda clase de publicaciones» 14.
Habría que esperar hasta 1964 para que esa estricta vigilancia
militar sobre las interpretaciones históricas de la guerra fuera eli-
minada como parte del programa de apertura tecnocrática auspiciado
por Manuel Fraga desde el Ministerio de Información y Turismo.
Al mismo tiempo, también se creaba en dicho ministerio una «Sección
13 AzANA, M.: Causas de la guerra de España, Barcelona, Crítica, 1986; ABAD
DE SANTILLÁN, D.: Por qué perdimos la guerra. Una contribución a la historia de la
tragedia eJpañola, Buenos Aires, Imán, 1940, e IBÁRRuRI, D. (dir.): Guerra y revolución
en España, 4 vals., Moscú, Progreso, 1966-1977.
14 Boletín Oficial del Estado, 24 y 25 de septiembre de 1941.
18 Enrique Moradiellos
de Estudios de la Guerra de España» dirigida por un funcionario
muy prolífico: Ricardo de la Cierva. Las publicaciones de la nueva
entidad comenzaron a utilizar el más aséptico vocablo de «guerra
de España» con preferencia a «Cruzada» y «Guerra de Liberación»,
pero sin admitir inicialmente el de «guerra civil» por su connotación
de equidad entre combatientes y reconocimiento de fractura interna
del propio país 15.
Ambas medidas «aperturistas» trataban de responder a las deman-
das del nuevo perfil de la visión de los españoles sobre la contienda
civil, muy transformada por los cambios socioeconómicos que estaba
experimentando la sociedad durante el decenio «desarrollista». De
hecho, por entonces un nuevo modelo interpretativo estaba suplan-
tando a la imagen de la gesta heroica y maniquea. Se trataba de
una concepción igualmente dualista en formato (seguían presentes
las dos «Españas») pero que concebía el conflicto como una «tragedia
colectiva» vergonzosa. Era una visión de la guerra civil como inmensa
«locura» y rotundo «fracaso» de todos los españoles (<<Todos fuimos
culpables»), sin claros tintes heroicos que loar y con muchos com-
ponentes trágicos que lamentar.
Por supuesto, la transición desde el mito de la gesta heroica
al mito de la locura trágica fue progresiva y quizá nunca completa
(pues no desterró la supervivencia de los mitos iniciales en ámbitos
minoritarios). Pero sus orígenes son perceptibles ya en los años cin-
cuenta con la publicación (y el éxito) de la novela de José María
Gironella Los cipreses creen en Dios (1953), que versaba sobre los
antecedentes de la contienda y mostraba (hecho insólito) la existencia
de republicanos honestos: «fue el primer novelista que planteó el
sentimiento de la guerra como una gran catástrofe» (Fernando García
de Cortázar) 16. Igualmente resulta perceptible ese nuevo discurso
en la adopción por el PCE en 1956 de la política de «reconciliación
nacional» para derribar el franquismo «pacíficamente». Justo en aquel
año, testigo de una de las primeras crisis internas del régimen, también
15 Véanse los testimonios de Fraga y La Cierva recogidos en ACUILAR FERNÁNDEZ,
P.: Memoria y olvido de la guerra civil, op. cit., pp. 184-185 Y 196. Cfr. PRESTON,
P.: «La historiografía de la guerra civil española: de Franco a la democracia», en
DE LA GRANJA, J. L.; REIG TAPIA, A, Y MlRALLES, R. (eds.): Tuñón de Lara y la
historiografía española, Madrid, Siglo XXI, 1999, pp. 161-174.
16 Juicio efectuado con motivo del fallecimiento del escritor. Recogido en ABe
(Madrid) y Hoy (Cáceres), 4 de enero de 2003.
Ni gesta heroica) ni locura trágica 19
la minoritaria oposición demócrata-cristiana expresaba su voluntad
de «dar al olvido esa catástrofe, a cuyo fin se esforzará por borrar
todo recuerdo de la contienda». Al año siguiente, era el PSOE quien
reconocía que las nuevas generaciones de España guardaban «remoto
recuerdo» de aquella «inútil matanza fratricida». Como haría también
en 1959 la selecta oposición monárquica: «creemos que una guerra
civil es una inmensa tragedia sobre la que no cabe fundar el porvenir»
(Joaquín Satrústegui) 17.
La decisiva consecuencia política, a la altura de los años sesenta,
de esa mayoritaria conversión popular de la gesta heroica en una
locura trágica fue el eclipse de los rencores del pasado en favor
de una básica lección moral para el futuro: «Nunca más la guerra
civil» (o lo que es lo mismo: «Ante todo, paz»). Se trataba de una
transformación de principios de cultura cívica (al compás del reem-
plazo biológico generacional) que renunciaba a la inculpación ajena
para reconocer la culpabilidad colectiva del comportamiento brutal
de los españoles. El consecuente propósito de enmienda implicaba
cierta amnesia en la medida en que el perdón recíproco exige el
olvido voluntario y, en su corolario lógico, la amnistía. Una muestra
clara de esa nueva actitud popular se refleja en el éxito del «cine
de reconciliación», en el que se enmarcan películas como La venganza)
de Juan Antonio Bardem (1957), o Tierra de todos) de Antonio Isasi
Isasmendi (1961) 18.
Si fuera preciso cuantificar el grado de implantación popular de
esa nueva visión trágica y doliente de la guerra, cabría recurrir al
apoyo recibido por el decreto de marzo de 1969 que declaraba pres-
critos «los delitos cometidos con anterioridad a la fecha del 1 de
abril de 1939»: de los 1.953 encuestados por el Instituto de Opinión
Pública, un 77 por 100 lo consideraba «muy bien» o «bien», sólo
un 6,5 por 100 lo veía «regular» o «ma1», en tanto que un mero
14,4 por 100 optaba por no opinar 19. Como han señalado numerosos
17 Las declaraciones comunistas y socialistas en MALERBE, P. c.: La oposición
al franquismo, Oviedo, Naranco, 1977, p. 108, YJULIÁ, S.: «Discursos de la guerra
civil española», arto cit., p. 44. Las proclamas democristianas y monárquicas en TUSELL,
]., y CALVO, ].: Giménez Fernández, precursor de la democracia, Sevilla, Mondadori,
1990, p. 268, YBrEscAs, J. A., y TUÑÓNDE LARA, M.: España bajo la dictadura franquista,
Barcelona, Labor, 1982, p. 336.
IR En palabras de GUBERN, R: 1936-1939. La guerra de España en la pantalla,
Madrid, Filmoteca Nacional, 1986, pp. 118-130.
19 Reproducido en AGUILAR FERNÁNDEZ, P.: Memoria y olvido de la guerra civil,
op. cit., pp. 147-148.
20 Enrique Moradiellos
autores, en esa lección moral sobre la culpabilidad colectiva en la
locura trágica se encontraban los orígenes culturales y antecedentes
sociales de la operación política de desmantelamiento del régimen
franquista y transición pacífica hacia la democracia que se pondría
en marcha tras el fallecimiento del general Franco en 1975 2°.
Orígenes y desarrollo de la perspectiva historiográfica
El valor moral y utilidad funcional durante la transición de esa
lección histórica implícita en el «Nunca más» resultan incontestables.
Sin embargo, cabe subrayar que en sus presupuestos y formato seguía
siendo una manera de tratar el problema histórico real de modo
mitificado y distorsionado. En todo caso, y no es coincidencia, justo
a principios de la década de los años sesenta comenzaba a desplegar
su vuelo una nueva historiografía sobre la guerra civil más rigurosa
y menos lastrada por el compromiso político (ya fuera «antifascista»
o «anticomunista»). Por razones evidentes de libertad de expresión
y libre acceso a fuentes informativas, lo haría desde el extranjero:
la primera edición de 1963 del conocido «manual» de historia de
España de «Ubieto, Reglá, Joven> terminaba su periplo justo en
1931 21 . Yel impacto de esta nueva historiografía en España (y fuera
de ella) habría de llevar a las citadas modificaciones sobre censura
militar y esfuerzo aperturista.
No sería justo desconocer que las perspectivas historiográficas
inauguradas en la década de los sesenta contaban con dos ante-
cedentes inmediatos e influyentes. Por un lado, El laberinto español)
la obra del escritor británico Gerald Brenan publicada en 1943 y
oportunamente traducida al español en París por Ruedo Ibérico en
1962. Cualesquiera que fueran sus carencias, el trabajo suponía una
ruptura con la literatura previa sobre el tema por su búsqueda de
explicaciones inmanentes sobre la contienda, apelando a una variedad
20 A título ilustrativo baste mencionar dos ejemplos: LÓPEZ PINTOR, R.: La opinión
pública española: del franquismo a la democracia, Madrid, Centro de Investigaciones
Sociológicas, 1982, y JULIÁ, S.: «Orígenes sociales de la democracia en España»,
en REDERO, M. (ed.): La transición a la democracia en España, número monográfico
de la revista Ayer, núm. 15, Madrid, 1994, pp. 165-188.
21 VBIETO, A.; REGLÁ, J., Y JOVER, J. M.a: Introducción a la historia de España,
Barcelona, Teide, 1963.
Ni gesta heroica) ni locura trágica 21
de datos económicos y sociales y huyendo de los estereotipos sobre
la violencia innata de los españoles 22. El segundo antecedente cabría
encontrarlo en la más breve pero no menos enjundiosa Historia de
España del hispanista francés Pierre Vilar. Su obra, que contenía
un capítulo sobre «las crisis contemporáneas», fue publicada ori-
ginalmente en 1946 y sería traducida al español, también en París,
sólo un año más tarde que la de Brenan.
Sin embargo, no cabe duda de que el punto de arranque de
esa nueva historiografía sobre la contienda española fue la aparición
del libro La guerra civil española firmado por el hispanista británico
Hugh Thomas, publicado en inglés y francés en el año 1961. Tra-
ducido al español seis años después, el estudio era una minuciosa
crónica del conflicto escrita desde perspectivas liberal-democráticas
y con propósito de imparcialidad respecto de las pasiones partidistas
aún vigentes. En consonancia con el empirismo definitorio de la
historiografía británica, el libro, con estilo narrativo y apoyatura en
literatura testimonial y fuentes hemerográficas, presentaba el fenó-
meno bélico como resultado de acciones y omisiones de hombres,
grupos políticos y organizaciones sociales y no como un fenómeno
exigido por la evolución orgánica de estructuras históricas anónimas.
En gran medida, esas cualidades le proporcionaron el enorme éxito
de audiencia que no tuvieron otras dos obras aparecidas en el mismo
año: el estudio de los hispanistas franceses Pierre Broué y Émile
Témime, La Revolution et la Guerre dJEspagne (una visión más ana-
lítico-estructural de compromiso político filo-trotskista), y el trabajo
del hispanista galés Burnett Bolloten, The Grand Camouflage. The
Communist Conspiracy in the Spanish Civil War (un análisis filoa-
narquista y antisoviético sobre las actividades comunistas en la
guerra) 23.
22 Sobre la importancia de Brenan véanse GUERRERO, A. c., y MATEOS, A.:
«Algunas notas sobre el hispanismo británico. Del Laberinto español de Brenan al
Franco de Preston», Spagna Contemporanea, núm. 8, Turín, 1995, pp. 133-147;
CENARRO, Á.: «Tradición y renovación: los historiadores británicos ante la España
contemporánea», Historia contemporánea, núm. 20, Bilbao, 2000, pp. 65-101, YMORA-
DIELLOS, E.: «El espejo distante: España en el hispanismo británico contemporaneísta»,
Revista de Extremadura) núm. 24, Cáceres, 1997, pp. 7-38.
23 Sobre la historiografía de la guerra civil, aparte de la contribución de Preston
citada, contamos con varios balances. Cabe destacar las contribuciones de M.a C.
GARcÍA-NIETO, M. ALPERT y Á. VIÑAS recogidas en el volumen editado por TUÑÓN
DE LARA, M.: Historiografía española contemporánea) Madrid, Siglo XXI, 1980. El
22 Enrique Moradiellos
A partir de esas tres obras señeras de 1961, la producción sobre
la guerra civil a cargo de historiadores extranjeros (o de algún exiliado
español) no dejó de crecer a lo largo de la década, con contribuciones
generalistas tanto como monográficas de gran alcance y transcen-
dencia para la conceptualización del fenómeno bélico: Dante A. Puzzo
(Spain and the Great Powers) 1962), Carlos M. Rama (La crisis española
del siglo xx) 1962), Herbert R. Southworth (El mito de la Cruzada
de Franco) 1963), Gabriel Jackson (The Spanish Republic and the Civil
War) 1965), Raymond Carr (Spain) 1808-1939) 1966), Manuel Tuñón
de Lara (La España del siglo xx) 1966), Stanley G. Payne (Politics
and the Military in Modern Spain) 1967), César M. Lorenzo (Les
anarchistes espagnols et le pouvoir) 1969) o Edward Malefakis (Agrarian
Reform and Peasant Revolution in Spain) 1970).
Como era previsible, esa hegemonía de la producción historio-
gráfica extranjera (sobre todo, anglo-norteamericana) sobre la guerra
civil empezó a remitir a medida que la crisis de la dictadura franquista
permitía a los historiadores españoles ajenos al régimen adentrarse
en el «desierto inexplorado» de ese período y en sus antecedentes
(la Segunda República) y consecuentes (la dictadura de Franco) 24.
Basta comprobar esa renuncia obligada a abordar el tema atendiendo
al número (dos de nueve) y filiación (franquista) de los únicos cola-
boradores españoles que participaron en una importante obra dirigida
por el hispanista británico Raymond Carr y publicada en un año
clave del tardo-franquismo: Estudios sobre la República y la guerra
civil española (1973). y cabe recordar que, dos años antes, las auto-
ridades franquistas habían retirado de la circulación un libro oficial
titulado El Banco de España. Una historia económica. El motivo era
que en él se incluía una colaboración de Juan Sardá sobre la economía
española entre 1931 Y 1962 en la que había una referencia sobre
el uso del oro en la guerra totalmente inaceptable (por ir contra
cincuentenario produjo nuevas evaluaciones contenidas en la obra coordinada por
ARÓSTEGUI, J.: Historia y memoria de la guerra civil, 3 vols., Valladolid, Junta de
Castilla y León, 1988. Más reciénte es el estudio de BLANCO, J. A.: «Veinte años
de historiografía de la guerra civil española, 1975-1996», en Bibliografías de Historia
de España. La guerra civil, 1936-1939, 2 vols., Madrid, CSIC-CINDOC, 1996. Un
sumario repaso de su impacto exterior en MORADIELLos, E.: El reñidero de Europa.
Las dimensiones internacionales de la guerra civil española, Barcelona, Península, 2001,
pp. 289-298.
24 Palabras de CASANOVA, J.: «Guerra civil, ducha de clases?: el difícil ejercicio
de reconstruir el pasado», Historia social, núm. 20, Valencia, 1994, pp. 135-150.
Ni gesta heroica, ni locura trágica 23
el mito del «oro de Moscú» dilapidado por los republicanos): «el
tesoro español entregado a la URSS fue efectivamente gastado en
su totalidad por el Gobierno de la República durante la guerra»
(p. 436).
Sin duda, un hito claro en este proceso de recuperación his-
toriográfica del tema por autores españoles no vinculados al régimen
fue la autorización gubernativa para que se publicara el libro del
economista (y dirigente comunista) Ramón Tamames, que abarcaba
el período titulado (asépticamente): La República. La era de Franco
(1973). Ese mismo año y el siguiente veían la luz otras tres obras
relevantes sobre el período bélico, ambas relativas a materias suma-
mente «sensibles» para la ideología franquista, que se convertirían
en canónicas: un trabajo del historiador económico ]osep María Bricall
que abordaba la gestión autonómica en la Cataluña republicana en
guerra (Política económica de la Generalitat) 1973); una enciclopédica
investigación de un excombatiente franquista, Ramón Salas Larra-
zábal, sobre el ejército republicano (Historia del Ejército Popular de
la República) 1973), y un análisis de otro historiador económico,
Angel Viñas, sobre la ayuda hitleriana a la sublevación franquista
(La Alemania nazi y el 18 de julio) 1974).
Por supuesto, el final de la dictadura y el restablecimiento de
la democracia a partir de 1975 permitió un cambio sustancial en
la situación. A partir de entonces, y sobre todo en torno al sexenio
1981-1986 (marcado por la celebración de dos cincuentenarios: el
de la proclamación de la República y el del comienzo de la guerra
civil), se produjo una eclosión, cuantitativa tanto como cualitativa,
en la producción historiográfica sobre la guerra civil.
N o es éste el lugar ni el momento de hacer repaso a esa bibliografía
ni de ponderar sus logros (o acaso defectos). Baste señalar que dicha
expansión sólo fue posible gracias a las nuevas condiciones socio-
políticas imperantes (con la correlativa democratización de estructuras
universitarias, ampliación de recursos financieros y patrocinio de
diversas instituciones autónomas) y por el firme respaldo prestado
por tres fenómenos previos. El primero, la configuración de una
difusa «escuela» en torno a Manuel Tuñón de Lara, legataria inte-
lectual de los coloquios de la Universidad de Pau y concentrada
en el análisis de los años treinta (uno de cuyos frutos fue la publicación
del libro, editado por Tuñón, La guerra civil. 50 años después) 1985).
El segundo, la afloración de una nueva generación de historiadores

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