Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación

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Conflicto Social 
Revista del Programa de Investigaciones sobre Conflicto Social 
ISSN 1852-2262 - Vol. 9 N° 15 - Enero a Junio 2016 – pp. 213-232 
http://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/CS 
Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los 
medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de 
ocultamiento en la representación global. 
Rwandan genocide. The role of the West and the media in the local production  
of events and practices of concealment in global representation.   
 
Daniela Celeste Ambrosi * 
 
Recibido: 27 de octubre de 2015  
Aceptado: 8 de abril de 2016  
 
 
Resumen: El presente artículo pretende problematizar el genocidio de Ruanda 
perpetrado hacia fines del siglo XX en el África Central desde una 
perspectiva antropológica socio-histórica, haciendo uso de diversas fuentes 
bibliográficas. En ese sentido, se focalizará en primer lugar en el análisis de 
la especificidad de las relaciones entre los tutsis y hutus construidas desde 
antes y durante la colonización europea. En segundo lugar, se pretende 
abordar las transformaciones políticas e implicancias en dichas relaciones a 
partir de la descolonización. Finalmente, se analizará la trasmisión 
construida, por parte de los medios masivos de comunicación locales y 
estadounidenses, de las masacres entre los hutus y tutsis acaecidas en 
1994. 
Palabras 
clave: Genocidio en Ruanda; Tutsis-Hutus; medios de comunicación; Occidente. 
  
Abstract: This article aims to problematize the Rwandan genocide perpetrated by the 
end of the twentieth century in Central Africa from a socio- historical 
anthropological perspective and using various literature sources. In that 
sense, it will focus primarily on the analysis of the specificity of relations 
between Tutsis and Hutus built before and during European colonization. 
Secondly, it aims to address the political transformations in these 
relationships and implications from decolonization. Finally, the built 
transmission will be analyzed by the local mass media and American media, 
massacres between Hutus and Tutsis that occurred in 1994. 
      
Keywords: Genocide in Rwanda; Tutsi - Hutu; Media; West. 
1
                                                          
* Consejo de Investigaciones en Ciencia y Técnica (CONICET) / Undav - Universidad Nacional de La Plata, Argentina.  
   Correo electrónico: celeste_ambrosi@hotmail.com 
Daniela Celeste Ambrosi  
Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
Conflicto Social 
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Introducción 
 
En el largo siglo XX… 
 
El presente artículo pretende problematizar el genocidio de Ruanda 
perpetrado hacia fines del siglo XX en el África Central desde una perspectiva 
antropológica socio-histórica, recuperando para eso el entramado holístico y 
relacional de las múltiples dimensiones globales y particulares implicadas en 
dicho acontecimiento desde un posicionamiento con énfasis en los actores 
partícipes y contra una visión eurocéntrica. 2Si bien diversos autores coinciden 
en que el genocidio ruandés duró aproximadamente tres meses, la mayoría de 
ellos se retrotraen a años previos para comprender su emergencia, por lo cual 
se propone partir de una descripción del genocidio inscripto en un proceso 
espacio-temporal extenso, 3como una manera de desnaturalizar la construcción 
de dichos acontecimientos en los medios de comunicación en términos de 
“conflictos tribales ancestrales”, y de reubicar la producción local de los actos 
en una escala más amplia con activa participación de Occidente, sin por eso 
dejar de lado el contexto africano. 
Haciendo uso de fuentes bibliográficas, se focalizará en primer lugar, en 
el análisis de especificidad de las relaciones entre los tutsis y hutus construidas 
desde antes y durante la colonización europea. En segundo lugar, me centraré 
en las transformaciones políticas e implicancias en dichas relaciones a partir de 
la descolonización. Finalmente, me abocaré a la trasmisión construida, por 
parte de los medios masivos de comunicación locales y estadounidenses, de 
las masacres entre los hutus y tutsis acaecidas en 1994. 
 
                                                          
2Amin, S. (1989);El eurocentrismo. Crítica a una ideología. México: Siglo XXI.  
3Chabal, P. (2007); Las políticas de la violencia y conflicto en el África contemporánea. En Revista Académica de 
Relaciones Internacionales, N° 6, Universidad Autónoma de Madrid. 
 
Daniela Celeste Ambrosi  
Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
Conflicto Social 
Revista del Programa de Investigaciones sobre Conflicto Social 
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Colonizaciones desde una perspectiva periférica: 
África en general y Ruanda en particular 
 
La era imperial y de las catástrofes 
La colonización europea en el Viejo Continente, consumada con el “reparto” de 
África en el S. XIX, fue la última en producirse respecto a los otros 
continentes4—casi al tiempo que en América Latina concluía el proceso de 
descolonización— con la idea de “civilizar” a los “salvajes” africanos, 
negándoles en consecuencia el estatus de ciudadano, aunque en muchos 
casos contando con su complicidad. 5 Por aquel entonces, África ingresó en 
términos desiguales a la división internacional del trabajo no sólo como 
proveedora de materias primas —como marfil, café, diamantes— sino también 
de mano de obra bajo la “economía de trata”. 6Como lo expresa Eric 
Hobsbawm respecto a los países dependientes de las grandes metrópolis, se 
puede observar cómo  
la historia del mundo no occidental durante el siglo XX está 
determinada por sus relaciones con los países que en el siglo XIX se 
habían erigido en los “señores de la raza humana”… La posición que 
se les reservaba en el mercado mundial era la de suministradores de 
productos primarios y la de destinatarios de las inversiones. 7 
Ruanda, por su parte, habitada por tutsis, hutus y twa —grupos presentes 
en ese país mucho antes de que llegaran los europeos—, fue colonizada hacia 
1897 por Alemania hasta después de la Primera Guerra Mundial, en que pasó 
a ser administrada por Bélgica, 8de la que se independizó en 1962. Las formas 
                                                          
4Amin, S. (1972); Subdesarrollo y dependencia del África negra, los orígenes históricos y las formas contemporáneas. 
En Barry, B; Le royaume du Waalo. Le Sénégal avant la conquête coloniale (Ficha de cátedra; Historia de la 
colonización y de la descolonización; Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras;  Buenos Aires); 
M’bokolo, E. (1997). La agonía de una dictadura. En Revista Le Monde Diplomatique. Julio de 1997. (Traducción de la 
cátedra de Historia de Asia y África Contemporáneas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras); 
M’bokolo, E. (2000); El África central. En M’bokolo, E. (1985). L’Afrique au XXe. siécle. París: Seuil (Ficha de 
cátedra; Historia de Asia y África Contemporáneas; Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras). 
5Mamdani, M. (1998); Ciudadano y súbdito. El legado del colonialismo en el África contemporánea. México: Siglo XXI; 
Campos Serrano, A (2006). Política poscolonial al sur de Sahara; en Alberdi, J et al. África en el horizonte. Introducción 
a la realidad socioeconómica del África Subsahariana. Madrid: De la Catarata.  
6Amin, S. (1972), op.cit. 
7Hobsbawm, E. (1995); El Siglo XX. Barcelona: Crítica; pp. 204 y 208. 
8Coello, I. (2002); Justicia popular en Ruanda. En Revista Papeles de Cuestiones Internacionales N° 80, pp. 105-114. 
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Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
Conflicto Social 
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de dominación políticas, económicas y culturales implementadas oscilaron 
entre la imposición de gobiernos con modalidades de intervención directas e 
intervenciones indirectas9. En ese sentido, cabe destacar que la particularidad 
de la historia de Ruanda se inscribe en un proceso espacial y temporal mucho 
más amplio que incluye las colonizaciones de América, África y Asia. 10 
”Tribalismos” occidentales en la construcción 
de las relaciones políticas entre tutsis y hutus 
 
Para hablar sobre las relaciones sociales identitarias en Ruanda diversos 
autores como Newbury, 11M´Bokolo, 12y Mamdani, 13destacan que el país está 
habitado por un solo pueblo, el de los banyaruanda, pero dividido en tres 
grupos: los tutsis (14%), los hutus (85%) y los twa (1%). Dichos autores 
además coinciden en desligar a esos grupos de connotaciones étnicas, raciales 
o tribales atribuidas por los gobiernos y la cosmología occidentales, para más 
bien situarlos en un contexto de producción de relaciones cambiantes de 
acuerdo a los procesos de poder estatal internos y externos intervinientes a lo 
largo de la historia en general y de Ruanda en particular. Contra esa 
perspectiva que implica apelar a una comprensión de las relaciones identitarias 
en un sentido sociocultural, 14el genocidio ruandés de 1994, como veremos 
más adelante, aparece en los medios informativos internacionales —la CNN, 
por ejemplo— como un conflicto “tribal” y de odios ancestrales entre facciones 
étnicas fundado en tiempos remotos. 15 Desde esa perspectiva, no hay que 
dejar de lado la importancia que los nuevos medios de comunicación vienen 
teniendo en las últimas décadas en la construcción de la información y la 
formación de opiniones, dado que, como lo describe Said, los mismos tienen el 
                                                                                                                                               
Newbury, C. (1995); Background del genocidio: Rwanda;en Issue. A journal of opinión. Vol. XXIII/2 (Traducción de 
cátedra; Historia de Asia y África Contemporáneas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras) 
9Mamdani, M. (1998); op. cit. 
10Lander, E. (2002); Saberes coloniales y eurocéntricos. En Lander, E (comp).La colonialidad del saber: eurocentrismo 
y ciencias sociales. Buenos Aires:Clacso. 
11Newbury, C (1995); op.cit. 
12M’bokolo, E (1997); op.cit. 
13Mamdani, M (1998); op.cit. 
14Cuché, D. (2007);La noción de cultura en las ciencias sociales. Buenos Aires: Editorial Nueva Visión. 
15Lemarchand, R. (1995); Ruanda, la racionalidad del genocidio. En Issue. A journal of opinión. Vol. XXIII/2(Traducción 
de cátedra; Historia de Asia y África Contemporáneas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras). 
Daniela Celeste Ambrosi  
Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
Conflicto Social 
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poder de penetrar con mayor profundidad en una cultura “receptora” que 
cualquier otra manifestación anterior a la tecnología occidental. 16 
A diferencia de lo anterior, diversos estudiosos como Mamdani17 y Coello, 
18argumentan que las relaciones entre los tutsis y hutus no siempre fue como 
los medios de comunicación presuponían. Siguiendo a Campos Serrano19 
también podemos pensar que la interpretación de esas emergencias violentas 
como “ancestrales” se debe a un déficit histórico donde los acontecimientos, en 
vez de suceder en un presente permanente —en que los conflictos armados se 
explican como una repetición de esquemas y relaciones atemporales—, son 
cristalizados en un pasado ahistórico, apolítico, 20como si se tratara de un mito 
fundacional que se explica a sí mismo, desligado de los procesos cotidianos 
producidos por el entramado de relaciones entre actores locales y globales. 
Contrario a esas visiones que se retrotraen a tiempos remotos, según 
Mamdani21 esos “odios ancestrales” se configuraron con la intromisión política, 
económica y social de las potencias extranjeras desde que sucediera la 
colonización de Ruanda, dado que desde por lo menos tres siglos atrás estos 
dos grupos —tutsis y hutus— tenían una historia larga y amplia de concertación 
de matrimonios cruzados. 
En esa dirección, en un comienzo fue la colonización de Alemania, que 
propició la dominación de la minoría tutsi sobre los hutus, otorgándoles a los 
primeros participación en el poder gubernamental y en la educación. Luego la 
potencia colonizadora fue Bélgica pero sólo hasta la década de 1950 cuando 
ésta vira su apoyo hacia los hutus ante la inminencia de la descolonización. 
Como lo expresa Mamdani, 
                                                          
16Said, E. (1996);Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama. p. 450. 
17Mamdani, M. (1998); op.cit. 
18Coello, I. (2002); op. cit. 
19Campos Serrano, A. (2006); op. cit.  
20Chabal, P. (2007); op. cit. 
21Mamdani, M. (1998); op. cit. 
Daniela Celeste Ambrosi  
Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
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con las reformas coloniales de la década de 1920, estas identidades 
fueron congeladas por ley mediante el otorgamiento de un pase 
identitario donde cada persona era clasificada en tutsi o hutu, de 
modo que pasaron a estar reforzadas políticamente. 22 
Desde esa lógica, tutsi quedó referenciado al poder y hutu cristalizado en 
la categoría de súbdito, y si bien ambos grupos estaban en la misma situación 
en cuanto eran sujetos colonizados, lo tutsis quedaron definidos como “una 
raza” sin derechos cívicos, mientras que los hutus fueron considerados como 
un grupo “étnico” bajo el mando de jefes tutsis, 23 ambas formas calificativas 
occidentales de nominar al Otro, descalificándolo al mismo tiempo.24 
La descolonización de Ruanda y las nuevas formas de imperialismo  
La era dorada y del declive 
Durante la colonización belga, los tutsis siguen con un posicionamiento 
que les permitía tener acceso al poder político, mientras que los hutus 
quedaron excluidos del mismo. Sin embargo, con el proceso de 
descolonización y movimientos por la independencia que se venían 
desplegando en Ruanda encabezado por un grupo de hutus radicales, el 
gobierno de Bélgica reorienta su apoyo hacia los hutus. 
En un contexto más global y en sintonía con Campos Serrano, cabe 
destacar que en el proceso de descolonización se articularon diversos factores 
y actores locales e internacionales, como las transformaciones en el sistema de 
poder internacional que siguió a la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de 
numerosos movimientos sociales en África. 25 Por otro lado, en 1960 la 
Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la resolución 1514 que 
califica al colonialismo como una forma de gobierno ilegítimo y reconoce el 
                                                          
22Mamdani, M. (1998); ¿Cuándo se convierte un settler en nativo? Reflejos de las raíces coloniales de la ciudadanía en 
África ecuatorial y Sudáfrica; Conferencia inaugural del Centre for African Studies, University of Cape Town, Education 
Building, Middley campus; miércoles 13 de mayo de 1998 (Traducción de cátedra; Historia de Asia y África 
Contemporáneas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. s/p.  
23Mamdani, M. (1998); op. cit. 
24Lander, E. (2000); op. cit.  
25Campos Serrano, A (2006); op. cit. 
Daniela Celeste Ambrosi  
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derecho a la libre autodeterminación de los pueblos. En ese sentido, a pesar de 
que Estados Unidos había intentado participar activamente en la colonización 
de los continentes hacia finales del siglo XIX, será durante el siglo XX cuando 
pondrá en marcha un “sistema más abierto de imperialismo sin colonias”. 26 
Sintetizando, luego de la Segunda Guerra Mundial, presenciamos la 
emergencia del imperialismo norteamericano como una nueva hegemonía 
política, económica, ideológica y cultural a escala global. 27Sin embargo, como 
afirma Anthony Smith, citado por Edward Said,  
estamos empezando a aprender que la descolonización y el auge de 
los supranacionalismos no supusieron el fin de las relaciones 
imperiales sino, simplemente, la extensión de la telaraña geopolítica 
que se ha estado urdiendo desde el Renacimiento. 28 
 
En el África post-colonial, como manifiesta Campos Serrano, se 
producirá una diversidad de situaciones violentas, muchas veces favorecidas 
por la complicidad de las ex-colonias con los gobiernos locales. 29 Así, se 
propiciarán golpes de Estado y dictaduras militares en Kenia, rebeliones como 
en la ex Zaire —actualmente Congo—, conflictos como los de Angola, Somalia, 
Sudán y el genocidio de Ruanda. Asimismo, la dependencia política y 
económica de los países del continente africano —muchos de los cuales 
respetaron las demarcaciones fronterizas heredadas de la época colonial— 
continuará aún luego del proceso de descolonización, por lo que, si bien a fines 
de la década de 1960 ésta se había concretado en gran parte de los territorios 
colonizados, el desarrollo nacional, político y económico no se alcanzaría 
nunca en los países del tercer mundo. 30 
                                                          
26Harvey, D. (2007);Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal. 
27Filkielkraut, A. (1982); La nueva derecha norteamericana. Barcelona: Anagrama.    Wallerstein, I (1996). Después del 
liberalismo. México: Siglo XXI.  
28Said, E. (1996); op. cit. p. 450 
29Campos Serrano, A. (2006); op. cit.  
30Wallerstein, I. (1996); op. cit.  
Wesseling, H. (1999); Divide y vencerás. El reparto de África (1880-1914). Barcelona: Península. 
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Campos Serrano dirá que “la dependencia es por tanto una 
característica de la inserción del continente en el sistema mundial, pero 
también una estrategia de supervivencia de los gobernantes africanos”31dado 
que éstos utilizarán su posición intermediaria con las potencias extranjeras 
como instrumento político y económico para obtener beneficios y participar en 
el poder local. La relación desigual que se irá configurando entre los Estados 
centrales fuertes y los Estados periféricos débiles conducirá a una situación  en 
la cual los primeros controlan las condiciones de acumulación y dominio del 
capital a nivel global y los últimos sólo garantizan la dominación política interna 
de las clases, sin controlar la acumulación local. En ese sentido, los países 
periféricos se transformarán en 
instrumento del ajuste de la sociedad local a las exigencias de la 
acumulación mundializada, que está determinada en sus direcciones 
de evolución por la de los centro desarrollados. El subdesarrollo de 
unos países es producto del desarrollo de los otros. 32 
En ese contexto de nuevas formas imperiales, ¿qué sucedió con las 
relaciones identitarias en Ruanda? Mientras avanzaban las negociaciones en 
Bélgica para concretar la independencia y se redefinía el antiguo sistema de 
dominación internacional, una parte de los hutus consiguieron organizarse en 
una contra-elite integrada por hutus radicales, quienes encabezan la 
“revolución del 59”, adquieren posiciones de poder con el apoyo del gobierno 
belga y reclaman para sí como prioridad los puestos estatales y educativos. 
Ese año estalla una guerra civil que provoca el comienzo de numerosas 
matanzas de tutsis, además de la migración de miles de ellos hacia países 
limítrofes como Uganda. La independencia recién se realizaría en 1962. 33 
 
 
                                                          
31Campos Serrano, A (2006); op. cit. P. 67 
32Amin, S. (1989); op. cit. P. 201 
33Mamdani, M. (1998); op. cit. 
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La diáspora de los Tutsis. 
Líderes políticos hutus en la planificación de las matanzas masivas. 
 
¿Globalismos localizados o localismos globalizados? 
Autorescomo Lemarchand,Newbury, Gourevitch y Power34 citando fuentes 
documentales, describen cómo las masacres de 1994 en Ruanda fueron 
previamente planificadas desde el gobierno por los servicios de seguridad 
presidencial. Newbury expresa además que “en esta comunidad global 
interdependiente, occidente ayudó a crear las condiciones para que ocurrieran 
tales horrores. Y se marchó cuando lo hizo”. 35 El hecho de estar planeadas 
con anterioridad e interconectadas con diversos actores nacionales e 
internacionales, nos obliga a seguir analizando la situación desde una 
perspectiva holística y relacional.  
Decíamos antes que con la revolución del 59 y la asunción al poder por 
parte de los hutus a través del Movimiento Nacional para la Revolución y el 
Desarrollo (MNRD), miles de tutsis migraron hacia países vecinos como 
Uganda. En 1972 se lleva a cabo un golpe de Estado producido por el régimen 
militar de Juvenal Habyarimana que derroca al gobierno civil anterior y crea, 
hacia 1975, el MNRD.  Habyarimana gobierna hasta principios de la década del 
1990. Cabe destacar que la irrupción del régimen militar se inscribe en un 
contexto más amplio de golpes de Estado que se estaban desplegando en 
otros países del Tercer Mundo, apoyados en muchos casos por Estados 
Unidos. 36En varios de ellos, incluida Ruanda, se impulsará la implementación 
de programas de desarrollo nacional. Newbury37 describe cómo durante los 
primeros años del gobierno de Habyarimana se alentó el desarrollo de obras de 
infraestructura para transportes, edificación de escuelas y centros de atención 
para la salud.  
                                                          
34Gourevitch, P (1999); Queremos informarle que mañana seremos asesinados junto connuestras familias. Historias de 
Ruanda. Barcelona: Destino.Lemarchand, R. (1995); op. cit. 
Newbury, C. (1995); op. Cit. Power, S. (2005);Problema infernal: Estados Unidos en la era del genocidio. Buenos Aires: 
Fondo de Cultura Económica. 
35Newbury, C. (1995); op. cit. s/p. 
36Harvey, D. (2004);El nuevo imperialismo.Madrid: Akal. 
37Newbury, C. (1995); op. cit. 
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David Harvey38 señala que este contexto nacional se inscribe en un 
proceso más global que se inicia con la suba del precio del petróleo, hacia 
1973. Las enormes masas de petrodólares se reciclan a través de los bancos 
de inversión de Nueva York que pasan a partir de ese momento a centrar su 
actividad en el préstamo de capitales a gobiernos de países en vías de 
desarrollo. Estos son estimulados a solicitar créditos en abundancia para 
invertir en el desarrollo de sus países lo que conduce al crecimiento de sus 
deudas externas. Pero a mediados del decenio de 1980, Ruanda sufre un 
proceso de empobrecimiento afectada por una crisis en el sector agrícola 
productor de café, principal producto de exportación, lo que aumenta los 
niveles de pobreza y la brecha entre ricos y pobres. Al igual que en América 
Latina, en la década del 90 se aplicarán medidas económicas sugeridas por el 
Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, como la devaluación de la 
moneda, que conllevan una de cadena de transformaciones desfavorables en 
la vida cotidiana de los ruandeses por la caída de los ingresos y el aumento de 
los precios de los bienes de consumo. Asimismo, los organismos 
internacionales de crédito imponen otras medidas neoliberales, como la 
privatización de los servicios de salud y educación, con el argumento que había 
que “compartir más los costos”.39 La crisis agrícola y las medidas 
implementadas conducen a un aumento de la marginación y de los conflictos 
sociales. Tal como lo describe Harvey en términos globales,  
en la década del 80 el FMI y el Banco Mundial se convirtieron en 
centros de propagación y ejecución del fundamentalismo del libre 
mercado y de la ortodoxia neoliberal. A cambio de la reprogramación 
de la deuda, a los países endeudados se les exigía implementar 
reformas institucionales, como recortar el gasto social, crear 
legislaciones más flexibles para el mercado de trabajo y optar por la 
privatización.  He aquí la invención de los ajustes estructurales. 40 
                                                          
38Harvey, D. (2007); op. cit. 
39Newbury, C. (1995); op. cit. 
Anderson, P. (1999). Neoliberalismo: un balance provisorio. En Sader, E y Gentili, P.La trama del Neoliberalismo. 
Buenos Aires: Eudeba. 
40Harvey, D. (2007); op. cit. p. 36. 
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Genocidio en Ruanda. El rol de Occidente y los medios de comunicación en la producción local 
de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
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En Uganda, 30 años más tarde, los descendientes de la diáspora de 
refugiados —que se habían ido luego de la revolución del 59—, organizarán el 
Frente Patriótico Ruandés (FPR), movimiento que retornará al país en 1990 y 
que obligará al presidente Juvenal Habyarimana a una apertura al diálogo y a 
las negociaciones. Finalmente, en 1993 se firma un acuerdo de paz en la 
ciudad de Arusha, en el vecino país de Tanzania. Pero aun así, ya desde 1990 
la ONU estaba al tanto de la posibilidad de un genocidio dado el aumento de 
asesinatos tutsis. Y la CIA, en 1993, también contaba con informes donde se 
advertía esa posibilidad. 41 
El acuerdo de Arushaaceptale legitimidad del multipartidismo, o sea, la 
participación en el poder de los tutsis, de los opositores hutus y de las fuerzas 
armadas en el poder, lo que permitió también, con la presencia de la ONU, 
frenar la guerra civil que se desarrollaba entre el FPR y el ejército de Ruanda 
desde 199042.Sin embargo, ese pacto sería rechazado por los hutus 
extremistas —“duros o radicales”—, quienes empezaron a acopiar 
armamentos, granadas y machetes. 43Por otro lado, según lo describe 
Newbery, 44 ese acuerdo había sido rechazado por los extremistas hutus por 
tres motivos. En primer lugar, porque los hutus duros objetaban las mayores 
concesiones otorgadas al FPR que de los 20 ministerios recibirían 5.  También, 
porque la fusión de los ejércitos ruandés/hutu y FPR/tutsi generaba un clima 
político de tensión, dado que implicaba la desmovilización y despido de 
soldados hutus. Finalmente, el pacto preveía el regreso de los refugiados 
porque ponía en debate la distribución y tenencia de las tierras. En 
consecuencia, desde febrero de 1993 comenzarían a desplegarse acciones 
planificadas por este grupo para matar civiles tutsis. Por otra parte, también en 
1993, en la vecina Burundi será asesinado su primer presidente hutu, Melchior 
Ndadaye, a manos del ejército tutsi, lo que acrecentó el clima tenso en la 
                                                          
41Power, S. (2005); op. cit. 
42Newbury, C. (1995); op. cit. 
43 Power, S. (2005); op. cit 
44Newbury, C. (1995); op. cit. 
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de los acontecimientos y las prácticas de ocultamiento en la representación global. 
 
 
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región poniendo en riesgo el acuerdo de Arusha. 45Finalmente, el 6 de abril de 
1994 será derribado en las cercanías de Kigali el avión donde viajaba 
Habyarimana, atentado que fue respondido con una serie de matanzas que 
incluía a los tutsis pero también a los hutus moderados.  
Occidente en el genocidio ruandés 
y los medios masivos de comunicación:  
entre la construcción local y la reproducción global 
 
Decíamos al comienzo que los medios masivos de comunicación 
estadounidenses —por ejemplo, Issue, Nightline y Sixty Minutes—construyeron 
la noticia del genocidio no como tal sino como la emergencia de conflictos 
tribales enraizados en tiempos ancestrales, aduciendo que serían pasajeros 
como ocurriera en otras oportunidades. Desde esa construcción intencional de 
los acontecimientos, Said señala cómo “además que los medios de 
comunicación son exportados fuera del ámbito norteamericano, en lo 
doméstico sirven para mostrar a la audiencia nacional culturas extranjeras, 
raras y amenazadoras”. 46 Mientras tanto los medios locales en Ruanda, entre 
ellos la Radio Mil Colinas —MilleCollines—, instaban a los ciudadanos, a 
participar activamente en las matanzas, al tiempo que emitían los listados de 
muertos y se informaban los domicilios y las placas de los automóviles no sólo 
de tutsis sino también de hutus moderados. 47Como sostiene Power,  
las listas de víctimas se prepararon con antelación. La Radio 
MilleCollines transmitía nombres, direcciones y matrículas de autos 
tutsis y hutus moderados. Del 7 de abril en adelante, el ejército al 
mando de los hutus, la gendarmería y las milicias obraron en 
conjunto para exterminar a los tutsis de Ruanda. 48 
                                                          
45Lemarchand, R. (1995); op. cit.; Power, S. (2005); op. cit. 
46Said, E. (1996), op. cit. p. 451. 
47Lemarchand, R. (1995); op. cit.  
Newbury, C. (1995); op. cit. 
48Power, S. (2005); op. cit. p. 411 
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Desde esa lógica, la elección de las víctimas no se basaba en criterios 
étnicos sino políticos.49 Desde los medios de comunicación se propició la 
eliminación de tutsis y de los hutus moderados que se negaran a matarlos o los 
protegieran. Como expresa Coello50, la particularidad del genocidio en Ruanda 
radica en la masiva participación de los civiles en los asesinatos, muchos de 
ellos perpetrados con armas de filo caseras y machetes. Las armas de fuego 
fueron escasamente utilizadas. Esos mismos medios de comunicación 
imputaron al FPR el ataque del avión donde viajaba Habyarimana, acusación 
que resultaba conveniente para dar inicio a los ataques por parte de los hutus 
extremistas. 51 Como lo expresa Lamarchand,   
hay razones claras para ver el ataque al avión como un acto 
eminentemente racional desde el punto de vista de los objetivos 
inmediatos de los extremistas hutus. En Kigali, la matanza de las 
figuras de la oposición, tanto tutsis como hutus moderados, 
comenzó momentos después del asunto del avión, en base a listas 
preestablecidas. 52 
Así lo describe Power, quien sostiene que “los hutus utilizarían el 
incidente del avión como pretexto para comenzar las matanzas. Enseguida se 
persiguió a los promotores del pacto de paz entre hutus y tutsis”. 53 
Sobre la planificación previa de las matanzas, diversos autores 
coinciden en que esto fue así, acotando que algunos organismos 
internacionales —como la ONU y el Pentágono— estaban alertados desde 
1993. El planeamiento de los asesinatos, agregan, se gestó y difundió desde el 
mismo gobierno, con la complicidad del poder presidencial. En ese sentido, 
Newbury sostendrá que 
                                                          
49Lemarchand, R. (1995); op. cit. 
50Coello, I. (2002); op. cit. 
51Newbury, C. (1995), op. cit.; Power, S. (2005); op. cit. p. 411 
52Lemarchand, R. (1995); op. cit. 
53Power, S. (2005); op. cit. p. 409. 
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las masacres fueron planeadas. Aunque generado a nivel de Estado, 
el genocidio fue guiado mayormente por los militias, la Interahamwe 
(asociado con el partido gobernante, MRND) y el Impuzamugambi 
(asociado con el partido CRD, un aliado duro y extremista del 
MRND). Estas unidades trabajaron juntas con y fueron dirigidas por 
la Guardia Presidencial, algunos elementos del ejército, varios 
gendarmes y, en muchos caso, autoridades administrativas civiles. 54 
Sintetizando lo visto hasta ahora, se vislumbra un planeamiento previo 
de las matanzas de tutsis y hutus moderados por parte de la Guardia 
Presidencial en complicidad con los medios de comunicación locales como  
instigadores de odios raciales y la colaboración de los medios de prensa 
norteamericanos, que distorsionaron las características del conflicto al 
presentarlo como una forma tribal de enfrentamiento. El resultado fue una 
matanza masiva en poco tiempo: se calcula un millón de muertos en tres 
meses.  
¿Por qué en los medios estadounidenses no se caracterizaron los 
acontecimientos en términos de genocidio? ¿Qué acciones implementaron los 
organismos internacionales para frenar las matanzas? ¿Cómo intervino 
Estados Unidos en el proceso?  
Diversos autores como Newbury, Lemarchand, Power, y Gourevitch55 
coinciden en que Estados Unidos se mantuvo intencionalmente al margen de 
los acontecimientos, aún a sabiendas de lo que ocurría e influyendo sobre las 
decisiones de la ONU, la cual, por su parte, no sólo no acrecentó su presencia 
sino que retiró a la mayoría de los soldados, dejando sólo unos 450. Esta 
reducción resultó significativa puesto que, según lo explicó el encargado de la 
misión de paz de la ONU en Ruanda, General Dallair, un refuerzo de 
5000soldados hubiera incidido en la disminución de las matanzas, pues los 
hutus no asesinaban en presencia de extranjeros. Por su parte, los países 
                                                          
54Newbury, C. (1995), op. cit. s/p. 
55Gourevitch, P. (1999); op. cit.; Lemarchand, R (1995), op. cit.; Newbury, C (1995), op. cit.; Power, S. (2005), op. cit. 

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