El origen funeraio de los Juegos Olímpicos

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[Publicado previamente en: Revista de Arqueología 140, diciembre 1992, 28-39. Edi-
tado aquí en versión digital por cortesía de los autores, revisado y corregido, como parte 
de la Obra Completa del prof. José María Blázquez y bajo su supervisión]. 
© J. M.ª Blázquez Martínez - M.ª Paz García-Gelabert 
© De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia 
 
 
 
El origen funerario de los Juegos Olímpicos 
 
José María Blázquez Martínez - M.ª Paz García-Gelabert 
 
En origen los juegos eran rituales que se celebraban en honor de los personajes 
importantes. La descripción más antigua que se conserva de estas competiciones fúne-
bres se lee en la Ilíada de Homero, canto XXIII, en el que el poeta, en torno al año 700 
a.C., describe los juegos organizados por Aquiles en honor de su amigo Patroclo. Estos 
juegos se datarían hacia el 1225 a.C., fecha de la caída de Troya, aunque la Ilíada se 
compuso sobre el año 700 a.C. Los juegos que organizó Aquiles eran: carreras de bigas, 
con distintos premios, una mujer experta en labores, una yegua de seis años preñada, un 
caldero, dos talentos de oro y una urna. El pugilato, con los premios de una mula de seis 
años y una copa de doble asa. La modalidad de lucha libre con objeto de tumbar al adver-
sario, con dos premios, un gran trípode, que valía doce bueyes y una mujer, tasada en cua-
tro. Carrera de velocidad, con los premios de una crátera labrada por los fenicios y un 
buey. Lucha de guerreros, con los premios de una pica, un broquel y un yelmo. Lanza-
miento de un bloque de hierro, y tiro al arco con el premio de un trozo de hierro, diez ha-
chas de doble filo y otras tantas de filo sencillo. Y el lanzamiento de jabalina, con premio 
de una pica y un caldero del valor de un buey. Los atletas ceñían su cintura con una cinta. 
Todos estos juegos fueron más adelante olímpicos, aún con carácter funerario. 
Muchos siglos después, en la tumba François de Vulci, que remonta al siglo V 
a.C., aunque sus pinturas se daten en el siglo II o comienzos del siglo I a.C., se repre-
sentó sólo parte del ritual efectuado por Aquiles en honor de Patroclo: el sacrificio de 
los prisioneros troyanos en presencia de Vanth y de Caronte etrusco. 
La confirmación arqueológica de estas carreras de carros de sentido fúnebre se 
encuentra en algunas estelas procedentes del círculo A de Micenas, fechadas en el siglo 
XVI a.C. En una de ellas se representa un guerrero armado con una espada sobre un 
carro tirado por un animal a galope, precedido de un soldado, también con espada, co-
rriendo. Se trata muy probablemente de una competición de carros, que se celebraba el 
día del sepelio. 
JUEGOS FÚNEBRES EN ÉPOCA ARCAICA 
Los juegos funerarios descritos por Homero se representaron en las escenas que 
decoraban los grandes vasos depositados en las tumbas del Dipilon en Atenas, a partir 
del siglo IX a.C. Sobre estos vasos se pintan frecuentemente escenas fúnebres y compe-
ticiones de guerreros o carreras de carros. El vaso más característico es una crátera, hoy 
conservada en el Museo Nacional de Atenas, datada en el siglo VIII a.C., en la que se 
plasma la conducción del cadáver sobre un kline, encima de un carro tirado por caballos, 
acompañado de plañideras, que se mesan los cabellos. Debajo hay una hilera de carros 
José María Blázquez Martínez - M.ª Paz García-Gelabert: El origen 
funerario de los Juegos Olímpicos 
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tirados por caballos, con sus correspondientes aurigas, dispuestos a comenzar la carrera. 
Esta pintura se caracteriza, como señala M. Robertson, por su carácter conceptual. Las 
ruedas de las bigas se representan una detrás de otras. Encima del carro, el auriga se 
halla como en el aire. El cadáver está colocado de frente y no de perfil. Los dos caballos 
componen un solo cuerpo con dos cabezas, dos cuellos y ocho patas. Las piernas y los 
pies de las personas están de perfil, mientras el busto y los brazos se dibujan de frente, 
con la cabeza de perfil. En otras ocasiones, como en un ánfora geométrica ática de fi-
nales del siglo VIII a.C., se representan carreras de carros y una parada de soldados en 
la parte inferior, armados con dos lanzas, un escudo circular, precursor del usado por los 
hoplitas durante la guerra lelántica el siglo VII a.C. y derivado en su forma del em-
pleado por los combatientes atenienses de la época geométrica, reproducido en una crá-
tera ática, fechada entre los años 750-735 a.C. En ella los guerreros con este escudo 
hacen de aurigas sobre los carros. A veces, como en una crátera ática, datada en torno al 
750 a.C., guerreros caminan entre los carros. Los infantes van desnudos y ciñen su cin-
tura con unos aros, corno el guerrero en bronce de Karditsa (Beocia), de la primera mi-
tad del siglo VII a.C. Otras veces se plasman dos o tres caballos juntos, cuya explica-
ción es que el jinete saltaba de uno a otro en la carrera, según puntualiza la Ilíada, como 
ocurre en un ánfora geométrica del siglo VIII a.C. 
Describe el pintor en estas escenas las honras fúnebres de una sociedad altamente 
estratificada, de base aristocrática, como la homérica, que conservó los rituales funera-
rios de época mícénica. La carrera de carros en honor de Patroclo está figurada en un 
fragmento de crátera ática, procedente de Farsalia, en Tesalia, obra de Sofilos, y fechada 
en el primer cuarto del siglo VI a.C. Se pintó en una cuádriga dirigiéndose hacia la 
meta. Sólo se plasmaron dos caballos, uno blanco y otro negro, pero cuatro pares de pa-
tas delanteras. Sofilos tuvo la audacia de representar la tribuna, escalonada, repleta de 
espectadores, que gesticulan, aplauden y vociferan a los competidores. 
Después del período geométrico ático se perdió en Grecia el ritual fúnebre de las 
competiciones de carros o de paradas de guerreros. Cuando en las estelas se reproducían 
escenas de lucha o soldados, éstas aluden a la profesión del difunto, no a rituales fúne-
bres. Como el guerrero de la estela de Prinias en Creta, del siglo VII a.C. Cubre la ca-
beza con un casco de alto penacho, que tapa el rostro. Lleva pica y escudo circular; o 
Dexiléos, caído en el año 394 a.C., que participó en compañía de un grupo de cinco jó-
venes en una batalla en las proximidades de Corinto. Una inscripción detalla las parti-
cularidades de su muerte. Dexiléos monta un caballo y ataca con su lanza a un infante 
caído que se defiende con el escudo. 
En los rituales del funeral de Alejandro Magno, se celebraron competiciones del 
tipo de las descritas por Homero para los funerales de Patroclo. El gran general macedón 
organizaba en vida continuamente juegos olímpicos en honor de los dioses. Tenían pues 
un carácter ritual sacro, para agradecerles las continuas victorias obtenidas, según cuen-
ta Arriano. En cambio, Alejandro, cuando visitó la tumba de Aquiles en Troya, para 
honrar su memoria, ofreció ante el monumento funerario del héroe una corona de flores. 
JUEGOS FÚNEBRES ENTRE LOS ETRUSCOS 
Se conservaron estos juegos funerarios pujantes en los funerales de la aristocracia 
etrusca y en zonas marginales del mundo griego, como Campania, Tracia y la Península 
Ibérica. La documentación en Etruria es abundante y variada. 
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funerario de los Juegos Olímpicos 
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La tumba de los Augures en Tarquinia, fechada en torno al 530 a.C., acusa el in-
flujo de los artistas greco-orientales, que trabajaban la cerámica de Caere por la misma 
época. En las pinturas de esta tumba se representan escenas de lucha celebrada con oca-
sión del sepelio del difunto en ella enterrado. El artista abandonó el mundo del mito y se 
inspiró en escenas tomadas del mundo real. En una escena dos púgiles desnudos y colo-
cados de perfil combaten en lucha libre cogidos por las muñecas, entre tres grandes cal-
deros superpuestos. M. Pallottino puntualiza al describir esta escena que es de gran fuer-
za de expresión material, que llega casi hasta la brutalidad. La lucha libre es un deporte 
olímpico, recibido de los atletas griegos. Está representada frecuentemente en la cerámi-
ca de figuras negras como en una copa de bandas del pintor Lydos y del ceramista Ni-
kostenes, en una actitud idéntica a la de la pintura etrusca. En las escenas vecinas, sin 
ninguna continuidad, queda bien patente el mismo poder de evocación. Se trata de un 
duelo sangrante entre dos extraños personajes. En el grupo de la pared derecha el primer 
combatiente viste un pequeño traje rojo. Cubre su cabeza un gorro también rojo, puntia-
gudo, que termina en una diadema a rayas. Su barba larga finaliza en punta. Sobre su 
rostro una máscara, que esto es lo que significa phersu. Levanta su brazo en alto, hacia 
adelante y hacia atrás. En el lado izquierdo camina otro personaje semejante, que sostie-
ne una cuerda que se envuelve a los píes y brazos de su contrincante, cuyo extremo se 
ata al collar de un perro, que muerde la pierna de un segundo luchador desnudo, con 
banda a la cintura, con la cabeza cubierta por un trapo blanco. Su mano empuña una ma-
za. La sangre corre de las heridas. Se trata de un juego fúnebre. Sólo se repite otra vez 
en Tarquinia, en la tumba de las Olimpiadas. El desenlace de la lucha es la muerte de 
uno de los combatientes. El phersu se defiende con el perro y su enemigo con la maza. 
La procedencia de este juego es difícil de conocer, quizás se remonte a ritos muy anti-
guos de sacrificios humanos en honor del difunto, que dieron lugar más tarde a los com-
bates de gladiadores. 
En otras tumbas de Tarquinia fechadas un decenio posterior se representan otros 
juegos funerarios, como las carreras de carros, con un realismo, por la variedad de las 
composiciones, digno del relieve de Foligno, hoy en el Museo Torlonia de Roma, con 
una realista carrera de carros en el circo, como en la tumba de los Juegos Olímpicos, de 
la necrópolis de Monterozzi. Un discóbolo se dispone a lanzar el disco en la tumba de 
los Malabaristas de la misma necrópolis, mientras a su espalda corren desnudos varios 
atletas colocados de tres cuartos o de perfil, tres con los brazos dirigidos uno hacia ade-
lante y otro hacia atrás y un cuarto con los dos hacia atrás como para coger ímpetu. An-
chas cintas ciñen la cintura. 
Los pintores griegos Eufiletos y el de Berlín, describieron magníficamente en 
unos pies de ánforas panatenaicas la carrera en idéntica postura de los brazos. El pintor 
etrusco no va a la zaga en movimiento y realismo a la escena. Todos estos paralelismos 
entre juegos fúnebres etruscos y olímpicos griegos prueban que los primeros derivan de 
los segundos. 
Estos juegos fúnebres no sólo decoraban las tumbas de las necrópolis de Tarqui-
nia. Así, en la Tumba del Mono en Chiusi, fechada a comienzos del siglo V a.C., se pin-
tó un lanzador de jabalina, desnudo, andando, colocado de tres cuartos, acompañado de 
un joven sirviente, también desnudo y dos pugilistas con barba, combatiendo, también 
vistos de tres cuartos. Todos ciñen la cintura con una banda. En otra escena de esta mis-
ma tumba cabalgan sendos caballeros al galope, dos acróbatas ecuestres, uno de ellos es 
un muchacho; delante, dos luchadores de lucha libre, compiten, desnudos, por echar a 
tierra al contrario, delante de un árbitro, que viste túnica hasta la rodilla, abierta por de-
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trás. Calza botas blancas y levanta su brazo derecho dirigido hacia delante. Lleva un pa-
lo, símbolo de su oficio. Detrás se encuentra un mono que da el nombre a la tumba. Una 
dama sentada, protegida por una sombrilla, contempla los juegos fúnebres, acompañada 
de un tocador de doble flauta. Este tipo de lucha está representada en un ánfora panate-
naica de Exequias. 
La tumba de las Bigas, en la misma localidad, datada en torno al 490 a.C., es muy 
importante por la variedad y cantidad de los diferentes fuegos funerarios en ella plasma-
dos. Los espectadores de ambos sexos contemplan los juegos sentados en una tribuna de 
madera con bancos. Las escenas pintadas en un friso son de izquierda a derecha: dos pu-
gilistas desnudos de perfil; un atleta desnudo ungiéndose el cuerpo; un saltador desnudo 
con pértiga a la carrera; un saltador desnudo con pértiga sobre una pierna; un jinete cu-
bierto con yelmo empenachado, con otro caballo, quizás para el saltador con pértiga; 
dos atletas desnudos de pie; dos pugilistas desnudos; dos luchadores desnudos; un pro-
fesor de gimnasia para niños (paidotribes), con manto claro y bastón, entre dos jóvenes 
desnudos. En otro panel se levantó la tribuna con espectadores que contemplan varias 
bigas con sus correspondientes aurigas y servidores, dos de ellos enganchando los caba-
llos al yugo. En un tercer panel se hallan dos discóbolos, varios instructores y un paido-
tribes, un atleta desnudo, un danzarín con escudo y lanza, un cesto para recoger los pre-
mios, flautistas, un joven desnudo delante de un altar, Hermes?, lo que indica el carácter 
sagrado de los juegos, dos pugilistas desnudos, uno en el suelo y una segunda tribuna de 
espectadores. Los otros paneles distribuyen el banquete funerario y danzas. Se fecha 
esta excepcional tumba hacia el 490 a.C. En esta tumba el influjo ático es más evidente 
y significa el comienzo de una nueva fase del arte etrusco. Se acusan las influencias de 
los atletas de los relieves de la basa de Atenas del muro de Temístocles y de los pri-
meros ceramógrafos áticos, Epiktetos, Euthymides, Plintias y el pintor de Nikoxenos. 
Estos juegos fúnebres están tomados de la palestra griega. Se ha pensado que las pintu-
ras de esta tumba se deban a un pintor griego. 
COMBATES DE GLADIADORES Y CARRERAS DE CARROS FÚNEBRES EN CAMPANIA 
Paestum, la Posidonia de los griegos, fue una colonia asentada junto al mar, de la 
que se conservaba aún en pie el magnífico templo de Poseidón, del siglo VI a.C. Inter-
esa al contenido de este estudio las tumbas fechadas en el siglo IV a.C. Las tumbas son 
de forma de casa, con las paredes cubiertas de estuco para poder pintar sobre él. Los te-
mas fúnebres son similares a los descritos: una biga corriendo sobre una de las lastras de 
mayor tamaño y pugilato y gladiadores en la de enfrente. Sobre una de las lastras peque-
ñas se pintaron escenas de caza, también de carácter funerario y de despedida. A veces 
se plasmaron coronas fúnebres o damas llorando. Estos temas están tomados de la tradi-
ción griega o itálica y las luchas sangrientas de la tradición osca, lucana o etrusca. En 
una de las tumbas mejor conservadas, Laghetto X, en un grupo luchan dos gladiadores, 
desnudos, armados con lanza, y protegidos por un escudo oval y la cabeza por un casco. 
En el grupo del lado izquierdo un gladiador está caído y arrodillado. El rostro expresa 
magníficamente el sufrimiento. El dibujo es de buena calidad. La tumba se fecha en la se-
gunda mitad del siglo IV a.C. En la tumba Laghetto III, de la mitad del siglo, se represen-
tan en las dos lastras mayores, dos púgiles a la izquierda y dos gladiadores a la derecha. El 
diseño es cuidado, pero inferior al de la tumba anterior, que es de mejor calidad, aunque 
procede del mismo artista. El arte de estas pinturas fue degenerando poco a poco, como 
lo indica la tumba Langhetto XIV, fechada por los vasos griegos en los primeros años 
José María Blázquez Martínez - M.ª Paz García-Gelabert: El origen 
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del siglo III a.C., con carreras de bigas, pugilistas y gladiadores. El dibujo es malo y la 
composición está desarticulada. Todavía este arte es muy inferior de calidad en la tumba 
Anabriuolo 1937, decorada con las mismas composiciones funerarias. 
JUEGOS EN LOS HEROONES DE OBULCO Y OSUNA 
En el Cerrillo Blanco de Obulco, la actual Porcuna, en la provincia de Jaén, apare-
ció un conjunto de esculturas del más alto nivel artístico, de influjo griego y más con-
cretamente focense, que pertenecieron a varios heroones. Se fechan en la segunda mitad 
del siglo V a.C. Han sido estudiadas por J. A. González Navarrete, A. Blanco, I. Negue-
ruela, J. M. Blázquez y M. P. García-Gelabert entre otros. Interesa al contenido del pre-
sente estudio las esculturas de guerreros. Una particularidad notable es que van armados 
con las armas tradicionales de la Meseta, de la llamada cultura del Tajo II. En algunas 
esculturas es posible conocer bien el uso de ciertos discos, aparecidos en Arcobriga y en 
otras necrópolis de la Meseta, el cual se desconocía, servían para proteger pecho, es-
palda y hombros del guerrero. Sobresalen una cabeza muy mutilada, con un casco em-
penachado con apliques de metal, que sigue modelos de las monedas de Focea; dos 
combatientes luchando sobre plinto; un guerrero, al que falta la mitad delantera de la 
cabeza con espada de tipo sirio a la cintura, con coselete defendiendo el pecho y con 
varias cintas cruzadas sobre él. Al torso de otro guerrero le sale la espada o tanza por la 
espalda. Otro lleva el pecho y hombros protegidos por faleras, estos grandes discos alu-
didos, sujetos con cadenillas de metal, del tipo de los encontrados en Arcobriga por el 
marqués de Cerralbo. A un guerrero el escudo le cuelga por delante y la espada pende 
de la cintura, según describe Estrabón el armamento de los lusitanos. Un jinete armado, 
de pie delante del caballo, lleva la espada en su vaina a la cual se adosa un cajetín para 
el cuchillito de rematar, coselete para protegerse el pecho y almohadillado en los hom-
bros, anchas cintas transversales ciñendo el pecho, un gran disco y otros de menor ta-
maño en pecho y hombros, la falera, y cuatro brazaletes en la parte superior del brazo. 
También se representan otros guerreros. Las esculturas son de gran calidad artística, la 
mayoría de ellas labradas en piedra caliza local, son obra de varios artesanos, y debieron 
ser destruidas poco tiempo después de ser emplazadas en el monumento, como resul-
tado de las feroces luchas de unas tribus contra otras, de las que habla el geógrafo 
griego Estrabón en época de Augusto. 
Estas luchas se celebraban el día del entierro de los grandes personajes de las tri-
bus hispanas, corno los jefes que gobernaban los pueblos turdetanos a comienzos de la 
conquista romana, cual es Culcas, que dominaba veintiocho ciudades, según Tito Livio. 
Estas luchas, a caballo o a pie, son mencionadas con ocasión de los funerales de Viriato 
por Diodoro Sículo y Apiano. Combates de gladiadores organizó Escipión el Africano, 
después de la toma de Carthago Nova, en honor de su tío y padre, muertos en el año 211 
a.C., por la traición de los celtíberos. En ellos lucharon gente noble, pero estos últimos 
juegos ya no serían de influjo griego, sino romano. 
En Urso (Osuna, Sevilla}, se construyó, a mediados del siglo III a.C., un heroon 
en el que también se representan soldados a pie armados con el escudo de La Tène II y 
con casco de cimera, jinetes con espadas, tocadores de flauta y damas con vasos de 
ofrendas. 
Una parada militar fúnebre con guerreros enmascarados precedida de un tocador 
de doble flauta se representó en un vaso del Cigarralejo (Murcia), hallado en la necró-
polis del siglo IV a.C. 
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Apiano, en su Iberike, cuenta que en los funerales de Viriato "...se inmolaron mu-
chas víctimas, mientras que los infantes y los jinetes corrían alrededor, con sus armas y 
cantando sus obras al modo bárbaro. No se apartaron de allí hasta que el fuego se extin-
guió. Terminado el funeral, celebraron combates singulares sobre su túmulo". Diodoro a 
su vez escribió que "...el cadáver de Viriato fue honrado magníficamente y con 
espléndidos funerales; hicieron combatir sobre su túmulo doscientas parejas de gladia-
dores". Estas honras fúnebres eran típicas de los lusitanos y no estaban tomadas de los 
rituales romanos. Estas luchas a pie o a caballo y paradas guerreras son las descritas 
gráficamente en Obulco y en Osuna. En cambio, los juegos fúnebres organizados por 
Escipión el Africano son probablemente de origen romano, que derivan de los etruscos. 
Todavía estas honras fúnebres, sangrientas, no se habían desacralizado y convertido en 
meros juegos. Livio escribe sobre estos juegos, que  
"Escipión volvió a Cartagena para cumplir los votos a los dioses y celebrar los juegos de gla-
diadores preparados con motivo de la muerte de su padre y tío. El espectáculo de los gladiadores 
no estuvo a cargo de hombres de la clase que contratan los lanistas, esclavos, o provenientes de 
clase baja, a sueldo. El trabajo de todos los luchadores fue voluntario y gratuito. Unos fueron en-
viados por los jefes para ejemplo del valor innato de su pueblo, otros declararon que querían luchar 
en honor de su jefe; a otros su espíritu de emulación les llevó a retar o a aceptar el reto. Los hubo 
que no pudiendo o no queriendo dirimir amistosamente sus pleitos, los decidieron por la espada, 
pactando entre sí que el fallo sería del vencedor. No hubo hombres de linaje oscuro, sino famosos 
e ilustres; entre ellos Corbis y Orsua, primos hermanos, que lucharon entre sí por el principado de 
la ciudad de Ibes, se declararon dispuestos a disputárselo por el hierro". 
TUMBA TRACIA DE KAZANLAK 
En esta localidad tracia se ha descubierto una tumba fechada a comienzos del si-
glo III a.C., de planta rectangular y tejado de doble vertiente, decorada con pinturas en 
buen estado de conservación. En ella se representa la comida fúnebre de un matrimonio; 
a unos sirvientes de ambos sexos, llevando ofrendas a pie; músicos; carros con sus co-
rrespondientes aurigas, guerreros a pie junto a los caballos y en la parte superior de la 
bóveda una carrera de carros. 
Precisamente, las tumbas tracias se caracterizan por la aparición de carros y de 
caballos en ellas depositados. El ritual es de origen griego. Las ofrendas son las mismas 
que las descritas gráficamente en el sarcófago ático de las plañideras, obra del siglo IV 
a.C., y las carreras de las bigas, esta vez con guerrero, o las de la pátera de la colina de 
Basov, en Bulgaria. 
En esta región del mundo griego, y en Etruria y Campania, se conservaron los ri-
tos fúnebres homéricos hasta comienzos de la época helenística. 
FUNERALES POR LOS EMPERADORES ROMANOS 
Roma no conoció los juegos fúnebres. Sin embargo, en los funerales de los empe-
radores se ejecutaban ciertas paradas militares, que de algún modo eran equivalentes a 
los juegos funerarios, como la representada en la columna de Antonino, hoy en el jardín 
de la Piña, Vaticano, con una cabalgadura fúnebre, que actuaba en honor del emperador 
difunto en las ceremonias oficiales de su apoteosis. En el centro se encuentran las águi-
las y estandartes en compañía de la guardia de honor, y dentro de un círculo formado 
por los jinetes al galope. La escena está contemplada en perspectiva alta, impuesta por 
el propio espectáculo. 
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Estos movimientos debían ser en cierto sentido similares a los celebrados en los 
funerales de Viriato, desde luego con más envergadura. 
En cuanto a los juegos olímpicos propiamente dichos, derivados de los griegos, 
continúan celebrándose en el Bajo Imperio y pasan a Bizancio, pero en la civilización 
romana nunca tuvieron connotaciones funerarias, como las primitivas habidas en el 
mundo griego. 
BIBLIOGRAFÍA 
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