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INTRODUCCIÓN AL CULTIVO DE LA PITAYA EN


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INTRODUCCIÓN AL CULTIVO DE LA PITAYA EN 
TENERIFE. 
 
BREVE REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1. ETIMOLOGÍA. 
La palabra cactus deriva del griego Κάκτος káktos, utilizado por primera vez por el filósofo 
Teofrasto (372 a 287 a.C.) para nombrar una especie de cardo espinoso que crecía en la 
isla de Sicilia, posiblemente el cardo Cynara cardunculus. 
Curiosamente, existen también dos referencias poéticas de la Antigüedad sobre esta planta. 
Así, el poeta Teócrito de Siracusa escribió en sus Idilios: "A ti te dejen como una oveja del 
rebaño, cuya pata se haya picado por un cactus". Asimismo, Filetas, poeta proveniente de la 
isla de Cos, escribió sobre ella: "Debe lamentarse quien haya perdido el afecto de una mula, 
por el temor a las heridas del cactus espinoso". 
La palabra pasó al latín como cactus a través de Plinio el Viejo, quien en su Naturalis 
Historia retomó aquello que Teofrasto escribió sobre esta planta que crecía en Sicilia. De 
cactus derivó la palabra latina carduus, que finalmente dio lugar a la española cardo. 
Durante la Edad Media la palabra cactus era el nombre usual para la alcachofa comestible. 
Más tarde, fue usada como nombre genérico Cactus por Carlos Linneo en 1753, dentro del 
cual agrupaba 22 plantas que hoy se consideran dentro de géneros diversos de la familia 
Cactaceae. 
 
2. CLASIFICACIÓN BOTÁNICA. 
El término pitaya o pitahaya proviene de las Antillas Mayores, del idioma taíno, que significa 
“fruta escamosa” (Adolfo Rodríguez Canto, 2000). Sin embargo, por analogía de sus frutos 
se aplica a otros géneros de menor importancia y que son radicalmente distintos, 
distinguiéndose por su porte: 
1. Cactus trepadores (epifitos). 
2. Cactus columnares. 
Dentro del primer grupo es donde se encuentran las pitayas, con los dos géneros 
Hylocereus y Selenicereus que son la base del cultivo. El primero de ellos presenta varias 
especies, entre las que destacan: H. undatus (la más cultivada a nivel mundial), H 
polyrhizus, H purpusii, H ocmaponis y H costaricensis (Britton and Rose 1963, Barthlott and 
Hunt 1993). Todas estas especies se conocen como pitaya roja o rosada por el color externo 
del fruto (en Vietnam se le llama tahng log o 
perla de dragón). Por el contrario, sólo una 
especie es importante en el segundo género: 
S. megalanthus que comúnmente se le conoce 
como pitaya amarilla. 
En los cactus columnares, existen tres géneros 
que tienen relativa importancia: Cereus, 
Stenocereus y Pachycereus. El primero de 
ellos, presenta dos especies: C. peruvianus y 
C. jamacaru, conociéndose sus frutos como 
pitayas o manzanas cactáceas. Stenocereus 
presenta varias especies que se consumen localmente en sus lugares de origen y 
Pachycereus tiene un aprovechamiento aún más limitado. 
Cereus peruvianus 
en Israel 
La base de la comercialización mundial de la pitaya se realiza en función de los cactus 
trepadores: Selenicereus e Hylocereus. 
Todas las plantas de pitaya son originarias de América, desde México a Argentina, 
destacando como países productores Méjico (más de 1.000 Ha) y Colombia. Desde aquí, su 
cultivo se ha extendido a diversas zonas del mundo destacando: 
1. Vietnam: cultiva pitaya roja, siendo el segundo país exportador del mundo. 
2. Australia: se ha introducido recientemente y sus expectativas de crecimiento son 
buenas, aunque sus rendimientos son los más bajos de cuantos se han 
estudiado. 
3. Israel: se viene desarrollando desde 1994 en el desierto del Negev, siendo el país 
que más ha investigado en su cultivo. 
4. Isla Reunión (Francia): introducida en 1994 se basa en pitaya roja. 
La clasificación botánica propiamente dicha de los cactus trepadores es la siguiuente: 
Divisón: Magnoliophyta o Angiospermae (angiospermas). Las flores de las angiospermas se 
diferencian de las flores del resto de las espermatofitas en que poseen verticilos o espirales 
ordenados de sépalos, pétalos, estambres y carpelos, y los carpelos encierran a los óvulos y 
reciben el polen sobre su superficie estigmática en lugar de directamente sobre el óvulo 
como en gimnospermas. 
Calse: Magnoliopsida  o Dicotyledoneae (dicotiledóneas). La radícula del embrión da 
origen a una raíz primaria persistente (en las monocotiledóneas aborta y la función de 
absorción la cumplen las raíces adventicias); los nervios de las hojas forman patrones 
pinados o palmados ("venación reticulada") a diferencia de las monocotiledóneas que 
tienen venación paralela; y, los verticilos de las flores están formados por 4 o 5 piezas 
generalmente (en lugar de 3 como en las monocotiledóneas),  
Subclase: Caryophyllidae: Flores con cáliz, corola y polen trinucleado. 
Orden: Caryophyllales: Poducen betalaínas pero no antiocianinos 
Familia: Cactaceae plantas suculentas con areolas. 
Subfamilias 
Pereskioideae: presenta hojas bien formadas. 
Maihuenioideae: dos especies mucilaginosas en los Andes Sur. 
Opuntioideae: presencia de gloquídeos y areolas en todo el tallo. 
Cactoideae: con nueve tribus en total, una de ellas es Hylocereae que presenta 6 
géneros, dos de los cuales son: Hylocereus y Selenicereus. 
 
3. CARACTERÍSTICAS MORFOLÓGICAS GENERALES. 
Las pitayas son plantas cuyos tallos o cladodios abren sus estomas sólo por las noches, lo 
cual constituye una adaptación fisiológica para evitar la pérdida de agua por transpiración 
durante el día, cuando las temperaturas son elevadas. Por esta característica se les ubica 
en el grupo de las plantas con metabolismo del ácido crasuláceo (CAM), al que pertenecen 
todas las cactáceas y muchas especies epífitas de las zonas subtropicales. 
Las pitayas son plantas perennes que requieren de soporte, pues su arquitectura les impide 
sostenerse a sí mismas. Así, tienen varios hábitos de crecimiento y pueden ser trepadoras, 
rupícolas, hemiepífitas y epífitas. Las plantas cultivadas son terrestres trepadoras, 
independientemente de que parte de sus raíces adventicias aéreas se dirijan al suelo. 
Su principal forma de propagación es vegetativa, a partir de los cladodios: de manera natural 
a través de la separación de los tallos y, en el caso de plantas cultivadas, mediante 
transplante directo en el terreno definitivo o su colocación en bolsas con sustrato hasta la 
formación de nuevas plantas. Las pitayas también se reproducen por semillas, que de modo 
natural son diseminadas por aves y otros animales que se alimentan de sus frutos; no 
obstante, para fines de cultivo la propagación sexual no es recomendable, pues las plantas 
requieren demasiados cuidados en tanto se transplantan en el terreno definitivo, y tardan de 
cuatro a seis años en llegar a su etapa reproductiva. 
Los tallos o cladodios tienen tres aristas o costillas, son suculentos y tienen grupos de 
espinas de 2 a 4 mm de largo en las areolas ubicadas en sus bordes. La flor es tubular, 
hermafrodita, con ovario en la parte inferior (cubierto de espinas en el caso de 
Selenicereus), con un sólo lóculo, cámara nectarial, numerosos estambres, brácteas 
completamente verdes o verdes con orilla roja y pétalos blancos, amarillos o rosados; es 
grande (de 20 a 40 cm de longitud y hasta 25 cm en su diámetro mayor), muy vistos, abre 
en la noche y solamente en una ocasión. 
El fruto es una baya globosa o sobglobosa (dehiscente en Hylocereus e indehiscente en 
Selenicereus), mide de 8 a 15 cm de diámetro, su cáscara es de color rojo o amarillo, en 
variados matices, cubierta con escamas foliáceas o brácteas distribuidas helicoidalmente 
(que en el caso de Selenicereus mehgalanthus son truncas, se denominan mamilas y tienen 
grupos de espinas de 1,5 cm de largo); es de pulpa dulce y abundante, de color blanco (S. 
megalanthus e H. undatus), amarillo o de varias tonalidades de rojo. Las semillas son 
numerosas, pequeñas en Hylocereus y grandes en Selenicereus, de color café oscuro o 
negro, se encuentran distribuidas en toda la pulpa y contienen aceite. 
 
4. CONSIDERACIONES GENERALES A TENER EN CUENTA PARA SU 
CULTIVO. 
4.1 FOTOSINTESIS. 
Las plantas crasuláceas (entre las que se incluyen las cactáceas) han desarrollado una 
fotosíntesis particular que se le conoce como metabolismo del ácido crauláceo o CAM 
(crassulacean acid metabolism). En ella, la fijación de anhídrido carbónico (CO2) se realiza 
para un máximo aprovechamiento del agua en distintos apartados o fases: 
1. En los cloroplastos, durante la noche se abren los estomas y toman CO2 que es 
fijado al fosfoenolpiruvato (PEP) mediante la enzima PEP carboxilasa para dar 
ácido oxalacético que luego pasa a málico. Estas dos últimas reacciones se 
producen en las vacuolas. En este proceso se consume ATP y NADPH que se ha 
generado durante el día. 
2. Con la luz solar, los estomas permanecen cerrados y el ácido málico entra en las 
vacuolas y es degradado a PEP y CO2. Este último entra en la ruta de Calvin 
produciendo los azúcares (glucosa) precursores. Las reacciones lumínicas 
producen ATP y NADPH. 
Una de las ventajas CAM frente a otras es la alta eficiencia del uso del agua. Así, 
tendríamos que la relación mmol de CO2 fijado/mol de H2O gastado sería: 
- 1,0 a 1,5 para plantas C3. 
- 2,0 a 3,0 para plantas C4 
- 4,0 a 10,0 para plantas CAM (Nobel 1998). 
 
 
4.2 SISTEMA RADICULAR Y SUS IMPLICACIONES 
Las raíces de las cactáceas son monosuculentas. El sistema radicular es poco profundo, de 
5 a 15 cm de profundidad, y la mayoría del agua la toma a esa profundidad. Cuando el suelo 
se seca, las raíces laterales finas generalmente mueren, mientras que las raíces grandes se 
recubren de una capa de corcho (peridermis). La conductividad hidráulica de las raíces 
disminuye cerca de 10 veces con respecto al suelo seco, lo cual reduce la pérdida de agua 
desde los tejidos de la planta al suelo (North y Nobel, 1992). 
La mayoría de los primordios preformadores de raíces se localizan debajo de la peridermis y 
por lo tanto, se desarrollan raíces rápidamente cuando el suelo es mojado nuevamente, 
incrementándose la absorción de agua y minerales. 
Los estrés de salinidad tienen dos componentes: 
- Estrés hídrico: generalmente es resistido sin graves problemas. 
- Toxicidad iónica: las cactáceas son muy sensibles. 
Las raíces se secan si la absorción de sodio (Na+) es alta (Nobel 1998). El calcio (Ca2+) 
puede suprimir los efectos negativos del Na+ (Rengal, 1992). Por tanto, cuando los cactus 
son regados con aguas cuyas relaciones Na/(Ca + Mg) (mg = magnesio) ó Cl/SO4 (Cl = 
cloro o cloruros y SO4 = sulfatos) son bajos, no sufrirán problemas de salinidad (Nered et al 
1993). Cuando el Ca2+ no es abundante en el suelo o en el agua de riego, la aplicación de 
yeso puede reducir los problemas salinos. Esto se deberá de tener en cuenta para la 
implantación de nuevas áreas de cultivo, especialmente en aquellas explotaciones que 
dispongan de aguas de pozo, con altos contenidos en Na+. 
 
4.3 TOLERANCIA A LA LUZ. 
Los cactus trepadores crecen originalmente en hábitat sombreados de los trópicos y 
subtrópicos Americanos. En Israel, el dosel foliar sufre desde decoloraciones hasta secas 
cuando se cultivan al aire libre como resultado de radiaciones intensas (la fotosíntesis a 
medio día alcanza densidades de flujo mayores de 2.200 mmol fotones m-2 s-1). Los estudios 
realizados en Israel han mostrado que para un óptimo desarrollo deben ser sombreados 
bajo umbráculo, requiriendo distintos niveles (de un 30 a un 60%) dependiendo de las 
especies en particular, así como de la localización. Hylocereus polyhrizus y H. costaricensis 
son los más tolerantes a la luz, probablemente por sus características de corteza (cera 
cortical y corteza espesa). 
En Gran Canaria, en el norte de la isla (Moya) 
han llegado a la conclusión de que en el caso 
de Selenicereus megalanthus una malla que 
reduzca la luz un 30% mejora el cultivo y la 
planta no resulta dañada por la alta intensidad 
lumínica. Este aspecto deberá ser tenido en 
cuanta en la isla de Tenerife, aconsejándose 
sembrar las pitayas bajo umbráculo cuando la 
explotación se realice en el sur o en gran parte 
del norte de la Isla. 
 
4.4 TOLERANCIA A LA TEMPERATURA. 
Debido a que su cultivo se ha desarrollado normalmente en zonas tropicales (Colombia, 
Vietnam, Islas Reunión, Méjico), donde la temperatura no fluctúa de forma apreciable a lo 
largo del año, no se ha estudiado en profundidad este aspecto a excepción de Israel, donde 
las temperaturas pueden ser limitantes para su cultivo. Lo indicado en este apartado está 
referido a lo señalado para este país y a las conclusiones que han alcanzado a este 
respecto. 
En la mayoría de los cactus trepadores, la temperatura mínima para su cultivo es 0ºC. Entre 
las especies ensayadas, Hylocereus spp. Fueron las más sensibles a bajas temperaturas, 
sufriendo daños por frío cuando la temperatura era inferior a 4ºC. En el desierto del Negev 
(Israel), con bajas temperaturas, los cactus trepadores han tenido que ser cultivados en 
invernadero. Los síntomas de daño por frío son lesiones redondas que se expanden a lo 
largo de los tallos. Las plantas se recuperaron rápidamente cuando la temperatura aumentó. 
En el Negev, donde la temperatura máxima alcanza valores de 45ºC (39ºC de media), la 
producción anual de flores fue muy baja, alcanzando valores sólo de un 15 a un 20% de la 
obtenida en zonas con temperatura más moderadas (donde la media en verano no 
sobrepasa los 32ºC). El tiempo de floración también se vio afectado por la temperatura. En 
áreas con temperaturas moderadas, los flujos de floración observados en las especies 
Hylocereus fueron de mayo a noviembre y en S. megalanthus de septiembre a diciembre. 
En términos físicos, H. undatus mostró ser la más sensible a las altas temperaturas: 
Malla de sombreo en Moya 
segmentos de tallos en la superficie exterior de los arbustos se tornaban marrones y 
comenzaban a licuarse. Los daños fueron más intensos cuando se combinaron con altas 
radiaciones solares. 
El cultivo de estos cactus en Tenerife no supondrá mayores problemas desde este punto de 
vista, ya que difícilmente se alcanzan las temperaturas máximas del Negev, y escogiendo la 
cota adecuada no supondrá un peligro de daño por frío. 
 
4.5 DEMANDA HÍDRICA. 
No existen muchos datos sobre las necesidades hídricas de las pitayas en las zonas 
tropicales, de donde es originaria. Uno de los pocos datos procede de Nicaragua (Norma 
Técnica Obligatoria Nicaragüense 11 001-01) donde se indica que son al menos necesarios 
de 700 a 1.200 mm para pitaya roja y de 1.300 a 2.200 mm para pitaya amarilla, con 
precipitaciones moderadas durante la floración. 
En ensayos realizados (A. Nered et al., 2002) en Sede Nizzan y Ma´Abarot (Israel) y en 
riego goteo, indican que la cantidad de agua aportada por el riego fue de 140 mm en Sede 
Nizzan y de 90 mm en Ma´Abarot, siendo su pluviometría de 170 y 400 mm 
respectivamente. Ello indica que fueron necesarios de 310 a 490 mm de agua para obtener 
producciones de 28 a 30 T/Ha. La calidad del agua en ambas localidades fue similar, 
estando su conductividad eléctrica entre 1,3 – 1,4 dS/m, con contenidos en sodio de 6,4 
mmol/m3, calcio 3,3 mmol/m3 y cloro 6 mmol/m3. Las cantidades aportadas con el riego 
variaban de 5 litros por semana y planta en verano y de 2,5 litros  por semana y planta en 
invierno, tratando de regar tres días por semana. 
En el sur de California (Sven Merten, 2004) indica que las plantas jóvenes responden 
adecuadamente a la cantidad de 1 litro por planta y día en riego por goteo y suelos 
arenosos, desaconsejándose los suelos arcillosos en zonas donde coincide la temporada de 
lluvia con la floración, como Florida y Hawai, ya que produce la pérdida de plantas.  
En Moya (Gran Canaria), indican que si se dispone 
un tanque clase A a ras de superficie del suelo 
(semienterrado), el coeficiente 0,1 era el adecuado 
para mantener el terreno en óptimas condiciones y 
no tener demasiado drenaje. El coeficiente 0,1 
englobaría al Kp del tanque y al coeficiente de 
cultivo. 
En ensayos realizados en Arico (Tenerife), la 
cantidad de agua aportada en verano es de 7 a 10 
litros por planta y semana en verano, mientras que en invierno bajaba a 5 litros por semana 
y planta. 
 
4.6 REQUERIMIENTOS DE FERTILIZACIÓN. 
No existe demasiada información sobre fertilización y la existente procede de Israel. Así, en 
Israel, pequeñas cantidades de fertilizantes son aplicadas en el agua de riego y en cada 
riego (Raved et al., 1997; Nered et al, 1999 ; Lichtenzveig et al, 2000; Weiss et al, 1994). 
Todos los autores anteriores recomiendan 35 ppm de nitrógeno de una mezcla que 
S. megalanthus en Moya 
contenga 23 N: 7 P: 23 K. En los últimos ensayos realizados (A. Nered et al, 2002) en Israel, 
la cantidad de abono la modifican a 30-40 ppm de N de una mezcla de 23 N: 3 P: 20 K. 
En el sur de California (Sven Merten, 2004) indica que da muy buenos resultados la 
aplicación de estiércol y compost. No debiendo aplicar mucha cantidad al principio al poder 
dañar el sistema radicular de las plantas. Además, es mejor dividir la fertilización mineral 
para no dañar las raíces por aumento de la solución salina del suelo. 
 
 
 
 
Bibliografía. 
Adolfo Rodríguez Canto, Junio 2000. Producción y comercialización de pitahayas en México. 
Claridades Agropecuarias. 
Avinoam Nered, Feiga Gutman, Yosef Mizrahi. 1999. Ripening and postharvest behaviour of fruits of 
two Hylocereus species (Cactaceae). Postharvest Biology and Thechnology 17: 39-45 
Avinoam Nered, Yarom Sitrit , Ram Avtar Haushik, Yosef Mizrahi. 2002. High summer temperatures 
inhibit flowering in vine pitaya crops (Hylocereus spp.) Scientia Horticulturae 96: 343-350 
Judith Lichtenzveig, Shahal Abbo, Avinoam Nered, Noemi Tel-Zur, Yosef Mizrahi. 2000. Cytology and 
mating systems in the climbing cacti Hylocereus and Selenicereus. American Journal of Botany 87(7): 
1058-1065 
Julia Weiss, Avinoam Nered, Yosef Mizrahi. 1994. Flowering behavior and pollination requirements in 
climbing cacti with fruit crop potencial. Hortscience 29(12): 1492-1494 
Sven Merten, 2004. A review of Hylocereus production in the United States. Yearbook West Australian 
Nut and Tree Crops Association 27: 20-29 
 

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