La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española

La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española - Page 1
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española - Page 2
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española - Page 3
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española - Page 4
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española - Page 5

Esto es sólo una vista previa del documento.

Descargar el documento original para ver más páginas

Descargar

1 de 14

La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria


Documentos relacionados


Esteve Transcripciones

La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria 
española  
María Luisa Esteve Montenegro  
Universidad Complutense 
 
 
El trabajo que aquí presento está dividido en tres apartados. El primero se ocupa de los 
primeros contactos hispánicos con la figura y obra de Krause; el segundo de la creación  
de la Facultad de Filosofía y Letras y la introducción de la asignatura de Estética, por la 
repercusión que va a tener en la futura formación literaria y  el último apartado está 
dedicado a  ejemplificar algunas de las ideas krausistas en  una obra literaria. 
 
 
I  
 
La influencia de las diferentes corrientes culturales en el ámbito europeo ha recorrido 
diferentes caminos a lo largo de la historia que no siempre parecen muy lógicos. La 
dirección que tome esta influencia, si lleva de la periferia al centro o del centro a la 
periferia es una cuestión que no está sometida a reglas determinadas. En el caso de España 
y Alemania, poseen estas relaciones intelectuales una larga tradición pues comenzaron ya 
en la Edad Media, más tarde influyeron en Leibniz, y llegaron hasta el Romanticismo, sin 
olvidar tampoco la influencia que Gracián ejerció sobre Schopenhauer y Nietzsche. Hasta 
ese momento se puede decir que estos impulsos en las relaciones intelectuales hispano-
alemanas parten principalmente o en gran medida de España. Tanto más asombroso nos 
puede parecer que un filósofo, que en su propio país no era muy considerado e incluso 
bastante desconocido, como es el caso de Karl Christian Friedrich Krause, gracias a la 
divulgación que llevaron a cabo algunos de sus propios discípulos y sobre todo, después de 
haber tenido que superar la gran barrera de su lenguaje, haya ejercido tal influencia en la 
España del siglo XIX. 
¿Cuáles habrán sido las causas? cabe preguntarse. Seguramente la filosofía de 
Krause haya llenado el vacío que la  escolástica tradicional ya no era capaz de cubrir. Casi 
se podría decir que España, desde siempre, había estado dominada por la escolástica en 
amplios ámbitos del saber como son la teología, la filosofía, el derecho y la medicina, 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
pues, por motivos religiosos, las corrientes europeas de la Reforma y de la Ilustración, 
habían pasado de largo quedando nosotros aislados y apartados de esos flujos 
reformadores. Es por esto por lo que tal vez se pudiera hablar, desde una perspectiva 
política, del oportunismo de la filosofía krausista en España. Entre las fuerzas progresistas 
de la sociedad española del siglo XIX tuvo un gran éxito ya que en el idealismo alemán, 
representado en este caso por Krause habían encontrado el modelo adecuado. Por otro 
lado, la influencia cultural francesa en España era bastante acusada  y para muchos 
españoles poco satisfactoria porque se consideraba que esa influencia no podía solucionar 
los problemas culturales y sociopolíticos de la época. Sin embargo, es también a través de 
Francia cuando se tiene conocimiento del auge del pensamiento alemán por el que muchos 
intelectuales españoles sentían cada vez más interés. Para ellos la filosofía alemana 
representaba un conocimiento sistemático y profundo, en parte metafísico y considerado 
desde una perspectiva científica, un conocimiento de progreso. Seguramente sólo se 
conocían los nombres de las figuras más importantes del idealismo alemán. Pero a su vez, 
resulta paradójico que esta información proviniese también de fuentes francesas; 
prácticamente era el francés la única lengua que dominaban los intelectuales de la época: 
De l’ Allemagne de Mme. de Staël (1813) e Historie de la Philosophie allemande depuis 
Kant jusqu’ à Hegel de Joseph Willm en cuatro tomos (1846-1849). Aquí hay que añadir 
el Cours de Droit Naturel de Heinrich Ahrens (Bruselas 1838), que tres años más tarde fue 
traducido al español por Ruperto Navarro Zamorano convirtiéndose al poco tiempo en una 
especie de manual utilizado en muchas universidades españolas. Y como Ahrens desarrolla 
su doctrina del derecho sobre la base del pensamiento krausista, Krause pasa a ser 
conocido en España y, por tanto, también por el joven jurista Julián Sanz del Río (1814-
1869). 
La obra de Ahrens Cours de Droit Naturel desempeña un papel muy importante 
en el krausismo español, pues no sólo se ha de considerar como el paso preliminar de ese 
krausismo en España, sino como el fundamento más importante del primer krausismo. 
De ahí que en España haya que distinguir dos corrientes krausistas: el llamado 
prekrausismo de tipo jurídico sobre la base de la interpretación filosófica de la filosofía de 
Krause según Ahrens, y el auténtico krausismo español, formado sobre la traducción y 
comentarios de las obras de Krause que  Sanz del Río llevó a acabo después de su estancia 
en Heidelberg. Dos años después de la publicación de la traducción de Ahrens, el Ministro 
de la Gobernación, Álvaro Gómez Becerra, le concede la cátedra de Historia de la filosofía 
“con el encargo de visitar las principales escuelas de Alemania para perfeccionar sus 
María Luisa Esteve 
conocimientos”. En ese momento se consideraba que “el punto de vista histórico en la 
filosofía es el más adecuado para dar a conocer en nuestro  país los sistemas filosóficos 
modernos” (Orden, 2001ª : 166). 
A lo largo de esos escasos dos años de estancia en Heidelberg, desde 1843 hasta 
finales de 1844, Sanz del Río se introduce en el sistema krausista, sobre todo en la parte 
analítica del sistema, en la doctrina de la sociedad y en la de la filosofía del derecho. A su 
regreso a España, se trae otros escritos suyos, que estudiará en profundidad.   
Sólo diez años más tarde, en 1854, después de haberse retirado a estudiar e 
investigar durante todo este tiempo, comienza a impartir sus clases sobre la filosofía 
krausista en la Universidad Central. Es en este momento cuando se inicia el auténtico 
movimiento intelectual que habrá de marcar de un modo decisivo la vida cultural, social y 
política de España en la segunda mitad del siglo XIX. 
La primera pregunta que cabría formularse sería: ¿Por qué se decide Sanz del Río 
por Krause y no por Hegel o por Schelling? En un primer momento Sanz del Río había ido 
a Alemania con el encargo del Ministerio de importar nuevas ideas, mejor dicho, como 
escribe Menéndez Pelayo de conocer en todo su alcance la filosofía y literatura alemanas. 
En ese proyecto no se incluía la figura de Krause. ¿Qué fue lo que sucedió? En aquella 
época Alemania se encontraba entre la restauración y la revolución, entre los hegelianos de 
derechas y los de izquierdas, lo cual significaba que el sistema hegeliano estaba ya roto. El 
cambio histórico-intelectual que se produce en el país germano entre los años 1842 y 1845, 
según Marx, en nada se podía comparar con la revolución francesa: “Los principios se 
sucedían, las ideas se precipitaban unas tras otras con inusitada rapidez, y entre 1842 y 
1845 hubo más cambios en Alemania que los que tuvieron lugar durante tres siglos." 
(García-Mateo, 1982: 148). 
Sanz del Río no podía interesarse por Hegel porque a su muerte los hegelianos 
estaban divididos. Más bien estuvo interesado desde un principio en conocer mejor el 
sistema de Krause del cual ya había tenido noticias a través de Ahrens. Sin embargo, su 
elección no sólo estuvo determinada por ese conocimiento anterior; sino que otros aspectos 
importantes intervienen en ella como la afinidad o congenialidad intelectual y filosófica 
entre ambos pensadores; la capacidad de aplicación ético-práctica de la filosofía krausista 
que permitiría acometer la reforma sociopolítica de la España de entonces y la ya 
mencionada situación de los hegelianos en ese período histórico. 
Desde tiempo atrás, la afinidad intelectual y filosófica entre Sanz del Río y Krause 
era un hecho, como se desprende de la primera carta que desde Heidelberg le envía a su 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
amigo y protector José de la Revilla en la que justifica la elección de este sistema filosófico 
porque coincide con su propia verdad, y,  además, le parece, que entre todos los que él 
conoce, éste es el más consecuente y el más completo. 
Algunos historiadores han opinado al respecto, que aunque Sanz del Río no 
hubiese ido a Alemania, en España hubiese habido krausismo porque el krausismo ya se 
encontraba su espíritu. No obstante, la aplicación práctica del sistema fue para él un factor 
importante.  
Todos estos aspectos, aunque no propiamente científicos, estaban en consonancia 
con esa meta tan especial que se había propuesto; estaba convencido de que éstos y no 
otros habrían de configurar las características fundamentales de la doctrina que podría 
satisfacer las necesidades intelectuales de su país, como él mismo escribe en la carta 
mencionada más arriba. Con ello se pone de manifiesto que la elección de Sanz del Río no 
había sido casual y sin fundamento. Se trataba de la consecuencia de la congenialidad 
psicológica con Krause por un lado, y  por otro, de la capacidad de aplicación de su 
filosofía. 
A pesar de ello, Sanz del Río intenta fundamentar de un modo más detallado y 
científico su decisión presentando algunos argumentos que le permitieran explicar por qué 
para él Krause significaba más que Hegel o que cualquier otro sistema filosófico del 
momento. Los argumentos que expone en la introducción a su versión española de la parte 
analítica del sistema krausista, se basan, a su vez, en el fundamento de ese sistema, pues lo 
había considerado como el adecuado  para que se convirtiera en medida de todos los 
demás. La crítica que hace a los de Hegel, Fichte y Schelling se limita únicamente a 
pequeños juicios que tienen su origen en la crítica krausista de los sistemas de su época. 
Así, Sanz del Río, al igual que Krause, se impone la tarea de superar la división 
existente en la filosofía occidental entre una visión del mundo monista y dualista. En su 
Sistema de la Filosofía escribe: "La ciencia precedente estaba marcada por un dualismo 
fuertemente arraigado...: Dualismo lógico entre sujeto y objeto... Dualismo psicológico 
entre un espíritu con capacidad de obrar, reflexivo y libre y un espíritu material... Dualismo 
ontológico entre sustancia y accidente, causa y efecto, libertad y necesidad, finito e 
infinito, identidad y diferencia, unidad y multiplicidad... dualismo teológico entre Dios y el 
mundo... Finalmente dualismo dentro de la propia filosofía, que se mueve entre los 
extremos idealismo / materialismo..." (García-Mateo, 1982: 150). 
La profunda admiración de Sanz del Río por la doctrina krausista como 
culminación de la filosofía, le impedía ejercer crítica alguna a su pensamiento. Su mérito 
María Luisa Esteve 
no se limita únicamente a la mera labor traductora e interpretativa; se esforzó, sobre todo, 
en aplicar el ideal krausista de un modo práctico y útil a la situación y características 
españolas, es decir, en dejar que hablara en el entorno histórico-intelectual y social-político 
de la España de entonces para intentar lograr la meta que le habían encargado: elevar el 
nivel intelectual en España. Además, una de las perfecciones que veía en la doctrina 
krausista que le ayudarían a alcanzar esta meta, era la capacidad de acomodarse 
perfectamente a los diversos grados de cultura del espíritu humano (López-Morillas, 1980: 
59). Según él, la difusión de esta doctrina debía de responder a las exigencias intelectuales 
del país, que necesitaba volver a fomentar entre los jóvenes el gusto por el trabajo y la 
disciplina intelectual así como el interés por la ciencia como un primer paso hacia la 
modernización de la universidad.  
 
 
II 
 
A esa modernización de la universidad iba a contribuir la introducción de la  Estética como 
disciplina universitaria de la cual se iban a beneficiar tanto la filosofía como la literatura 
dentro de la Facultad de Filosofía.  Los motivos que llevan a introducir esta disciplina, 
tienen como base la marginación que sufren las materias filosóficas en las sucesivas 
reformas del primer Plan de Estudios de la Facultad de Filosofía que precisamente había 
sido creada en 1845 (Orden 2001: 242, 243). La Facultad se había estructurado en dos 
Secciones: una de Letras y otra de Ciencias. A la Sección de Letras pertenecían las 
materias filosóficas, la lengua y la literatura hasta conformar las seis asignaturas con que 
contaba la Licenciatura en esta Sección de las cuales sólo una era filosófica: la Filosofía y 
su historia. En el Doctorado, de un total de seis, había dos asignaturas filosóficas: 
Ampliación de la Filosofía e Historia de la Filosofía.  
En esa época, las  Facultades superiores, entre las que se incluía la de Filosofía,  
concedían tres grados: bachiller, licenciado y doctor, aunque en realidad quedaban 
reducidos a dos: licenciado y doctor, ya que el de bachiller daba acceso a cualquier estudio 
universitario.    
En las sucesivas reformas del Plan de 1845, el área filosófica es marginada en 
favor de la literaria. Así, en  1847  se establece la división del área filosófica en dos  
Secciones: área literaria y área filosófica. Tres años más tarde, en 1850, la administración 
educativa las vuelve a reagrupar en una sola  recibiendo incluso el nombre del área 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
fundamental, es decir, área de “Literatura”, desapareciendo con ello la denominación más 
genérica de “Letras”. Esta actuación se justifica diciendo que “el segregar la literatura de la 
filosofía especulativa ó ciencias psicológicas, constituye, en sentir del Ministro, un fatal 
divorcio entre el saber y la locución, entre la ciencia y el buen decir. Estos dos ramos, 
como ya se había dispuesto en 1845, deben correr unidos, siempre unidos, constituyendo 
ambos una misma enseñanza. La literatura que no está basada en las ideas, en la filosofía 
propiamente dicha, es una falsa literatura, que privada de pensamientos sublimes y de las 
inspiraciones del entendimiento no puede alcanzar la belleza” (Colección de las leyes... 
1850).   Este argumento se volverá a esgrimir en años posteriores a raíz de nuevos intentos 
de cambios dentro de la estructura de la Facultad de Filosofía. 
El deterioro del área filosófica llega a su culmen con el Reglamento de 1852 que 
reduce las disciplinas del área a Filosofía y su historia, y en el Doctorado sólo aparece una 
disciplina del área literaria:  Literatura extranjera.  
A partir de 1854 en que Sanz del Río se incorpora como catedrático de la 
asignatura de Doctorado Historia de la Filosofía después de su retiro en Illescas,  empieza 
por fin a cambiar la situación de marginación del área filosófica. Su intervención en este 
proceso fue decisiva. Argumentó que “no era admisible que hubiese un grado de la 
Sección de Literatura, a la que estaban adscritos los estudios filosóficos, que no tuviese, al 
menos, una materia filosófica” (Orden, 2001: 244). En los decretos anteriores al 
Reglamento se exigía que fueran “pareadas la literatura y la filosofía en todos los Grados 
hasta la Licenciatura”, por tanto, parecía lógico que se siguiera manteniendo esta paridad 
en las materias del Doctorado.  
Pero el gran cambio que va a sufrir la Facultad de Filosofía tiene lugar a raíz de la 
Ley de Instrucción Pública de Claudio Moyano que da lugar a la segregación de las cuatro 
Secciones que conformaban la Facultad de Filosofía desde 1850. Se crea la Facultad de 
Ciencias Naturales y la de Ciencias exactas, Físicas y Naturales a partir de la Sección de 
Ciencias Físico-Matemáticas; se adscribe a la Facultad de Derecho la Sección de 
Administración y por último, la Sección de Literatura se convierte en la Facultad de 
Filosofía y Letras que en un solo estudio superior agrupa todas sus áreas: la filosófica y las 
dos  de letras: la literaria y la histórica. Esta nueva estructuración conlleva un nuevo 
cambio en los tres grados que anteriormente concedía esta Facultad: su grado de Bachiller  
ya no daba acceso a los estudios superiores que desde ahora no puede expedir, debido a 
que hay asignaturas que están fuera del área de esta Facultad. De ahí que fuera necesario 
una nueva distribución de las materias a impartir con el fin de que se pudiera seguir 
María Luisa Esteve 
concediendo los tres grados como cualquier otra Facultad superior. En todos estos cambios 
se establecía una lucha de fuerzas entre el área filosófica y el área de letras que a su vez 
ocultaba otro tipo de intereses más de tipo político y de poder que académicos. 
Las Disposiciones Provisionales a la ley Moyano, aumenta el número de 
disciplinas del área literaria y mantienen el número de las filosóficas. Ello suponía que 
Sanz del Río ya no impartiría en el Doctorado Historia de la Filosofía y que se limitarían 
sus derechos como catedrático de esa materia porque sólo en Doctorado gozaba de una 
auténtica libertad docente. Es de suponer, que en estos cambios se reflejara la opinión de 
aquellos que no quedaron conformes con la traducción que hizo de la obra de Weber 
Compendio de Historia universal. Muchos la tachaban de panteísta y a él, naturalmente, de 
propagador de esas ideas. Para mayor contrariedad de sus oponentes, el primer volumen de 
este compendio fue  elegido como libro de texto.  
Como era de esperar, Sanz del Río actúa de inmediato en contra de las nuevas 
Disposiciones y para conseguir la cátedra, incluso se muestra dispuesto a impartir en el 
Doctorado la asignatura Literatura de las lenguas de origen teutónico  basándose en su 
formación germánica. Al mismo tiempo no ceja en su empeño de volver a introducir  en 
todos los grados la Historia de la Filosofía, basándose en la madurez científica del alumno 
de doctorado que le permitiría desarrollar una actitud crítica. El propio nombre de la 
Facultad, “Filosofía y Letras”, servía de apoyo a su argumento; según esa denominación, 
las dos áreas deberían estar representadas en todos los grados con sus correspondientes 
materias para  así establecer un auténtico equilibrio entre ambas. Siguiendo un argumento 
expuesto anteriormente, considera que para la actividad literaria sería beneficioso atenerse 
a los principios planteados por la Filosofía, pues la “literatura expresa con bella forma y 
arte las ideas de pueblos y hombres, que el espíritu concibe y la filosofía precisa y 
formula” (Orden, 2001: 255), es decir, que la Filosofía asumiría una función rectora frente 
al contenido literario y a la orientación de la creatividad literaria, pues la Literatura “dejada 
a las inspiraciones momentáneas e irregulares del genio, carecería de la guía y compás y 
norte que sólo puede presentarle la filosofía” (Orden, 2001: 256).   
Sin embargo, en la siguiente reforma legislativa (11-09-1858) las asignaturas 
literarias dominan en los dos primeros grados que otorga la Facultad, no así en el de 
Doctorado. Éste, en cambio, contaría con dos únicas materias filosóficas: Historia de la 
filosofía y Estética. 
La Estética no era una materia desconocida en esa Facultad. Anteriormente ya se 
había impartido, aunque integrada en la Literatura y con fines propedéuticos. Ahora, en 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
cambio, al convertirse en una asignatura autónoma y estar incluida en el último grado, pasa 
a pertenecer al área de Filosofía. Seguramente se pretendía que a través de estas dos 
asignaturas de Doctorado se hiciera una reflexión de conjunto sobre las materias de los dos 
áreas fundamentales que constituían la Facultad. Según Orden Jiménez la pretensión 
política que se perseguía con la Estética  podría haber sido la de influir desde la filosofía en 
la literatura con el fin de que no quedara al arbitrio de la mera creatividad y de los antiguos 
cánones y se viera sometida al control de las ideas suministradas por la razón que dirigirían 
la actividad artística tanto desde un punto de vista formal como de contenido (Orden, 
2001: 264). 
Ante esta situación, la suspicacia entre los moderados neocatólicos se desata pues 
temen que con la Estética suceda lo mismo que con la Historia de la Filosofía, que, según 
ellos, era una asignatura peligrosa para la estabilidad  política e ideológica nacionales por 
el mero hecho de ser  Sanz del Río el que la imparte. De ahí que a la primera oportunidad   
se vuelva a incluir la Estética como bloque propedéutico dentro de la asignatura de 
Literatura y se la aleje del control del área filosófica. En 1868,  cambia de nuevo la 
situación al volver los liberales al poder. Su interés por orientar racionalmente la labor 
artística y ante todo la literaria queda patente. Con esta actitud se perseguía introducir 
nuevas ideas en los contenidos trasmitidos por la literatura a través de la filosofía y que 
ésta se constituyera en fuente formativa del literato como sucedió en Alemania a finales 
del siglo XVIII y principios del XIX. Los moderados, en cambio, se apoyan en la tradición 
literaria y en las fuentes clásicas. 
Para el krausismo la existencia de esta materia constituye un medio adicional  de 
difundir sus ideas también en la literatura. Los cambios que se producen en la Facultad de 
Letras eran de suma importancia para lograr la meta que se había propuesto la autoridad 
educativa: la de superar de un modo racional  la crisis cultural en la que  España se 
encontraba sumergida en aquel momento.    
 
 
III 
 
En el tercer apartado de esta exposición quisiera dedicar mi atención al influjo que ejerció 
el krausismo con todo su componente ético sobre la literatura española en torno al año 
1870 en adelante, ya pasada la Revolución de Septiembre, ejemplificándolo en una obra de 
Galdós. Se puede decir que en esa década se produce un cambio en el género novelesco. 
María Luisa Esteve 
La  literatura  deja de ser un género de evasión, un tanto mediocre, salvo algunas 
excepciones, con afán de distraer al lector y alejarlo de la preocupación por su persona o 
por la realidad circundante –en aquellos momentos llena de problemas- como reflejaban la 
lírica, el folletín o drama histórico, las novelas sentimentales  etc., géneros literarios 
entonces vigentes y que, en parte, tenían gran influencia de “versiones detestables del 
francés”. El móvil principal de esa literatura no es la singularidad del individuo, sino todo 
lo contrario: lo induce a que se comporte como los demás, a que no destaque en nada, para 
que su personalidad no sobresalga y se disuelva en el anonimato social; la ficción se queda 
en   lo meramente externo sin entrar en la manera de ser individual del personaje ficticio. 
Es la novela, con su preocupación por el presente,  la  que va a hacer posible que se 
establezca una relación entre el individuo y la sociedad, que el lector se reconozca en la 
obra, porque ahí es donde se van a tratar los temas que le preocupan y donde se va ver  
reflejado, convirtiéndose así en el género de la época no exento de rasgos doctrinales y 
polémicos; la novela deja de ser un género de evasión para convertirse en provocadora y 
problemática.  Con los medios de expresión de que dispone la literatura y por ende la 
novela, es capaz de ir mas allá de los hechos y llegar a la historia interna de lo creado, cosa 
que no sucede con todas las manifestaciones artísticas. De ahí que los krausistas de la 
“tercera generación” o de González Serrano como los denomina López-Morillas o los 
krausopositivistas como lo hacen otros, consideren la novela moderna el 
 
[...]género literario más adecuado al espíritu y tendencias de los tiempos presentes. 
El carácter sincrético del poema en prosa; la doble naturaleza de su composición, 
que lo mismo revela las impresiones y juicios personales del artista que las 
circunstancias reales y objetivas que acompañan al desarrollo de la acción; la 
amplísima esfera en que se mueve el novelista al poder hablar de todo [...], y, por 
último, el constante espíritu crítico que puede campear en la novela, son otras 
tantas condiciones á cual más favorables para que adquiera tal género literario una 
boga superior a todos los demás, dadas las especialísimas [...] aptitudes que muestra 
el gusto literario en nuestros días (Schmitz, 2000: 62) 
 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
González Serrano le atribuye aquí a la novela lo que la promoción anterior de krausistas le 
había atribuido a la poesía dramática: la consideraba como algo alejado de su gusto. Esta 
generación, en cambio, es más “literaria”, se ocupa más de la literatura como creación 
autónoma y válida en sí  misma.  De ahí que ahora se pase a considerar la novela como el 
“género armónico”, y, para su estudio, puesto que no entra en el esquema tradicional de la 
normativa poética, estos krausistas elijan proceder de un modo inductivo extrayendo de la 
propia obra las pautas y orientaciones necesarias que exijan del crítico un detallado análisis 
y una reflexión así como amplios conocimientos literarios que van a llevar a la creación de 
una crítica literaria cualificada  en relación con la Estética y a que surja en España lo que a 
imitación germánica se denomina ciencia literaria  o Literaturwissenschaft. Precisamente 
con ayuda de la Estética se asentó la base racional a partir de la cual es posible que se 
desarrolle una crítica imparcial. Según López Morillas,  en La Fontana de Oro de Galdós 
se pone de manifiesto este “deseo de los krausistas de elevar la crítica a un nivel más alto 
de dignidad  y eficacia” (López-Morillas, 1973: 28), pues sin una crítica responsable la 
literatura difícilmente puede prosperar. 
La obra galdosiana La familia de León Roch que aparece en 1878, está llena de 
ingredientes krausistas. Parece creada para contrarrestar Minuta de un testamento de 
Gumersindo de Azcárate  publicada dos años antes, que no sólo es un testamento sino 
también un testimonio fiel del pasado con el propósito de defenderlo en el futuro. La obra 
es producto de una crisis  personal: la de un austero intelectual krausista que a raíz del 
primer Concilio Vaticano (1869-1870) rompe con la Iglesia católica. En ella recoge el 
autor sus recuerdos personales e ideas sobre materias como religión, derecho, política, 
pedagogía, sociología, ética, entre otras, lo cual convierte este escrito en un medio de 
información acerca de la vida de un krausista sin connotaciones doctrinales. El “testador”, 
al igual que otros muchos krausistas, se dedica a la enseñanza en la que ve una posibilidad 
de transformar al individuo a través de la educación y el ejemplo. Eso  mismo le sucede a 
León Roch en el que algunos ven representado al símbolo del krausista  educador, 
cumpliéndose así el precepto que impone al hombre el Ideal de la Humanidad: educarse y 
educar.  
Es su deseo de educación y de enciclopedismo de autodidacta lo que le lleva, 
después de abandonar la Escuela de Minas siendo un flamante ingeniero, a ocuparse de 
otras ciencias como la geología, la botánica, la astrología: “todos los adelantos de la 
Historia natural le son familiares y es un astrónomo de primera fuerza” (Galdós, 1970: 
785). Sólo por estos intereses ya se le considera diferente e incluso se le tacha de ateo, 
María Luisa Esteve 
porque se le ve a través de los prejuicios con los que se juzga a los krausistas que son 
considerados por algunos como “ateos disfrazados”, ya que tratan de establecer una 
relación de  armonía entre la ciencia y la religión de acuerdo con la máxima de que el 
hombre “conoce en la ciencia a Dios”. La imagen social de León Roch es descrita como la 
de  
 
“un sabio de nuevo cuño, uno de estos productos de la Universidad, del Ateneo y 
de la Escuela de Minas, que maldito si me inspiran confianza. Mucha ciencia 
alemana, que el demonio que lo entienda, mucha teoría oscura y palabrejas 
ridículas; mucho aire de despreciarnos a todos los españoles como un atajo de 
ignorantes; mucho orgullo, y luego el tufillo de descreimiento, ...”(Galdós, 1970: 
784) . 
 
Se presiente el acoso sin tregua producto de la ignorancia agresiva en este retrato como 
sucedía en la realidad y que Galdós  describe muy bien como buen intérprete del sentir del 
mundo que le rodea. Y tras “el tufillo de descreimiento” que probablemente proviene del 
contagio que trasmite la intransigencia clerical frente a toda novedad ideológica, sobre 
todo, si provenía de fuera, se esconde también el tema de la religión. Éste será un tema 
recurrente en la novelística galdosiana. La conciencia religiosa de sus personajes conduce a 
los conflictos que se desarrollan en ella, como se pone de manifiesto no sólo en La familia 
de León Roch sino en Doña Perfecta y Gloria. La figura de León Roch refleja el espíritu 
religioso krausista cuando confiesa  “...  yo creo en el alma inmortal, en la justicia eterna, 
en los fines de perfección, ¡breve catecismo, pero grande y firme!” (Galdós, 1970: 976) y 
esta confesión lo hace ser incluido  en el grupo de “esos se que llaman católicos y admiten 
teorías contrarias al catolicismo” (Galdós, 1970: 784), a los que aborrece el “católico, 
católico”. Pero su “rectitud y el propósito firme de no mentir jamás” (Galdós, 1970:794) 
no le permiten disimular y convertirse en un hipócrita. Roch es un personaje galdosiano 
que está inmerso en el conflicto ideológico entre el individuo y la sociedad que termina 
cayendo víctima del “escuadrón de hipócritas que forman la parte más visible de la 
sociedad contemporánea” (Galdós, 1970: 912). El individuo encarna las virtudes: 
honradez, franqueza, magnanimidad (al igual que León), la sociedad, en cambio, las taras 
morales: perfidia, fanatismo, hipocresía (López-Morillas, 1972: 24, 25). El fanatismo, la 
hipocresía en general y en particular la religiosa son temas que toca Azcárate en su Minuta 
y que va recogiendo Galdós en los personajes de sus novelas. En unos, como en Pepe Rey 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
de Doña Perfecta se manifiesta el fanatismo provinciano, en otros, en León Roch, modelo 
de joven krausista, una sociedad dominada por la hipocresía.  
El krausismo español se caracteriza por su actitud social siguiendo al Ideal: 
“Aplícate a moralizar el medio social en que vives, desde ti a la familia, al círculo libre, al 
pueblo; y afirmarás en grado descendente el sentido moral del pueblo, de la familia, y el de 
ti mismo”.(Gómez-Martínez, 1983: 74). Y son estas ideas de perfeccionamiento del 
individuo para a través de él lograr el de las instituciones, las que Galdós adjudica a sus 
personajes simbolizando con ello la actitud de los krausistas españoles sobre todo, porque 
el ambiente de la Restauración da muestras de una carencia de moral o más bien de una 
moral basada en las apariencias: “Toda deformidad debe ser velada, y las de la conciencia 
más, para no ofender a la moral pública” (Galdós, 1970: 812). 
La influencia krausista, y no sólo teórica, se aprecia también en la actitud frente a la 
mujer. En el Ideal se pone de relieve la necesidad de que exista una igualdad entre el 
hombre y la mujer para lograr la armonía que debe presidir una sociedad perfecta. Y como 
el hombre 
 
se interesa con igual estima y amor hacia la femenina que hacia la masculina 
humanidad: ama y respeta la peculiar excelencia y dignidad de la mujer. Cuando 
observa que esta unidad esencial de la humanidad está hoy en unos pueblos 
oprimida y degradada, en otros postergada, o abandonada en su educación por el 
varón, que hasta ahora se ha atribuido una superioridad exclusiva; cuando observa 
que la mujer dista hoy mucho del claro conocimiento de su destino en el todo, de 
sus derechos y funciones y altos deberes sociales, se siente poderosamente movido 
a prestar ayuda y fuerza a la mujer” (Gómez-Martínez, 1983: 58). 
 
León Roch, consciente de esta situación está dispuesto a colaborar y rectificar “la 
ridícula instrucción de los colegios”(Galdós, 1970: 796). En su optimismo está convencido 
de que la ignorancia de su futura esposa la convierte en el ser “más a propósito para mí, 
porque así podré yo formar el carácter de mi esposa, en lo cual consiste la gloria más 
grande del hombre casado” (Galdós, 1970: 796). La visión pedagógica y tutelar de la mujer 
se pone de manifiesto frente a la hasta entonces dominante, que consideraba  que el 
entendimiento de una mujer era incapaz de apreciar asuntos elevados. Era necesario que el 
componente femenino de la institución básica de la sociedad, la familia, poseyera una 
formación adecuada ya que los krausistas reconocían en ella el poder de formación. 
María Luisa Esteve 
Por los aspectos que hemos tratado aquí, aunque de un modo muy breve, se puede 
deducir que Galdós no dejó a un lado las fuentes teóricas de los krausistas españoles más 
importantes del momento, sino que se sirvió de ellas para encarnar en sus personajes estos 
ideales. Con ello logra su propósito de novelar los problemas más candentes de la sociedad 
de su tiempo y aunque tal vez no de un modo consciente, darle un vuelco a la novela 
española del siglo XIX. 
La influencia de las ideas krausistas en la renovación literaria española 
 
BIBLIOGRAFÍA 
Azcárate, Gumersindo de (1967). Minuta de un testamento. Barcelona. 
CLE: Colección de las Leyes, Decretos y Declaraciones de las Cortes, y de los Reales Decretos, 
Órdenes y Reglamentos Generales expedidos por los respectivos Ministerios L (1850) 775; Real 
Decreto 28-VIII-1850, Manuel Seijas Lozano, en las aclaraciones previas a la Reina. 
García Mateo, Rogelio (1982). Das deutsche Denken und das moderne Spanien. Panentheismus als 
Wissenschaftssystem bei Karl Chr. Fr. Krause. Seine Interpretation und 
Wirkungsgeschichte in Spanien: Der spanische Krausismus. Peter Lang, Frankfurt/M. 
Bern. 
Geisler, Eberhard (2001). España y Alemania: Interrelaciones literarias. Vervuert, Madrid. 
Gil Cremades, Juan José (1975). Krausistas y liberales. Seminarios y Ediciones S.A. Madrid. 
Gómez-Martínez, José Luis (1983). “Galdós y el krausismo español”. Nueva Revista de Filología 
Hispánica  XXXII, 1: 55-79. 
González Serrano, Urbano (1881). “Consideraciones sobre el arte y la poesía”, en Ensayos de 
Crítica y filosofía. Aurelio L. Alaria, Madrid. 
López-Morillas, Juan (1972). Hacia el 98. Literatura, Sociedad, Ideología. Ariel, Madrid. 
López-Morillas, Juan (1973). Krausismo: Estética y Literatura. Lumen, Barcelona. 
López-Morillas, Juan (1980). El Krausismo español. F.C.E. Madrid. 
Orden Jiménez, Rafael V. (2001a). Sanz del Río en la Universidad Central: los años de formación 
(1837-1854). Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, Madrid. 
Orden Jiménez, Rafael V. (2001). “La introducción de la Estética como disciplina universitaria: la 
protesta de Sanz del Río contra la Ley de Instrucción Pública”. Revista de Filosofía, 3ª 
época, XIV, 26: 241-271. 
Pérez Galdós, Benito (1970). Obras completas. T. I, Aguilar, Madrid. 
Schmitz, Sabine (2000). Spanischer Naturalismus. Entwurf eines Epochenprofils im Kontext des 
‘Krausopositivismo’. Niemeyer, Tübingen. 
 
 
   
 
 

© 2016 - 2017 Docmia. Todos los derechos reservados.