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EL KRAUSISMO TRADUCTOR Y T R A D U C I D O 
MIGUEL ÁNGEL VEGA 
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID 
INSTITUTO UNIVERSITARIO DE LENGUAS MODERNAS Y TRADUCTORES 
1.- En el principio fue... la traducción. 
Sin pretender pecar de insolencia hacia un pasaje del libro sagrado, 
múltiplemente mencionado en nuestra cultura, cabría modificar el tenor del 
texto español, dada la polisemia del original, conforme a su sentido profundo. 
Goethe en su Fausto I nos presenta a la criatura de su ficción peleando con la 
traducción correcta del texto joanino In principio erat verbum. El mago fáustico 
duda a la hora de establecer la correspondencia de verbum entre Sinn (sentido), 
Kraft (fuerza) y Tat (acción). Personalmente añadiría la siguiente propuesta: 
"en el principio fue la traducción". Semejante variación textual no estaría lejos 
de las intenciones del autor sagrado, pues también el Evangelio habla de 
traducción: el Verbo se hizo hombre. Al hacerse hombre el Verbo primigenio, 
no está sino traduciéndose, adoptando otro código de ser y obrar distinto al 
originario. Si con ese hacerse hombre el Verbo comienza una nueva historia, 
un nuevo cómputo del tiempo, también en la historia cultural de nuestro país 
podemos decir que en el principio de la nueva era, la que hemos dado en 
llamar la "Edad de Plata", está el verbo, el verbo traducido. 
De todos es más o menos conocido el perfil del krausismo español, el 
movimiento que, basado en la doctrina filosófica de un hegeliano de tercera, K. 
Ch. Krause, fue trasplantado a España por un desconocido profesor de filosofía 
madrileño, que contribuiría como nadie a naturalizar en España la 
modernidad. La obra y gracia del soriano Julián Sanz del Río serán el punto de 
referencia de muchos intelectuales que, sin llegar manifiestamente a 
constituirse en una opción política, social o estética, sí van a dar una 
orientación novedosa a la dialéctica social, política y cultural de España. Y si el 
punto de referencia de la modernidad española es el pensamiento y la 
trayectoria vital de este profesor de la Universidad Central española que a 
313 
mediados del XIX comenzaba su andadura, el punto de partida de ambos, 
pensamiento y trayectoria, será la traducción de una de las obras de ese 
modestísimo pensador alemán que Sanz del Río lleva a cabo. No se podrá 
comprender la España moderna, aquella a la que el patriota (¡lástima de su 
"patria o muerte"!) cubano José Martí, en su exilio madrileño, concedía el 
elogio de la inteligencia ("aquellos inteligentes madrileños", decía refiriéndose a 
los ateneístas y "institucionistas", lo que en Martí ya era mucho), sin colocar 
en el hipocentro de nuestro panorama intelectual una traducción: El ideal de la 
Humanidad, traducción-adaptación de la obra del mismo nombre del filósofo 
alemán. Así pues, permítasenos decirlo abiertamente: El comienzo de la nueva 
cultura española es el krausismo y el comienzo del krausismo español fue una 
traducción. 
2.- La génesis del principio: Sanz del Río y el krausismo 
El principio de esa traducción es la estancia del soriano Julián Sanz del 
Río, un estudiante de derecho y filosofía que por esas fechas está estudiando, 
motu proprio, alemán en Madrid. Era esta afición cosa rarísima en nuestras 
latitudes, si bien las primeras lecciones de alemán ya se habían impartido 
durante el Trienio en el primer Ateneo liberal de Madrid. Quizás para 
aprovechar sus intereses y sus escasos conocimientos de un idioma que todavía 
en nuestro país hacía del que lo estudiaba una rara avis de la vida cultural, el 
ministro de Instrucción Pública Pedro Gómez de la Serna le asigna una beca de 
estudios para que estudie el panorama del pensamiento alemán. 
Son años en los que la Universidad española pasaba unos momentos 
críticos. Hacía no mucho, el claustro de la Universidad de Cervera había 
prometido a Fernando VII apartarse de la perniciosa tarea del pensar; la 
Universidad de Baeza era suprimida para eliminar un posible nido liberal y la 
de Alcalá se encontraba en tal estado de postración que pocos años más tarde 
empezará a trasladar sus bártulos y pertenencias a la que iba a ser Universidad 
Central de Madrid. 
Pero desde la segunda década del siglo había comenzado a animarse el 
panorama intelectual español gracias a las traducciones, no en último lugar de 
la literatura y filosofía alemanas, de Kant, Schiller o de Goethe1 sobre todo. 
1 Frecuentemente, al enjuiciar la época fernandina y en general la primera parte del 
siglo XIX se peca de pesimismo e injusticia con unos intelectuales que, partiendo de 
los impulsos de la modesta ilustración Carolina, además de intentar una de las 
constituciones más avanzadas de la época, supieron aceptar corrientes venidas de fuera 
e impulsar a su vez, exportando las variantes españolas, movimientos europeos. Los 
falansterios españoles, el romanticismo del duque de Rivas o de Gutiérrez (que, como 
314 
Con la decisión de mandar a Sanz del Río se rompía institucionalmente el 
aislacionismo que la Contrarreforma nos había impuesto hacía ya siglos. Así 
pues, en 1843 Sanz del Río lía su petate y parte para Alemania. Allí se establece 
en Heidelberg, si bien antes de fijar su residencia en esta bella ciudad alemana, 
ha pasado por París, donde se entrevista con Víctor Cousin, en ese momento 
arbitro del pensamiento francés, y por Bruselas, donde toma contacto con 
Ahrens. Este alemán discípulo de Krause enseña en la recién fundada 
Universidad Libre de la capital belga, implantando en ella la célula del 
movimiento krausista. 
En la ciudad del Neckar, nuestro aprendiz de pensador topa con un 
sistema de filosofía no excesivamente original, que, sin embargo, le capta y le 
atrae de manera irresistible: es Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), 
discreto filósofo sajón marcado por la mala suerte,2 que había pretendido 
reinterpretar el pensamiento kantiano y depurarlo de las impurezas que la 
filosofía clásica alemana posterior había introducido en él. Él daría existencia y 
nombre a un "ismo" propio: el "panenteísmo", doctrina que pretendía la 
pertenencia de lo creado al Ser Absoluto sin que este anulara su individualidad. 
"Ser en Dios": tal sería la formula que sintetizaría su filosofía. Espíritu y 
Naturaleza se integran en la Humanidad que él registra como un proceso de 
progresión hacia Dios. Para explicar este proceso de progresión había escrito su 
Ideal de Humanidad, obra que, con ecos kantianos, organizaba en dos partes: 
analítica y sintética. En su "analítica" presentaba el camino del conocimiento 
subjetivo hacia lo absoluto que posibilita el Ur-ich (compuesto de naturaleza y 
espíritu) y que a su vez se basa en el ser o esencia originaria, que es Dios. En su 
"sintética", descendía de este ser o Ur-Wesen absoluto hasta llegar al hombre. 
se sabe competirá en los gustos del público europeo con Scribe o Sue. Las obras de los 
españoles servirían de libretos a Verdi, lo que alude a su prestigio fuera de nuestras 
fronteras), o la música española de la época (la de Gomis o la de Gaztambide, p.e.) 
testimonian una cierta sintonía con lo que se hacía más allá de nuestras fronteras. En 
este sentido la labor de los emigrados fue decisiva. En todo caso, presentar la historia 
cultural de nuestro país como una batalla entre ortodoxos y heterodoxos es pecar de 
simplismo y válido únicamente en una utilización política de la historia, no para una 
consideración objetiva de la misma. Humbpldt en su visita a España el último año del 
XVIII, había dejado constancia del avanzado grado de ilustración conseguido por 
nuestro pueblo. 
2 A pesar de sus numerosos intentos (en Gòttingen y en Munich), Krause nunca 
consiguió acceder a una cátedra universitaria y tuvo que subvenir a sus necesidades 
familiares de manera bastante precaria, lo que no fue óbice para que hiciera de su 
vocación de pensador una ética de actuación. 
315 
Basten estos someros apuntes sobre Krause como indicativos del talante 
y espíritu que respiraba su filosofía y su actividad intelectual, que no se ceñía 
exclusivamente a la metafísica, sino que abarcaba los más diversos campos del 
pensamiento: derecho, educación, moral, metafísica, estética, psicología, etc. 
Una veintena de obras, nada escuetas, constituye la bibliografía que Krause 
legó al enorme acerbo del pensamiento alemán. 
En esos momentos en los que Sanz del Río llega a Heidelberg, el 
krausismo pasa un efímero momento de gloria en la universidad alemana, lo 
que es lo mismo que decir en la historia del pensamiento: Nieuwenhuis en 
Holanda, Ahrens y Tiberghien en Bélgica y los alumnos heidelbergenses 
Leonhardi y Roder han hecho del pretendido reformador del pensamiento 
idealista Krause un guía de la joven intelectualidad europea. 
Ya antes de su partida de España, Sanz del Río conocía el pensamiento 
de Krause gracias a la traducción que del libro de Ahrens Curso completo de 
Derecho o Filosofía del Derecho, había realizado, a través del francés, Ruperto 
Navarro Zamorano, asistente y amigo de Sanz del Río, con el que estudiaba 
alemán. Aparecido en 1837, de él se harían Varias reediciones una de ellas en 
fecha tan distante como 1906. Precisamente en Heidelberg enseñan sus 
discípulos, Roder y Leonhardi, cuyas lecciones sigue el soríano. En contacto 
con ellos y con el discípulo de estos, el mencionado Tiberghien (1819-1901), 
Sanz del Río irá cuajando una visión del mundo propia, mezcla de misticismo 
castellano, panteísmo spinozista y racionalismo hegeliano. Entre las muchas 
ideas que este Privat Gelehrter alemán había predicado, posiblemente haya 
podido impresionar al filósofo castellano la de la igualdad de los hombres ante 
el derecho, viniendo como venía de una España en la que imperaba el más 
rígido absolutismo. El sentimiento de solidaridad humana3 ha podido ser otro 
de los pivotes sobre los que ha girado su nueva visión del mundo. Los registros 
de sus diarios nos dan testimonio de la evolución espiritual que va 
experimentando nuestro compatriota. La educación que Sanz del Río llevaba 
tenía un fundamento netamente religioso y en las formulaciones del pensador 
alemán el soríano ha podido encontrar el registro elevado de sus vivencias 
religiosas. Algunas anotaciones dan fe de una vivencia casi mística de la 
realidad: "¡Oh Ser, sed mi guía: levantadme de la tristeza y melancolía que 
como una piedra oprime mi corazón. Dios, oh Dios, dignaos dirigir una 
mirada de amor hacia este vuestro ser: arrancad de mi hasta la última raíz de 
egoísmo. Que no ame más que a vos ni piense sino en vos!" Junto a estos 
3 "El sentimiento de derecho no es un derecho de individualidad, sino un sentimiento 
de relación", dice Krause en cierto pasaje de su Ideal de Humanidad. 
316 
impulsos de cufio religioso, aparecen en él motivaciones de filantropía y 
patriotismo: "El amor a mi país me fortalece y eleva", registra en otra ocasión. 
La estancia de Sanz del Río en Heidelberg va a ver prematuramente 
interrumpida a causa de la muerte del tío sacerdote que se había hecho cargo de 
los hermanos de nuestro viajero durante su desplazamiento a Alemania. Esto le 
hizo retornar al poco de cumplirse un año de permanencia en Heidelberg. 
Aunque breve, su estancia supuso un encuentro del mundo español con el 
mundo centroeuropeo. Los testimonios escritos que de este encuentro nos dejó 
el pensador soriano fueron comienzo de una nueva actitud, hasta entonces 
insólita, de la intelectualidad española. A veces se ha interpretado el krausismo 
como la superación de aquel espíritu francés traído por el duque de Anjou, 
Felipe V, y que más desventuras que venturas había traído a España. La 
influencia de éste nos había impuesto no sólo el sometimiento a los intereses de 
Paris sino también la dialéctica del enfrentamiento, no la de la superación 
dialéctica: ilustrados e inquisidores eran los dos polos de esta confrontación. 
Cuando retorna a España, inicialmente se retira a Illescas y a El 
Escorial donde en su biblioteca sigue ampliando sus conocimientos. Su primera 
empresa bibliográfica al volver de Alemania es una traducción, actividad que 
quizás ha ejercido pro panem lucrando: en 1855 publica la Historia del hoy 
apenas conocido historiador alemán Gregor Weber, si bien después abandonará 
la tarea de la versión para dedicarse a la redacción de sus propias L·cciones sobre 
el sistema de Filosofía de Krause (1859) y unas L·cciones sobre el sistema de 
filosofía (1860). Antes, en 1854 se había hecho cargo de una cátedra de filosofía 
en la nueva universidad madrileña, cátedra de la que sería separado años 
después por negarse a firmar una declaración de fidelidad a la monarquía 
isabelina. Es este un caso semejante al que unos años antes había tenido lugar 
en la Universidad alemana de Gottingen, donde tuvieron que renunciar a sus 
cátedras, entre otros, los hermanos Grimm. 
Precisamente el año en que accede a la cátedra de la Central pone 
manos a la traducción de la obra de Krause y mientras trabaja en la versión 
española del Ideal de humanidad, Sanz del Río presentaba sus propias L·cciones 
sobre el Sistema de Filosofía Analítica de Krause (1859) y unas L·cciones sobre el 
sistema de/í/oso/afeft860). 
3.- El ideal de Humanidad para la vida de Krause/del Río y los krausistas 
Tan pronto como apareció la traducción de la obra de Krause, en 1860, 
El ideal de humanidad experimentaría varias ediciones que se prolongaron a lo 
largo de la segunda mitad del XIX (1871) y según Fernando de los Ríos sería 
"libro de horas" de la intelectualidad española. Meritoria había sido la decisión 
317 
del Ministerio de Instrucción Pública de enviar a Alemania a un humilde 
profesor para que se hiciera con una no menos humilde filosofía alemana, la 
del discreto pensador Krause. Pero de nada habría servido de no haber sido 
continuada con la aportación textual de su pensamiento. Con ésta se sentaron 
las bases para la creación de una escuela de pensamiento entre la intelectualidad 
española que en el krausismo y su continuación, la Institución Libre de la 
Enseñanza, vieron la ruptura académica con el escolasticismo. A partir de 
entonces éste tendrá que coexistir con la filosofía heterodoxa. Las traducciones 
de las obras que, posiblemente sin criterio muy depurado ni del canon 
krausiano ni de la técnica de la traducción, vertió al español Sanz del Río 
fueron una gran aportación al oxigenamiento de la ciencia y el pensamiento 
españoles que hasta entonces solo había tenido relación a través del ámbito 
francés e inglés con lo que intelectualmente era Europa. Con ellas superaba la 
Filosofía Fundamental de Balmes y con ellas propagó un pensamiento cuyo 
carácter fundamental era el de la pragmaticidad. Hasta entonces los marginales 
de la filosofía española, el abate Marchena, por ejemplo, no habían profesado 
su pensamiento desde una cátedra, sino desde una cierta clandestinidad que en 
parte les condenaba al ostracismo. Sin embargo, esta traducción hizo sonar en 
los oídos de nuestros bisabuelos la "Idea de la Unitaria Humanidad" desde una 
cátedra. A partir de ella empezó a hablarse en España de la educación de la 
mujer,4 de reformas penitenciarias, de colonias escolares, en una palabra, de 
"formación integral de la humanidad". Obra de un krausista, José Canalejas, 
Presidente de Gobierno, sería la eliminación de la exención del servicio militar 
mediante dinero. No es, pues de extrañar que Pierre Jobit, en su tesis de 1936, 
se haya referido a los krausistas calificándoles de "los educadores de la España 
moderna". 
A pesar de su trascendencia, la traducción de Sanz del Río constituía un 
espécimen extraño en nuestra historia. Era una traducción cuyo castellano 
Menéndez Pelayo tacharía de "galimatías", si bien es verdad que también los 
propios escritos de Sanz del Río, que un castizo calificaría de infumables, son al 
menos de difícil lectura. Hasta qué punto el estilo de nuestro filósofo se ha 
dejado influenciar por el del alemán o, a la inversa, ha sido la verborrea del 
castellano la que ha deformado el nítido pensamiento del alemán es una 
cuestión de difícil decisión. En todo caso hay que afirmar que las tropelías que 
Sanz comete contra la construcción castellana son realmente desgarradoras. 
4 El krausista Fernando de Castro, rector de la Universidad Central, sería el iniciador 
de las conferencias dominicales dedicadas a la mujer que se mantenían en el centro que 
el regia. 
318 
Menéndez Pelayo niega que de ello sea culpable el lenguaje de Krause, pues, 
mientras a Tiberghien, vulgarizador de las ideas de Krause, se le lee con suma 
facilidad, el Krause español resulta bastante indigesto. Como contraste de 
opiniones dígase que el historiador de la Institución Libre de la Enseñanza, 
Antonio Jiménez-Landi,5 constata que la mala escritura de Sanz, que, como 
hemos dicho, M. Pelayo tacharía de "galimatías", permitiría, años más tarde, 
una expresión más depurada del pensamiento español.6 Sanz del Río fue el gran 
renovador de la terminología filosófica española que después, p.e., podría 
utilizar con mayor libertad un Ortega y Gasset. Suyos son términos neológicos 
tales como 'seidad' u 'omneidad', etc. La suya no era una traducción fiel, 
metafrástica. La diferencia de lenguaje que existía entre el gremio alemán y el 
español no lo permitía. Precisamente, la primera tarea que se había impuesto 
Sanz del Río al llegar a Alemania había sido la de hacer una lista de términos 
krausianos a los que buscar un equivalente. Ante tales dificultades, su 
traducción será perifrástica, en ocasiones ampliadora y en ocasiones reductora, 
según conviniera. Además, esa traducción era quizás la versión no de una, sino 
dos obras refundidas del pensador alemán (Das Urbild der Menschheit y/o del 
Tagblatt des Menschheitslebens). De hecho la traducción introducirá variaciones 
sobre el texto alemán de Krause. E. M. Ureña junto con J. L. Fernández y J. 
Seidel se han encargado de estudiar las traducciones del soriano en un libro que 
resulta definitivo al respecto: El ideal de humanidad de Sanz del Río y su original 
alemán. 1997. 
Sin embargo, fiel o infiel, buena o mala, una vez más la traducción se 
hacía eficaz. De ella surgió efectivamente una España que fue superando poco a 
5 A. Jiménez-Landi, hijo del científico institucionista Pedro José Jiménez-Landi, logró 
pocos días antes de morir ver publicada su magna obra Institución libre de Enseñanza y 
su ambiente. Editorial Complutense, 1996. 
6 El ejemplo que Menéndez Pelayo escoge, con mucho tino y más mala intención, de 
su Filosofía de la Muerte, elaborado por su discípulo Sales y Ferré, no tiene desperdicio: 
la muerte sería "negación determinada y crítica (entre dos equicontrarios inmediatos) 
de ésta mi vida presente... Yo muero y me sé de mi muerte: la muerte es concepto de 
limitación, y yo en mis límites... No me entiendo pura y enteramente limitado, 
relativo puramente al límite, donde yo sería, en el límite, otro que yo mismo, un 
tercero de tal relación, y donde, entendiéndose el límite infinito tal (como respecto a 
Dios), yo caería todo en el límite, en la nada de mí, o sería como un supuesto objetivo 
para caer -bajo el límite objetivo.... (M. Pelayo Historia de los Heterodoxos. II, pág. 
1382. Madrid). En defensa de nuestro compatriota sea dicho que nos son menos 
oscuras y abstrusas las expresiones del pensamiento de los fenomenólogos y 
husserlianos. 
319 
poco los demonios del aislamiento inquisitorial, de la división fraterna, de la 
ancestral pigricia cortijera, la dispensa de ese voto de adhesión monárquica que 
el claustro de la Universidad de Cervera había hecho a Fernando VII arriba 
mencionado ("desechar la peligrosa novedad de pensar"). Esa traducción era el 
legado que Sanz del Río, incapaz quizas de mayor originalidad, dejaba a la 
sociedad española y de ese legado vivieron un Francisco Giner de los Ríos, su 
hermano Hermenegildo, los dos Canalejas (Francisco y José), el abolicionista 
leonés Fernando de Castro.7 Todos ellos siguieron por esa senda de 
aggiornamento de nuestra cultura, en parte a través de las traducciones. 
Efectivamente a través de la recuperación del ambiente intelectual europeo y, 
sobre todo, alemán, mediante la traducción de obras de derecho, psicología y 
pedagogía lograron que en España se respiraran nuevos aires e incluso que se 
domesticara la cultura de oposición española, la no oficial, y la inclusiva oficial 
abriera sus horizontes y se hiciera contemporizadora. Quizás, el sistema de 
alternancia de partidos, a pesar de todos sus males, era ya indicativo de una 
cierta tolerancia, hasta entonces inusitada en nuestros pagos, hacia lo otro, y 
manifestaba un rechazo de eso que hoy en día se llama, de manera un tanto 
estúpida, pensamiento único. En suma, tiene su justificación la afirmación de J. 
L. Abellán en el sentido de que el krausismo español no es una simple 
repetición de las doctrinas del maestro alemán. 
El número de krausistas españoles testimonia la fuerza extraordinaria 
del movimiento que dio a España los nombres más importantes de su 
modernidad. Menéndez Pelayo menciona como krausistas a Fernando Castro, 
Federico de Castro y Fernández, Nicolás Salmerón, Francisco Giner de los 
Ríos, Juan Alonso Eguílaz, "krausista popular"; Tomás Tapia, "clérigo 
apóstata"; Eduardo Soler y Alfredo Calderón, alumnos de Francisco Giner; 
Urbano González Serrano, catedrático del Instituto de Noviciado; Francisco 
Canalejas, Eusebio Ruiz Chamorro, González Linares, Ruiz de Quevedo, etc. 
Por su parte, Ferrater Mora (Diccionario de Filosofía, 1994) juzga como 
nombres imprescindibles del krausismo español los siguientes: Federico de 
Castro y Fernández, Gumersindo de Azcárate, Alfredo Calderón, Fernando 
Castro, Manuel Sales y Ferré, Alfonso Moreno Espinosa, Francisco Barnes, 
Romualdo Alvarez Espino, Nicolás Salmerón. Finalmente López Morillas 
(Krausismo: estética y literatura, 1973) introduce en los cuarteles krausistas a 
Clarín, Manuel de la Revilla, Fernández y González, González Serrano, 
7 Resulta especialmente interesante el curtí culo de este franciscano exclaustrado viajero 
por Suiza y Alemania, donde contactaría con el krausista Karl David August Ròder 
(1806-1879), y autor de un Compendio razonado de historia general 
320 
alumno de Salmerón, y al regeneracionista Joaquín Costa. El novelista Juan 
Valera, figuró como accionista de la Institución Libre de la Enseñanza, por lo 
que es de suponer que, aunque en su ideario fuera un poco ajeno a las 
intenciones del grupo, debió sentir simpatías y connivencias suficientes con el 
mismo. Otros meten en el grupo a Unamuno, si bien sus intenciones culturales 
iban orientadas más bien a españolizar Europa, que a la inversa. 
4.- La Institución Libre de la Enseñanza o los deuterokrausistas 
A ellos se podrían añadir muchos otros nombres que, a través de la 
Institución Libre, conectan con el Ideario de Sanz del Río. Producto de ese 
Ideario fue en parte el Congreso Pedagógico celebrado en 1882 y sobre todo la 
Institución Libre de la Enseñanza, fundada por los Giner de los Ríos, Azcárate, 
Salmerón y otros. Fue una institución que el polígrafo santanderino 
consideraba el ultimo refugio y atrincheramiento de los pocos ortodoxos del 
armonismo o racionalismo armónico. ¿Cuáles eran los impulsos de los que 
había brotado esta institución? Sanz del Río había tenido la posibilidad de 
advertir en Alemania la diferencia entre las universidades española y alemana: 
en Alemania dependía del Estado y en España de la Iglesia. Por eso sus 
sucesores, sobre sus ideas formularon esa Institución Libre de la Enseñanza. A 
la Institución pertenecieron el pintor Aureliano Beruete, los dos Canalejas 
(Francisco y José), Fernández y González, Miguel Morayta, Cossío. Si 
consideramos el krausismo como manera de pensar (Denk-Art en alemán), éste 
se prolonga hasta Ortega e incluye, indiscutiblemente, a Unamuno, Buñuel, en 
una línea de escritores e intelectuales que llega hasta García Lorca y los 
Machado, quienes en Madrid acudieron a la Institución Libre. Testimonio de la 
influencia de este ideario es la presencia de krausistas en los estratos dirigentes 
de la sociedad española. Krausistas o simpatizantes del movimiento fueron un 
presidente de la República (Salmerón) y dos Jefes de Gobierno, el liberal José 
Canalejas y el progresista Castelar. Que del krausismo salieran corrientes e 
impulsos de reacción, contrarios al pensamiento irénico e integrador de 
Krause/Sanz, no fue óbice para que del enfrentamiento de ambas posiciones 
España se moviera hacia expresiones más modernas de su cultura. Posiblemente 
en la mente del fundador del krausismo español no estuvo nunca el 
anticlericalismo que profesaría José Canalejas, pero este pudo derivarlos de los 
principios de libertad que en el ideario de aquel se encerraban. En ese sentido 
debemos decir que el krausismo es la médula de lo que aquí llamamos la Edad 
de Plata. 
321 
5. - La traducción como correa de transmisión 
Si consideramos como krausistas a toda esa pléyade de escritores que de 
una manera u otra ha estado relacionada con el movimiento, podemos decir 
que es el grupo más traducido después de nuestros clásicos del siglo de Oro. 
Pero aquí vamos a aplicar la etiqueta krausista a aquellos primeros discípulos 
del filosofo alemán a través de la enseñanzas de Sanz del Río, extendiendo sus 
límites cronológicos y conceptuales hasta la fundación de la Institución Libre 
de la Enseñanza, para, facilitando así una utilización del término más 
funcional, estudiar el papel que la traducción jugó en el aggiornamento de 
nuestra cultura que los krausistas llevaron a cabo. 
Señalemos de entrada que la historia de la intelectualidad originada en 
la traducción de Sanz del Río ha sido múltiplemente estudiada, aunque en 
pocas ocasiones se ha tenido en cuenta en la historiografía del movimiento el 
papel y la presencia de la traducción como motor de ese pensamiento. El 
krausista belga G. Tiberghien había traducido al francés los Gebote der 
Menschheit de Krause y Nicolás Salmerón, en la introducción a la traducción de 
la Generación de los conocimientos humanos (trad. de A. García Moreno. 
Madrid, si.) del krausista belga concedía una gran importancia a esa obra de 
inseminación realizada por la traducción de las obras de Krause: "Esparcida la 
semilla y vencida en parte la nativa pereza de nuestro espíritu nacional, debe 
fundadamente esperarse en lo sucesivo, que ha de fructificar... la educación 
científica (p. VI). Al sistema de Krause también debe nuestra patria el 
renacimiento de su espíritu y cultura a las ideas modernas" (p. XXVI). 
Fácilmente podemos conjeturar lo que en sus libros sobre jurisprudencia o 
pedagogía, por ejemplo, se debe al contacto con los autores traducidos y en qué 
medida pretendían apoyarse unos en otros. Un trabajo más exhaustivo y largo 
sería la investigación de la interactividad de las dos producciones literarias: la 
propia y la traducida. 
Efectivamente, sin haberlo expresado textualmente, en la conciencia de 
los krausistas ha actuado la idea de la traducción como motor de la cultura. En 
torno a estas traducciones de Sanz del Río órbita una frenética actividad 
traductora. A partir de estas fuentes del krausismo hispanizadas y como 
producto del nuevo ambiente creado surgiría una pasión traductiva de otras 
obras que ponían el contraste a la cultura oficial con las versiones de obras 
heterodoxas que en parte dieron un nuevo pulso a la vida intelectual de España. 
Sirvan las siguientes menciones traductográficas -sin pretensiones de 
exhaustividad- como perspectiva de los servicios que, a través de la traducción, 
han prestado los krausistas al patrimonio literario de nuestro país. 
322 
La actividad traductora del patriarca del krausismo español no se agotó 
en la versión del Ideal de Humanidad. Ya antes de haberse atrevido con su 
adorado Krause, 
-Sanz del Río había traducido la obra de su amigo Gregor Weber, en cuya casa 
se había alojado en Alemania, 
"Compendio de la Historia Universal hasta 1852, Madrid, 1853. 
De Krause son también las traducciones que el soriano realiza, 
contemporáneamente al Ideal de la humanidad, de 
"Los mandamientos de la Humanidad, Madrid, 1860, y del 
"Sistema de la filosofía. Metafísica, Madrid, 1860 (reed. 1880). 
-R. Navarro Zamorano, sería el iniciador de esta corriente traductográfica del 
krausismo ya que, como hemos indicado arriba, en 1837, es decir con anterioridad al 
viaje de Sanz del Río a Alemania, aparecería ante el público español con su traducción 
de la obra de Ahrens 
"'Curso completo de Derecho o Filosofía del Derecho de Ahrens, del que se 
hicieron varias reediciones (1906). 
Más tarde haría las versiones del 
"Compendio de L Historia Del Derecho Romano, Madrid, 1882; del 
* Curso completo de Derecho o Filosofía del Derecho de Ahrens, del que se 
hicieron varias reediciones (1906), 
y del 
""Curso de Psicología, Madrid 1873. 
-Francisco Giner de los Ríos, que fraguó su krausismo en el cenáculo de la 
calle Cañizares de Madrid, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Central, 
traduce de Cari David August Ròder, alumno de Krause, 
"Doctrinas fundamentales reinantes sobre el delito y la pena en sus internas 
contradicciones; 
"Ensayo crítico preparatorio para h renovación del Derecho Penal. Madrid, 1870, 
libro que tiene una segunda edición en 1872, 
"Necesaria reforma del sistema penal español mediante el establecimiento del 
régimen celuLr, Madrid, 1873, y 
"Principios de Derecho Natural, Madrid, 1975. 
Del propio Karl Christian Krause, traduciría su 
"Compendio de estética. Sevilla, 1874 (reed. 1883). 
De H. Ahrens 
"Enciclopedia jurídica o exposición orgánica de la Ciencia del Derecho y del 
Estado (en colaboración con Gumersindo Azcárate y González Linares, 
Madrid, 1878-1880) y 
"Compendio de Historia del derecho Romano (en colaboración con Gumersindo 
Azcárate y Linares, Madrid 1879). 
323 
De Leonhardi, cuya testamentaría posteriormente sería accionista de la 
Institución Libre de la Enseñanza, 
^Relaciones entre fe y áencia. 
De R. Falkenberg 
* La filosofía alemana desde Kant, trad Resumida y añadida. Victoriano Suárez, 
1906. 
En colaboración con María Luisa Cañedo, 
de Norman H. Baynes, 
*El Imperio bizantino, traducción aparecida postumamente, Méjico, 1949. 
Su hermano 
-Hermenegildo Giner de los Ríos hizo una meritoria traducción de Hegel, 
^Estética, Madrid, 1908. 
De Tiberghiem, 
^Elementos de filosofía moral, arreglados para h segunda enseñanza y La 
enseñanza obligatoria. Madrid, 1974. 
De A. Daudet, el drama 
La lucha por la vida, Madrid, si. 
Y de De Amicis casi todo su repertorio de relatos y novelas 
-N. Salmerón traduciría del pensador alemán 
Rudolf Eucken, segundo Premio Nobel del país germano (1908), 
*Las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo. 1912 (traducción que 
aparecería postumamente). 
Del crítico y analista de la cultura burguesa, el judío austro-húngaro Max 
Nordau, amigo personal de Salmerón, 
^Degeneración, Madrid, 1902. 
-J. Calderón Llanes vierte 
de Tiberghien 
"'Estudios sobre Religión, Madrid, 1873, con prólogo de Salmerón. 
-G. Lizárraga traduce 
de Tiberghien 
*La Teoría de lo infinito. Madrid, 1872. 
Traductor reincidente de los escritos de Tiberghien fue 
-A. García Moreno, que vertió al español del krausista belga 
*Los estudios sobre Filosofía, Madrid, 1875; 
los estudios sobre Krause 
"'Los mandamientos de U Humanidad según Krause, Madrid, 1875 y 
"'Krause y Spencer, Madrid, 1883. 
De Kant, a través del francés y en la colaboración con Juan Ruvira, vertería 
324 
^Crítica del juicio. Madrid, 1876 y 
^Crítica de L· razón práctica. Madrid, 1879. 
De G. Weber, amigo de Sanz del Río, la 
^Historia Contemporánea, Madrid, 1877. 
De Maxim Dunker 
^Historia de la Antigüedad. Madrid, 1875, versión en colaboración con Juan 
Ruvira, y García Ayuso. 
-Aug. T. Arcimis Wehrle, conocedor de francés e inglés y traductor del alemán, 
uno de los fundadores del Observatorio Astronómico de Madrid, traduce 
deJ.W.Draper 
"'Los conflictos entre L· ciencia y L· religión, Madrid, 1876, traducción que 
gozaría de varias ediciones. 
-Ed. González Blanco, primero de una saga de escritores (Pedro y Andrés 
fueron sus hermanos) traduciría del filósofo y gran pedagogo francés 
Alfred Fouillée, propugnador de un idealismo de base realista, 
*La filosofía de PL·tón 
Del mencionado filósofo danés Harald Hoffding, quien en su edad provecta se 
atrevería a variar la teoría de la relatividad de Einstein, 
^Psicología experimental. Madrid, 1904. 
Del hispanista Martin Hume, 
^Historia de L· España contemporánea. Madrid, 1905. 
De Renán, desmitificador del cristianismo, 
*Averroes y el averroísmo. Valencia, 1907. 
-A. González Blanco vertió 
de E.T.A Hoffmann, 
*El magnetizador Madrid (si.), y 
de Stendhal, 
"'Paseos por Roma, Madrid, 1919. 
-P. González Blanco, quien en su andadura americana, trabaría relaciones con 
el revolucionario mejicano Pancho Villa, vertería 
de Harald Hoffding 
^Historia de la filosofía Moderna. Madrid, 1907. 
De Carlyle 
Folletos de última hora¡ El tiempo presente. Cárceles modelo. Madrid, 1909. 
-Gómez de Baquero, admirador de Giner, de quien hace una semblanza bajo el 
pseudónimo Andrenio en "Nuevo Mundo" en 1915, ha sido traductor 
de Hoffding 
^Historia de L·filosofía,l&94, que se reedita en 1908. 
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-D. Vaca, uno de los primeros alumnos en la escuela de Ciencias Morales de la 
Institución junto con Besteiro en el año 1878, traduciría 
de Hoffding 
^Filosofía de la religión, Madrid, 1909. en la que reduce la religión a un 
sentimiento de difícil expresión lógica, y 
^Bosquejo de una filosofía fundada en la experiencia, Madrid, 1904. 
-A. Zozaya, director de la colección en la que apareció El Ideal de humanidad 
para la vida (Biblioteca Económica Filosófica) y que firmaba sus propias producciones 
bajo el pseudónimo de Schüler, destacaría por su traducción 
deKant 
^Crítica de h razón práctica. Madrid, 1886. 
-E. Reus y Bahamonde, seguidor de Canalejas, ha publicado 
de Spinoza 
"''Tratado teológico-político, Madrid, 1878. 
-E. de Mier traduciría del arabista, hispanista coleccionista y diplomático 
alemán 
Fr. von Schach 
*La historia de L· literatura y el arte dramático en España. Madrid, 1862. 
-J. Uña Gómez, 
de Poelitz, a través de la versión al francés realizada por Tissot, 
Metafísica de Kant, Madrid, 1877. 
-Manuel de la Revilla, amigo de Sanz del Río, formado en el krausismo, 
que después abandonará, traduce 
de Descartes sus 
Obras filosóficas. Madrid, 1878. 
-J. Uña Sarthou, hijo de Juan Uña, alumno de primaria y de secundaria en la 
Institución, traduciría 
de Stuart Mili su 
^Autobiografía, Madrid, 1921. 
-Julián Besteiro, el célebre político socialista de la segunda República española, 
traduciría 
de Kant los 
^Prolegómenos a toda metafísica del porvenir que haya de presentarse como 
ciencia. 1912. 
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