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Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada


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Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: 
la oración de la Emparedada
Marcela Londoño
Universitat Autònoma de Barcelona
En el índice del inquisidor general Fernando de Valdés, Index Librorum Pro-
hibitorum, publicado en España en 1559, se prohibieron diez oraciones en ro-
mance.1 Pese a que las condenas de los catálogos no aclaran en ningún caso los 
motivos de las prohibiciones, hoy se sabe que dichas plegarias contenían errores 
que las autoridades católicas consideraban supersticiosos. A través del ejemplo 
de una de estas, la oración de la Emparedada, este trabajo contribuirá a esclarecer 
los límites entre la devoción y la superstición, así como las razones por las que 
oraciones aparentemente piadosas se censuraron por supersticiosas y se relacio-
naron con este tipo de prácticas. 
La oración de la Emparedada
El texto de la oración de la Emparedada es, sin duda, un ejemplo ilustrativo de 
oración supersticiosa. Es también uno de los que más ha llamado la atención de la 
crítica en los últimos años. Parte de este interés tiene que ver con los pormenores 
de su hallazgo: el primer ejemplar que se ha dado a conocer se recuperó, en 1992, 
entre el conjunto de libros escondidos en la denominada Biblioteca de Barcarrota, 
1. Todas las referencias a los índices se reali-
zarán a partir de los volúmenes editados por 
Jesús Martínez de Bujanda. Concretamente, 
los tomos IV, V y VI, que corresponden a los 
índices portugueses (1547, 1551, 1561, 1564, 
1581) y a los índices españoles (1551, 1554, 
1559), (1583, 1584) respectivamente. Bujanda 
mantiene la división original de las prohibi-
ciones por lenguas y enumera las entradas de 
forma continua. Seguiré esta numeración para 
facilitar la localización de la referencia, gene-
ralmente en la sección de obras en romance, 
el volumen, año de publicación y las páginas 
correspondientes, seguidas de la(s) entrada(s). 
En el caso de las oraciones prohibidas, V (cop. 
1984: 514-518), entradas 546-555.
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna, 137-160
138 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
que se encontró durante la realización de las obras en una casa de la localidad 
pacense del mismo nombre. 
Algunas de las piezas más valiosas del grupo, que se desvelaron en 1995, son 
una Lingua de Erasmo y una edición, hasta entonces desconocida, del Lazarillo. 
Todos los ejemplares comparten la condición de ser libros prohibidos o de dudosa 
ortodoxia, cuyo poseedor habría ocultado por temor a sufrir las consecuencias del 
rigor inquisitorial. 
Junto a las obras mencionadas se halló una edición en portugués de la ora-
ción de la Emparedada, A muyto devota oraçam da Empardeada, «un pequeño 
folleto de 16 hojillas, de 9,4 por 7 centímetros, sin pie de imprenta, sin fecha, 
de letra gótica, en portugués».2 Juan Manuel Carrasco González, editor y tra-
ductor del texto en español, refiere la escasa calidad de la edición, repleta de 
errores tipográficos, páginas con poca tinta, uso de tipos gastados y una excesiva 
preocupación por ahorrar espacio que se percibe en la utilización de abreviaturas 
poco convencionales y que, en ocasiones, dificultan su lectura.3 
La oración se prohibió primero en Portugal, en 1551, en el grupo de los 
textos en latín. En la condena se lee: «Oratio concluse que vulgo dicitur da Em-
pardeada».4 Ocho años después, los inquisidores españoles incluyen «la Oración 
de la Emparedada, en romance». Las investigaciones de Carrasco desvelaron, en 
2005, que existía otra versión de la oración incluida en un libro de horas, que 
se tradujo del latín al portugués y se publicó en Francia entre 1501-1502: Horas 
de Nossa Senhora segundo costume romaano com as horas do Espirito Sancto e da 
cruz e dos finados e sete psalmos e oração de São Leão papa e oração da empardeada 
e com outras e devotas orações revisadas por Frei João Claro y Luís Fernandes. No 
obstante, en las ediciones posteriores del mismo libro ya no aparecía el texto de 
la oración.5 Sobre estas horas, aunque con otros fines, había escrito Francisco 
Leite de Faria un artículo en 1992.6 Finalmente, en 2009, la Biblioteca Nacional 
de Portugal recuperó y publicó la reproducción del facsímil y un estudio intro-
ductorio a cargo de João José Alves en dos volúmenes respectivamente.7 Aunque 
ambos autores proporcionan valiosa información sobre el contenido del libro, 
me basaré, ante todo, en las conclusiones de Alves. Además de la oración de la 
Emparedada, en el libro aparecen las de san León Papa, la del Justo Juez, la de 
san Cristóbal y las indulgencias fingidas de los papas Juan XXII e Inocencio III, 
textos condenados por la Inquisición.8 La oración de la Emparedada es la última 
2. García de Enterría (1997: x). Además se 
encontró, dentro de uno de los libros, una pe-
queña nómina-amuleto. Para más datos Cfr. 
Serrano Mangas (2004: 33-37).
3. Carrasco González (2002: 11).
4. Bujanda IV, 374 (1995: 306).
5. Carrasco González (2005: 31). Véase tam-
bién Carrasco González (1997: 54, 55), donde 
el autor sugería la posibilidad de que el texto 
portugués de Barcarrota fuera una traducción 
de una versión española perdida.
6. El interés del autor por el texto radicaba en 
que fue el primer libro en portugués, del que se 
tiene noticia, que se publicó en Francia, Faria 
(1992: 93-112).
7. Alves (2009).
Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada 139
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
8. Alves (2009: 9).
9. Alves (2009: 134-137).
10. Alves (2009: 19).
11. Leite de Faria (1992: 98-99) y Alves (2009: 
19, n. 5).
12. «Hay que suponer que fue en España donde 
la oración salió, se distribuyó como obrita autó-
noma y, finalmente, adquiere una popularidad 
extraordinaria. En Portugal solo la encontramos 
citada en los índices inquisitoriales, mientras que 
su presencia abunda en multitud de obras españo-
las de todo tipo», Carrasco González (2005: 34).
del libro, está precedida por un grabado que ocupa la página entera, en el que 
se observa el Árbol de Jesé y doce reyes que de él descienden, figurados como 
ramas que brotan del corazón de este, representación de la gran familia de la que 
procede el Mesías cumpliendo la profecía de su nacimiento del trono de David 
(Isaías 9: 7). De la rama central del Árbol surge la imagen de María con el niño 
en brazos, «representação do culto mariano».9 Después de la oración, vienen las 
indulgencias, dando paso al colofón, en el que se lee la siguiente información 
sobre el libro:
Asy se acabam com o divjno ajuctorio, as oras de nossa señora com as outras deuo-
tas oras e orações: segundo costume romano, tresladado todo de latin en lingoagem 
portuges: visto e emmendado per o reverendo frei joham claro purtuges doctor em a 
sancta theologia e lujs fernandez outrosi purtuges studante em artes criado da rainha 
de purtugal dona lyanor. Foy todo em paris empremjdo por Mestre narcisos brun 
elemão a .xiij. dias do mes de fivreiro Era do senhor de mjl quinientos annos.10
Según lo anterior, el trabajo de João Claro y Luis Fernandes consistió única-
mente en la revisión de una traducción existente, que probablemente circulaba 
en Portugal ya a finales del siglo xv. La impresión de París estuvo a cargo de 
Narcisse Brun, impresor de origen alemán; junto a este aparece, entre parénte-
sis en el registro de la Library of Congress, el nombre de Wolfgang Hopyl. Se 
tienen noticias de la obra en un catálogo de libros publicado en Bruselas, en 
1860; cuatro años después se menciona de nuevo en el Manuel du livraire et de 
l’Amateur de livres, impreso en París. La primera referencia de la obra en Portugal 
es de 1901, momento en el que vuelve a desaparecer hasta que, en 1964, se halló 
en la Library of Congress, donde se conserva desde entonces en la Rare Books 
Division.11 
Por tanto, los dos únicos textos que proporcionan el contenido completo de 
la oración son el portugués de Barcarrota y el de las Horas de 1501-1502. Carrasco 
González compara ambos textos y desvela algunas diferencias que demuestran el 
origen en fuentes distintas y lo llevan a suponer que el texto portugués, hallado en 
Barcarrota, es una traducción de uno castellano que ha desaparecido. El éxito del 
folleto en español pudo ser la causa de su publicación como obrita independiente en 
portugués, lengua en la que solo habría circulado por medio de su inclusión en libros 
de horas. Además del cotejo de las dos versiones de la oración, el autor apunta a los 
testimonios de ésta localizados en textos españoles, que dan cuenta de la amplia difu-
sión que tuvo en el siglo xvi, frente a su ausencia en el caso de las letras portuguesas.12
140 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
 Tales testimonios habían sido recuperados, en su mayoría, por María Cruz 
García de Enterría en 1997, y conviene revisarlos nuevamente.13 Los dos prime-
ros provienen de los Documentos para la historia de la imprenta y librería en Bar-
celona recogidos por José Madurell y Jorge Rubió. En primer lugar, se sabe que 
la biblioteca de la reina María de Aragón contaba, en 1458, con una oración De 
la dona emparedada «con incipit en castellano y explicit en catalán».14 El segundo 
es de 1524, en el «Inventario de los bienes hallados en la librería de Bartomeua 
Riera», donde aparecen algunos ejemplares de las Oracions de la emparedada.15 A 
estos casos es necesario añadir dos referencias, que cita en un artículo Arthur As-
kins, halladas en documentos de libreros mallorquines: el librero Thomàs Squer 
registra, el 27 de octubre de 1545, la adquisición de «4 valles, 6 mans Oracions 
emperadada».16 El 19 de mayo de 1541 anota la compra de seis «Oracions della 
emperadada, en castellà, xiques». El mismo Askins alude a la posibilidad de que 
fueran ejemplares independientes, en un formato similar al librito portugués de 
Barcarrota. Con fecha posterior, el 14 de mayo de 1547, Squer anota la venta 
de las «Quatre mans Oracions emperadada». También en el inventario de otro 
librero mallorquín, Gabriel Fàbregues, se recogen 20 copias de «Oracions de la 
emparadada», el 20 de febrero de 1550.
Los testimonios literarios que cita García de Enterría inician con la Crónica 
burlesca del emperador Carlos V, escrita por Francesillo de Zúñiga entre (1524-
1529): «Este don Diego López fue buen caballero; devoto, y tanto, que traía de 
camino dos diurnales y diez y siete nóminas del deán de Córdoba, y la Oración 
de la emparedada».17 Feliciano Silva, en su Segunda Celestina, ponía en boca de la 
alcahueta las siguientes palabras: «Más me precio, hija, de dar consejos, que de 
tales vencejos, de un rosario, digo, hija, y sus misterios, de una oración del conde 
o de la emparedada».18 Para la tercera mención de la plegaria, que se encuentra 
en una obra del siglo xvi, debo remitirme al trabajo de Marcel Bataillon sobre 
Erasmo y España.19 El hispanista francés reproduce por extenso una cita de la 
Agonía del tránsito de la muerte de Alejo Venegas (1537), en la que satiriza ciertas 
devociones superfluas a las que recurren los pecadores, creyendo así borrar sus 
culpas.20 Puesto que el fragmento de Venegas que cita Bataillon, además de men-
cionar la oración en cuestión, condice con el tema de este trabajo, me permito 
copiarlo de una edición de 1682. El autor, después de mencionar los excesos 
13. García de Enterría (1997: xi-xiv)
14. Madurell y Rubió (1955: 59*- 60*)
15. Madurell y Rubió (1955: 662-663)
16. Hillgarth (1991) apud Askins (2007: 238, 
nota 9)
17. Crónica del emperador Carlos V (1981: 121)
18. Segunda Celestina (1988: 314). La Oración 
del Conde es una de las plegarias prohibidas del 
Índice. Vid. infra.
19. Bataillon (cop. 1960: 165-166).
20. Agonía del tránsito de la muerte. Con los avisos 
y consuelos que acerca de ella son provechosos. Con-
cretamente en la tercera parte «Que trata de los 
recuentros y ardides de Satanás, con que procura 
derribar al paciente: especialmente en el tiempo 
del pasamiento, que se dice agonía». Capítulo 11, 
«Que trata de la vana gloria con que acomete el 
diablo a los malos que gastaron en vicios la vida».
Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada 141
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
cometidos durante las fiestas de los santos y el error de quienes «con una fiesta 
que hacen al año granjean título de cristianos por todos los doce meses y acabada 
la fiesta, tornan a sus trapazas», dice:
En esta manera de vida llégase otro año y tornan a hacer la fiesta de San Gilberto. 
Porque son devotos de la cueva de San Patricio, que está en la isla de Ibernia: y con 
gastar seis o siete reales que de avemarías los llevan el sermón, piensan que tienen 
buen título de tornar a los tratos de su San Simón que profesan y a los cambalaches 
de la señora de su Santa Mamona, que por tener a marido y mujer de su bando, 
en el martirologio de sus trapazas y solapados engaños canonizaron (…) Allégase 
junto con esto que dicen, que tienen bulas de más de diez años: que cada una les 
da indulgencia plenaria, toties quoties: con que mueran con señal de Cristianos. De-
más de todo lo sobredicho, han hecho decir las misas de San Amador y las once mil 
vírgenes, con todo el número de candelas, que estatuyó el padre Marforio referendadas 
en el monte Caballi. Allégase a todo esto, que han rezado tantos años la oración del 
Conde y la oración de la Emparedada. Iten traen consigo una nómina con un escrito que 
dice Si ergo me quaritis, junto con ciertas reliquias, que dicen que son parte de una 
muela del robusto Sansón, con un poco de malla de los armados que guardaron el 
Santo Sepulcro. Demás de lo sobredicho tienen unas cuentas que no quedó pared 
en San Juan de Letrán a que no llegaron con todas las grutas de San Sebastián y las 
antiguallas del Panteón, en las cuales han hecho rezar a ciertos ciegos que tienen sala-
riados, por que cada mañana le recen a la puerta mientras ellos durmieren a su placer. 
Y, sobre todo, han oído siete misas nuevas, que dicen que el que las oye no puede 
ser perdido. Con estas y otras perdonanzas que han ganado en su vida, según su 
cuenta, tienen ganados todos los años de purgatorio porque sumados todos pasan 
de más de diez mil y diez mil cuarentenas. Por donde piensan que les pueden sobrar 
perdonanzas, de que pueden hacer mercedes a sus amigos por vía de traspaso, y 
entre tanto que se haga el descargo por vía de expectativa.
De esta manera, se engañan los que así proceden porque olvidan que las 
obras dependen de la intención: «la cual es la que hace que la obra sea buena…y 
por el contrario se le cuentan entre las malas obras que hizo, si procede de hi-
pocresía o de otra cualquiera mala y dañosa intención». Venegas critica algunos 
medios superficiales que se utilizaban para conseguir —comprar— el perdón 
de los pecados, tales como la devoción a san Simón, referencia a la simonía, la 
compra indiscriminada de indulgencias y la circulación de falsas reliquias (una 
muela de Sansón). Algunos de estos recursos eran actos de superstición y culto 
vano, la repetición de avemarías y el uso de determinado número de velas, que 
estatuyó san Marforio, cuya mención resalta la falsedad de la ceremonia. En la 
nota al fragmento, Bataillon comenta: «Marforio, lo mismo que su compadre 
Pasquino, es considerado graciosamente como patrono de las informaciones 
mentirosas o pasquinadas».21 De nuevo, como en el caso de la Segunda Celestina, 
21. Bataillon (cop. 1960: 166, n.41).
142 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
junto a la oración de la Emparedada aparece la del Conde. También el uso de 
nóminas y el recurso a los servicios de un ciego, ese personaje tan popular en el 
siglo xvi que rezaba oraciones para beneficio de sus clientes. 
La posibilidad de «hacer rezar» las oraciones, que se explicita en el texto de la 
Emparedada, relaciona el trabajo de los ciegos con la circulación oral de las plega-
rias. A las que cita Venegas, el mismo Bataillon añade la de las Once mil vírgenes y 
la del Justo Juez, y denomina al conjunto «oraciones de ciego». La primera de ellas 
no forma parte de los índices, aunque aparece en unas horas de 1551 que se pro-
hibieron posteriormente, y en otras publicadas en Salamanca en 1567.22 Aunque 
escapó a la censura inquisitorial, la oración de las Once mil vírgenes, compañeras de 
martirio de santa Úrsula, no parece un ejemplo de devoción ortodoxa —tanto por 
el número desmesurado de santas como por su dudoso origen—. Sin embargo, no 
se puede afirmar que en el texto de la plegaria haya algún elemento explícitamente 
sospechoso. La cito por extenso de las Horas prohibidas de 1551:
Oh vos limpias y relucientes vírgines, esposas de nuestro señor Jesucristo: por la 
gloria que con vuestro esposo tenéis, alcanzadnos su favor, porque nos haga rey con 
vosotras en el cielo. Gloriosa mártir Úrsula, esposa de Jesucristo. Con tus compa-
ñeras siempre ruega por nos.
Oración
Dios que por tu infinita bondad e prudencia heciste vencer a santa Úrsula con las 
once mil vírgines el triunfo de sus martirios, y a alcanzar la corona de los mártires, 
danos señor que por sus méritos e intercesión seamos con ellos coronados en los 
cielos. Y esto te demandamos por Jesucristo nuestro señor. Amén.23
 Por lo que respecta a las demás, Bataillon remite a la referencia de la Segun-
da parte del Lazarillo de Tormes, que también aparece en la lista de los testimo-
nios citados por García de Enterría. En el capítulo II, le sobreviene a Lázaro un 
nuevo infortunio durante su marcha a Argel. La situación lo lleva a encomen-
darse a la misericordia divina y a recordar el repertorio de oraciones adecuado 
para la ocasión:
Después torné mis plegarias a la gloriosa Santa María madre suya y señora nuestra, 
prometiéndole visitilla en las sus casas de Montserrat y Guadalupe y la Peña de 
Francia. Después vuelvo mis ruegos a todos santos y santas, especialmente a San 
Telmo y al señor Sant Amador, que también pasó fortunas en la mar cuajada. Y, 
esto hecho, no dexé oración de cuantas sabía que del ciego había deprendido, que 
no recé con mucha devoción: la del Conde, la de la Emparedada, el Justo Juez y otras 
muchas que tienen virtud contra los peligros del agua.24
22. Las horas de nuestra señora según el uso ro-
mano: en las cuales son añadidas muchas oracio-
nes muy devotas y de nuevo el rosario de nuestra 
señora (1551). Horas de Nuestra Señora [Texto 
impreso]: segun el vso Romana, diuididas por los 
tres tiempos del año muy complidas... (1567).
23. Las horas de nuestra señora según el uso ro-
mano (1551: fol. clxxiij).
24. Segunda parte del Lazarillo, Ámberes, 
1555 (1988: 141-142).
Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada 143
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
Sobra comentar que una vez más en la misma cita se mencionan tres de las 
oraciones prohibidas en el Índice.
En la Farsa del molinero de Diego Sánchez de Badajoz, escrita antes de 1554, 
precisamente en la primera intervención del Ciego se puede leer:
Ciego— ¡Ayudá, fieles hermanos, / al ciego lleno de males! / ¿Los salmos penitenciales 
si mandáis rezar, cristianos / —¡Dios os guarde pies y manos, / vuestra vida 
conservada!—, la oración de la emparedada / y los versos gregorianos; / las an-
gustias, la Pasión, las almas del purgatorio, / la oración de San Gregorio,25 / la 
santa Resurrección, la muy devota oración, / la beata Caterina / y la cristiana 
doctrina la misa y su devoción; / la vida de Sant Ilario, / comienda de San An-
tón, la oración de Sant León, / la devoción del rosario, / la vida de San Macario 
trobada…26
El ciego de Badajoz proporciona un listado de la «mercancía» que ofrecía a 
sus clientes. Además de la Emparedada, aparece nuevamente otra oración prohi-
bida: la de San León Papa. 
 Una vez más, la inclusión de estas oraciones en el repertorio de ciego 
confirma su popularidad. Al mismo tiempo, permite ampliar el espectro de 
difusión: además de los lectores de libros de horas, donde solían publicarse, 
se incluye también a los analfabetos que podían conocerlas y aprenderlas 
sin haberlas leído. De ser así, es posible que eliminar el contenido vano o 
superfluo, o modificarlo, no implicara necesariamente la desaparición de la 
creencia supersticiosa que acompañaba a las oraciones, puesto que las gracias 
conseguidas a través de su uso formaban parte del conocimiento popular 
desde mucho antes de que se ampliara su difusión escrita, o incluso indepen-
dientemente de esta.
El contenido de la oración
Para comprender los motivos de la inclusión de la oración en el catálogo de 
libros prohibidos, tanto por los inquisidores portugueses como, luego, por los 
españoles, conviene considerar el contenido de la oración, tomando como base 
la versión suelta de la biblioteca de Barcarrota. Como ya comentó Juan Manuel 
Carrasco, la lectura del texto portugués completo permite distinguir cuatro par-
tes: a) Inicio del relato-marco con la descripción de cómo Jesucristo se le aparece 
a la emparedada; b) La oración propiamente dicha; c) El episodio vivido por 
el ermitaño, las monjas y los demonios que se le aparecen al primero; y d) Las 
indulgencias y perdones atribuidos al Papa Nicolás V.27
25. En el apartado de los libros de horas 
volveré sobre esta oración que, en ocasiones, 
aparecía precedida de condiciones y promesas 
supersticiosas.
26. Farsas (1985, 202-205).
27. Carrasco González (2005: 32).
144 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
Empezaré con el comentario de la oración propiamente dicha, no solamente 
porque la corrección de la plegaria la aleja temáticamente del carácter supersti-
cioso del texto preliminar, así como del relato del ermitaño y las monjas, y de 
las indulgencias y perdones que cierran el texto (apartados (a), (c) y (d)), sino 
también porque la evidente ortodoxia de este apartado con respecto a los restan-
tes permitirá observar cómo en una misma oración se mezclaban elementos de 
devoción lícita junto a contenido supersticioso y, por tanto, condenable. Este 
último se encontraba en las partes añadidas, es decir, aquellas de las que se podía 
prescindir sin afectar al sentido de la plegaria, aunque quizás sí a su éxito. De 
esta forma, resulta comprensible el peligro que a los ojos de los inquisidores 
representaba este tipo de textos, al reunir, sin distinción y bajo el rótulo de ora-
ción devota, contenido ortodoxo y heterodoxo. Cabe suponer que para evitar la 
confusión que esta combinación debía de provocar, la opción más adecuada fue 
prohibirla en su totalidad.
 El tema de la oración se relaciona con la devoción de las siete palabras, 
derivadas, a su vez, de la de la Pasión de Cristo.28 La oración está dirigida a Jesu-
cristo, se divide en catorce apartados que se marcan con la indicación de rezar un 
padre nuestro o un avemaría, o ambos. El hilo conductor son los sufrimientos 
del Hijo en la cruz, en cuyo recuerdo se formula la petición del creyente. La enu-
meración de los tormentos de Jesús lleva a la rememoración —y a la cita— de 
sus últimas palabras, que se encuentran repartidas en los cuatro evangelios. Las 
palabras del texto y su respectiva localización en el Nuevo Testamento son las 
siguientes: «Padre perdoales que não sabem o q fazem», San Lucas, 23: 34; «Oje 
seras comigo em o paraiso», San Lucas, 23: 43; «Molher ex teu filho et a sam Joã 
ex tua madre», San Juan, 19: 26-27; «Hely hely lamazabatani: que quer dizer 
Deos meu porque me desamparaste». Es decir «Eloi, Eloi, lamma sabachtani», 
San Marcos, 15: 34 - San Mateo, 27:46; «Ei sed», San Juan, 19:28; «Acabado 
he» («Consumado es»), San Juan 19: 30; «Padre em as tuas mãos encomendo o 
meu Spiritu», San Lucas, 23: 46. Este es el orden, tal y como aparecen en la ora-
ción, aunque las dos últimas frases suelen intercambiarse porque ambos evan-
gelistas las dan como previas a la muerte de Jesús: «E inclinando la cabeza, dio 
el espíritu», en el caso de San Juan, y «diciendo esto, espiró» según San Lucas. 
Cada fragmento del texto cuenta, en tono lastimero, los últimos momentos 
de Cristo. Prácticamente, la oración contiene todos los sucesos que acontecen 
durante el Jueves y el Viernes Santo, basados en lo que narran los evangelios 
según la tradición cristiana, tales como la rememoración de su angustia al saber 
cercana la hora final, la Última Cena y la ceremonia del lavatorio de los pies, la 
traición de Judas, la condena de Pilatos y el doloroso encuentro con la Virgen, 
que da lugar a la tercera de las siete palabras, entre otros. El filólogo benedictino 
28. Wilmart (1935).
Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada 145
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
29. Wilmart (1935).
30. El traductor español de la oración co-
menta en una nota: «El lenguaje del texto 
acentúa exageradamente sus rasgos litúrgicos 
y sermonísticos con el fin de dar apariencia de 
mayor autenticidad y seriedad ante un públi-
co lector poco instruido», Carrasco González 
(2002: 31, n. 4).
André Wilmart, autor de un estudio de la tradición de textos que inspiraron la 
devoción de las siete palabras o de la pasión de Cristo, afirma que en las devo-
ciones que suscita la pasión son constantes las referencias a las llagas y a otros 
martirios infligidos al Hijo de Dios.29 En este caso la referencia de los tormentos 
es bastante detallada, sin escatimar en el uso de descripciones cruentas. Su obje-
tivo, seguramente, era impresionar al devoto y, tal vez, aumentar la credibilidad 
del texto.30 Cito a continuación algunos fragmentos que sirven de ejemplo:
O Jesu xpo virtud do mui alto: lembrate Señor que por nos outros pecadores desde 
cima da cabeça até a prãta dos pes foste banhado em sangue da tua paixã. Sñor eu te 
rogo por a grande multidam das tuas chagas que me ensines em verdadeira caridade 
o teu grande mandamento.
…lembrate Sñor da multiã das tuas chagas: das quaes desde encima da cabeça ate 
a pranta dos teus pes foste chagado et dos malvados judeus sem nenhua piedade 
cruelmente açoutado et tormentado; et do teu muj precioso sangue todo cuberto.
Lembrate Señor do derramamento do teu sangue: o qual do teu corpo sayo assi 
como de vuas esprimidas abastadamente derramaste estando na vera cruz pola lãça-
da do cavaleiro q ferió o teu Sancto costado pela qual nos deste sangue et agoa em 
tal maneira q em todo teu corpo nã ficou nenhuma gota de sangue et a tua muj 
delicada carne desfaleceo et o rigor das tuas entrañas se secou: et os miols dos teus 
ossos se enxugarã por esta muy amargosa paixã tua et polo derramamento do teu 
pcioso sangue te rogo doce Jesu xpo que chagues o meu coraçã porque as lagrimas 
da pendença et do teu amor me seja manjar de noyte et de dia.
Pese al tono exaltado, las peticiones se encuentran dentro de los límites per-
mitidos, no hay ninguna que pueda caer bajo sospecha de superstición. Contie-
nen las preocupaciones habituales de todo cristiano, formuladas con corrección 
y cuidado de no hacer peticiones vanas que pudieran ofender a Dios según lo 
estipulaba la Iglesia. Concretamente, en la Oración se pide: recibir el sacramento 
de la confesión antes de la muerte, protección contra los enemigos, temor de Dios 
en este mundo y amor en el otro, perdón de los pecados, misericordia, amparo 
y consuelo en la hora final, y fortaleza para alejarse de la mundanal delectación.
Los elementos supersticiosos
El contenido que convierte a la oración de la Emparedada en una devoción supers-
ticiosa se encuentra, como he señalado, en las tres partes que restan por comentar: 
el texto preliminar, el relato del milagro del ermitaño y las monjas de un convento 
y las indulgencias y perdones concedidas por el Papa Nicolás V (apartados a, c y d).
146 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
El relato de la mujer emparedada
El texto preliminar recoge brevemente la historia de una mujer emparedada, 
que vivía de forma devota y santa en las montañas de Roma y cuya mayor as-
piración era saber el número de llagas de Jesucristo. Sus plegarias surten efecto 
y Jesús mismo se le aparece para revelarle el codiciado secreto: «seis mil et seis 
centas et setenta et seis». A partir de este momento —tercera o cuarta línea del 
texto— es el mismo Hijo de Dios quien habla y concede una gran cantidad 
de beneficios a quienes recen la oración. Hay dos condiciones necesarias para 
que surta efecto: la primera se refiere al tiempo y a la frecuencia de repetición, 
cada día «por espaço de hûu anno cõprido»; la segunda es la introducción de 
oraciones canónicas que deben acompañar a la plegaria en cuestión, condición 
común en este tipo de textos. En este caso, se requieren quince padrenuestros 
y quince avemarías. Existen tres posibilidades de utilizar el texto de la oración: 
rezarla, traerla consigo, «se nam souber ler», o hacerla rezar por otra persona. 
Así, las indulgencias de esta devoción se otorgaban tanto a los analfabetos como 
a aquellos que tenían acceso a la lectura. Incluir a todos los públicos era, sin 
duda, una estrategia comercial. Aunque lo más importante a efectos del carácter 
supersticioso de la oración es que conceder a ésta el poder de actuar también a 
través de la mera posesión, independientemente de la capacidad del portador 
para descifrar los signos alfabéticos, supone un cambio de categoría de oración 
a amuleto, o mejor, este doble uso impide una única clasificación, puesto que 
el mismo objeto/texto funciona en diferentes niveles, que van más allá del de 
la lectura. La insistencia, a lo largo del texto, en la efectividad de la oración por 
medios diferentes al del significado de las palabras, reafirma su uso como objeto 
con virtudes sobrenaturales: «E o que a rezar ou a fezer rezar ou a trouxer con-
sigo rezando os xv paternoster cõ xv avemarias como dito-he»; «E qualquer que 
esta oraçã ensinar ou a demostrar que a rezem ou que a façam rezar»; «E onde 
quer que esta oraçã estever ou se ler».
 
Promesas e indulgencias iniciales
Habitualmente, como se verá en ejemplos posteriores, la parte destinada a las in-
dulgencias y promesas antecede al texto de la oración. En este caso aparece como 
cierre del ejemplar, bajo el título de «As indulgencias e perdões». Sin embargo, el 
texto preliminar contiene algunas promesas que refuerzan las indulgencias pro-
piamente dichas. Vale la pena citarlas por entero para tener una idea más clara 
del contenido. Todas están puestas en boca de Jesucristo, y se dirigen a cualquier 
persona que cumpliera durante un año entero las condiciones impuestas:
Eu lhe outorgo que em fim do ãno lhe sejã livradas das penas do purgatorio quinze 
almas de sua geraçã et linagem as q elle quiser et me pedir. E mais outros xv de seus 
parentes que sejã trazados em estado de graça et cõfirmados em boas obras. E o q a 
rezar ou a fezer rezar ou a trouxer consigo rezando os xv pater noster cõ xv avemarias 
como dito-he: avera o primeiro grao da perfeiçã et avera conhecimento et contriçã 
de seus pecados.
Devoción supersticiosa en el Índice de Valdés: la oración de la Emparedada 147
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
(…) darlhei xv dias ãtes de sua morte a comer o meu sanctisimo corpo que o 
livrara da fome para sempre et darlhei a beber o meu precioso sangue cõ o qual 
nunca avera sede et porey diante dele o final da vera cruz q seja sua defensam 
cõtra todos seus imigos. Outrosi eu virey cõ a minha muj amada madre virgem 
sancta Maria em sua morte et receberey a sua alma mui beninamente et levarl-
haei aos prazeres perduraveis et quando a eu levar darlhey a beber hû singular 
beber da fõte da minha divinidad. Outrosi qualqr pessoa que estever em pecado 
mortal ainda que aja trinta annos que se nã aja confessado et se confessar cõ 
amarga cõtriçam et esta oraçã cõprir lhe perdoarey todos seus pecados et o li-
vrarey do poderio de justiçar do diabo et de toda mã tentaçã et eu lhe gardarei 
os seus cinco sentidos corporaes et sera livre de morte subitania et gardarei a 
sua alma das penas infernaes et lhe perdoarey todos seus pecados quãtos elle fez 
desde o primeiro dia em que nasceo ate o dia que esta oraçam tomar et per graça 
de Deos sera milhor que dantes era. E qualquer cousa q me pedir q justa seja et 
aa virgê Maria minha madre lhe sera outorgada et fazeloei viver em boas virtu-
des et em boa vida et guardaloey todos os dias de sua vida: assi como se sempre 
vivesse a minha võtade: et se de menhaã ouvesse de morer eu lhe alargarei a vida: 
et em fim de seus dias o levarey ao meu reino perduravel et mais seja certo q sera 
ajuntado ao coro dos ãjos.
(…) eu lhe darej em este mundo prazer et no outro bõ galardã para sempre: o qual 
nam lhe mingoara: mas per a sempre lhe crecera.
(…) eu guardarei aquella casa et livrarej aqlla cõpanha como livrey a sã Pedro das 
hõdas domar.31
Sin duda, la Oración de la emparedada es uno de los textos más generosos 
en promesas de los que he revisado hasta el momento. No es difícil imaginar 
el estupor de los inquisidores ante ese cúmulo de concesiones desmedidas. El 
contenido merma, incluso, la importancia de la confesión auricular, de la que 
se podía prescindir durante casi toda la vida sin perjuicio, pues rezando la ora-
ción un año, como era debido y confesándose sinceramente una sola vez, era 
posible compensar el tiempo de incumplimiento del sacramento y obtener el 
perdón. Pese a esta magnificencia, es necesario notar que a través de la oración 
se concede cualquier cosa que «justa seja», pequeña aclaración que descarta 
su uso para maleficios, como podía ocurrir con otro tipo de encantamientos 
o hechizos. Asimismo, resulta interesante la promesa inusual que otorga «em 
este mundo prazer», toda una novedad si se piensa que las preocupaciones 
cristianas en la vida terrena estaban siempre enfocadas a las consecuencias que 
los actos del hombre en el mundo podían tener para la vida eterna. De esta 
forma se comprende, por ejemplo, la recurrencia de las promesas de no morir 
de muerte súbita, cuyo riesgo radicaba en que el alma abandonara al cuerpo 
sin haber saldado las cuentas con Dios en la tierra a través de la confesión. 
Prometer placer en este mundo era un asunto efímero, que nada tenía que ver 
31. Tal vez a esta promesa se refería el se-
gundo Lázaro de Tormes cuando aludía a la 
«virtud contra los peligros del agua» de las 
oraciones que mencionaba. Vid. supra.
148 Marcela Londoño
Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
32. García de Enterría (1997) ha comentado la peculiaridad de esta promesa en su estudio a 
la traducción del texto de Barcarrota.
con el deseo del buen cristiano de dejar rápidamente este valle de lágrimas y 
alcanzar la gloria eterna junto a su creador.32
Finalmente, Jesucristo insta de nuevo a rezar la oración que otorgará bene-
ficios con el mínimo esfuerzo. En una época en la que la Iglesia no cesaba de 
recordar la dificultad de librarse de los continuos ataques del pecado, la oración 
ofrece una manera demasiado fácil de entrar en el Reino de los Cielos: «Porem 
tu homem ou molher como sejas pecador toma devotamente esta oraçã: et rezaa 
ou a mãda rezar a reverencia da minha paixam. E por por (sic) pouco trabalho 
averas grãde galardã».
Con este cierre prometedor comienza el texto de la oración, que he tratado 
en el apartado anterior. Pasaré a comentar las dos partes finales, (c) y (d), para 
completar el panorama del contenido más nocivo, segura causa de la condena 
inquisitorial. 
Um milagre aconteceo
Inmediatamente después de la oración, sin título ni marca tipográfica que lo 
señale, comienza el relato del milagro ocurrido tras la revelación de la plegaria. 
Un ermitaño que vivía en la misma montaña que la mujer emparedada, que 
ahora recibe el calificativo de santa, conocía la historia de la oración y todo 
lo que a través de ella podía conseguirse, así que no dudó en revelarla a la 
abadesa de un convento cercano. Esta, a su vez, mandó a todas las hermanas 
de la comunidad que rezaran la plegaria con devoción, de forma que algunas 
lo hicieron con fe plena, otras, con cierto escepticismo y un tercer grupo se 
limitó a cumplir las órdenes de la superiora. A continuación se narra un suceso 
propio de un relato hagiográfico: el ermitaño es arrebatado en un momento de 
oración y transportado a un paisaje descrito con las características de un locus 
amoenus: «hû hermoso cãpo de flores: polo qual vinha hû rio muy deleitavel 
et hermoso em o qual rio avia tã graciosas arvores et floridas ervas que nã ay 
pessoa que o dizer podesse».
Junto al ermitaño, más cerca del río, disfrutando del «deleite et folgura que 
alli se podia ver», se encontraban la abadesa y las hermanas que habían rezado 
con devoción; un poco más alejadas, aquellas que rezaban dudando; finalmente, 
aparecían las que solo rezaban por obediencia. A la manera de los relatos medie-
vales sobre las visiones del trasmundo, la recompensa era otorgada según el gra-
do de devoción. El mensaje es claro: la oración es útil para todos, analfabetos y 
letrados, y es provechosa, incluso, si la fe puesta en el propósito no es suficiente-
mente fuerte. Lo esencial era utilizarla o, quizá, comprarla, adquirir un ejemplar.
Después de este episodio, sin pausa alguna, el relato pasa a otro momento 
en el que el ermitaño debe interrumpir la oración en su celda a causa de la arre-
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Las razones del censor. Control ideológico y censura de libros en la primera edad moderna
metida de una multitud de furiosos demonios. El hombre conjura a un miem-
bro del grupo para que le explique el motivo de semejante irrupción: 
E o diabo respõdeo et disse: porque em esta mõtanha morava hûa molher encãta-
deira et mui palabreira: a qual tinha ganhado nosso señor Jesucristo por hûa oraçã 
a elle muito aprazivel: pela qual nos avemos recebido mui grãde perdiçã et nã a 
podemos cobrar nê dizer. Porque por esta oraçã nos tirou as almas quantas tinha-
mos ganhadas para nosso poder: et nos tirara daqui em diãte muitas outras que 
poderam aver.
Esta intervención es el testimonio del enemigo. Ahora es uno de los de-
monios el que confirma que todo cuanto se ha dicho es verdad, de manera que 
completa el texto introductorio en el que Jesús realizaba las promesas y añade 
dos nuevos beneficios a la lista inicial: «E sabe que no mundo nam ha cousa cõ 
que tanto prazer faça et a nosoutros tã grãde pesar: et mais te digo que dõde esta 
oraçã estever nam averã medo dos relãpados nem tempestades nem de morte 
subitania».33
De nuevo, el ermitaño acude inmediatamente al convento y revela la buena 
noticia a la comunidad. Desde entonces, todos rezaron con devoción la plegaria 
y «acabaram seus dias muy sanctamente».
Después de este fantástico relato, aparece bajo el epígrafe de «Indulgencias y 
perdones», apartado d), el fragmento que cito completo a continuación:
Ho sanctõ padre Nicolao Papa V outorgou a qualquer pessoa que esta sobredita 
oraçã rezar cada dia como dito-he por cada vez que a disser xxx annos et xxx quo-
rentenas de perdão a quantas gotas de sangue sayrã do corpo do nosso señor et 
salvador Jesucristo: que foram xxxix mil et ccc.xxx gotas de sangue que do seu corpo 
por nos outros derramou: et no cabo do anno aquele que asi cõprir et rezar como 
dito he mãde dizer hûa missa do oficio da vera cruz: et logo todo quanto em essa 
se contê lhe sera outorgado por elle mesmo senhor Jesucristo que vive et reyna cõ 
Deos padre et com o Filho et Spiritû Sanctõ por todo los segres (sic). Amén. Fim.
Como en otros casos, la referencia a una autoridad eclesiástica con poder 
para conceder indulgencias valida el contenido de estas y reafirma la eficacia de la 
oración. La mención del Papa Nicolás V permite también suponer que, al menos 
el texto que a él se atribuyó, se redactó en la segunda mitad del siglo xv. Su cir-
culación en Portugal y España sería común en las últimas décadas de la centuria, 
como indican los testimonios citados. La aparición en las Horas de nossa Senhora 
de 1500-1501 inicia la serie de testimonios que ratifican la difusión del texto en 
la primera mitad del siglo xvi, hasta el momento de su inclusión en el Índice 
portugués, 1551, y ocho años después en el español. Resulta extraño que no se 
33. Otra posible referencia al uso de la oración para librarse de «los peligros del agua» a que aludía 
el Lazarillo. 
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conozca ningún testimonio luso en el medio siglo que precede a la prohibición. 
No parece convincente que el periodo que media entre la aparición de ambos ín-
dices haya sido suficiente para su completa desaparición de las letras portuguesas. 
La prohibición no garantizaba que se erradicara su uso; además, el hecho de que 
la oración formara parte del repertorio de ciego garantizaba su subsistencia más 
allá del mundo escrito. Tampoco es concluyente la explicación de Carrasco Gon-
zález, que considera que el éxito de la plegaria en español motivó la traducción 
portuguesa de Barcarrota, cuando ya existía una versión en esta lengua vertida del 
latín: la de las horas parisinas. Tal vez causas adversas han eliminado de la memo-
ria textual lusa los testimonios que sí se conservan en el caso español.
El caso de la oración de la Emparedada conduce a plantear la cuestión acerca 
de cuáles eran los criterios que seguían los censores a la hora de calificar una ora-
ción como supersticiosa. Detrás de la introducción de promesas e indulgencias 
desmedidas se encontraba el sustento teórico del que derivaba la idea de supers-
tición. Más que una definición del término, la revisión de algunas fuentes en las 
que se describían las prácticas denominadas supersticiosas y algunos ejemplos 
del contenido condenable arrojarán luz sobre dichos criterios. 
Para ello, resulta útil revisar dos tipos de textos. En primer lugar, los lla-
mados manuales o sumas de confesión: obras escritas con el objetivo de guiar 
al confesor en la realización de su tarea. En el confesionario, el sacerdote tenía 
que contar con los conocimientos previos necesarios para identificar de forma 
inequívoca los pecados relacionados con los usos desviados de la fe. Puesto que 
las oraciones piadosas solían ser objeto de este tipo de errores, en los manuales 
de confesión se hallan los elementos que permiten realizar una caracterización 
de la oración supersticiosa, cuyo fin era ayudar al confesor a distinguir y proscri-
bir los usos reprobables. 
En segundo lugar, debido a que en ocasiones la única fuente de las oraciones 
prohibidas se encuentra en libros de horas, conviene considerar la inclusión de 
estos en los índices peninsulares. La prohibición de ambos tipos de textos estuvo 
estrechamente relacionada y por ello las razones aducidas para la reprobación de 
las horas son útiles también para comprender la de las oraciones. 
La caracterización de la oración supersticiosa 
en los manuales de confesión
Antes de la publicación del índice de 1559, los primeros indicios de la popula-
ridad del uso de oraciones piadosas para fines que entran en la categoría de lo 
supersticioso aparecen en las obras dirigidas a los confesores. Estos textos recogen 
una interesante tipología del pecado de la superstición que se sustenta en la obra 
de santo Tomás, quien tomando las premisas de san Agustín, añade un aspecto 
fundamental que se mantiene vigente durante la época moderna: el concepto de 
pacto tácito con el demonio. Según esta idea, las prácticas supersticiosas compor-
tan, voluntariamente o no, el establecimiento de una relación contractual con 

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