La ingeniosa metamorfosis de Don Quijote Samsa. - Espacio Laical

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Tientos y dife- rencias


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Espacio Laical 1/2007 
E
n el presente trabajo 
pretendo establecer 
un paralelismo ya 
perfilado por Alejo 
Carpentier en algún breve momento 
del primer ensayo de Tientos y dife-
rencias, entre dos obras maestras de 
la literatura universal, con diferen-
cias aparentemente irreconciliables: 
El ingenioso hidalgo don Quijote de 
la Mancha, la historia del loco caba-
llero andante que un día, figurando 
vivir un mundo de ficción, sale a 
arreglarlo a su modo, de Miguel de 
Cervantes Saavedra, creador de la 
novela moderna, y La metamorfosis,
tétrica historia de la vida de un hom-
bre que, convertido en un terrible 
insecto, debe hacer un intento deses-
perado e inútil por volver a recupe-
rar su humanidad, de Pan Franz 
Kafka. Ambas obras fueron publica-
das con 300 años de diferencia: 
1615, año en que se termina de pu-
blicar la segunda y última parte de 
El ingenioso hidalgo… en España, y 
1916, fecha de publicación del relato 
largo La metamorfosis, en el enton-
ces imperio Austro Húngaro. La pri-
mera creó la novela moderna; la se-
gunda, en mi criterio, guarda rela-
ción con el realismo mágico que tan-
tas flores ha dado en la literatura la-
tinoamericana. Tales libros, separa-
dos por un increíble mar de tiempo, 
concebidos en los extremos de Euro-
pa, quedan unidos, sin embargo, por 
una cantidad impresionante de vín-
culos.
Aunque resulte imposible que 
Cervantes haya leído La metamorfo-
sis, sí es probable que Kafka haya 
conocido la novela del español. Ya 
en vida de Cervantes la primera par-
te de El ingenioso hidalgo… era un 
libro “de buena venta”, según el tes-
timonio el personaje Bachiller San-
són Carrasco al principio de la se-
gunda parte. Es la época de la distri-
bución masiva de las obras españo-
las por Europa. Palabras del léxico 
castellano pasan al repertorio de 
grandes genios de la literatura en 
otros países y lenguas. Pero el libro 
de Cervantes no cayó en la secuen-
cia “de buena venta - pronto olvido” 
y ya en Amsterdam Dominicus Van 
Wynen (Ascanius), se basa en el 
episodio del capítulo 45 de la prime-
ra parte para pintar su famoso cua-
dro Don Quijote en la venta, más de 
medio siglo después de la muerte del 
autor. Entre los textos del libro de 
Kafka La muralla china, aparece un 
mini relato: La verdad sobre Sancho 
Panza, donde se juega jocosamente 
con el tema de la autoría de las no-
velas del Quijote, aspecto específico 
con el que el mismo Cervantes ya 
jugaba. Durante esta aproximación, 
intentaré ignorar lo más posible este 
hecho, para no convertir mi compa-
ración amistosa en una tonta recla-
mación de primacías. 
Veo un poco los hombres sin aún 
entrar en los libros. Un español; un 
austro-húngaro. Dos vidas amarga-
das por una sociedad hostil. Ambos 
están al borde del derrumbe del po-
der de sus respectivas naciones, y lo 
intuyen. Cervantes estuvo en Lepan-
to y perteneció a la época del desas-
tre de los cientos de barcos de la Ar-
Por KEVIN FERNÁNDEZ DELGADO 
Ilustración: BALLATE 
73
Espacio Laical 1/2007 
mada invencible; Franz Kafka fue 
testigo de algo mucho peor: la pri-
mera carnicería mundial de 1914-
1918, que terminará con un desastre 
para su nación de peor calibre. Am-
bos ven cómo un sistema de valores 
y creencias sociales se derrumba an-
te sus propios rostros. Uno ve el 
oropel falso de la presunta grandeza 
del Imperio Español que mantiene 
una corte esplendorosa en un país 
escuálido; el otro ve el barniz falso 
de civilización de países que, aunque 
dominan el mundo y los adelantos 
del progreso, son capaces de asesi-
narse mutuamente alrededor de 4 
millones de soldados. Sus obras son 
alternativas de enfrentarse al desen-
gaño de un mundo problemático, 
dos fantásticas formas de realismo. 
La clave tanto de La metamorfo-
sis como de El ingenioso hidalgo…
lo constituye la tranformación, pero 
solo como una puerta que lleva al 
personaje de un estado a otro en el 
transcurso de pocas palabras. Lo 
que se narra es, en realidad, las con-
secuencias de ese cambio y sus cau-
sas. Con anterioridad, Alonso Quija-
no ha sido un hidalgo, de clase me-
dia, al que las lecturas de caballería 
han, poco a poco, obsesionado, en-
cerrándolo en su biblioteca; Grego-
rio Samsa, también de clase media, 
es un agente de viajes al que su tra-
bajo y el dinero han obsesionado, 
andando errante tras de trenes y 
horarios sin apenas pensar en su vi-
da.
Luego de la metamorfosis, Gre-
gorio Samsa se ve rechazado por la 
sociedad, representada en su familia 
inmediata, recluido en su habitación 
con la esperanza de volver a la nor-
malidad algún día; Alonso Quijano, 
luego de la locura, decide abrirse al 
mundo por medio de una sórdida ca-
ballería andante. La transformación 
misma ocurre para Samsa de adentro 
hacia fuera, antes de despertarse 
siendo insecto, ya lo era espiritual-
mente, es un milagro externo; la de 
Alonso Quijano es desde fuera hacia 
dentro, los libros de caballería mez-
clados con la realidad lo van enlo-
queciendo hasta volverlo Don Quijo-
te, un milagro interno. Hasta pudie-
ra decirse que la relación fantasía 
realidad es una cuestión de enfoque. 
En La metamorfosis, el personaje 
despierta transformado ante el mun-
do; en El ingenioso hidalgo…, es el 
mundo el que se transforma ante los 
ojos del protagonista. Inmediatamen-
te luego de sus cambios, mientras el 
futuro caballero andante selecciona 
el caballo, el nombre, la amada y la 
armadura, Gregorio Samsa intenta 
ponerse de pie y hacer un intento 
por proseguir su rutina que cree solo 
brevemente pausada. 
La reacción del resto de las per-
sonas es devastadoramente equiva-
lente. A ninguno de los dos se les 
entiende sino indirectamente, se han 
enajenado. Las reacciones son de 
terror, de burla, de desprecio, pero 
siempre negativas, porque ambos 
textos son epopeyas de un hombre 
ante la sociedad, y de los golpes que 
de esta va recibiendo. Si a Gregorio 
Samsa le irán quitando cosas del 
cuarto, que representan no tanto su 
anterior humanidad, sino la que an-
sía alcanzar, a Don Quijote le que-
man la mayoría de los libros y le 
emparedan la biblioteca, representa-
ción de sus ansias de caballería. 
Continuando con el tema de los ob-
jetos, en ambas obras aparece lo que 
pudiera llamar “talismanes”. Para 
Don Quijote el yelmo de mambrino 
o el bálsamo de fierabrás es lo que 
para Gregorio Samsa el retrato de la 
mujer que no quiere que le lleven 
del cuarto, un objeto que les sirve de 
punto de apoyo. 
Pasados esos terremotos iniciales 
de adaptación a nuevas perspectivas, 
comienza a ocurrir una adaptación 
que casi las hace encajar en el resto 
de la realidad armónicamente.  
Por un momento parece que los 
protagonistas han triunfado. Ya Gre-
gorio Samsa puede caminar por el 
techo y las paredes, ya Don Quijote 
es conocido y celebrado, cuando so-
breviene un golpe fatal, a la manza-
na enterrada en el lomo de Gregorio 
pudiera compararse la derrota sufri-
da ante el caballero de los espejos 
por el Quijote, que acaba su andar 
caballeresco. 
Pero es que estos personajes, so-
lo luchando, ya han vencido, aunque 
no logren imponerse individualmen-
te, pues constituyen un ejemplo, un 
fracasado escarmiento contra las an-
sias de vivir y realizarse. Una forma 
de ver esto sería el análisis de la 
muerte de ambos personajes. Don 
Quijote, para morir, necesita reco-
brar la cordura y abjurar de sus 
ideales de caballería andante prime-
ro; Samsa debe creer firmemente 
que, perdida toda esperanza de recu-
peración, necesita morir. Pero en la 
trascendencia de la historia se apre-
cia una semejanza de transmisión. A 
la agonía de Alonso Quijano, San-
cho Panza, su escudero, desea re-
continuar las andanzas, ahora con-
vertido en pastor; la hermana de 
Gregorio, al final, estira sus formas 
juveniles y los padres planean casar-
la, integrarla en un ciclo que de 
cierta forma será similar al de su 
hermano.
Hasta aquí se pueden palpar las 
increíbles semejanzas entre las obras 
de dos autores tan alejados en el 
tiempo. En esencia, porque ofrecen 
reflexiones comunes sobre las condi-
ciones  humanas que se pueden  ex-
traer de estos personajes. Mucho se 
ha hablado de la novela de Cervan-
tes sin leerla a fondo; de la obra de 
Kafka, muchos solamente tienen en 
cuenta la atmósfera oscura, la enaje-
nación, el efecto real-mágico de la 
transformación hombre-cucaracha. 
Deberíamos pensar, en cambio, que 
hemos acabado de ver las metáforas 
de dos vidas posibles, metáforas que, 
además del placer estético, son va-
liosas por lo extrapolable a contex-
tos de cualquier sociedad y época, 
por reflejar, en lo profundo, el espí-
ritu de nuestra especie. 

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