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¿Qué tiene en común Raskolnikov, Gregorio Samsa y Meursault? Los personajes


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¿Qué tiene en común Raskolnikov, Gregorio Samsa y Meursault? Los personajes 
principales de tres  novelas ya clásicas de la literatura contemporánea; Crimen y 
Castigo, La metamorfosis y El extranjero.  
Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño 
intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. 
Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un 
poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en 
forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a 
punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en 
comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.  
«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.  
Este es el inicio de la novela de Franz Kafka titulada la metamorfosis. 
Analizaremos a grandes rasgos el significado de ésta “metamorfosis”.  
Cuando Gregorio Samsa despierta y se ve convertido en una especie de 
escarabajo, lo importante de  esa transformación se debe a que es  un animal al 
que la sociedad y su familia no pueden exigirle más, ni pueden seguir explotándolo 
a través  del trabajo que él tiene. Pues hasta antes de ese momento Samsa era 
una persona agobiada por el tedio de una labor que le exigía disciplina y era 
sometido a la autoridad paterna, en suma, estaba presionado y sometido por la 
sociedad en que se desenvolvía. El hecho de que Gregorio Samsa  ahora no sea 
más que un bicho, quiebra abruptamente con esa línea de vida que llevaba;  
mezquina, pobre, sin ilusión ni libertad, humillado por sus jefes, explotado por su 
familia, sin amigos, ni amor, incluso sin tiempo suficiente para dormir y comer 
adecuadamente. Entonces lo que a primera vista parecería una desgracia, el 
hecho de despertarse convertido en un escarabajo, es una forma fantástica de 
liberarse de todo ese peso que cargaba y del tedio que le significa una vida así. 
Incluso cuando muere a causa de la herida que le propicio  su padre (al incrustarle  
en la espalda una manzana,) aún con ese hecho decimos, encuentra una libertad 
de la que antes no gozaba.  
2 
 
En el caso de Raskolnikof personaje principal de la novela Crimen y Castigo, se 
trata de un estudiante que intenta solucionar el problema de trascender la vida 
encuadrada que lleva en cuestiones morales,  mediante un crimen que lo sitúe por 
encima de lo establecido moralmente como bueno o malo. Sin embargo cuando 
decide realizar el crimen y termina incluso matando a dos personas, por las 
circunstancias que se le presentan en el momento del acto criminal; ese hecho lo 
consume en un espiral psicológico del que no es capaz de librarse y que al final lo 
orillan a dar pistas para que lo atrapen por lo cual termina en la cárcel. 
Para el último de estos casos, nos encontramos con la historia de  Meursault, un 
personaje lleno de tedio, que lo demuestra en todo su esplendor al describir la vida 
monótona, aburrida y sin sentido que lleva. Incluso cuando un suceso que 
regularmente conmocionaría a la mayoría de las personas, como el hecho de 
recibir la noticia de la muerte de su madre, para Meursault no es más que un 
suceso como cualquier otro, que llega a incomodarlo sólo por el hecho de que lo 
tienen que alejar de su trabajo por un par de días. En el aspecto sentimental no lo 
ve como un suceso relevante. Tan es así que cuando asiste al funeral de su 
madre (obligadamente pues es el único hijo) no muestra sentimiento de tristeza 
alguno y le preocupa más bien el que ese evento termine pronto para regresar a 
su casa. Hay que señalar que esta vida monótona que lleva el personaje no lo 
toma como un problema, pues el acepta con agrado esta condición, ese “absurdo” 
de la vida que lleva. Incluso cuando en el transcurso de la novela comete un 
asesinato, lo hace sin remordimientos, al grado que cuando es juzgado, no se 
defiende y da elementos para que sea condenado a morir, como el hecho de 
argumentar que mató a esa persona por culpa del “calor” que había en ese 
momento.  
 Regresando a la pregunta inicial de ¿Qué tienen en común estos tres personajes? 
Podemos responder ahora que en ellos encontramos la necesidad de escapar de 
la sociedad que los agobia. Sus acciones o elecciones, como el hecho de  
transformarse en un insecto y cometer un asesinato, es su forma particular de 
adueñarse de su destino que hasta ese momento parecía que estaba fuera de sus 
3 
 
manos. En ese sentido, en los tres encontramos también que lo que pareciera una 
desgracia, es una salida a su frustración por una vida “absurda” como lo diría 
Camus. 
Ahora cabe también preguntarse ¿Porqué comenzar este trabajo de teoría social 
señalando y discutiendo a grandes rasgos el significado de estas tres novelas? 
Me pareció importante comenzar ejemplificando con estos tres personajes ya 
clásicos de la literatura universal, como Kafka, Dostoievsky y Camus resuelven o 
tratan de resolver en sus respectivas novelas, el problema de qué papel que juega 
el individuo frente a la sociedad. Lo que ejemplificaría que esa es una de las 
preocupaciones que abarca un gran espectro de disciplinas y es preocupación de 
muchos autores, no solo relacionados con las ciencias sociales, sino que se da 
también muy marcadamente en la literatura. 
En este trabajo se planeta que la disyuntiva sujeto frente a la  sociedad abarca a 
casi todas las ciencias sociales pues, comenzando por la filosofía, la historia, la 
sociología, la antropología, entre otras ramas de las ciencias sociales, esta 
cuestión  subyace en ellas de alguna u otra manera.  
Que decir por ejemplo de las discusiones que se dan en la filosofía en torno a este 
problema. Desde los griegos se discute por ejemplo, si el individuo es el centro del 
conocimiento o es que sólo es un receptor de una cultura externa. La célebre frase 
de Sócrates: “yo solo se que no se nada”, devela el carácter individual que este 
filósofo le confiere al conocimiento y la filosofía; en ese mismo sentido, la 
afirmación cartesiana de: “pienso, luego existo” es una frase que refuerza ese 
mismo carácter individual. En la historia por su parte, durante mucho tiempo se 
pensó que ésta era resultado únicamente de las acciones de los grandes 
hombres, como lo planteó Carlyle en su obra los héroes; y esa visión fue la que 
permeo, sobre todo la llamada historia de bronce, que prevaleció durante mucho 
tiempo teniendo su auge en el siglo XIX, el también llamado siglo de la historia. 
4 
 
Una vez señalada a muy grandes rasgos esta disyuntiva que, como vemos, afecta 
a diversas  ramas de la ciencia social, plantearemos ahora específicamente las 
visiones que se tienen del mismo problema en el ámbito de la sociología. 
 La sociología es el tercer gran campo de conocimientos referido a las relaciones 
entre los hombres que surguió después del Renacimiento. Esta ciencia, es en todo 
sentido, un producto típico del siglo XIX, el de la consolidación de la sociedad 
moderna (llamada también industrial o capitalista). En el terreno en el que nació la 
sociología fue el que siguió a la revolución Industrial y la revolución Francesa, las 
cuales iniciaron un tiempo de grandes cambios y transformaciones: apareció una 
nueva clase social, el proletariado de las fábricas, que exigía cambios en el orden 
social. 
En medio de estas grandes transformaciones es que surgió la sociología con el 
objetivo de pensar y contribuir a la nueva estabilidad del nuevo orden social 
triunfante, pero acechado por el espectro de la lucha de clases y del comunismo. 
Por primera vez en la historia del saber se abordó, de manera científica, la 
sociedad como objeto de estudio. Nació la sociología porque la filosofía social, la 
ciencia política o la economía ya no servían para analizar las enormes 
transformaciones y los desafíos crecientes de una sociedad capitalista vigorosa. 
En este contexto es que se comienza a prefigurar uno de los grandes dilemas de 
la teoría sociológica. Ya adelantamos al inicio la disyuntiva del papel que juega el 
individuo frente a la sociedad, en sociología este problema se puede presentar con 
este par de pregunta ¿Hasta qué punto los seres humanos somos actores 
creativos que controlamos activamente nuestras vidas? ¿O, por el contrario, gran 
parte de lo que hacemos es en verdad el resultado de fuerzas sociales que 
escapan a nuestro control? (Giddens, 1999: 714) Ya vimos la forma en que tres 
personajes de novela escapan o tratan de escapar a este control. Ahora veremos 
a grandes rasgos también, como los sociólogos tratan de responder a estas 
preguntas y que postura adoptan ya que estas preguntas han producido, 
continúan y continuarán produciendo una división básica entre los sociólogos. 
5 
 
Autores como Max Weber, y los interaccionistas simbólicos enfatizan los 
componentes activos y creativos del ser humano planteando que la sociedad no 
es sino la suma de las acciones de múltiples individuos. En cambio, para autores 
como Durkheim o Parsons la sociedad no puede reducirse a la suma de 
individuos. Hay algo más que nos impulsa u obliga a actuar de determinada forma; 
esto es la estructura social. De ella el individuo no escapa pues recibe y es 
arropado por ésa  estructura  ya sea por medio de la educación o la socialización 
que se da desde muy temprana edad a los sujetos. Esta estructura es la que rige 
el modo de actuar de los individuos, que consiente o inconscientemente 
reproducen la “cultura” de la que son parte y que esta cultura refleja precisamente 
la estructura social que los moldea. 
Después de los años 60´s diferentes sociólogos han procurado encontrar un 
camino intermedio en este dilema de la estructura y la acción, entre ellos se 
encuentra Antony Giddens. 
El objetivo de este trabajo será señalar a algunos autores representativos de estas 
tres posturas y sus argumentos para tener una idea teórica más o menos clara de 
este asunto que es de suma importancia para el estudio de la sociedad y el 
individuo, materia prima de toda investigación social.  
También se darán ejemplos y las posturas que sobre este tema se encuentran en 
otros ámbitos de las ciencias sociales especialmente en el ámbito de la filosofía  
(ejemplos que ya adelantamos muy someramente en la literatura en  lo que refiere 
a tres personajes de novelas de ficción), tratando de armar una especie de debate 
entre las dos posturas, sociedad frente a individuo. Por lo tanto utilizaremos 
reflexiones y planteamientos de otros autores y filósofos de la corriente del 
interaccionismo simbólico, así como de los filósofos existencialistas como 
Kikergaard, y Jean Paul Sartre. De antemano se que es una elección arbitraria, 
pues otros autores también abordan el tema, sin embargo, esta elección obedece 
a que el interaccionismo simbólico es una corriente de pensamiento que pone 
especial atención al individuo en su “interacción” con otros individuos o 
instituciones, permitiendo de alguna manera ver a las personas en su 
6 
 
individualidad, más que como simples objetos de una masa anónima que se 
mueve de acuerdo a la estructura social. De parte de los filósofos mencionados 
son algunos pensadores representantes del “existencialismo” postura filosófica 
que precisamente representa una alternativa que le da y exalta una independencia 
del individuo frente a la sociedad.  
Comenzaremos pues con uno de los autores que más a influido y a la fecha aún 
influye en la sociología y que a nuestro parecer, es también uno de los teóricos 
que más importancia y relevancia le da a la estructura social que se sobrepone al 
individuo. Émile Dirkheim. 
Una de las posturas principales de Durkheim es plantear que el único poder moral 
que está por encima de todos los individuos y cuya superioridad éstos aceptan, el 
único poder que puede dictar leyes, es la sociedad ya sea directamente o 
mediante sus las instituciones que la representan, como el Estado. Por esta razón, 
para Durkhiem, la sociedad produce caminos de acción, de pensar, de sentir, que 
no controlamos, coactivos que nos gobiernan sin que nos demos cuenta y en caso 
de hacerlo, muchas veces los aceptamos como reglas “morales” que debemos 
seguir. 
A este respecto Durkheim señala: “Se comprende que las funciones del Estado se 
extienden sin que resulte por ello una disminución del indiviudo, o que el individuo 
se desarrolle sin que el Estado quede disminuido por esto, ya que el individuo 
sería, en ciertos aspectos, el producto mismo del Estado, ya que la actividad del 
Estado sería esencialmente la liberadora del individuo” (tomado de, Silva Ruiz, 
1997: 281). 
Como podemos apreciar, para Durkheim el Estado y el individuo parecerían ser 
una misa cosa, pues compartirían intereses comunes que como sabemos, en la 
realidad no sucede así. 
Hay autores que difieren de esta postura, pues si bien señalan que existe una 
relación imprescindible entre el Estado y el individuo, no creen que esa relación 
funda al Estado y a los individuos en una misma cosa, sino que existe una 
7 
 
interacción entre la acción colectiva y el Estado; es decir, los individuos van 
recreando al Estado a partir de la interacción que tienen con él. El estado no sería 
entonces algo omnipotente que este por encima de los individuos, sino que éste 
se recrea a partir de la interacción con ellos permitiendo cierta autonomía de éstos 
últimos. 
John Dewey por ejemplo defiende una teoría que toma el proceso de acción 
colectiva como su punto de partida en donde “tanto el estado independiente como 
el individuo autónomo se constituyen en el público (en cuanto comunidad de 
comunicación integrada por todos los afectados por las consecuencias de tal 
acción) fundado en la comunidad de acción”. (Joas, 1987:124) 
Hans Joas nos dice que  la filosofía política de Dewey también critica la tradición 
de pensamiento hobbesiana, que interpreta la acción social como impuesta 
únicamente por mediación de autoridades externas (Joas, 1987:124). 
Continuemos analizando las posturas de Durkheim.  
     Por otra parte Durkheim plantea  que es necesario considerar a los hechos 
sociales  como “cosas” que formulan imposiciones a los individuos por medio de la 
coersión. Este planteamiento deriva de la necesidad de trata de aislar 
conceptualmente lo que es un hecho social para entenderlo y explicarlo de manera 
científica tal como se hace en otras ciencias. Sin embargo, al hacer esta 
separación conceptual, conduce a la afirmación de que los hechos sociales se 
imponen al individuo, pues éste no puede escapar de ellos. Es decir, el autor 
considera a los hechos sociales como cosas cuya naturaleza, por dúctil y maleable 
que sea, no es modificable al gusto de un individuo. Así tenemos por ejemplo, los 
estados de la conciencia colectiva son de distinta naturaleza que los estados de la 
conciencia individual. Las primeras están afuera, como cosas, que hay que 
estudiar de manera científica y no guiados por reflexiones interiores y subjetivas. 
     Este estar fuera de los hechos sociales  explica como éstos coaccionan desde 
el exterior al hombre individual. El Durkheim nos dice: “Es un hecho social toda 
forma de hacer que puede ejercer sobre el individuo una presión exterior” agrega 
8 
 
además que: “Es indiscutible hoy día que la mayor parte de nuestras ideas y 
tendencias no son elaboradas por nosotros mismos, sino que nos vienen del 
exterior, no pueden penetrar en nosotros más que imponiéndose; esto es lo que 
significa nuestra definición” (Durkheim, 2006: 9) 
Durkheim  trata de demostrar  que los hechos sociales son algo así como 
omnipresentes a todo individuo; que éste no puede escapar de aquellos debido a 
que, por crecer en sociedad, los hechos sociales se imponen a las personas y son 
inherentes a ellas en tanto que son interiorizados o impuestos a través de la 
coerción. 
Esta imposición tiene que ver con la forma en que asimilamos la cultura de nuestro 
entorno o sociedad pues el individuo no es capaz por sí solo de crear o cambiar su 
cultura; esta le es dada desde su nacimiento e infancia, cuando es una especie de 
ser en “blanco” y por medio de la educación es que se moldea como un ser social. 
“Esta presión de todos los instantes que sufre un niño, es la presión misma del 
medio social que tiende a formarle a su imagen y semejanza” (Durkheim, 2006:11) 
     Por último, Durkheim menciona que el hecho social  se caracterizan por la 
generalidad e independencia; puesto que  sus postulados son compartidos por 
todos o casi todos los miembros de un grupo social  por lo que la independencia 
de los individuos queda supeditada a las generalidades, es decir, una persona 
puede moverse hasta ciertos limites individuales pero no es posible que escape de 
las convenciones generales en las que vive pues estas moldean su accionar. 
     Ahora bien, a continuación presentaremos posturas que apuntan al otro 
extremo, donde el individuo juega el papel protagónico. Esto como dijimos, tiene el 
fin de presentar una especie de debate entre ambas posturas y que sintetizaremos 
al final del trabajo la opinión de Antony Giddens y la nuestra que trata de 
reconciliar los dos planteamientos. 
Frente a la estructura social como eje rector del individuo, donde este último tiene 
un campo de acción muy limitado, las ideas existencialistas tratan de derribar esa 
idea y demostrar que el individuo no esta moldeado a imagen y semejanza de la 
9 
 
sociedad, sino que él tiene y puede optar por elegir lo que mejor le parezca. Esa 
elección es lo que ensancha o abre su campo de acción. Por tanto, ya no se trata 
de  sólo un individuo más, ahora es un individuo en si mismo, por si y para si. 
Kierkegaard  es considerado padre del existencialismo y este autor plantea que: 
“… no hay nada más grande y más terrible que existir como individuo, vivir bajo el 
propio control, vivir solo en el mundo entero.” (Severini, 1961:20) El afirma que 
quien vive en su propia interioridad no puede especular, puesto que tienen el 
privilegio de existir. “Lo que importa es entender a qué cosa soy destinado, es ver 
qué cosa Dios quiere que yo haga; lo que interesa es buscar una verdad que sea 
verdad para mí, buscar una idea por la cual yo pueda vivir o morir” (Severini, 
1961:20) 
Seguramente no escapará al lector la referencia que hace Kierkegaard a Dios y 
podrá preguntarse si en realidad no sea precisamente lo que Durkheim señala; 
que el individuo no puede escapar de la estructura social o la moralidad, en este 
caso representada por Dios o la religión. Ante esta pregunta podremos responder 
lo siguiente. Si bien Kierkegaard plantea que el hombre debe entender la 
existencia de su vida apoyándose en la idea de Dios, esto no se hace de una 
forma autómata, pues interviene un elemento importante que es la elección 
individual, por ejemplo, en el caso de que yo acepte  la Biblia como palabra de 
dios y guía para mi vida, soy yo, en mi libertad, el que le concedo a la Biblia 
autoridad para guiarme, y soy yo el responsable de esa autorización. 
De igual forma, en la obra el concepto de la angustia, Kierkegaard se imagina a 
Adan en el Jardín del Edén viviendo de una forma inocente y tranquila solo 
perturbada levemente por un pequeño sentimiento de inquietud. Así marcha su 
vida  hasta que llega el momento que Dios le ordena no comer del árbol del 
conocimiento. Probablemente a Adán ni siquiera se le había ocurrido hacerlo, pero 
en cuanto Dios se lo prohíbe, sabe que puede hacerlo (o sea, que es libre de 
hacerlo); y en cuanto sabe que puede, sabe también que probablemente lo hará. 
Para Kierkegaard, pues, el “pecado original” no es sino la angustia o terror de 
Adán cuando se enfrenta con su propia libertad. (Kierkegaard, 2007). 
10 
 
En esa imagen de Adán consciente de su libertad, es que podemos entender las 
líneas con las que comenzamos la exposición de Kierkegaard donde decía que 
“no hay nada más grande y más terrible que existir como individuo, vivir bajo el 
propio control…”, Adan se dio cuenta de esa situación y nosotros como individuos 
al experimentar esa misma conciencia de libertad, es que podemos sentir una 
“desesperación” o terror por sabernos libres de elegir; porque regularmente es 
más fácil dejarnos llevar por lo que debe ser o lo que la sociedad nos dice que 
debemos hacer, que tomar nuestras propias decisiones, y es en la decisión donde 
encontramos libertad y experimentamos nuestra individualidad.  
En lo referente a la desesperación Kierkegaard menciona que para vencerla 
implica que paradójicamente  debemos a la vez obrar desesperadamente, la 
desesperación debe ser un escogimiento, un acto de voluntad que, empeñado 
todo el ser, nos permita penetrar el verdadero significado de la vida. 
Como vemos, existen posturas contrarias a la propuesta de Durkheim que ve la 
estructura social por encima del individuo, como un ente omnipresente que lo 
encadena, incluso negándole una elección libre, sin embargo, para reafirmar su 
postura  Durkheim podría argumentar que  nuestros actos o elecciones al parecer 
individuales no son más que reflejo de corrientes sociales (estructuras sociales), al 
respecto dice:  
“… [las corrientes sociales] vienen a cada uno de nosotros desde el exterior y son 
susceptibles de arrastrarnos a pesar de nosotros mismos… que trate un individuo de 
oponerse a una de estas manifestaciones colectivas y verá cómo los sentimientos que 
niega se vuelven contra él. Ahora bien, si este, poder de coacción externa se afirma con 
esta claridad en los casos de resistencia, es posible que exista, aun de modo inconsciente 
en los casos contrarios. Entonces somos víctimas de una ilusión que nos hace creer que 
hemos elaborado lo que nos ha sido impuesto desde el exterior…” (Durkheim, 2010:10) 
Así tenemos pues que Durkheim pondría en duda que el individuo pueda en 
verdad “elegir” de forma individual y en esa elección encontrar su liberación e 
individualidad como lo plantea Kierkegaard, sin embargo, éste último autor no es 
el único que plantea la importancia de la elección; Jean Paul Sartre otro de los 
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filósofos llamados existencialistas viene a reforzar el planteamiento de 
Kierkegaard diciendo que la mayoría de la gente reclama más libertad, la exigen. 
Pero la libertad es una carga. Por eso la mayoría huye de ella con mala fe. 
Estamos, dice Sartre, condenados a ser libres. Llevamos sobre nuestros hombros 
el peso del mundo entero, porque somos responsables de él y de nosotros 
mismos en él. (Sartre, 2008) 
Luigi Severini a su vez nos dice que la ironía, alimentando en el hombre el valor de 
escoger, contribuye a la realización del acto de la desesperación y lo guía hacia la 
exigencia ética. La ética implica escoger, determinarse y, en el acto del 
escogimiento adquiere la conciencia de su libertad. (Severini, 1961: 22) Por tanto 
el hombre si es libre de elegir libremente. 
Entonces, para los existencialistas, una de las cuestiones fundamentales de la 
existencia humana es la elección libre, difícil quizás, pues cargamos con “la 
estructura social”, sin embargo, ésta no es omnipotente y las personas pueden 
liberarse de ella en el momento que cobran conciencia de la libertad que les da la 
elección consiente.  
Para terminar esta breve pero interesante confrontación con el planteamiento de 
Durkheim diremos que más adelante Robert Ezra Park, uno de los representantes 
del interaccionismo simbólico cuestiona la idea de estructura social por encima del 
individuo  pregonada por Durkheim, pues para Park la sociedad no se enfrenta al 
individuo como un mero agente de represión, coersión u obligación. También se 
experimenta como fuente de experimentación, de expansión del yo y de liberación 
y fortalecimiento de energías personales ocultas. La condición para la acción 
colectiva es la existencia de “representaciones colectivas”, que se constituyen en 
la comunicación. Tal enfoque tiene que centrarse, por consiguiente, en las 
diferentes formas de constitución de estas representaciones colectivas y tener 
presente que las percepciones individuales y las nuevas creaciones de los 
individuos son el nexo que media entre los hechos sociales. (Joas, 1987: 130) 
12 
 
Para seguir con este debate a continuación expondremos algunas ideas de Talcott 
Parsons que fue un autor fuertemente influido por Durkheim, además de ser el 
representante más sobresaliente del Funcionalismo.   
Para el funcionalismo, la sociedad es una red de grupos que funcionan y cooperan 
en forma ordenada. Esto es posible puesto  que se supone que la mayoría  de los 
individuos comparten los mismos valores, pautas de conducta y reglas. El 
funcionalismo tiene sus raíces en la tradición positivista de Comte, Spencer y 
Durkheim, delineando sus planteamientos al estilo organicista; lo que deriva en ver 
a la sociedad como un cuerpo en donde todas las partes están relacionadas y 
funcionan armónicamente, prescindiendo del individuo al no verlo más que como 
una parte integrante del todo. 
Volviendo a Parsons, una de las características de su teoría es que no se 
considera al actor en función de sus pensamientos y acciones sino sólo como un 
conjunto de estatus y roles. Estos roles y estatus le son dados al individuo por 
medio de su ambiente cultural y la socialización, por tanto los individuos 
parecerían ser sólo receptores pasivos. “los niños aprenden no sólo a actuar, sino 
también las normas y los valores, la moralidad, de la sociedad” nos dice Parsons  
Parsons nos dice lo siguiente:  
El problema del orden, y por lo tanto de la naturaleza de la integración de sistemas 
estables de interacción social, es decir, de estructura social, se enfoca así sobre la 
integración de la motivación de actores con criterios culturales normativos que integran el 
sistema de acción, en nuestro contexto interpersonalmente. Esos criterios son… tipos de 
orientación-valor, y en cuanto tales son una parte especialmente decisiva de la tradición 
cultural del sistema social. (Tomado de Mills, 1997: 44).  
Esta idea es parecida a lo que plantea Durkheim en dos sentidos, uno es que la 
sociedad es un ente que esta por encima del individuo, lo asfixia y no le permite 
mucho margen de acción; y el segundo es que al igual que Durkheim, el orden 
social es la base de la estructura del sistema social de Parsons. 
 
13 
 
Frente al estructural funcionalismo de Parsons (que fue el que más influyo en la 
sociología mundial durante mucho tiempo), el interaccionismo simbólico fue una 
especie de reacción a esa postura. Ya adelantamos también algunas ideas del 
interaccionismo cuando hablamos de Robert Ezra Park, sin embargo veamos 
algunos otros puntos importantes de esta postura teórica. 
El interaccionismo fue acuñado por Herbert Blumer en 1938 (precisamente en la 
época donde el funcionalismo comenzó su auge) y su objeto de estudio son los 
procesos de interacción –acción social que se caracteriza por una orientación 
inmediatamente recíproca-, y las investigaciones de estos proceso se basan en un 
particular concepto de interacción que subraya el carácter simbólico de la acción. 
(Joas, 1987: 114) 
El caso prototípico es el de las relaciones sociales en las que la acción no adopta 
la forma de mera traducción de reglas fijas en acciones, sino en el caso en que las 
definiciones de las relaciones son propuestas y establecidas colectiva y 
recíprocamente. Por tanto, se considera que las relaciones sociales no quedan 
establecidas de una vez por todas como pareciera pasar con Durkheim y Parsons, 
sino que están abiertas y sometidas al continuo reconocimiento por parte de los 
miembros de la comunidad. (Joas, 1987: 115) 
Como su nombre lo indica, el interaccionismo simbólico le da énfasis también a los 
símbolos ya que refiere a que el comportamiento humano se orienta a las posibles 
reacciones de los demás. Mediante símbolos se forman modelos de expectativas 
recíprocas de conducta, modelos que, sin embargo, siempre están integrados en 
el curso de la interacción, de la verificación de anticipaciones. 
Es claro entonces que el interaccionismo simbólico refuta al estructural 
funcionalismo el poco interés que éste último presta al individuo. El 
interaccionismo  ve que son las personas las que en su interacción, muchas veces 
simbólica, van recreando su realidad, las instituciones o la estructura social ya no 
como algo externo que le es dado y simplemente tienen que seguir, sino que ellos 
van construyendo su realidad en un intercambio o interacción recíproca. 
14 
 
Además del interaccionismo simbólico existen autores  que atacan al 
estructuralismo frontalmente; entre ellos podemos contar a Charles Wright Mills 
que con referencia a la obra de “El sistema social” de Parsons se pregunta  lo 
siguiente: 
“El sistema social (la obra más importante de Parsons): ¿es pura palabrería o es 
también profundo?” A lo que Mills responde “Sólo en el 50% es palabrería; el 40% es 
sociología de la más conocida, de manual. El otro 10%, como podría decir Parsons, me inclino a 
dejarlo abierto a vuestras propias conclusiones empíricas. Mis propias investigaciones indican que 
ese 10% restante es de uso ideológico posible, aunque más bien vago.” 
Con el mismo tono acido Mills sigue la crítica diciendo: “Para sugerir en dos o tres 
frases el libro de Parsons, por ejemplo, diríamos: Se nos pregunta: ¿Cómo es posible el orden 
social? La respuesta que se nos da parece ser: Por los valores comúnmente aceptados.” ¿Eso es 
todo lo que hay en él? Desde luego que no, pero es lo principal. Mas, ¿no es esto injusto? ¿Puede 
tratarse un libro cualquiera de este modo? Sin duda que sí.” (Mills, 1997: 50)  
Para Mills entonces esa misma obra, el sistema social, no dice nada sustancial, y  
su contenido se puede resumir en dos o tres ideas, las cuales incluso son 
superficiales también. A la vez, se pone en duda que exista un orden a partir de un 
consenso de la sociedad, Crítica que por lo tanto, alcanza también a Durkheim. 
Es importante señalar este punto puesto que si se critica el orden, esto deriva 
entonces en poner atención al conflicto y los conflictos se dan muchas veces 
cuando los individuos “deciden” u optan por un cambio. Así pues, de alguna forma 
Mills también cuestiona a la estructura social como algo estable, ordenada y ajena 
a cambios. 
Permitamos ahora entrar a esta discusión a uno de los filósofos existencialistas 
más conocidos, Jean Paul Sartre, puesto que como dijimos, este autor pone 
especial atención a las personas en su individualidad. 
Para Sartre cada ser humano está solo, “abandonado” y libre. Cada cual crea y 
recrea su “esencia” en todo momento, gracias a sus elecciones y acciones. Cabría 
preguntarse en este momento como es que puede haber elecciones y acciones 
libres que no estén moldeadas de alguna forma por la estructura social o el 

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